las huellas criminales de echeverría

Las huellas criminales de Echeverría
Gerardo Lissardy
Documentos confidenciales del Departamento de Estado, recientemente desclasificados, ofrecen pruebas irrefutables de que Luis Echeverría fue responsable directo de la guerra sucia durante los años de su presidencia Exhiben también la forma como el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Richard M Nixon, solapó y aun apoyó la política de exterminio de la guerrilla mexicana Apenas hace unos días, Echeverría hizo gala una vez más de su desmemoria y a una pregunta sobre los desaparecidos de los años setenta respondió: Si hice mal, la historia me juzgará Hace unos meses, el investigador Sergio Aguayo planteaba en su libro La Charola: Algún día saldrá a la luz la evidencia documental que confirme que Luis Echeverría fue quien dio la orden para eliminar la guerrilla a cualquier costo Y unos años atrás, en La Presidencia imperial, el historiador Enrique Krauze apuntaba: Entre 1970 y 1976 México viviría un capítulo sordo y mal documentado de la misma ‘guerra sucia’ que enfrentó en otros países de Latinoamérica a la generación de los sesenta con el poder público y el Ejército A unos días de que inicie sus trabajos la Fiscalía Especial sobre los Desaparecidos, los documentos obtenidos por Proceso contribuirán, creemos, a llenar huecos y saldar cuentas La versión íntegra de estos documentos estará disponible a través de Internet en wwwprocesocommx a partir de este lunes 21
Washington, DC- En diciembre de 1973, el gobierno de Luis Echeverría adoptó la política ilegal de matar guerrilleros aun cuando estuvieran detenidos en cárceles u hospitales
Lo anterior lo consignan varios informes secretos del Departamento de Estado de Estados Unidos, recientemente desclasificados
A partir del caso del guerrillero Pedro Orozco Guzmán —quien pertenecía al Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y murió luego de ser herido y detenido por la policía, en Guadalajara, en diciembre de 1973—, el cónsul estadunidense en esa ciudad, M J Ortwein, envió a Washington al menos tres documentos secretos para informar sobre las acciones que estaba aplicando el gobierno de Echeverría contra los grupos guerrilleros mexicanos
Las órdenes son tomar medidas drásticas: hacer que los terroristas sean ‘desechables’ cuando no haya duda de su culpabilidad () las órdenes son reprimirlos hasta donde sea posible, señaló a Ortwein el jefe de la Unidad del Servicio Secreto de México en Guadalajara, Trinidad López Castro, en una conversación privada enviada a Washington en el Airgram número A-92 de fecha 28 de diciembre de 1973
Más aún: El Servicio Secreto está trabajando ahora inconstitucionalmente (sin el debido proceso legal), pero con apoyo del gobierno () Todas las autoridades que trabajan ahora contra los terroristas están autorizadas a omitir el debido proceso legal, informó López Castro a Ortwein, de acuerdo con el mismo documento
La política de desechar a miembros de los grupos armados coincidió con un compromiso explícito que entabló el entonces presidente Luis Echeverría con su homólogo estadunidense, Richard Nixon, de encargarse de la amenaza comunista en el flanco sur de Estados Unidos Así lo asegura un telegrama confidencial enviado al Departamento de Estado por el embajador de Washington en México, Robert McBride, en 1971
En el contexto de la Guerra Fría, Echeverría aplacó las preocupaciones del gobierno estadunidense, el cual —conforme a los documentos desclasificados— siguió de cerca la guerra sucia mexicana y sus atrocidades
No sólo eso, sino que, según los documentos, pese a las advertencias del embajador en México, Robert McBride, el gobierno de Nixon entrenó al grupo de Halcones, responsable directo de la represión estudiantil en junio de 1971
Tan bien cumplió Echeverría su compromiso con Nixon que, en 1975, cuando buscaba la Secretaría General de las Naciones Unidas, fue acusado de ser agente de la CIA Su nombre aparecía en la lista de reclutados elaborada por Philip Agee, un exagente de inteligencia estadunidense asignado a la oficina en México Esa revelación aplastó su candidatura a la Secretaría General de la ONU, según relató más tarde el político y diplomático Daniel P Moynihan en su libro de memorias A Dangerous Place (Proceso 131)
Los desechables
El caso de Pedro Orozco Guzmán es ilustrativo de la política del gobierno de Echeverría para desechar a miembros de los grupos armados del país De los hechos se ocupan los documentos secretos A-81, A-91 y A-92 que, entre noviembre y diciembre de 1973, envió el cónsul Ortwein a Washington
Orozco era uno de los líderes del FER, que tenía su principal área de influencia en Guadalajara Este guerrillero participó en el secuestro (mayo de 1973) del cónsul general de Estados Unidos en Guadalajara, Terrance G Leonhardy, antecesor de Ortwein También estuvo involucrado en el secuestro de Anthony Duncan Williams, cónsul honorario de Gran Bretaña, y en el plagio y asesinato del empresario tapatío Fernando Aranguren Castiello
Orozco fue herido el 24 de diciembre de 1973 durante un tiroteo con la policía de Jalisco en las calles de Guadalajara Logró escapar y sus compañeros lo llevaron a una clínica privada El doctor que lo atendió dio parte a la policía Lo trasladaron a un hospital militar bajo arresto Fue interrogado y dio a la policía información muy valiosa que sirvió para que las autoridades hicieran un total de otros siete arrestos e irrumpieran en las casas de otros terroristas, dice el documento A-92
El agente López Castro señaló en su conversación con el cónsul Ortwein que Orozco estaba mejorando en el hospital, pero después de que él dio la información que las autoridades querían, se volvió ‘desechable’ Las autoridades mexicanas sólo informaron a la prensa que Orozco había muerto en el hospital debido a las heridas que sufrió durante el tiroteo
Otros cuatro guerrilleros arrestados fueron llevados a la Policía Judicial Federal, la cual está trabajando ahora inconstitucionalmente, expresó el informante López Castro
Respecto de los restantes tres guerrilleros detenidos, López Castro conjeturó ante Ortwein: Quizá fueron llevados a la Ciudad de México o quizá ‘ya han sido liquidados’
López Castro añadió que el Ejército estaba cooperando, pero de manera encubierta Y señaló que un capitán, dos tenientes y un subteniente de la XV Zona Militar están laborando como policías en traje de paisanos
En el documento A-81, del 27 de noviembre de 1973, Ortwein describe otra conversación con López Castro, con motivo de cinco bombas que explotaron en Guadalajara el día 26 Nuestro informante (fuente protegida) dijo que, justo unos días antes, un hombre que fue arrestado en Guadalajara en conexión con las bombas () murió en la cárcel en la Ciudad de México () Cuando le preguntamos si el hombre murió de muerte natural, el informante sólo dijo: ‘Bueno, él murió en la cárcel
Según el documento, López Castro refirió que ésta era la tercera persona involucrada en actividades terroristas en Guadalajara que había muerto en la cárcel Agregó que el gobierno mexicano, a nivel federal, ha decidido ‘prescindir’ de cualquiera que esté involucrado en la violencia y los secuestros Además, la policía tiene instrucciones de tirar a matar a cualquiera que sea atrapado en el acto de poner bombas o de tratar de secuestrar a alguien
En ese mismo informe, el cónsul Ortwein manifiesta que un prominente ingeniero mexicano que tiene estrechas relaciones con el alcalde de Guadalajara (Guillermo Cosío Vidaurri) también le proporcionó información coincidente sobre la política del gobierno de Echeverría para eliminar guerrilleros
Me llamó en la mañana del 27 de noviembre, y durante el curso de nuestra conversación salió el tema de la violencia en la ciudad (de Guadalajara) Él me dijo que las autoridades mexicanas conocen quiénes son estos ‘criminales’ y que cuando el gobierno decida acabarlos los recogerán Agregó: ‘Puedo asegurarle que ninguno será llevado a Corte; ellos contraerán una enfermedad fatal en la prisión’ Él continuó diciendo que esto les había sucedido a unos cuantos (guerrilleros) recientemente
Ortwein concluye: Esto confirma la información de nuestro informante respecto del tratamiento acordado para los terroristas en la prisión
Washington: la complicidad
Los documentos del gobierno estadunidense sobre la guerra sucia mexicana fueron desclasificados parcialmente en los últimos años La apertura alcanzó hasta diciembre de 1973, por lo que el acceso al material que se produjo después de esa fecha sigue vedado al público Incluso hay decenas de documentos del Departamento de Estado de los años previos que se mantienen clasificados bajo el argumento de que contienen información de seguridad nacional
Y los archivos que agencias de información e inteligencia estadunidenses, como el FBI y la CIA, tienen de esos años en México se mantienen en secreto
Raúl Plascencia, el visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que condujo la investigación sobre las desapariciones políticas, declaró en una entrevista realizada en diciembre último que en algunas fichas revisadas en México para elaborar el informe sobre los desaparecidos aparecen las siglas FBI Y comentó que el Ministerio Público deberá investigar si eso corresponde a la intervención de autoridades de otro país
De hecho, el FBI participó en el entrenamiento de algunos policías mexicanos a finales de los años sesenta, según consta en otros informes desclasificados Tales entrenamientos se realizaron reservadamente, a pedido del gobierno de México, con el expreso objetivo de reprimir actividades y protestas de movimientos estudiantiles y de izquierda
Así, el 5 de junio de 1967, el entonces gobernador electo de Nuevo León, Eduardo Elizondo, telefoneó al consulado estadunidense en Monterrey para sondear la posibilidad de que su próximo director de Seguridad estatal, Guillermo Urquijo, recibiera entrenamiento en Estados Unidos Urquijo visitó luego el consulado para informar de sus planes
Tanto Elizondo como Urquijo dejaron claro que su propósito, para el cual Urquijo dijo que había recibido carta blanca del presidente (Gustavo Díaz Ordaz), es crear una organización policial que ofrezca una nueva aproximación a los problemas subyacentes de estudiantes y otros desórdenes instigados o liderados por comunistas, resolviéndolos antes de que se magnifiquen, informó al Departamento de Estado el consulado estadunidense de Monterrey, según consigna un telegrama confidencial de junio de 1967
Agregó que si es exitoso, esto podría servir como un modelo para todo México Y recomendó a Washington dar al pedido el máximo posible de apoyo
Washington respondió que dicha solicitud debía ser canalizada formalmente por el gobierno mexicano, pero la traba burocrática se solucionó con una llamada telefónica del propio Echeverría, entonces secretario de Gobernación, a la embajada de Estados Unidos en México
Se acordó que el pago de los entrenamientos corriera por cuenta de las autoridades mexicanas y que los participantes en el curso dijeran a sus amigos que están visitando Estados Unidos como turistas, debido a que no se desea publicidad sobre el verdadero motivo del viaje, indicó otro telegrama al Departamento de Estado
Finalmente, Urquijo viajó a Washington con dos de sus oficiales más cercanos para intervenir en un programa que incluyó visitas al FBI y a la Academia Internacional de Policía, así como su asistencia a unidades de seguridad de diversas ciudades
Sin embargo, en junio de 1967, la embajada estadunidense descartó en otro documento que hubiera preparativos de guerrilla en México, argumentando que si eso ocurriera, la sede diplomática probablemente se enteraría ya sea por sus propias fuentes de información o a través del estrecho trabajo de cooperación con los militares y las agencias de seguridad mexicanas
Apenas un año después, otro informe de la embajada advertía a Washington que México enfrenta en el largo plazo una cantidad de problemas extremadamente serios y difíciles que si no se resuelven, probablemente van a conducir a una situación crítica
La situación debe ser puesta bajo estudio y evaluación permanente, concluyó el texto, firmado por el embajador estadunidense Fulton Freeman
Después vinieron el movimiento estudiantil y la masacre de Tlatelolco
Los Halcones
En los años siguientes, el gobierno de Richard Nixon volvió a adiestrar a agentes de seguridad mexicanos, pese a la advertencia de que el aprendizaje podría ser utilizado para actos de represión ilegales
Poco tiempo después de asumir la Presidencia, Echeverría demostró a Washington que se disponía a aplicar mano dura En enero de 1971, su canciller Emilio Rabasa telefoneó a la embajada estadunidense y pidió nuevo entrenamiento para mexicanos seleccionados en trabajo policial y control de masas, como consta en el telegrama confidencial 676, enviado por el embajador McBride
Según este documento, el encargado de coordinar dicha operación sería, por parte de México, el coronel Manuel Díaz Escobar, lo que despertó dudas en la diplomacia estadunidense por ser el hombre que comandaba a Los Halcones, el grupo de matones organizado por el gobierno para reprimir a opositores
Otro telegrama remitido al Departamento de Estado el 6 de enero de ese año, también firmado por el embajador McBride, advirtió sobre el riesgo que significaba para el gobierno de Nixon acceder al pedido para que luego Los Halcones trataran duramente y quizás fuera de la ley a líderes estudiantiles y manifestantes, lo que podría descubrir el entrenamiento secreto
Pero Estados Unidos accedió nuevamente al pedido y Díaz Escobar viajó a Washington para ultimar los detalles
Mientras un primer grupo de 17 supuestos policías mexicanos se entrenaba en la Academia Internacional de Policía, en Washington, entre marzo y julio de 1971, en México Los Halcones reprimieron violentamente una manifestación estudiantil el 10 de junio
Como lo había previsto la embajada, el escándalo estuvo a punto de descubrirlo todo, y ello inquietó sobremanera a Washington
En tanto, la presencia de grupos revolucionarios en el país se hizo cada vez más evidente Un informe de la Oficina de Investigación e Inteligencia del Departamento de Estado planteó en septiembre de 1971 la posible emergencia de un creciente problema de seguridad interna en México
La preocupación de Estados Unidos por la estabilidad y la seguridad interna de México es obviamente alta dada la ubicación de México y muchos otros intereses, exponía uno de varios análisis y pronósticos secretos de la embajada estadunidense elaborados entre 1972 y 1973 Si la actividad guerrillera o la insatisfacción con el gobierno se incrementara considerablemente, la preocupación de Estados Unidos también aumentaría
Estos reportes anunciaban que el gobierno de México continuaría sus esfuerzos contra los grupos guerrilleros e indudablemente arrestará, interrogará y detendrá a los implicados sin realizar, en algunos casos, procedimientos legales completos
Y anticiparon: Las fuerzas de seguridad mexicanas se volverán cada vez más competentes en controlar a estos grupos Washington no descartaba dar equipamiento y más adiestramiento a México para esta tarea
En mayo de 1973, el cónsul Leonhardy fue secuestrado en Guadalajara por el FRAP, uno de los grupos guerrilleros que operaba en el país, y se le liberó luego de que el gobierno cumplió con los reclamos de los plagiarios
Tres meses después, el 7 de agosto, el general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, sostuvo una breve conversación con el cónsul Leonhardy, de acuerdo con un documento confidencial enviado a Washington el 10 de agosto de 1973 (clasificación A-55) El texto de dicha conversación sigue vedado porque contiene información de seguridad clasificada Pero establece que el general García Barragán manifestó a Leonhardy su preocupación por la actual tendencia a la izquierda en México