Sobrevivió 33 años
Silencio y muerte
Una fotografía de Florencio López Osuna, tomada por una cámara aún anónima la noche del 2 de octubre de 1968, ocupó la portada de Proceso en su edición 1310, y desde ahí recorrió el mundo Pero ni esa ni el resto de las imágenes inéditas del 68, difundidas en esa ocasión y una semana después, en el número 1311, conmovieron al gobierno de Vicente Fox
Mudas permanecieron la Presidencia de la República, la Procuraduría General de la República, las secretarías de Gobernación y de la Defensa Ni por iniciativa propia ni ante la insistencia de este semanario emitieron declaración alguna
Nada significaron los testimonios gráficos que confirmaban la existencia de una trampa asesina en la noche de Tlatelolco Ni siquiera en medio del ambiente aparentemente propicio que generaba el anuncio de la creación de la fiscalía especial sobre los desaparecidos de la guerra sucia
En medio del silencio oficial muere extrañamente López Osuna
¿De qué se trata? ¿Es efectivamente una muerte casual, como apuntan las primeras investigaciones? ¿O es un mensaje siniestro? ¿Por qué calla un gobierno que insiste en representar el cambio? ¿Por qué la indecisión ante las exigencias de un ajuste con el pasado? ¿Basta de veras con que el gobierno federal exprese que lamenta el fallecimiento de quien fuera dirigente estudiantil en 1968, según el escueto comunicado emitido el viernes 21 por la Secretaría de Gobernación?
El presidente Vicente Fox y sus funcionarios más cercanos deben recordar que el silencio es cómplice de la impunidad
A su vez, el gobierno del Distrito Federal tendrá que empeñarse en una investigación que establezca con rapidez e inequívocamente las verdaderas causas de la muerte de López Osuna De otra manera, nada impedirá que se extienda la ya existente sombra de sospecha y desconfianza
Sobre el tocador de tono gris descansaban una agenda de cubierta negra, unos anteojos con armazón color café y una cajetilla de cigarros Raleigh En el armario, colgados, un traje negro y una camisa azul
En uno de los buroes laterales a la cama matrimonial, donde yacía el cadáver, reposaban una lata semivacía de cerveza Modelo y un vaso jaibolero con residuos de bebida Y en el piso, un par de zapatos color negro
Así encontraron los agentes de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal la habitación 309 del hotel Museo, en la colonia Santa María la Ribera, donde yacía sobre la cama el cuerpo sin vida de Florencio López Osuna, el líder estudiantil del Movimiento de 1968 cuya fotografía apareció en la portada de Proceso en su edición 1310, el hombre que sobrevivió a los balazos de Tlatelolco, a los golpes, a las torturas del Campo Militar Número Uno, a dos años y medio en Lecumberri
Pasadas las dos de la tarde del jueves 20, el personal del hotel al que llegó en la madrugada se percató de que López Osuna no abandonaba la habitación De la recepción le marcaron por teléfono Nadie contestó El empleado Ignacio Bernal Enciso tocó la puerta con insistencia y, al no obtener respuesta, la abrió y vio el cuerpo recostado en la cama Señor, señor, ya se le venció la habitación, le dijo infructuosamente
La cobija le tapaba la mitad del cuerpo Traía una camiseta puesta Estaba recostado de su lado derecho y con los ojos cerrados Se había vomitado, por lo que su pecho estaba manchado Lo vi muy pálido Me di cuenta de que no respiraba, de que estaba muerto
—¿Lo vio golpeado o torturado?
—No, no Sólo vomitado
—¿Traía maletas?
—No Nada más sus cosas: su saco, la camisa, el pantalón Y nada más
Fue el patrullero Alejandro Sánchez Lazcano, placa 763479, la primera autoridad en ver el cadáver, tendido sobre la cama matrimonial cubierta con una colcha azul con gris, y de inmediato dio aviso a la séptima agencia del Ministerio Público, cuyo personal lo identificó por su credencial de elector
El doctor José Ramón Fernández, director del Servicio Médico Forense, aseguró que el cuerpo no presentaba huellas de violencia y que la causa de su muerte fue una congestión de vísceras, provocada por razones aún no determinadas Para ello se ordenaron estudios toxicológicos e histopatológicos, y tendremos los resultados en una semana, dijo
Mientras que se hacía el levantamiento del cadáver, hasta las 17:45 horas, los policías judiciales Arturo Amador Reynoso y Francisco Román Campos se dedicaron a localizar a la familia En la agenda de López Osuna encontraron el teléfono de Claudio Ramos, amigo y exalumno de la Escuela Superior de Economía Le llamaron para preguntarle si conocía a Florencio, y le pidieron presentarse para identificar el cadáver, lo que no pudo hacer por estar enfermo
Hacia las 10 de la noche, los policías se presentaron en el domicilio de la familia Osuna, en la unidad Zacatenco, y a bocajarro le dijeron a la viuda, Alma Rosa Hernández:
—Queremos que nos acompañe a identificar el cadáver de Florencio López Osuna
Me quedé con la mente en blanco, cuenta ella
La misteriosa mujer
López Osuna era cliente asiduo del hotel Museo, según Ignacio Bernal Enciso: Yo llevo dos años trabajando aquí Y él llegaba generalmente los fines de semana Los sábados en la mañana le subía su servicio; cerveza nada más A veces venía con una señora; yo creo que era su esposa, porque ya se veía grande de edad
Su esposa, sin embargo, aseguró a Proceso que López Osuna nunca faltaba a su casa
De acuerdo con los testigos, el exdirigente estudiantil llegó al hotel aproximadamente a las 5:20 horas Fue atendido por el empleado nocturno Ángel Muñoz Cisneros Se registró con el nombre de Carlos López Peña, pagó 180 pesos por una habitación sencilla y se encaminó al elevador, junto con una muchacha morena
Había llegado a bordo de un taxi, acompañado de la mujer, de entre 20 y 30 años de edad, de aproximadamente 160 de estatura, cabello quebrado a la altura del hombro y que vestía una chamarra color beige, tal como quedó registrado en el video de la cámara de seguridad que el hotel entregó a la Procuraduría de Justicia capitalina, según dice la averiguación previa 05895/2001-12, cuya copia obtuvo Proceso
De acuerdo con las investigaciones de dos agentes de la Policía Judicial, la viuda contó que su marido solía frecuentar la cantina La Especial, en Rivera de San Cosme y Serapio Rendón El personal informó a los policías que, efectivamente, lo conocían, pero que tenía varios meses de no acudir Agregó que también iba al bar El Cartón, ubicado a un costado del Museo de San Carlos En ese negocio la encargada, Carolina Reyes, comentó que se le conocía como Lencho, pero que en tres meses no lo había visto La mujer recomendó a los policías ir al café Montes, en la esquina de Puente de Alvarado y avenida Insurgentes Ahí obtuvieron información
Según Miguel Villanueva Bárcenas, empleado de ese establecimiento, López Osuna solía ir al lugar Esta ocasión llegó aproximadamente a la media noche Pidió cerveza y bebió solo, hasta que —según el testigo— se le acercó una mujer, a quien no identificó, ya como a las tres de la mañana
A eso de las cuatro, la mujer solicitó al músico Fernando Silva que le cantara tres canciones Cántaselas, yo pago, le instruyó López Osuna, quien para entonces había consumido siete cervezas Cerca de la cinco de la mañana, ambos salieron del establecimiento
Se marcharon en taxi al hotel Museo, cuyos empleados jamás se percataron del momento en que la mujer —cuya identidad no ha sido determinada— abandonó el lugar
El cancionero tampoco conocía a la mujer Esta persona no frecuentaba el lugar, ya que era la primera vez que la veía, ignorando su nombre y su domicilio, señala el parte de los agentes policiacos
La cena en el Suntory
Antes de que López Osuna se introdujera en el café Montes había tenido un día ajetreado Viejos amigos del Movimiento Estudiantil de 1968 que desembocó en la matanza de Tlatelolco —en cuyo mitin fue orador— convivieron con él ese miércoles
Uno de ellos, Alfonso Revilla, se ofreció a llevarlo a su casa al cabo de una cena en el restaurante Suntory, de la colonia Del Valle Cuando llegaron a la esquina que hacen Insurgentes y Puente de Alvarado, López Osuna le dijo: Mira, mejor me quedó aquí a la vuelta, voy a ver a unos compas que quedaron de esperarme
Ahí se quedó, poco antes de la medianoche, precisamente frente al café Montes
En el camino, Revilla —el último amigo que lo vio con vida— le preguntó sobre la publicación de su foto en Proceso: ¿Qué se siente estar en el destape del 68? Florencio contestó que estaba impactado, que unos amigos le habían hablado para decirle que la foto había dado la vuelta al mundo, como aquella famosa en que se ve a una niña corriendo de las quemaduras del napalm durante la guerra de Vietnam
Por eso, López Osuna le dijo que era preciso aprovechar la coyuntura de la publicación de las fotos: Hay que entrarle Se nos está abriendo una gran oportunidad que no debemos perder Hay que hacer una gran comisión que revise los hechos y los esclarezca Hay que hacer una gran reunión entre todos los compas, porque sé que muchos han seguido buscando documentos No hay duda, éste es el momento Lo que sí debemos evitar es la manipulación y la ingenuidad en el uso de esos testimonios
Él mismo había hecho acopio de una lista de personas que sufrían trastornos como consecuencia de la represión del 68 Tengo listas de compañeros que quedaron afectados para siempre Unos psicológicamente, otros físicamente Por ejemplo, una mujer que ahora da clases en la Universidad perdió las dos piernas ese 2 de octubre A todos ellos hay que entrevistarlos, hay que hacer que cuenten lo que les sucedió, que se sepa de una buena vez Éste es el momento, no tengo duda, pero le tengo miedo a las filtraciones y a las manipulaciones del gobierno
López Osuna estaba sereno, bromista Así lo habían visto en la cena sus contertulios Uno de ellos, Salvador Martínez della Rocca El Pino lo había invitado a participar en el programa Controversias, de Radio UNAM, a las ocho de la noche
Con él participaron Daniel Cazés y Sergio Zermeño y el propósito era, dice El Pino, que respondieran a lo que en ese mismo programa, transmitido el viernes 14, había dicho el presidente Vicente Fox
Los motivos de la entrevista —cuenta Della Rocca, minutos después de enterarse de la muerte de su amigo— eran precisamente las fotos de Proceso De hecho, la primera pregunta que le hago a Fox es ésa: ¿Qué significa para usted la leyenda del ‘2 de octubre no se olvida’ después de ver esas fotos?
Antes del programa, ambos habían asistido, también, a una comida en el restaurante Puerta de Hierro, ubicado en el sur de la ciudad Era una despedida de fin de año con una serie de amigos mutuos, describe el diputado Emilio Ulloa
Alumno de López Osuna en la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (IPN), del que también fue profesor adjunto, el legislador cuenta que se quedaron de ver en el Metro Hidalgo, en avenida Juárez y Balderas Solían hacer eso siempre, ya que el exdirigente estudiantil del 68 no usaba automóvil
En el trayecto hacia el restaurante, López Osuna habló sobre el Movimiento Estudiantil, sobre todo por la aparición de las reveladoras fotografías publicadas en este semanario, en una de las cuales aparece, en la portada, desnudo y golpeado
Aceptaba bromas de buena gana Eran puras trusas Zaga Les hiciste promoción, le dijo Ulloa Ya te volviste artista de cine
En el restaurante Puerta de Hierro lo esperaban, entre un grupo de 14 personas, El Pino, el exdiputado Eliseo Moyao y el académico Daniel Cazés Entre bromas, que aludían a su desnudez en la fotografía, López Osuna respondía y señalaba al expresidente Luis Echeverría:
Si es para meter a la cárcel a Echeverría, no sólo me quedo en calzoncillos, sino que hasta me desnudo Vamos pa’delante
Militante pasivo del PRD, como lo define Ulloa, quien lo invitó a afiliarse, el exdirigente estudiantil fue subdelegado en Cuauhtémoc en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas y no creía en la creación de una fiscalía especial para saldar cuentas con la guerra sucia
Decía —cuenta Ulloa— que con un fiscal es volver a lo Colosio, a lo Ruiz Massieu, simplemente a gastar el dinero, a poner a un cuate de ellos y que no dé respuestas Por eso insistía en que debía ser una comisión de la verdad la que entregara cuentas y que se aplicara la ley a quien se tuviera que aplicar y ver para adelante
Descrito por su esposa como una persona tranquila y que no solía faltar a la casa, López Osuna salió de su domicilio aproximadamente a las 10 de la mañana de ese miércoles Su mujer había quedado de verlo a las tres de la tarde en el Sanborns de la calle de Humboldt y avenida Juárez Le llevaba su teléfono celular, que había olvidado A esa hora, acompañado de Ulloa, se dirigía hacia el restaurante Puerta de Hierro
En el mismo Sanborns había quedado de verse, un día antes, el martes 18, con el reportero de Proceso Manuel Robles para hablar sobre el porrismo en el IPN Llego en 10 o 15 minutos, le dijo por teléfono, ya retrasado de la cita prevista para las cuatro de la tarde
En tanto, le recomendó buscar al director de la Vocacional 5, David Vega Becerra Es bajito de estatura y un poco calvo, describió Sentados ambos, pasaba el tiempo Ya no debe tardar Florencio, dijo el académico cuando ya había pasado una hora
Se marcharon, ambos, al plantel, próximo a donde estaban Eran las seis de la tarde Media hora después, López Osuna apareció en el despacho de Vega Becerra Un millón de disculpas, le dijo al reportero
Hablaron, justamente, sobre el porrismo, en una entrevista en la que López Osuna se mostraba distraído y, al final, otra vez dijo sobre su tardanza: Otra vez, un millón de disculpas
Apreciado por su sencillez, sus amigos del Movimiento Estudiantil de 1968 adelantaron a la reportera Sandra Rodríguez que el sábado 22, en conferencia de prensa, rechazarían las versiones en los medios de comunicación que muestran a López Osuna como alcohólico y que limpiarán su imagen mediante el esclarecimiento biológico y político de su muerte
Sostendrán, también, que las fotografías publicadas por Proceso muestran la barbarie del régimen priista, aún impune, del que fue víctima López Osuna, símbolo del adolescente reprimido no sólo en México, sino en Latinoamérica
El exdirigente Félix Hernández Gamundi expresó: Esta reacción en los medios demuestra la necesidad inaplazable de que se haga justicia y de que el gobierno entienda que debe identificar a los responsables y procesarlos (Álvaro Delgado, Antonio Jáquez, Mauricio Mejía, Raúl Monge, Ricardo Ravelo y Rodrigo Vera)








