la democracia imposible

La democracia imposible
Luis Javier Garrido
Sin la figura tutelar del presidente de la República, muertos o envejecidos su padrinos naturales, el PRI se sumió en una disputa por el poder interno digna de una mafia Y como tal, una vez resuelta, las familias que la integran se ponen de acuerdo, lejos, muy lejos de las supuestas aspiraciones democráticas que proclamaron a raíz de su derrota del 2 de julio de 2000 Experimentados en la componenda y el ilusionismo, los priistas acabaron con su orfandad y tienen ya un nuevo padrino: Roberto Madrazo, personaje de historia negra, a quien un colega de partido describió como un Frankenstein que iba creciendo y al que había que parar Nadie lo ha parado y ya obtuvo una más de sus metas Pasado el tumulto de la semana pasada, bien dijo Beatriz Paredes, con toda su sabiduría priista: Demos vuelta a la hoja
El proceso interno del PRI para elegir al presidente del Comité Ejecutivo Nacional para el período de 2002 a 2006 llamó poderosamente la atención, no por el hecho de que era la primera ocasión en que por voto secreto se decidía quién iba a encabezar al partido, sino porque ante los momentos de incertidumbre que vive el país por la debilidad del gobierno de Vicente Fox, el papel de las fuerzas e intereses que han constituido al que fuera durante 72 años un partido de Estado, parece estar cobrando una nueva importancia
La responsabilidad que tendrá el nuevo dirigente priista, que toma posesión el 4 de marzo en el LXXIII aniversario de la fundación del partido, se presentó como de una importancia excepcional desde mucho antes que el CEN expidiera la convocatoria a la elección el 20 de noviembre pasado, pues es la primera ocasión en que un presidente partidista lo va a ser plenamente, sin tener que acatar, como en el pasado, las órdenes de un Jefe Máximo (1929-1935) o de un presidente de la República (1936-2000), y en un momento en que se está dirimiendo el destino del propio partido y el futuro del régimen foxista Y cuando el PRI ha dejado de ser el partido en el poder para fungir como el principal partido de oposición al gobierno de Vicente Fox
Lo que estaba en juego en la elección del domingo 24 de febrero, no era, por tanto, sólo la elección de los dos principales funcionarios del CEN y el poder controlar el aparato partidista y los recursos del IFE, como parecían creerlo muchos de los colaboradores de los dos contendientes —Beatriz Paredes y Roberto Madrazo—, que ante los medios dieron la imagen de parecer seguir viendo el poder como un espacio de beneficio personal y un trampolín para el enriquecimiento ilegítimo En la elección se dirimía, sobre todo, el futuro mismo del PRI y su posible reconversión en un verdadero partido, y al mismo tiempo, cuál va a ser el futuro del régimen de Vicente Fox, que durante meses ha insistido en que requiere de acuerdos con el PRI que le permitan la aprobación de sus iniciativas de ley en el Congreso
La paradoja de lo que acontece en México es, por tanto, muy significativa, pues si a) por un lado, el PRI sigue siendo el partido político que tiene las bancadas más importantes en las dos cámaras federales y que cuenta con el mayor número de gobernadores y de presidentes municipales, por el otro b) la elección del día 24 y el debate en los medios en los días sucesivos fue dejando una muy seria preocupación en el país, pues el priismo apareció una vez más como una coalición de fuerzas e intereses sin futuro, sustentada en las peores prácticas y vicios de la política y carente de un proyecto nacional
El PRI, tal y como se le conoció históricamente, está atravesando por una fase terminal, y al parecer no hay en su larga agonía dirigentes o grupos que planteen una reconversión de las fuerzas políticas y sociales que lo integran en función de algunos de sus postulados originarios para construir un nuevo partido político, y ello se debe a la inexistencia de una vida partidista real y de prácticas democráticas de sus miembros, situación en la que han confluido dos factores fundamentales: la falta de iniciativas legales del gobierno foxista frente a lo que había sido (y sigue siendo a nivel local) el Partido de Estado, y la negativa de los cuadros medios del PRI a abrir una discusión sobre el 2 de julio y el futuro de la organización y del país
En el curso de su campaña electoral, Fox calificó al PRI de manera reiterada como un organismo de Estado de carácter ilegal, pero tras de acceder al poder se ha negado a desmantelar ese aparato partidista y a aplicarle la ley, obligando a la devolución de los cientos de bienes muebles e inmuebles que los priistas detentan ilegítimamente, en acciones reivindicatorias similares a las que se produjeron en España en los setenta frente a la Falange franquista o en los países de Europa Central en los noventa ante los partidos comunistas
Los miembros del PRI, por su parte, han puesto más la atención en los meses siguientes al 2 de julio en conservar sus parcelas de poder a nivel federal o estatal que en iniciar una amplia discusión sobre el futuro partidista, en la que por necesidad dos cuestiones centrales a discutir habrían de ser la de la posición del partido ante las políticas neoliberales, que avalaron durante los sexenios de Salinas y de Zedillo, y el tema escabroso de la penetración del narcotráfico en las filas del PRI
El proceso interno del PRI mostró, por otra parte, que si bien en esa amplísima gama de funcionarios federales y locales y de dirigentes sociales que configuran los cuadros medios del priismo no existen prácticas democráticas, sí hay lealtades, y esto es lo que determinó el resultado inesperado de la elección, pues al no existir ya una disciplina de partido a la autoridad presidencial, operaron esas lealtades a nivel local El grupo del excandidato presidencial Francisco Labastida parecía en el papel tener amarrado el triunfo para su protegida Beatriz Paredes, al controlar, de hecho, el aparato partidista con Dulce María Sauri al frente del CEN y Humberto Roque Villanueva en la Comisión Nacional para la Elección, teniendo la mayoría de los miembros de la Subcomisión de Legalidad y contando con el respaldo de la mayoría de los gobernadores priistas y de los expresidentes Echeverría y De la Madrid, así como de la mayor parte de los medios que hicieron campaña contra Madrazo
Las elecciones internas del partido, hay que recordarlo, no tuvieron nunca como objetivo en el pasado elegir a dirigentes o candidatos, sino movilizar a las bases para legitimar una decisión previamente tomada, y la de 2002 no fue la excepción, pues así fue diseñada, aunque en este caso el resultado haya sido contrario al esperado por la dirigencia partidista y Roberto Madrazo se haya impuesto a Beatriz Paredes
El fraude no basta por sí solo para explicar la victoria de Madrazo, pues los operativos fraudulentos estuvieron de ambos lados y habría que buscar quizás el secreto de su triunfo en la influencia que aún guardan los dirigentes locales, pues aún en la mayoría de los estados gobernados por el priismo y en los que el gobernador actúa como un verdadero jefe de partido de Estado a nivel local, la elección fue muy dividida
La historia de lo que fueron los intentos imposibles por democratizar al Partido de la Revolución puede ayudar, quizás, a entender mejor lo acontecido El primer intento de democratizar las elecciones internas del partido, que en un inicio se hacían a través del sistema de convenciones, que estaban limitadas a ratificar las decisiones de Plutarco Elías Calles, fue el que se introdujo al transformarse el PNR en PRM y organizar plebiscitos abiertos a partir de 1937-1938 La mecánica del nuevo sistema era muy sencilla, pues triunfaba el que llevaba más votantes al acto electoral, que muy pronto se convirtió en una confrontación entre los sectores
El Comité Central Ejecutivo del PRM dirimía los conflictos y con frecuencia el candidato perdedor se presentaba como independiente en las elecciones constitucionales, llegando, en ocasiones, a vencer al candidato oficial, como aconteció en 1940 cuando el PRM perdió varias gubernaturas
Al transformarse el PRM en PRI en 1946, se mantuvieron las elecciones internas, pero bajo un control mucho más estricto por parte de la Secretaría de Gobernación, que no pudo evitar los conflictos El abogado Eduardo Livas, quien triunfó en las elecciones internas para candidato a gobernador de Nuevo León en 1949, fue, por ejemplo, llamado por Ruiz Cortines a Bucareli, en donde éste le dijo que debía declinar su triunfo pues el presidente Alemán había decidido que el candidato debía ser Ignacio Morones Prieto, entonces subsecretario de Salubridad
El gobierno no dejó de intervenir y las elecciones internas del PRI fueron suprimidas en 1950 al modificarse la legislación electoral y establecerse que las primarias de los partidos no podrían asemejarse a las elecciones constitucionales, por lo que se regresó al sistema de convenciones Los esfuerzos que hicieron años después algunos presidentes del PRI para instaurar de nuevo las primarias se saldaron todos por el fracaso, no sólo por el hecho de que el PRI no había tenido jamás una vida democrática ni adquirido prácticas democráticas, sino porque se entendió que éstas ponían en riesgo la autoridad presidencial sobre el partido al hacerle perder al titular del Ejecutivo una de sus principales facultades metaconstitucionales: la de imponerle dirigentes y candidatos al partido
El intento de Carlos A Madrazo por democratizar al PRI en 1965 a nivel municipal fue detenido abruptamente por Díaz Ordaz no sólo porque afectaba una prerrogativa de los gobernadores, algunos de los cuales se inconformaron con él, sino porque se entendió que el tabasqueño buscaba desde el PRI forjarse un liderazgo que le permitiría imponerse como candidato presidencial en 1969 El trauma que esta tentativa detenida generó al partido, determinó que durante mucho tiempo no se realizara ningún otro intento, hasta que, 12 años después, Carlos El Negro Sansores buscó en 1977 reestablecer las primarias como parte de su proyecto de la Democracia Transparente, que suponía que se sufragara en urnas de cristal, mismo que fue frenado por los líderes de los sectores que sintieron que sus intereses estaban amenazados, lo que hizo saber Fidel Velázquez, quien declaró en nombre de la CTM que esa democracia era tan transparente que ni se veía, a lo que El Negro repuso, airado, que no la veía por sus gafas oscuras
Adolfo Lugo Verduzco fracasó también en 1984 al hacer ensayos de democratización a nivel municipal, los cuales tuvieron poco eco en las filas partidistas, y mucho más en 1986 al ser incapaz de enfrentar a la Corriente Democrática de Cárdenas y Muñoz Ledo, que reclamaban una apertura del proceso de selección del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio no tuvo tampoco éxito en 1991 en su ambicioso proyecto de que se eligieran, por voto individual y secreto, los candidatos a gobernadores, el cual quedó hecho añicos cuando en Colima los mapaches del centro fueron vencidos por los tejones locales, y la candidata de Salinas, Socorro Díaz, fue vencida por Carlos de la Madrid, pariente del expresidente, y desde Los Pinos se tuvo que apechugar
Y ya en tiempos más recientes, nadie creyó que fueran limpias las elecciones organizadas en 1999 para elegir a los candidatos del PRI a la Presidencia y a la jefatura de Gobierno de la capital
Las elecciones internas del PRI constituyeron, por otro lado, una llamada de atención sobre las graves deformaciones que tiene la vida política mexicana en virtud del despilfarro de recursos públicos que hacen los partidos El macro financiamiento público, establecido en 1987 y ampliado en 1989 y sobre todo en 1996, lejos de propiciar la equidad entre los partidos y la democratización del país, ha facilitado la subsistencia de prácticas antidemocráticas, como la compra de votos, el acarreo de votantes y el derroche propagandístico Dulce María Sauri (presidenta saliente del PRI) indicaba el jueves 28 que el proceso interno había costado 45 millones de pesos, pero cálculos conservadores indican que fueron varios cientos de millones los que se utilizaron, aunque esto no se sabrá jamás con certitud Ernesto Zedillo justificó, en 1996, que el Estado pusiera a disposición de los partidos miles de millones de pesos sin que se establecieran al mismo tiempo mecanismos de control, argumentando que ello impediría que el dinero sucio entrara en sus arcas, propósito que nadie ha podido constatar que se haya cumplido
Lo cierto es que con este tipo de financiamiento lo que se buscó fue modificar, de manera sustancial, el sistema de partidos de México, siguiendo el modelo recomendado desde Washington, en el que los principales partidos tienen una convergencia ideológica y política en virtud de las afinidades de sus dirigencias, y eso fue lo que aconteció muy rápidamente La paradoja de este proceso de enriquecimiento de los partidos, que muchos llamaron de modernización, es que los transformó de manera notable en muchos aspectos, pues pudieron adquirir nuevas sedes y disponer de amplios recursos, hasta para inversiones, pero no por ello abandonaran las viejas prácticas, y el PRI no fue el único caso
El macro financiamiento público propició, por otra parte, la corrupción de las burocracias partidarias, contribuyendo a que perdieran su identidad ideológica y programática, con lo que los partidos adquirieron, a su vez, rasgos cada vez más oligárquicos Los dirigentes partidistas se distanciaron aún más de las bases en el curso de este proceso que se dio en los años noventa, a lo largo del cual los miembros de base fueron vistos por esos líderes cada vez más como una masa de maniobra que sólo se podía movilizar con el dinero Al dejar de tener como el eje de sus campañas a los militantes desinteresados para transformarse en organizaciones sustentadas en empleados a sueldo y en campañas publicitarias, los partidos se olvidaron de cumplir sus tareas centrales
Los partidos tienen en México la obligación constitucional de contribuir a la educación política del pueblo, pero lejos de esto sus recursos empezaron a ser derrochados por los dirigentes en viajes, restaurantes y diversos gastos suntuarios, en tanto que a las tareas de capacitación y de divulgación se les fue dedicando cada vez menos, con lo que hasta sus documentos básicos resultan difíciles de obtener
No es de extrañar, por tanto, que los partidos y sus dirigencias se hayan derechizado, y los hechos están a la vista: todos los partidos mexicanos resultan hoy funcionales a los intereses del Banco Mundial y del FMI y sólo parecen competir entre sí para presentarse como los mejores administradores del modelo neoliberal En la campaña de 2000, los tres principales candidatos presidenciales tuvieron plataformas políticas muy similares y no cuestionaron el papel de los organismos financieros internacionales, y en 2002 no hubo prácticamente diferencia sustancial alguna entre el discurso de Beatriz y el de Madrazo, pues carecieron, ambos, de propuestas claras tanto para su partido como para el país
La gran cuestión que surge de las elecciones del PRI es que el futuro del partido y, en alguna medida del régimen foxista, se halla hoy en manos de un hombre, Roberto Madrazo, que ha sido señalado de cometer los peores ilícitos, desde el peculado hasta el lavado de dinero, y a quien se ha visto reiteradamente en la prensa como un instrumento de Carlos Salinas de Gortari, y ese es un serio interrogante para el futuro del país