Fragmento inédito en español de “Elizabeth Costello”

El siguiente texto es inédito en español, y corresponde a la Carta de Elizabeth, Lady Chandos, a Francis Bacon, incluido en el libro Elizabeth Costello, de próxima aparición en Random House Mondadori, con traducción de Miguel Martínez-Lage
Carta de Lady Chandos a Lord Bacon (1902)
Apreciado y estimado señor:
Habrá recibido usted de Philip, mi marido, una carta fechada este 22 de agosto No me pregunte cómo, pero una copia de esa carta ha llegado a mis ojos, razón por la cual ahora añado mi voz a la suya Me temo que mi marido le haya escrito en un acceso de locura, un acceso que ahora bien puede haber remitido Le escribo para decirle: no es el caso Todo lo que haya leído usted en esa carta es verdad, salvo una sola circunstancia: ningún marido podrá jamás ocultar a una esposa que lo ama una angustia del ánimo tan extrema como es la suya Hace ya muchos meses que estoy al corriente de la aflicción de mi Philip, y he sufrido con él
¿Cómo sobrevinieron nuestras penalidades? Hubo un tiempo, bien recuerdo, anterior a este tiempo de aflicción, en que él contemplaba como si estuviera embrujado los cuadros que representaban a las sirenas y las dríades, con el anhelo de ingresar en sus cuerpos desnudos y relucientes ¿Y dónde, en todo Wiltshire, encontraremos una sirena o una dríade para que él haga la prueba? A la fuerza me convertí yo en su dríade: fui yo en quien él ingresó cuando aspiraba a ingresar en ella, fui yo quien notó sus lágrimas sobre mi hombro cuando de nuevo no pudo encontrarla en mí Otórgame sólo un poco de tiempo, que aprenderé a ser tu dríade y hablaré como hablan tus dríades, le susurraba a oscuras, pero sin lograr darle consuelo
Todo es alegórico, dice mi Philip Cada ser es la clave de todos los demás seres Un perro tumbado al sol, lamiéndose, dice él, es en un momento dado un perro y al momento siguiente es la vasija que contiene la revelación Y tal vez diga verdad, tal vez en el ánimo de nuestro Creador (digo nuestro Creador), en donde nos arremolinamos como si circulásemos por el caz que lleva al molino, interpenetramos y nos interpenetran millares de seres semejantes a nosotros Pero ¿de qué manera, le pregunto, de qué forma puedo yo convivir con ratas y perros y escarabajos que reptan a mi través día y noche, que se ahogan y jadean, que me arañan, que tiran de mí, que me apremian a adentrarme más en lo hondo, más aún, de la revelación? ¿De qué manera? No estamos hechos para la revelación, deseo exclamar a voz en cuello, ni yo ni tú, Philip mío, una revelación que desgarra los ojos como si clavásemos la mirada en el sol
¡Sálveme, mi estimado señor, salve a mi esposo! ¡Escriba! Dígale que aún no es llegado el tiempo, el tiempo de los gigantes, el tiempo de los ángeles Dígale que aún vivimos en el tiempo de las moscas Las palabras ya no le llegan; se estremecen, se destrozan, es como si (como si, digo), es como si lo custodiase un escudo de cristal Pero las moscas sí las entenderá, las moscas y los escarabajos aún se han de colar reptando al otro lado de su escudo de cristal, igual que las ratas; a veces yo, su esposa, sí, señor, a veces yo también me cuelo Presencias del infinito: así nos llama, y dice que lo hacemos estremecerse, y yo desde luego que he sentido esos estremecimientos, en las agonías de mis embelesos los he sentido, tanto que ya no sabría precisar si eran suyos o eran míos
Ni el latín, dice mi Philip -he copiado sus palabras-, ni el latín, ni el inglés, ni el español soportarán las palabras de mi revelación Y así es, en efecto, pues incluso yo que soy su sombra sé cuándo estoy embelesada Y él sin embargo le escribe a usted, señor, tal como le escribo yo, si bien tiene usted renombre entre los hombres por escoger sus palabras y colocarlas en su sitio y construir sus juicios como construye el albañil un muro de ladrillos Ahogándonos, escribimos cada uno a partir de nuestros destinos separados Sálvenos

Su obediente servidora,
Elizabeth C, A 11 de septiembre, A D 160