A cambio de una fama efímera y circunstancial, aquellos que se registren para participar en la segunda edición de Big Brother ceden a los organizadores, Televisa y Endemol México, los derechos de su imagen, su identidad y hasta su apariencia para siempre Su firma bastará para convertirlos en víctimas voluntarias de una tiranía totalitaria
Televisa y Endemol México lanzan una segunda edición de Big Brother, un reality show que trivializa, a escala doméstica, la tiranía totalitaria expresada por el periodista británico George Orwell en su novela 1984, una sociedad en la que el individuo vive vigilado permanentemente por un ojo omnipresente, con todos los riesgos que esto conlleva de atropello a la dignidad y los derechos fundamentales del ser humano
Lo alarmante de esta nueva edición de Big Brother es que esta tiranía totalitaria se convierte en realidad y se expresa literalmente en una cláusula de la solicitud de inscripción que miles de personas han registrado y, con ello, han cedido literalmente su vida privada, su imagen, su nombre, su biografía, su voz, sus acciones y su apariencia, es decir, su identidad “a perpetuidad” a Televisa y Endemol México, “a lo largo y ancho del mundo”, sin poder hacer cualquier demanda o reclamo, “sin limitaciones” que invadan el derecho a la privacidad de los inscritos, sean o no seleccionados
Preocupan los términos y los fines con los que está redactada la cláusula Si hay “liberados”, entonces hay “no liberados” (o esclavos) Se trata de un sistema de reclutamiento de personal potencialmente mercantilizable, por el que, además, dicho personal tiene que pagar 20 pesos para ser registrado con un código, enviar sus datos personales y fotografías, firmar un contrato sin cláusula de salida, es decir, una vez firmado no puede arrepentirse, cediendo su identidad sin recibir nada a cambio
Para Ángel Caballero, doctor en derecho, profesor e investigador del ITESM-CCM, si bien es cierto que la cláusula de liberación prevista en la referida solicitud se da entre particulares -en este caso entre Televisa y Endemol México y quien efectúe la solicitud-, lo cierto es que este pacto o convenio atenta contra la dignidad de la persona En efecto, el párrafo quinto del artículo 5 de la Constitución establece que “el Estado no puede permitir que se lleve a efecto ningún contrato, pacto o convenio que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el irrevocable sacrificio de la libertad de la persona por cualquier causa”
Estos supuestos están presentes en dicha cláusula Según ésta, ‘el solicitante’, sea o no elegido o seleccionado, “renuncia a perpetuidad” a todos los derechos que pudiera tener, sin poder recibir ninguna contraprestación por el uso o lucro que Televisa o Endemol México hagan de su imagen, voz, acciones, apariencia, nombre, etcétera
Ángel Caballero agrega:
“A todas luces, la cláusula es violatoria de la dignidad humana, ya que atenta contra derechos fundamentales de primera categoría, tales como el derecho a la intimidad y a la imagen, motivo por el cual, y dado que vivimos en un Estado de Derecho, las autoridades correspondientes, en este caso la Secretaría de Gobernación, deberían impedir que los organizadores de tal evento establecieran dicha cláusula en detrimento de la dignidad de la persona humana”
En opinión del abogado Arturo Requesens, maestro en derecho y profesor de la Universidad de la Ciudad de México:
“La cláusula concede demasiados derechos a los medios, los cuales buscan a toda costa proteger sus intereses y evitar algún tipo de responsabilidad Desde mi perspectiva, la simple existencia de este tipo de cláusulas debería hacer reflexionar a las personas que estén interesadas en participar en dichos eventos, para que se abstengan de hacerlo, ya que a partir de la firma están brindando su consentimiento a los medios de comunicación para que manejen la imagen de la persona a su antojo”
De hecho, si alguna persona llegara a sentirse ofendida por el uso de su imagen, podría demandar a la empresa comunicadora Sin embargo, aclara Requesens, “será difícil que prospere, ya que la empresa contará con el consentimiento expreso de la persona a usar su imagen”
La seducción que genera la oferta de Televisa y Endemol México consiste en ceder la apariencia a cambio de salir en la tele, ser famoso y tener una identidad, pudiendo “alterarla o modificarla”, aunque el participante no se reconozca a sí mismo, como reza la cláusula
“Big Brother es la ilusión de muchos, aunque esto persigue un interés comercial, se busca explotar los sentimientos de los integrantes, el morbo, hacer que el público vea qué hace el otro”, dice el doctor Gerhard Heinze, director del Instituto Nacional de Psiquiatría, quien describe a los integrantes del Big Brother como poseedores de “una personalidad histérica” Y puntualiza que los integrantes “actúan en función de la fama y el reconocimiento, se venden por la fama El ser humano tiene derecho a ser dueño de sí mismo Y muchos tienen más ambición que alma”
Para el especialista, “la solicitud de inscripción no es un test psicológico, es la forma de una proyección de la persona El programa busca crear un circo romano entre los integrantes para generar morbo, expectación y rating Es la explotación de las debilidades humanas, las confesiones se convierten en una mercancía, una cárcel donde convives con otros para lograr la fama; no hay espiritualidad, sólo ambición”
Y tal ambición, cuando se ha firmado y enviado la solicitud para participar en el programa, convierte a esas personas en posesión de Televisa y Endemol México, como apunta el historiador Carlos Sola Ayape, profesor e investigador del ITESM-CCM:
“Cuando uno tropieza con documentos como el contrato que ofrece Televisa a quienes desean participar en su programa Big Brother, no deja uno de preguntarse dónde queda la dignidad del ser humano, y si los mentores de tal iniciativa conocieron alguna vez el significado de tal concepto ¿Qué le está pasando al género humano que voluntariamente se entrega a la negación de su voluntad, de su dignidad, de sus derechos? Es lamentable contemplar el espectáculo de ver cómo un hombre renuncia a su privacidad, y además de manera perpetua, a un medio de comunicación, como Televisa, que aprovecha esta cultura mimética, propia de la aldea global, para hacer lo que en otras partes se ha hecho, es decir, comprar a la gente para ser usada, cuan carnaza, en el mercado del voyerismo cotidiano”
Y alerta:
“Bajo la apariencia de un simple juego de entretenimiento, estamos enmascarando praxis propias de un régimen totalitario, ajeno al reconocimiento de derechos humanos más fundamentales Que el ser humano acepte este tipo de condiciones es un serio aviso de lo que estamos construyendo entre todos, unos por acción, otros por omisión, del hombre, como sujeto individual y como sujeto social ¿Tan barato está el mercado de los ‘derechos del hombre’? ¿Tanta necesidad hay de mantener esos necesarios índices de audiencia para que la publicidad pague su impuesto? Y, sobre todo y por encima de todo, ¿cuáles son los horizontes que ambicionan aquellos y aquellas que se prestan a este particular juego de mercadeo? Es lamentable que alguien adquiera, a perpetuidad, los derechos sobre la privacidad de otros de la misma especie Por cierto, ¿ésta es la televisora que iba a ir de la mano con el México del cambio?” l
*Jacob Bañuelos Capistrán es doctor en ciencias de la información y profesor e investigador del ITESM-CCM








