la transición frustrada

La transición frustrada
Luis Javier Garrido
En medio de un escepticismo que comparten muchos de quienes lo apoyaron o votaron por él, Vicente Fox rinde su segundo informe como presidente de la República, un mensaje, sin duda, conciliador y optimista Pero nada más Frustrada hasta ahora la verdadera transición, inalcanzadas sus metas, incumplidas las promesas que lo llevaron a Los Pinos, con un equipo de trabajo torpe o de tono menor, a 21 meses de su toma de posesión Fox tiene poco de qué informar y, menos aún, de qué enorgullecerse, excepto de su inalterable triunfalismo
La víspera de su segundo informe anual al Congreso, Vicente Fox se hallaba entregado a una febril actividad para justificar por qué su gobierno no ha podido hacer casi nada por los mexicanos, y esto, lejos de traer alguna tranquilidad, no ha hecho más que generar más zozobra en todo el país
El gobierno de Vicente Fox ha constituido un ensayo general en América Latina del proyecto neoliberal, que supone un desmantelamiento de los antiguos Estados nacionales, y por ello muchos analistas le han conferido desde Washington un valor estratégico a su persona a nivel continental No debe sorprender por ello que ante el deterioro de su imagen, abandonando sus obligaciones constitucionales, Fox esté delegando buena parte de sus atribuciones en sus colaboradores, en su esposa y hasta en entidades privadas, y se haya dedicado a hacer la defensa y justificación de su gobierno, en discursos, declaraciones, entrevistas y hasta en los acuerdos y decretos presidenciales, lo que, aunado a la propaganda oficial pagada en los medios, ha convertido al suyo en un gobierno dedicado a la autopropaganda
En particular, desde que a mediados de 2000 empezó a ser evidente para amplios sectores que iba a incumplir sus promesas de campaña, y que desde Washington se hicieron públicos los rumores sobre su incapacidad para gobernar, y en especial para acelerar el programa de privatizaciones, el nuevo presidente se lanzó en una escalada propagandística, que amenaza con incrementarse aún más al acercarse las elecciones de 2003, que a juicio del propio Fox constituirán un referéndum sobre su gestión
La ausencia de logros del gobierno foxista no constituye secreto alguno y por eso la caracterización que Fox hace de su propio gobierno parece reducirlos a uno fundamental, y es el de haber logrado consolidar su gobierno durante estos dos años En su visión maniquea y simplista, acentuada conforme se agravan los problemas del país y resulta evidente que su gobierno no representa una opción de cambio, los dos temas centrales, que se han convertido en el leitmotiv de la propaganda oficial y de los discursos de él y de sus colaboradores han sido: a) que todo ya ha cambiado desde el 2 de julio, cuando la democracia llegó supuestamente al país, y que, en consecuencia, todo va bien, y b) que el régimen priista fue la expresión de todos los vicios imaginables y que acarreó, y sigue trayendo, males innumerables para México
La principal preocupación del gobierno foxista no está resultando, sin embargo, el incumplimiento de sus ofertas electorales, y que hayan crecido el desempleo y la marginación, que los derechos sociales de los mexicanos se estén cancelando, que se haya incrementado la inseguridad, que la corrupción siga caracterizando el quehacer de la administración pública o que en Chiapas en vez de llegar la paz se esté incrementando la violencia represiva, sino las críticas que vienen de Estados Unidos, tanto de voceros del gobierno republicano como del sector financiero, por su fracaso para imponer con más celeridad los programas trasnacionales: por la falta de acuerdos en el Congreso para la privatización de la energía, por su incapacidad para iniciar la construcción del nuevo aeropuerto de la capital, por su fracaso para negociar con los sindicatos una nueva legislación laboral, por la resistencia de las comunidades zapatistas de Chiapas al Plan Puebla Panamá
Las declaraciones de Fox, en Cancún el 19 de agosto, a pocos días de su segundo informe al Congreso, indicando que está por concluir la primera fase de su gobierno, que caracterizó como de la transición, un período que, según sus propias palabras, mucho había tenido que ver con enmendar y remendar lo hecho por administraciones anteriores, estuvieron, por tanto, dirigidas más que a los mexicanos a los grandes intereses trasnacionales que lo han estado respaldando, y culminan meses en los que su gobierno ha estado entregado a una campaña de justificación, no por lo que ha hecho, sino por lo que no ha hecho
El fracaso de las políticas del foxismo se ha debido, sobre todo, según el discurso oficial, a factores internacionales, desde la recesión en Estados Unidos, hasta el 11 de septiembre pasando por la crisis Argentina, pero también a factores nacionales: las estructuras políticas y sociales heredadas del antiguo régimen y el control que el priismo guarda aún del aparato estatal y la falta de visión de sus legisladores, que no lo han respaldado en sus iniciativas La justificación, sin embargo, implicó esta vez ofrecimientos más concretos, y de acuerdo con lo expresado por Fox en Cancún, no se sabe si afectado por la brisa caribeña o por el grito de ¡Viva Texcoco!, surgido de los estudiantes presentes en el acto, según reportaron los medios, ahora estaría ya concluyendo la etapa de transición del viejo régimen, al que llamó gobierno del tercer milenio, por lo que las dos etapas siguientes, en los cuatro años que le restan, serían, afirmó, la de cosechar mucho de lo sembrado y la de hacer la tarea que falta todavía
El fracaso de Fox en el gobierno para cumplir sus ofrecimientos de campaña o para responder a los compromisos que contrajo con el capital financiero internacional, no significa, sin embargo, que el proyecto neoliberal no esté avanzando en México En los casi dos años de gobierno foxista, un gobierno de derecha integrado esencialmente por empresarios y empleados de empresarios y tutelado tanto por el Banco Mundial y el FMI como por las diversas dependencias del gobierno de Bush, el desmantelamiento del Estado mexicano y el proceso de privatizaciones han proseguido de manera silenciosa, con la complicidad de las principales fuerzas políticas, que han preferido no confrontarlo en todas sus iniciativas para no pasar por integristas ante los organismos financieros internacionales Los funcionarios del nuevo gobierno han buscado ir tomando el control de sus dependencias por la vía de incorporar un nuevo personal surgido de la iniciativa privada a los cargos de decisión, a fin de que estos nuevos cuadros puedan impulsar aquellos programas que tienden a confundir lo público con lo privado o, en otras palabras, sean capaces de utilizar los fondos del Estado para proyectos decididos conforme a la lógica empresarial
Desde los años sesenta, el sociólogo estadunidense C Wright Mills entendió que la cohesión de la estructura de poder en Estados Unidos se debe a que no existen contradicciones entre los intereses de las grandes empresas y los funcionarios de Washington, como existía en México en los últimos años del priismo neoliberal, y a que existe entre los círculos financieros y políticos una comunidad de intereses que conforma una ósmosis de los círculos dirigentes, y ése ha sido el modelo seguido por Fox: el preferir a un personal surgido de las empresas privadas a los panistas militantes, aunque en los últimos meses haya aceptado la incorporación de panistas a la administración, ya que, de acuerdo con un vocero panista, habría aceptado ir incorporando cada mes al gobierno a nuevos valores del panismo preparados con nuevos criterios (Milenio Diario, 19 de agosto)
Acabar con la Constitución
El aspecto más preocupante de estos dos años es, sin embargo, el desprecio que el gobierno foxista ha mostrado por la Constitución General de la República, a la que ha buscado trasgredir mediante decretos o acuerdos (como aconteció con la fructuosa o en materia eléctrica), la ha desacatado abiertamente (como en el caso de Atenco) o la está ahora pretendiendo modificar en sentido regresivo en capítulos centrales, olvidándose de que el 1 de diciembre de 2000 protestó guardarla y hacerla guardar
La Constitución de 1917, no es un secreto, se ha convertido desde hace mucho tiempo en un objetivo central de las multinacionales, pues al consagrar las prerrogativas de la nación como los derechos sociales de los mexicanos, dio sustentó al Estado más fuerte de América Latina, constituyendo por lo mismo no sólo un obstáculo central para los intereses especulativos, sino un símbolo de la soberanía latinoamericana, por lo que es para Fox uno de sus objetivos a destruir, de manera mucho más abierta que lo fue para Salinas y para Zedillo, y eso es algo que muchos no acaban por entender
Los rasgos más detestables del antiguo régimen no han sido para Fox y los empresarios que lo apoyan, su carácter antidemocrático o la corrupción e impunidad de sus funcionarios, que fueron el resultado de prácticas de hecho, sino precisamente sus rasgos de Estado social de derecho que tutelaba múltiples intereses populares, y en su afán de destruir el orden legal del país, Fox y sus amigos no se cuidan de no hacer explícitos sus verdaderos puntos de vista Cuando en mayo Fox declaró en Madrid que la Constitución respondía al régimen anterior e insistió en que se le hiciesen, por lo menos, las dos modificaciones exigidas por Washington en materias laboral y de energía, se dijo que confundía en su ignorancia el régimen constitucional con el sistema priista, y parecía desconocer que la Constitución era de 1917 y el PNR se había fundado en 1929, pero lo cierto es que lo que constituye el objetivo del nuevo gobierno foxista no son esas estructuras de poder y prácticas que constituyen el legado del sistema priista de gobierno, desde el autoritarismo presidencialista y el tráfico de influencias, hasta el corporativismo o la manipulación de los medios, pasando por las negociaciones en lo oscurito a espaldas y en contra de los mexicanos —a las que Fox y sus amigos se han adecuado tan bien—, sino el régimen jurídico de la nación, que los grandes intereses trasnacionales han buscado históricamente destruir y que el propio Fox ve como el obstáculo mayor para las privatizaciones que se ha comprometido a hacer con los organismos financieros internacionales y que beneficiarían directamente a los grupos empresariales nacionales y, sobre todo, a extranjeros que lo han venido apoyando, como Amigos de Fox, muchos de ellos vinculados a la derecha trasnacional (Proceso 1336)
El futuro del sexenio de Vicente Fox, esos cuatro años que él vislumbra como de cosechar lo sembrado, como lo dijo en Cancún, están, sin embargo, supeditados a una cuestión central: la privatización del sector energético mexicano, exigida cada vez con mayor arrogancia desde Estados Unidos y a la que Fox y su canciller Castañeda se han comprometido De esta decisión histórica depende no sólo únicamente que culmine el proceso de desmantelamiento de la nación iniciado por los tecnócratas priistas en los ochenta y profundizado durante los sexenios de De la Madrid, de Salinas y de Zedillo, sino el gran triunfo del foxismo: no ante el pueblo mexicano, que poco le importa a Fox y al que cree poder seguir controlando por medio de la propaganda, sino ante Washington, lo que mucho le interesa De esa medida determinante depende que se cierre un ciclo de la historia mexicana, y que uno nuevo se abra con el país completamente en manos del capital trasnacional
El único problema para ello es, empero, que las reformas constitucionales y legales no podrán ser aprobadas, como todo mundo sabe, sin el voto de los legisladores priistas, que paradójicamente tienen en sus manos la decisión más importante del sexenio, que es la de enterrar definitivamente al PRI
Las relaciones entre Fox y el priismo han constituido, por lo mismo, una clave de la evolución de lo que va del sexenio, pues hasta ahora no han culminado en el sentido anhelado por Los Pinos Fox ha buscado doblegar al PRI a lo largo de estos dos años de diversas maneras: a) a través de un pacto nacional con la dirigencia priista, como el de España, en el que los partidos políticos aceptaran todos un proyecto económico como base para compartir el poder; b) mediante la búsqueda de acuerdos en lo individual con los legisladores priistas, tratando de convencerlos, o bien comprándolos o amenazándolos, tarea a la que se dedicó desde 2000 la Secretaría de Gobernación, c) confiando en que los dirigentes neoliberales del PRI pudiesen hacerles la tarea, traicionando los principios de su partido, y logrando la división del Institucional, como es ahora el caso de la profesora foxista Elba Esther Gordillo, y por último, d) recurriendo a la confrontación y amenazando al más puro estilo siciliano con abrirles procesos penales a personajes claves del priismo, como Rogelio Montemayor, exdirector de Pemex, y cuyo caso fue de carácter ejemplar
La primera estrategia fracasó porque las dirigencias del PRI y del PRD la estimaron como hacerse un harakiri; la segunda, por el número elevado de legisladores que había que cooptar, considerando en especial que una reforma constitucional debe pasar por las legislaturas estatales; la tercera, porque el ala neoliberal del PRI ha terminado hasta ahora por disciplinarse a la dirigencia, y la cuarta, porque apareció muy pronto que Fox no era el personaje honesto que pretendía ser y que tenía una gran cola que le pisaran: el financiamiento ilegal de su campaña y los compromisos derivados de ello De ahí que ahora el gobierno busque imponerse a los priistas utilizando todos los recursos a su alcance
La historia mexicana reciente ha mostrado, en todo caso, con claridad que los partidos políticos no pueden ya constituir un bastión ante los intereses trasnacionales, y eso deja a las comunidades atenidas a sus propios recursos Los dos tercios que aún le restan al sexenio de Vicente Fox se abren, por lo mismo, bajo el signo de la incertidumbre y de un profundo deterioro institucional La posible transición democrática murió antes de nacer, el gobierno foxista no tiene un proyecto nacional y no está tratando de gobernar más que aplicando los programas que se le imponen desde el exterior y para los que no tiene el consenso de la sociedad ni mucho menos de los grupos afectados, por lo que su disyuntiva ante el rechazo popular a los mismos programas no puede ser más que ceder o reprimir, como aconteció en Atenco
El triunfo de los campesinos mexiquenses al lograr que no se construyese el aeropuerto capitalino en sus tierras ejidales, se debió a que actuaron todo el tiempo con el derecho en la mano, pero sin dejar de recurrir a todas las acciones de resistencia civil a su alcance, y por eso ha constituido un parte aguas del sexenio, pues marcó los límites de la acción del gobierno y las posibilidades de la organización popular
En diversas declaraciones, Fox ha insistido en que no va recurrir a la represión en su gobierno, pero los hechos empiezan ya a desmentirlo Desde la represión a los campesinos mexiquenses de Atenco, de la que se responsabilizó al gobierno mexiquense (aun y cuando éste actuara en plena coordinación con las autoridades federales), hasta los gravísimos acontecimientos recientes de Chiapas, en donde grupos paramilitares y cuerpos policiacos actúan en plena impunidad, con la tolerancia del gobierno estatal (y del Ejército federal), la buena fe de Fox está en entredicho y le va a resultar difícil seguirse presentando como irresponsable ante lo que acontece y culpando de ello a autoridades menores, como lo hizo en los dos años anteriores
La puesta en marcha de los programas neoliberales en el campo, donde éstos suponen quitarle a los campesinos con la tierra su derecho a su propia cultura y a su identidad, no podrá hacerse si no media la violencia Acaso por eso Fox haya considerado en Cancún, como uno de sus escasos logros, el estar transformando la PFP, reinventando la PGR y creando la SSP
El fin de la transición anunciado por Fox no hace más que confirmar que no hubo de parte de su gobierno ninguna voluntad democrática, y ello es muy preocupante ante el desastre institucional que está viviendo el país