Palabra de Bob Dylan

México, D F, 25 de junio (apro)- En el verano de 1985 inició la difusión de El blues de la nostalgia subterránea, serie de 30 programas radiofónicos realizados por Jaime Pontones sobre el cantautor Bob Dylan, su vida, poesía y música, que transmitió la emisora FM Rock 101
Posteriormente, Pontones llevó aquellos guiones al editor, biólogo, músico y crítico de rock, fundador del conjunto Naftalina, Federico Arana (Las jiras, Yo mariachi, Güaraches de ante azul: historia del rock en México), quien ayudó a su publicación como libro en El blues de la nostalgia subterránea Bob Dylan: Infiernos y paraísos (329 páginas, editorial Posada, 1988), al que el autor agregó un noveno capítulo final con textos de canciones traducidas por él mismo
Una década antes, en España, Marcelo Covián incluyó textos de Dylan en Los cantos de la conmoción 20 años de rock (Tusquets, Cuadernos Ínfimos 51 Barcelona, 1974)
Así, para nuestros lectores de Apro, este reportero brinda su versión a tres piezas de Bob Dylan (quien a sus 66 años, el pasado 13 de junio fue declarado ganador del premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007), conocido también como Profeta de la protesta y cuyo nombre real es Robert Allen Zimmerman, poeta y músico de rock cuya obra marcó a la generación de los sesenta
Blowin’ in the Wind
¿Cuántas veredas debe un hombre recorrer
antes de que se le considere hombre?
Sí, y ¿cuántos mares debe una blanca gaviota sobrevolar
antes de que en la arena repose?
Sí, y ¿cuántas veces las balas de cañón necesitan elevarse
antes de ser proscritas para la eternidad?
La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento
La respuesta está soplando en el viento
¿Cuántas ocasiones debe un hombre levantar la vista
antes de observar el cielo?
Sí, y ¿cuántos oídos debe un hombre poseer
antes de escuchar el llanto de la gente?
Sí, y ¿cuántas muertes pasarán hasta que sepa
que demasiada gente ha sido asesinada?
La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento
La respuesta está soplando en el viento
¿Cuántos años puede durar una montaña
antes de ser bañada por el mar?
Sí, y ¿cuántos años debe existir cualquier persona
antes de que se le permita ser libre?
Sí, y ¿cuántas veces deberá un hombre voltear su rostro
sin la simple pretensión de hacerse ajeno y que nada ve?
La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento
La respuesta está soplando en el viento
(“La respuesta está en el viento”, del álbum The Freewheelin’ Bob Dylan, de 1963 Traducción de Roberto Ponce)
Lay Lady Lay
Recuéstate, dama, recuéstate,
recuéstate en mi camastro de metal
Recuéstate, dama, recuéstate,
recuéstate en mi camastro de metal
Los colores que traigas en tu mente
te los mostraré y verás cómo brillan
Recuéstate, dama, recuéstate,
recuéstate en mi camastro de metal
Quédate, dama, quédate,
quédate con tu hombre un rato
Hasta que rompa la alborada,
permíteme ver cómo haces que él sonría
Sus ropas están cochinas y sus manos, limpias
Y tú eres la mejor cosa que él jamás haya visto
Quédate, dama, quédate,
quédate con tu hombre un rato
¿Para qué esperar más a que el mundo comience,
si también puedes tener tu pastel y comértelo?
¿Por qué esperar a quien has de amar,
cuando él está parado frente a ti?
Recuéstate, dama, recuéstate,
recuéstate en mi camastro de metal
Quédate, nena, quédate,
quédate mientras la noche está por venir
Añoro verte al iluminarse el día,
anhelo alcanzarte en la noche
Recuéstate, dama, recuéstate,
recuéstate mientras la noche está por venir…
(“Recuéstate, dama, recuéstate”, del disco Nashville Skyline, de 1969 Versión de Roberto Ponce)
When I Saint My Masterpiece
¡Ay!, las calles de Roma están llenas de canto rodado,
hay huellas ancestrales por doquier
Casi podrías sentir que estás viendo doble,
postrado una gélida noche oscura ante las Escaleras de España
Tengo prisa para ir a mi habitación del hotel,
donde me conseguí una cita con la nieta de Botticelli
Ella juró que ahí precisa estará conmigo
cuando pinte mi obra maestra
¡Ah, cuántas horas pasé dentro del Coliseo,
perreando a las leonas y perdiendo el tiempo!
¡Apenas y pude pararme ante tantos reyes poderosos de la selva
para verlos, ni cabe duda que fue una larga cuesta arriba!
Las ruedas del ferrocarril avanzan por mis recuerdos,
mientras yo corro persiguiendo a unas pavitas salvajes
Algún día todo ha de ser terso como una rapsodia,
cuando pinte mi obra maestra
Navegando el mundo en una góndola,
¡Ay de mí, que habré de volver a la tierra de la Coca-Cola…!

Partí de Roma y aterricé en Bruselas,
en un avión tan pero tan papalote
que casi me hizo chillar
Clérigos en uniforme y nenas ejercitando músculos,
el mundo entero allí merodeando para verme entrar
Los reporteros chupeteaban chayotes
Y tuvieron que ser contenidos por gremios policía
Alguna vez todo habrá de ser distinto,
cuando pinte mi obra maestra
(“Cuando pinte mi obra maestra”, del álbum New Morning, 1963 Traductor, Roberto Ponce)