El mismo, pero disminuido
Miguel Ángel Granados Chapa
El martes 2 de julio, Vicente Fox celebra tres aniversarios: un año de casado con Marta Sahagún, 60 años de vida y dos años de su triunfo en las elecciones del 2000 A toda epopeya –y para muchos arrojar al PRI de Los Pinos lo fue– le llega el momento de volverse recuerdo y confrontarse con su propia evolución ¿Qué pasó con el hoy presidente, con su partido y con el movimiento político que lo llevó al poder? A estas preguntas, la respuesta oficial estaría marcada por el optimismo irreal que caracteriza al actual equipo de gobierno Analistas convocados por Proceso parten, por el contrario, de la comparación mínima entre las expectativas que despertó el proyecto foxista y la realidad de un gobierno que ha provocado la desilusión y el desencanto entre aquellos que votaron por un cambio que no sólo no ha llegado, sino que ni siquiera se ve cercano
Miguel Ángel Granados, Denise Dresser, Lorenzo Meyer, Leo Zuckerman y Luis Javier Garrido diseccionan lo que coincidentemente consideran, por razones diversas, como el fracaso de esta primera etapa del gobierno foxista
Dos años después de su elección, Vicente Fox es el mismo, pero disminuido Sigue en campaña electoral, aunque no haya otro palacio que asaltar (aunque sí una Presidencia por asumir) En aquella etapa cumplió con creces su papel de persuasor profesional, de creador y protagonista de una imagen Pero ahora que debe dedicarse a generar bienes públicos, sigue empeñado en anunciarlos O, peor aún, en fingir que los ha creado, que están a disposición del público Y en negar, con un “optimismo trágicamente irreal”, en frase de Daniel Cosío Villegas, que el país padece dolencias graves, algunas de ellas en grado mayor que cuando comenzó su gobierno, hace 19 meses
Como particular, Fox alcanzó notable desarrollo en Coca-Cola, que más que empresa es un símbolo, una imagen, una marca Cuando ingresó a la economía real, la de producir satisfactores, su éxito fue considerablemente menor, para no hablar de fracaso Esa doble vertiente de su formación en los negocios se percibe con claridad en su ejercicio como presidente de la República
Hace un año, al cumplirse el primero desde la histórica elección que con Fox a la cabeza desplazó al PRI de la Presidencia de la República, las encuestas avisaron de un importante porcentaje de desencantados, de quienes votaron por Fox y ya no volverían a hacerlo Cuando se llegó al término de su primer ejercicio anual, esa tendencia se había acentuado, y algo semejante ocurrió hace un mes, cuando quedó cubierta la primera cuarta parte de la gestión sexenal Es de suponerse que análoga declinación indiquen los sondeos que se realicen 24 meses después del “2 de julio” por antonomasia Ya una indagación de la Presidencia de la República misma mostraba hace muy poco la baja en el asentimiento público a Fox, la suposición ampliamente extendida de que no ejerce control sobre su gabinete y, por tanto, sobre su capacidad de gobierno El vendedor de promesas, se ha dicho, no es capaz de responder a la exigencia general de que las cumpla
Es cierto que el arranque de los gobiernos puede estar lastrado por factores que impidan levantar el vuelo pronto El fin de los gobiernos de Salinas y de Zedillo fue mejor que su comienzo, aunque cada uno a su turno se afanara por maquillar los resultados, de suerte que el balance les fuera favorable Cuando a Zedillo le estalló en las manos la bomba de tiempo que le había dejado su testador junto con a la silla presidencial, la secuela del desastre lo atrapó durante la mitad inicial de su período Y las cosas fueron diferentes después De modo que, quizás, haya un cierto apresuramiento al juzgar a Fox a esta altura de su desempeño Pero no lo hay si se considera la gestión en sí misma, a la luz del lapso transcurrido
Carente de convicciones profundas —pues no lo son los lugares comunes sobre la democracia y la transparencia, que repite de modo mecánico—, el presidente vive “al día, de milagro, como la lotería” para usar las frases de López Velarde Durante la campaña, leí en un panfleto guanajuatense, contrario a su candidatura, una metáfora que entonces me pareció mero exceso propagandístico, caricatura de inspiración priista Ahora daría por cierto el reproche que lo veía actuar, y sobre todo hablar, como si portara una cinta magnética, un casete, del que se desposeía cada noche, a la hora de dormir A la mañana siguiente, la grabación era sustituida, y Fox la repetía con el mismo énfasis que en la víspera, aunque adoptara puntos de vista diferentes y aun opuestos a los expresados con anterioridad Le importa más la música que la letra Más la vehemencia y el tono persuasivo que la firmeza de las ideas y de las propuestas
Aun en su vida personal, se contradice Tenemos derecho a examinar esa vertiente de su actuación porque la ha hecho pública, materia del escrutinio de todos Cantó las cualidades del matrimonio ad perpetuam, del lazo indisoluble y de pronto lo infringió, impregnando de tono político el resultado de su decisión Hoy, su señora esposa no es sólo la Primera Dama, atenta al convencional protocolo que demanda de los presidentes tener vida en pareja, sino que es una activista política, dotada de sus propios recursos financieros, no sujeta a fiscalización alguna e indómita frente a las hablillas: “¿qué querían?, ¿que me quedara en casa?”
El presidente prefiere habitar su propia realidad en vez de cotejarla con la que se despliega delante de él Examínense, para probar ese aserto, la relación que guarda con sus colaboradores, con los miembros del Congreso, con el sector social de su preferencia, el empresarial
Héctor Rangel Domene le leyó la cartilla o, como dicen en España, le cantó las cuarenta Expresidente de los banqueros, líder ahora del Consejo Coordinador Empresarial, representante directo del influyente capital de Monterrey, el director general adjunto del BBVA-Bancomer le formuló rotundos reproches, a la hora de asumir la presidencia del CCE Ciertamente, deslizó rituales frases de apoyo más en beneficio de la cortesía y la tersura verbal que como expresión de convicciones Y eso, no obstante, Fox cree que cuenta con la voluntad de la gente de los negocios Le basta repetir que el suyo es “un gobierno de empresarios para empresarios” para suponer que eso satisface a los capitales y a los mercados
Todo el mundo ve las reyertas en su gabinete y muchos espectadores hasta sienten la tentación de hurtar el cuerpo para no ser víctimas de un golpe desbalagado, de una bala perdida Todo el mundo conoce las contradicciones entre el hacer y decir de una secretaría y otra, y resiente esas incongruencias Pero puesto el presidente a opinar sobre el desempeño de su equipo, lo encuentra unido y eficaz, no obstante lo cual, manda decir en un boletín de prensa que los ha hecho entrar en orden
Los legisladores, aun los miembros de su propio partido, quizá padecen perplejidades constantes Salvo algunos desencuentros —si bien cruciales, sólo unos pocos—, se han empeñado en no estorbar la tarea presidencial Y, sin embargo, ya que así conviene a los intereses del grupo que lo rodea, el presidente no se refrena en la permanente denuncia del obstruccionismo legislativo, como causa de su improductividad y de su ineficacia A ratos, para mayor desconcierto de sus interlocutores en el Congreso, alaba su colaboración, o la solicita amablemente, conciliatoriamente Y, sin embargo, no da lugar a que se le ofrezca una respuesta sustantiva, porque ha perdido el ánimo de legislar: Insiste en reformas estructurales, que se han convertido ya en mito panacéico (dadme la reforma estructural y todo lo demás vendrá por añadidura) y no aceita la maquinaria parlamentaria con una sola, una sola iniciativa que concrete, más allá de opiniones y discursos, su parecer sobre el rumbo del país en las materias a que alude
Reaccionó irritado y desdeñoso ante la sentencia del tribunal electoral que permite investigar las cuentas de su campaña Alguien lo hizo pensar dos veces el asunto y, al poco rato, de su oficina salió un comunicado como si fuera de otra persona, así de diversa fue la actitud: por supuesto que apreciaba y respetaría el valor de las decisiones judiciales
Si mutaciones así mostraran la flexibilidad que se espera en hombres con experiencia en el arte de cavilar, tendríamos que sentirnos satisfechos y tranquilos ¡Ay de nosotros si nos gobiernan irreductibles tercos que jamás cambian de opinión! Pero, para nuestro infortunio, lo que esas mudanzas muestran son más bien la proclividad presidencial a repetir la expresión más recientemente escuchada, el discurso que se le ha preparado y que sólo conoce al leerlo
A punto de despedirse de México, el corresponsal de The Economist, Gideon Lichfield, pidió en diciembre pasado una entrevista al presidente Le fueron concedidos cuatro minutos Los aprovechó para una sola pregunta, indagando sobre los errores que en su primer año pudiera haber cometido o descubierto el presidente “No hay errores”, fue la automática, sintética, irrebatible respuesta
A eso es lo que llamo, con palabras de Cosío Villegas, “optimismo trágicamente irreal”








