Historia de una derrota
Pascal Beltrán del Río, Antonio Jáquez y Sandra Rodríguez Nieto
El jueves 7 de febrero, el Ejército Mexicano se vio obligado a dejar en libertad al general José Francisco Gallardo Rodríguez, como consecuencia de la decisión del presidente Fox de reducir su condena a los plazos mínimos, ante la presión internacional, en particular de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos La medida no tiene precedente y parece prematuro ahora evaluar sus consecuencias y sus implicaciones En la oscuridad permanecen también los términos de la negociación entre la Secretaría de la Defensa y, en contraparte, las de Relaciones Exteriores y Gobernación Por el momento lo
que parece claro es la brutal sacudida que expe-rimentó el aparato castrense, que lo dejó literalmente hundido en el más absoluto silencio
El general José Francisco Gallardo dio las primeras instrucciones de lo que sería su estrategia de defensa desde el domingo 12 de noviembre de 1993, tres días después de su detención Leticia Enríquez Sánchez, egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y esposa del militar desde 1967, cuenta que en esos primeros días ella aún tenía la impresión de que el encarcelamiento sería breve, si acaso de un mes, cuando se le pasara el capricho al general secretario Antonio Riviello Bazán
Con 46 años entonces, y tres semanas después de haber dado a luz a su hija, Leticia vio transcurrir los primeros días de la detención de su marido como en un letargo; no así el general Gallardo, quien desde esa primera visita familiar a la prisión del Campo Militar Número Uno habló por separado con sus tres hijos varones —Francisco, entonces a punto de cumplir 25 años; Marco Vinicio, de 23, y Alejandro, de 19— para iniciar la lucha y el contacto con los medios
Ellos fueron su pequeño ejército, dice Leticia en entrevista Y a partir de esa reunión empezaron a hacer relaciones, primero con Emilio Krieger, entonces presidente de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, y luego con otras organizaciones no gubernamentales, como la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de Derechos Humanos, que al final tomó el caso y lo llevó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
Fueron ocho años, refiere Leticia, que pasaron como en medio de una vorágine, rápidos, con todo el tiempo ocupado en el contacto con las organizaciones, con los medios, estudiando, documentándose y siempre esperando que llegara el jueves y luego el domingo, que son los días de las visitas conyugal y familiar, respectivamente
Tres cárceles para un general
De los recuerdos de Leticia, de los relatados por sus hijos varones y por el propio general Gallardo, así como de visitas que reporteros de Proceso le hicieron en las tres distintas cárceles donde estuvo recluido, pueden reconstruirse anécdotas, momentos dramáticos, vivencias imborrables de aquellos años:
Afligido por las amenazas de muerte que recibía, Mario de Jesús Eternotd, director del centro penitenciario Neza-Bordo, buscó alivio espiritual en la celda del general José Francisco Gallardo
—¿Qué hago, mi general? ¿Me compro una pistola? ¿De qué calibre? —se deshacía en preguntas Eternotd
—No, señor director —respondió Gallardo- Mejor métase aquí conmigo Múdese a mi celda Aquí no le pasará nada
La anécdota, contada por el militar, se originó en el último año de los ocho que pasó en la cárcel, cuando la celebridad de su causa lo había transformado de amenaza para el gobierno en preso superprotegido Recién encarcelado, era robado y agredido en plena prisión militar; pero a punto de recobrar la libertad, su celda era un lugar seguro hasta para un carcelero amenazado
Primero en el Campo Militar Número Uno, y después en los reclusorios civiles de Nezahualcóyotl y Chalco, la cárcel era el único sitio que reunía a la familia Gallardo Enríquez desde 1993 Para Jessica, la hija menor del general, la imagen de su padre y la de la celda eran una sola
Llevamos ocho años sin vacaciones ni fines de semana, relató Vinicio Gallardo Enríquez durante una visita al penal de Neza-Bordo a mediados de noviembre último Ni modo que mis hermanos y yo nos divirtamos mientras mi papá está aquí
Domingos de rutina, en efecto: cruzar la ciudad desde la salida a Cuernavaca hasta la salida a Puebla, internarse en la bulliciosa Neza, llegar al polvoriento y maloliente Bordo, y esperar en ocasiones dos, tres horas para cumplir con los trámites de acceso en la visita familiar: registrarse en el libro de visitas; dejar las pertenencias prohibidas —llaves, cadenas, anillos— en paquetería; someter a revisión los alimentos permitidos y, el visitante, pasar al cateo, que en el caso de las mujeres consiste en hacer sentadillas sin ropa interior, exponerse a un detector de huellas digitales y seguir un sendero protegido por múltiples rejas hasta el área de máxima seguridad, donde hay que registrarse de nuevo
En uno de los módulos de la zona más aislada del penal, al final de un estrecho pasillo, estaban las dos celdas que ocupaba Gallardo Dos cuartos de 2 por 3 metros que, pese a su estrechez, hacían del general el preso más privilegiado del lugar En una de estas celdas meten hasta cinco personas, contaba él mismo
Pintadas las paredes por el propio Gallardo, decoradas con recortes de notas periodísticas que relataban su lucha contra las acusaciones de la Secretaría de la Defensa Nacional, los aposentos del general en Neza-Bordo eran un despliegue de ingenio: cada rincón transformado para aprovechar el espacio; repisas de madera adheridas con papel higiénico y pegamento blanco que pueden sostener una televisión y gruesos libros —una técnica que Gallardo se esmeraba en enseñar a sus visitantes y de cuya invención se jactaba—, utensilios de cocina fabricados con latón, una plancha para ropa que lo mismo desarrugaba pantalones que fundía queso
Pasemos al comedor, invitaba sin ironía el general, y la familia Gallardo y sus convidados se apiñaban en la otra celda, sentados en las planchas de cemento que en otras circunstancias servirían de camas, alrededor de una mesa improvisada igual que lo demás
Lo más lejos que llegaba Gallardo en esos días era al final del pasillo que comunicaba sus dos celdas con la entrada del módulo, donde se encontraba un teléfono público usado por varios presos Imposible el ejercicio —las medidas de seguridad impedían a Gallardo acceder a las áreas comunes—, el general subió varias tallas La primera mañana, en el conjunto ISSFAM, simplemente no encontraría qué ponerse y terminaría usando el traje de uno de sus hijos
Sentado a la mesa en su celda, mientras la plancha doraba las sincronizadas, Gallardo recordaba el día en que el flamante secretario de la Defensa Nacional, Antonio Riviello Bazán, lo retó:
—Te voy a meter a la cárcel
—Pues métame si puede, mi general
Y, divertido, Gallardo coronaba la anécdota: ¡Y sí pudo!
El militar jalisciense no era, en 1989, el hombre famoso en que lo convertiría el alto mando del Ejército La juventud con que había llegado al generalato no era propicia para proyectar su imagen fuera de los cuarteles, con todo y que salió de ellos para estudiar ciencias políticas Pocos mexicanos saben o están interesados en saber qué pasa tras los muros de la Secretaría de la Defensa Nacional
Por eso poner a Gallardo en prisión sin alborotar a la opinión pública era una apuesta bastante segura Por eso cuando llegaron a la prensa las primeras noticias de que el general estaba en la cárcel luego de publicar un artículo en el que proponía crear un ombudsman militar, el designio automático, casi instintivo en Lomas de Sotelo fue hacerlo callar
De un día para otro, los teléfonos públicos del penal militar dejaron de servir, se restringieron las visitas y Gallardo vio esfumarse los privilegios de un general en reclusión Insuficientes esas medidas, las autoridades castrenses trasladaron a otros penales a los internos que simpatizaban con el general Un automóvil de la familia fue robado, y a otro, que manejaba Vinicio Gallardo, se le retiró la calcomanía que le daba acceso al Campo Militar, en una operación humillante El 24 de enero de 1994, en pleno patio de la prisión, un teniente sentenciado por homicidio se le lanzó encima, lo insultó y amenazó con matarlo, aparentemente molesto debido a que, por culpa suya, habían cerrado la tienda del penal
Cinco años y medio pasó José Francisco Gallardo en esa cárcel militar, tiempo en que fue sometido a Consejo de Guerra y sentenciado a dos términos no concurrentes de 14 años de prisión
La familia vio como un alivio el traslado de Gallardo al penal de Ciudad Nezahualcóyotl, en mayo de 1999 Pese a la aridez del lugar, que contrasta con el verdor del Campo Militar, Neza-Bordo era un sitio con menor discrecionalidad en la aplicación de las normas penitenciarias Severas, eso sí, al grado de prohibir en ocasiones la entrada a familiares y otros visitantes
Ahí pasó Gallardo la jornada del 2 de julio de 2000, y desde ahí recordaría al presidente Vicente Fox, en frecuentes entrevistas telefónicas con los medios, que la transición mexicana estaba incompleta si no se enmendaban las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen anterior
El incumplimiento de la recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que se pusiera en libertad al general —entre otras medidas aplicables al caso— se volvería insostenible para las nuevas autoridades, según reconocerían ellas mismas
En Neza-Bordo, Gallardo rechazó la fórmula del indulto presidencial ofrecida por el gobierno Ante la mera sugerencia de que la considerara, Gallardo decía: Llevo ocho años en la cárcel Si es necesario, aguanto otros dos Y dictaba la estrategia: llevar el caso a la Corte Interamericana, en Costa Rica, cuyos fallos obligan
En el penal de Chalco, su última morada carcelaria, los espacios eran más amplios, y las restricciones, menores Por primera vez le autorizaron el ingreso de una computadora portátil y supo lo que era una agenda Palm, aunque no le entiendo nada
El cambio vino en vísperas de Navidad, oficialmente para garantizar su seguridad La mudanza fue rápida, y la estancia, corta Aún así, los 46 días que duró allí fueron suficientes para que el general notara un cambio en las costumbres carcelarias:
Cuando vi que empezaron a pintar las paredes y los custodios se boleaban los zapatos, supe sin ninguna duda que ya me iba
Castañeda y Creel dan la cara
Y sí, se fue, el jueves 7 por la noche
Al día siguiente, el general Gallardo no se concedió un minuto de reposo para atender a la prensa: en directo, por celular, por teléfono, por radio y televisión, se explayó contando detalles de su liberación, criticando al Ejército y anunciando sus planes
En contraste, las autoridades militares guardaron silencio, del secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Clemente Vega García, para abajo
Y es que por decisión del propio comandante supremo —el presidente Vicente Fox—, el Ejército allanó la liberación del general Gallardo, prisionero durante más de ocho años por delitos considerados inexistentes por instancias judiciales y organismos defensores de derechos humanos
Bajo presión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el gobierno foxista aceleró los trámites para excarcelar a Gallardo luego de un año de estar revisando el caso En una operación de pinza, las secretarías de Gobernación y de Relaciones Exteriores negociaron con la cúpula militar una salida jurídica pertinente, que finalmente se encontró las dos semanas previas: reducir la sentencia de Gallardo
En la rueda de prensa en la que se anunció la liberación de Gallardo, el jueves 7, el canciller Jorge G Castañeda revistió elegantemente el acatamiento del Ejército de la decisión presidencial:
Quiero destacar el profundo sentido de Estado así como la institucionalidad, lealtad y respeto al marco legal de las Fuerzas Armadas mexicanas, al apoyar una decisión que claramente beneficia a la nación en su conjunto
Además, Castañeda indicó que en última instancia la liberación de Gallardo se dio para recomponer la imagen de México:
La situación de Gallardo, dijo, ha conducido a que se cuestione, tanto en lo interno como a nivel internacional, el compromiso del presidente Vicente Fox con el respeto irrestricto de los derechos humanos y con la consolidación del Estado de derecho Ello puso, además, en tela de juicio la voluntad del Estado mexicano de dar pleno cumplimiento a sus obligaciones internacionales, lo que se tradujo en un deterioro de la imagen de México en el mundo
Igualmente, Santiago Creel y Castañeda hicieron suya la actitud del titular de la Sedena del sexenio pasado de despojar a Gallardo de su grado de general, y en la rueda de prensa citada lo llamaron simplemente señor, a pesar de que una resolución de la Suprema Corte de Justicia, así como la CIDH y múltiples organismos, lo reconocen como general
Pero, tras un expediente tortuoso que suma 40 mil fojas, se desvanecieron varias de las acusaciones lanzadas contra Gallardo —intenciones de dar un golpe de Estado, entre otras— a partir de que propuso un ombudsman militar, en un artículo publicado en la revista Fórum en octubre de 1993
Del encono al silencio
Con buenos contactos en la Cancillería, el periodista Andrés Oppenheimer, de The Miami Herald, fue uno de los primeros en enterarse de que Gallardo sería liberado el jueves 7 Se lo comentó hacia el mediodía a Félix Garza Martínez, abogado del general A las dos de la tarde, los hijos de Gallardo recibieron otra señal: fueron citados al penal de Chalco con carácter urgente; se les dijo que habría una reunión con Juan José Gómez Camacho y Ricardo Sepúlveda, titulares de Derechos Humanos de la SRE y de Gobernación, respectivamente
Al mediodía, desde la Presidencia de la República se invitó a este semanario a concurrir a una conferencia de prensa conjunta de la Cancillería y de Gobernacion, en el edificio de esta última dependencia El tema: el caso del general Gallardo, se dijo, sin mayores precisiones
En la reunión con la familia en el penal —a las 6:30 de la tarde—, Gallardo fue notificado de la decisión presidencial y, tras expresar algunas dudas, manifestó su aprobación a la fórmula de reducción de sentencia De inmediato, Gómez Camacho reportó por celular el visto bueno de Gallardo, lo que prácticamente fue la voz de arranque para la rueda de prensa Creel-Castañeda celebrada en Gobernación
Creel y Castañeda tuvieron que compartir los reflectores El titular de Gobernación habló primero, para explicar algunos detalles del caso:
Atendiendo a las peticiones dirigidas al Ejecutivo federal por parte del interesado y de los organismos internacionales, en las que se ha solicitado se revise el expediente el presidente instruyó a las diferentes instancias competentes para que se hiciera una revisión exhaustiva de los términos legales del caso () Como resultado de este trabajo, el presidente ha decidido expedir un acuerdo a la Secretaría de la Defensa Nacional por el que concede la reducción de penas ordinarias por los delitos de malversación, destrucción de lo perteneciente al Ejército y enriquecimiento ilícito, a favor de Gallardo
El marco de referencia que se consideró —añadió Creel— fue la reducción a la pena mínima prevista por cada uno de los delitos por los que fue sentenciado Gallardo Las penas mínimas suman exactamente ocho años, y ya fueron cumplidos por el sentenciado
Creel informó, además, que, en cumplimiento del acuerdo de Fox, la Dirección General de Justicia Militar de la Sedena giró una solicitud a las autoridades del Estado de México a efecto de que se proceda a la liberación inmediata de Gallardo, lo que ocurrirá en las próximas horas (En realidad, el general saldría del penal de Chalco poco después de ese anuncio, pasadas las ocho de la noche)
Castañeda subrayó la importancia de la intervención de la CIDH en el caso Gallardo y dejó en claro el papel central de la Cancillería en las negociaciones:
Desde 1995, el señor José Francisco Gallardo recurrió a diversas instancias, entre las que destaca la CIDH Desde ese momento la CIDH inició el procedimiento previsto en la Convención Americana sobre Derechos Humanos, concluyendo en 1996 con la aprobación de un informe en el que determinó la responsabilidad internacional del Estado mexicano por la violación de sus derechos humanos Por tal motivo, la Comisión recomendó al Estado mexicano la liberación inmediata del señor Gallardo
A raíz de la publicación de este informe, el gobierno de México fue citado a comparecer en audiencias para informar a la CIDH sobre las medidas adoptadas, pero hasta el inicio de la presente administración el gobierno se había negado sistemáticamente a acudir a tales audiencias, bajo los argumentos de falta de competencia de la Comisión y de carencia de obligatoriedad de sus recomendaciones
Señaló: Ello se tradujo en una situación de parálisis de la relación de cooperación que debe prevalecer entre todo gobierno y los mecanismos internacionales de protección de los derechos humanos La administración del presidente Fox inauguró, desde el primer día de su gobierno, una nueva relación con estos mecanismos internacionales
Fue así como, en febrero de 2001, el gobierno mexicano acudió a una nueva audiencia para informar a la CIDH del cambio en la postura anterior y su plena disposición de promover la adopción de las medidas jurídicas posibles que se requieran para aplicar su recomendación En julio del mismo año, el gobierno invitó al presidente de la Comisión a celebrar reuniones de trabajo en la Ciudad de México, sobre diversos casos, entre ellos el del señor Gallardo Se creó un grupo de trabajo integrado por familiares del interesado y funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores, con el fin de analizar posibles vías jurídicas que pudieran conducir a la excarcelación del señor Gallardo
Según el relato de Castañeda, el caso entró en una fase decisiva en noviembre último, tras de que la CIDH convocó a una nueva audiencia en la que le reclamó al gobierno de México que seguía sin acatar la recomendación de liberar inmediatamente al señor Gallardo, y manifestó su intención de elevar el caso a la atención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos
El 18 de diciembre, en respuesta a la solicitud de la CIDH, la Corte decretó la adopción de medidas provisionales a favor del señor Gallardo, con el propósito de proteger su vida e integridad personal Fue entonces cuando se trasladó al general del penal de Neza Bordo al de Chalco
Menos explícitos fueron los funcionarios en torno de la negociación con la Sedena Castañeda sólo citó el apoyo del Ejército a la medida de Fox, en tanto que Creel declaró a pregunta expresa de un reportero que sin la participación de la Secretaría de la Defensa esto no hubiera sido posible; por lo tanto, este hecho habla de la buena relación que existe con el Ejército y, sobre todo, de las bases de coordinación y de corresponsabilidad que se dan entre las dependencias federales
Ese mundo feliz contrasta notablemente con el encono del Ejército contra Gallardo a lo largo de ocho años Lo acusaron de todo: injurias, difamación y calumnias contra el Ejército; quebrantamiento de la disciplina militar, abuso de autoridad, soberbia y hasta de propósitos golpistas, de acuerdo con un oficio que a finales de 1993 suscribió el general Antonio Riviello Bazán, titular de la Sedena:
La meta del general Gallardo es ser secretario de la Defensa Nacional, cueste lo que cueste, para luego promover un golpe de Estado exigiendo inclusive al presidente de la República que lo designe agregado militar en el extranjero, preferentemente en Washington, DC, Estados Unidos o en Inglaterra
En octubre de 1998, por acuerdo del secretario de la Defensa Nacional, el general Enrique Cervantes Aguirre, Gallardo fue destituido de su cargo, por lo que tenía que entregar a la autoridad castrense las patentes de sus grados En febrero de 2000, la Suprema Corte de Justicia de la Nación amparó al general Gallardo en contra de la decisión de la Sedena
Hoy, la cúpula militar se quedó callada En múltiples entrevistas, Gallardo, por el contrario, insistió en su propuesta de creación de un ombudsman militar y en su posición de que el Ejército se mantenga en los cuarteles y no participe en tareas que no le corresponden, como el combate al narcotráfico Anunció, además, que seguirá luchando por que se reconozca su inocencia, agradeció el seguimiento de los medios a su caso y el apoyo de ONG nacionales e internacionales durante estos años
Todos reunidos
Su esposa Leticia cuenta que, en los últimos cinco años, recibieron unas 30 mil cartas con la solidaridad de organizaciones de 22 países, y reconoce especialmente el apoyo del PEN-Club Internacional —Poetas, Ensayistas y Novelistas—, a la que pertenece el general Nada, sin embargo, se compara —afirma— con la dicha de que su compañero esté libre
Leticia conoció a su marido a principios de los años sesenta, cuando los dos estudiaban la secundaria Él jalisciense y ella de Michoacán, eran también vecinos en un barrio de Tecomán, Colima, y para 1967 ya estaban casados, después de cinco años de noviazgo y cuando él acababa de graduarse en el Colegio Militar Vivieron siete años en Chihuahua, donde él cursó la preparatoria abierta, y en 1979 llegaron a la Ciudad de México, donde Gallardo ingresó a la universidad
Lety, como le llama el general, a quien ella se dirige simplemente como Paco, responde a la entrevista el viernes 7 mientras está a la mesa con su familia en el Sanborns de Ejército Nacional y Molière Nada le quita la sonrisa ni le incomoda; ni el hecho de no poder comer ni la presión del general para que lo haga, ni las escasas tres horas de sueño ni las casi 30 entrevistas que ha dado su marido para esa hora
Es de hecho el mejor momento en mucho tiempo para la familia Sentada en el extremo de la mesa, a la izquierda de su pequeña Jessica, Leticia comenta que desde la noche del jueves están celebrando y que ésa es la primera vez, después de más de ocho años, que la familia completa come en un restaurante Es un punto intermedio entre las oficinas de Imagen Informativa y las instalaciones de Canal Once
El general —traje y corbata gris— come apresurado una paella mientras contesta preguntas por el celular y se mantiene, sobre todo, pendiente de la pequeña Jessica Las entrevistas no cesan tampoco para Vinicio y Francisco hijo, que responden constantes telefonemas








