México, D F, 25 de diciembre (apro)- Dentro de lo que es conocido como su teatro didáctico, Bertold Brecht (1898-1956) escribió La excepción y la regla, cuyo hilo conductor es la historia del viaje de un explotador y dos explotados A partir de este texto, la compañía Teatro sin Paredes creó su versión clown que ha venido presentando con éxito en diferentes espacios y, más recientemente, en el Teatro Julio Castillo
En la obra original, a través de sus personajes, Brecht hace una disección del comportamiento humano para mostrar abiertamente sus contrastes, las partes oscuras y luminosas, con un profundo contenido político que pone en evidencia la actitud mezquina del explotador capitalista y sus contubernios con la “justicia”
En la propuesta de Teatro sin Paredes, en una traducción de Nicolás Acosta, dirigida por David Psalmon, al usar como parte central de la puesta la figura del clown (encarnada en forma alternada por dos de los más destacados representantes de esta técnica en México: Aziz Gual y Enrique Arreola), no se busca en absoluto despojar al texto de Brecht de su contenido político, ni mucho menos caer en la parodia fácil y gratuitamente cómica
Si bien el clown por su naturaleza intrínseca provoca la risa, ésta puede implicar también una toma de conciencia, enfatizar la crueldad y las contradicciones de la naturaleza humana, como sucede en el montaje de Teatro sin Paredes, al grado que durante la función –como si se tratase de un público de niños– muchos espectadores toman postura a favor del oprimido y se enternecen con sus tribulaciones, interactuando con él a través de los célebres rompimientos brechtianos
De esta forma aparentemente ligera, lúdica y amena, Brecht y Teatro sin Paredes ponen en la escena temas fundamentales como el bien y el mal, la justicia y la injusticia, el estado de derecho, el abuso de poder, inmersos en una serie de reglas no escritas que se vuelven costumbre y que sólo se rompen de manera excepcional, cuando sus actores cobran conciencia de las mismas
Como en algún momento afirmó Roland Barthes, el pensamiento de Brecht es concordante con los grandes temas progresistas de nuestra época y puede resumirse en que los males de los hombres están en ellos mismos, que el mundo es manejable y que el arte puede y debe intervenir en la historia
A partir de estos elementos indisociables de la obra brechttiana, Psalmon y su equipo pretenden plantear la risa no como un fin sino como un medio (o mejor dicho, un engaño) que permite descubrir el aspecto trágico de la obra: lo absurdo de un sistema social inequitativo, la crueldad descarnada y la sumisión absoluta
La función política y pedagógica del texto de Brecht, que cuestiona de manera frontal el papel que el teatro debe asumir en la sociedad, han hecho de La excepción y la regla una pieza clásica del repertorio teatral moderno, parte del llamado teatro épico que se apoya en los coros al estilo de la tragedia griega
“Estas obras didácticas –afirma David Psalmon– constituyen una herramienta para concientizar tanto a los que las actúan como a los que las ven, para lo cual el espectador necesita tener una función activa No se puede contentar simple y pasivamente con recibir, con consumir”
Han pasado más de 70 años de que fue escrita esta obra (1930), y si para Brecht el cambio tenía que llegar mediante la revolución proletaria, hoy es evidente que las cosas han cambiado Se vivió la Segunda Guerra Mundial, cayó el Muro de Berlín y se desarrolla la globalización Pero lo que se ha modificado son las armas, la manera de emprender una acción política; empero, ha perdurado el conflicto, el sistema de explotación, la desigualdad entre los hombres, la injusticia social, planteamientos vigentes en el discurso de Brecht a 50 años de su muerte








