A 25 AÑOS DEL MUNDIAL DEL dolor

Al mismo tiempo que padecía una de las más terribles dictaduras del siglo XX, el pueblo argentino se lanzó a las calles hace 25 años para celebrar la coronación de su Selección en el Mundial de 1978 Ahora, varias de la víctimas de la represión recuerdan cómo vivieron esos momentos
BUENOS AIRES- “Yo era el encargado del televisor Me hicieron montar en una tarima, al final del pasillo de las celdas, una televisión vieja, en blanco y negro, para poder mirar los partidos Nos hacían sentar frente a las celdas, y nos dejaban corrernos la venda hacia la altura de la frente Gritábamos los goles Era terrible, porque cuando se terminaba el partido nos poníamos las vendas, se cerraban las celdas y se volvían a escuchar los gritos de la tortura Era una situación esquizofrénica”
Mario Villani tenía entonces 39 años Había sido secuestrado el 18 de noviembre de 1977 y estaba “desaparecido” en el campo de concentración conocido como El Banco, en Buenos Aires Era un crudo invierno austral de junio de hace 25 años y millones de argentinos festejaban la obtención del Mundial 78 en medio de la más feroz dictadura que haya vivido este país
“Esa televisión chiquita era como una pequeña ventana hacia un mundo del que habíamos sido excluidos Ellos nos decían: ‘ustedes son cadáveres que caminan’ Y nosotros veíamos por la pantalla a toda esa gente festejando, la mayoría de ellos sin saber lo que pasaba en el país, y pensábamos que ya no teníamos ninguna esperanza de volver ahí”, dice Villani en entrevista, a 25 años de aquella dolorosa Copa del Mundo
Y es que ese Mundial vuelve hoy desde el pasado a la mente de los argentinos a través del dolor, en un país “futbolero” que prefiere recordar el título de México 86, ya en plena recuperación de la democracia
“El día de la final -el 25 de junio- me sentí contento porque Argentina ganó Pero ver esos partidos eran una tortura más Pienso que ellos nos dejaban ver el Mundial como una forma de demostración de poder, de decirnos ‘si quiero, te prendo la televisión, y si no, te la apago'”, recuerda Villani, uno de los sobrevivientes de la represión, que pasó por cinco diferentes centros clandestinos de detención antes de ser liberado
En esa época, los familiares de estos “desaparecidos”, y de aquellos que ya habían sido asesinados, se desesperaban buscando a sus seres queridos mientras la dictadura utilizaba la pasión por el futbol para tapar sus crímenes
Cristina Muro era una de ellos Desde el 5 de febrero de 1977 buscaba a su marido Alberto Chiappolini: “Ese día, Ricardo Miguel Cavallo (el represor argentino detenido en México y extraditado a España) irrumpió en mi casa Era el jefe del operativo Sufrí vejámenes, golpes, me abrieron los puntos del parto y a mi bebé de cinco días lo tenían de los piecitos boca abajo, con una pistola en la boca”
Un año después, Argentina se consagraba campeona del mundo por primera vez en la historia, y la dictadura militar se relamía por haber coronado una maquinaria macabra para acallar las protestas y marear a los argentinos con las mieles de un éxito deportivo inédito
Muro tenía 27 años, dos hijos y un marido desaparecido: “En el Mundial ya hacía un año y pico que mi esposo había desaparecido Recuerdo que la gente festejaba y yo me ponía loca pensando ¿cómo pueden estar festejando? En la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA, un centro clandestino de detención) se torturaba y mataba gente, y a pocas cuadras de allí, en el estadio de River, la gente festejaba Yo estaba como loca y pensaba qué debería hacer al día siguiente para buscar a mi marido”
Ezequiel Fernández Moores, uno de los más prestigiosos periodistas deportivos del país y guionista-entrevistador de un documental inédito sobre el Mundial 78, realizado por la productora Cuatro Cabezas, comparte la idea de que esa Copa del Mundo es vista por los argentinos “desde el dolor Me da la sensación de que la gente que siente el futbol, pero no vive encerrado en una pelota, lo recuerda con dolor, por todo lo que pasaba en el país No lo viven con culpa, pero admiten que hubo una descarga emocional
“Pero, a su vez -agrega en entrevista-, los que quieren mucho al futbol no pueden permitir que el Mundial se lo apropien los militares y buscan despegar el éxito deportivo de la dictadura”
El documental, que se verá este mes en la televisión argentina, muestra cómo los argentinos vivieron aquella época y retrata la macabra contradicción que generó el futbol
“Graciela Daleo (una sobreviviente de la ESMA) cuenta que cuando Argentina gana la final, vino su torturador a abrazarla E incluso la sacaron a la calle en un auto para que viera los festejos Era un poco como decirle: ‘no ves que a la gente no le importa nada de ustedes'”, cuenta Fernández
Dice que “en algunos casos, como en la llamada ‘pecera’ de la ESMA, donde grupos de detenidos gozaban de algunos privilegios, los goles eran gritados, juntos, por víctimas y victimarios”
Esa dictadura dejó una secuela de 30 mil desaparecidos y una generación entera ensangrentada Nora Cortiñas, la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora (la otra vertiente es liderada por Hebe de Bonafini), recuerda que el Mundial se inició un “día jueves, y nosotras estábamos, como todos los jueves, dando vueltas por la Plaza de Mayo Pedíamos justicia Fue esperanzador ver cómo venían periodistas extranjeros para preguntarnos qué estaba pasando Argentinos también venían, pero no les dejaban publicar nada Nos acompañaban como podían Incluso, vinieron jugadores de las selecciones de Francia y de Suecia”
Recuerda su sentimiento “de desgarro” durante la final que coronó a Argentina al ganar 3 a 1 a Holanda:
“Llore, lloré, lloré, grité, insultéestábamos en mi casa con mi esposo Él prendía la televisión y yo la apagaba Fue terrible Era un dolor tan grande saber que en Argentina se podía disfrutar mientras al mismo tiempo se desangraba”
No guarda rencor a los jugadores de aquella Selección: “Son remisos hasta el día de hoy a hablar, aunque están empezando a dar su testimonio Costó mucho, 25 años, para que pudieran desprenderse de ese sentimiento de terror Los jugadores sabían lo que pasaba Habrán jugado con culpa Quizá si se hubiesen resistido a recibir el premio de manos de los genocidas Siempre pensamos en un gesto”
Un proceso difícil
“Creo que esa Selección tuvo grandes campeones, grandes jugadores de futbol, un buen entrenador técnico, un buen grupo que fue muy importante para el ‘proceso'” La frase es de Daniel Bertoni, un recordado delantero que marcó el último gol con el que la Selección se coronó campeona del Mundial
La dictadura se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional” Así la palabra “proceso” se asocia en Argentina a la dictadura Por ello, el corresponsal enfrentó problemas para entrevistar a argentinos que sufrieron la represión, pues se identificaba como periodista de este semanario No fueron pocos los casos de entrevistados que colgaron el teléfono o dedicaron un sonoro insulto al corresponsal, pensando que se trataba de una broma macabra
En general, los jugadores de aquella Selección argentina prefieren no ahondar en el contexto en que ganaron la Copa
“Cuando yo hacía un gol, el pase me lo daba Bertoni o Kempes, no me lo daban ni (el dictador Jorge Rafael) Videla o (el entonces jefe de la Armada Emilio Eduardo) Massera”, declaró Leopoldo Jacinto Luque, el centrodelantero de aquel equipo campeón, a la revista El Gráfico
Otro de los ídolos de la época, el arquero Ubaldo Fillol, afirma: “Quédense tranquilos, que ninguno de nosotros torturó ni mató a nadie Al contrario, le dimos una alegría a la gente” René Housemann, delantero, asegura que “no tenía idea de la dictadura Hoy les tengo odio, bronca, asco”
Alberto Tarantini, el marcador de punta izquierdo, cuenta una pequeña rebeldía: “Después de un partido, en las duchas, me enjaboné bien las bolas y le di la mano a Videla, sin limpiármela”
Pero el documental no deja bien parado a los jugadores: “Hay imágenes en las que se les ve en amables tertulias con militares”, dice Fernández Moores
Seis grandes dudas
Veinticinco años después, nadie duda de que esa Selección argentina era un buen equipo y que merecía llevarse el título Pero el 6 a 0 que le metió a Perú, necesario para llegar a la final (Argentina debía vencer por cuatro goles para desplazar a Brasil) llenó de sospechas la conquista
Fernández Moores señala que durante su cobertura del Mundial México 86, el delantero peruano Juan Carlos Oblitas, convertido en periodista y uno de los integrantes del plantel del 78, admitió que en ese partido “hubo cosas raras”
“Oblitas me dijo que no fue un partido normal En Perú se abrió entonces una investigación parlamentaria y se desdijo Hoy sigue pensando igual, pero se cuida”
Y es que existen sospechas de soborno, pues Perú había jugando muy bien “Si nos hubieran dicho que el partido con Perú estaba arreglado, habríamos salido a jugar tranquilamente, pero nada que ver Videla no vino a jugar”, rememora Tarantini, en declaraciones a El Gráfico
Pero el día del partido, Videla fue al vestuario con el secretario de Estado estadunidense, Henry Kissinger, invitado especial de la dictadura, y les habló a los jugadores peruanos sobre la confraternidad latinoamericana “Fue una vergüenza, un acto de intimidación”, señala Fernández Moores
“Osvaldo Ardiles dijo en el documental que si el 6 a 0 a Perú fue comprado, él devolvería la medalla y que no podría poner las manos en el fuego por los militares”, indica el periodista
Fernández Moores cuenta: “El peruano Rodolfo Manzo era uno de los más marcados por las sospechas, porque jugó muy mal y porque al año vino a jugar a Vélez y eso acrecentó las dudas, ya que se decía que su pase formaba parte del acuerdo Una noche de generoso alcohol, según el relato de testigos, se fue de boca y admitió que se dejaron ganar Alguien lo contó y al día siguiente la dictadura le mandó cámaras de televisión y lo obligaron a desmentir todo Fue vergonzoso, porque le iban dictando lo que tenía que decir y en la grabación se escucha clarito una voz en off que lo corrige”
Nora Cortiñas concluye: “Sea como fuere, la dictadura ganó, pasando por encima de campos de concentración, miles de asesinados, personas arrojadas al río Son tan asesinos que lo habrán disfrutado como una gran victoria Pero para el mundo entero ese triunfo no existió Y la gente festejó Necesitaba ese espacio para salir a gritar y gritar, quizá llorar Inclusive los presos políticos: ellos también sufrieron esa ambivalencia del disfrute Fue una canallada más de la dictadura”