De regreso, soldados sin gloria

De regreso, soldados sin gloria
Recuerdos de Chiapas: hambre, miedo y muerte
Javier Chávez, Antonio Callejo y Martín Morita
CHETUMAL, QR – Siete marinos muertos en la Selva Lacandona y casi dos semanas “a puro arroz y frijol” son los recuerdos persistentes del soldado Juan Pablo Ramírez, cuya familia le había recomendado desertar, pero él les respondió: “En Chiapas no pasa nada”
Sus compañeros no perdieron la vida en enfrentamientos con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), sino en accidentes ocurridos en sinuosos caminos o aguas profundas de algún río
Originario de Chetumal, Juan Pablo Ramírez es uno de los soldados que retornaron a la XI Zona Naval Militar de Quintana Roo
“Primero estuve dos años en Nacatún; está dentro de la montaña y sólo se llega ahí en helicóptero En las primeras semanas casi a diario nos llevaban comida, pero luego nos dejaron casi una quincena sin comer, a puro frijol y arroz nos la pasamos Luego estuve en Ixcán”
Admite: “Fue muy duro porque no estábamos acostumbrados a ese tipo de vida Pero fue una bonita experiencia la de estar en la guerra, aunque cuando mi familia se enteró de que nos mandaban a Chiapas, me pidió que desertara Y les dije que no pasaba nada, que regresaríamos bien y así fue, aunque algunos compañeros no corrieron con la misma suerte”
Explica que el comando lo integraban 22 elementos, pero sólo retornaron 15 Los otros murieron en accidentes terrestres y fluviales, entre ellos un comandante de fragata “En helicóptero trasladaron sus restos”
“Todo el tiempo andamos juntos y nos llegamos a querer como una familia Nos cuidamos unos a los otros”
-¿Te tocó estar en algún enfrentamiento con los zapatistas?
-No, porque donde estábamos eran solamente simpatizantes de los rebeldes
-¿Si te hubiese tocado algún enfrentamiento, estabas dispuesto a matar?
-Te tienes que defender, no hay que correr Primero muerto que abandonar el arma, dice la regla
-¿Aunque hubiese niños?
-Bueno, los niños no tiran a matar Y si mueren niños, no sería culpa del militar, sino del que los lleva a una batalla Tú respondes la agresión y luego averiguas
Y subraya: “Si el gobierno hubiese querido aniquilar a los zapatistas, tiene con qué Pero el conflicto se manejó políticamente Qué bueno que no hubo enfrentamiento, ya que hubieran muerto muchos inocentes, porque con un bombardeo en un día terminábamos con los pueblos Pero, bendito Dios, esperamos que todo se solucione con el diálogo, porque si no, tendremos que luchar en serio”
A su vez, el sargento primero José Calderón Mex, quien estuvo cerca de Acteal y cuya base fue desmantelada, opina: “Si Marcos no firma el acuerdo de paz, no tendrá de otra el gobierno y se terminará por la vía militar, como debió ser desde un principio”
-¿Será fácil terminar con el conflicto?
-No lo sé, pero nosotros tenemos todo para enfrentar a cualquier grupo beligerante Estamos preparados para atacar de cualquier forma Sólo es cosa de que el presidente ordene y ya verás cómo se termina el asunto
Es originario de Veracruz y con familia en la localidad de Álvaro Obregón
-¿Cómo fue tu vida personal?
-No te puedo decir nada, es algo privado
-¿Fue difícil estar en Chiapas?
-Algo
-¿Te gustaba el lugar?
-Más o menos es como todos
El miedo
Harón Santiago Salazar, soldado raso, nació en Veracruz pero se enroló en el Ejército cuando fue a la Ciudad de México hace cuatro años Ahora radica en Cancún desde que, hace dos años, terminó con su comisión en Chiapas
Fue enviado a la base militar de Guadalupe Tepeyac, a unos 30 kilómetros de La Realidad, llegando por una brecha en una hora de camino, y su sueldo entonces no llegaba a los 3 mil pesos mensuales, menos de 100 pesos diarios, en una época en la que sabía que podía volver o no
Relata:
“Estar allá es como si no pasara el tiempo Fueron dos años en los que se detuvo el tiempo para mí, pero sobre todo fue un tiempo de mucho miedo”
Llegó a los 23 años a Chiapas, y allí “fue un momento de mucha tensión, porque no podíamos confiar en nadie en la comunidad y nadie tampoco se fiaba de nosotros Aunque nunca estuvimos en combate ni en ninguna misión contra los zapatistas, escuchábamos de otros lugares donde había balaceras, enfrentamientos, muertos y eso nos daba mucho miedo No tuve ni novia, me casé hasta que me mandaron aquí, a Cancún”
Dice que salía muy poco de Guadalupe Tepeyac, donde convivía con otros 79 soldados “Hacíamos lo mismo todos los días, y el paisaje, la gente, los ruidos de los pájaros, era lo mismo todos los días, por dos años, en los que no pasó el tiempo”
Su trabajo ahora, en la guarnición del 55 Batallón de Cancún, es abrir y cerrar la puerta de entrada, viendo el mismo paisaje y a las mismas personas, pero vive, dice, sin miedo
“Casi nadie quiere estar allá”
Antonio Ramos es oriundo de Poza Rica, Veracruz, y desde hace nueve años es miembro del Ejército con grado de subteniente Forma parte de una de las fuerzas élite: el Grupo Aerotransportado de Fuerzas Especiales (GAFES) y por ello hace dos años lo enviaron a Chiapas
“Yo no tenía que estar allá, pues a mi batallón no le correspondía, pero ni modo, las órdenes dentro del Ejército se acatan y no hay vuelta de hoja”
Primero asignado a la base militar de Guadalupe Tepeyac, y luego en la Garrucha, de donde regresó a Chetumal hace cinco meses, Antonio dice que “no es por miedo que uno no quiera ir a Chiapas, sino por las difíciles condiciones como se vive allá La comida es mala y estar inactivo en la selva fastidia, aburre; por eso, algunos compas desertan
“Es mil veces preferible estar en acción, al menos en mi caso, porque fui adiestrado para eso Por ejemplo, me tocó ir a Guerrero y estar en un enfrentamiento con guerrilleros, esos del EPR Fue antes de que me mandaran a Chiapas”
Precisamente en Guerrero se casó y a la fecha tiene dos hijas Recuerda que en Chiapas “lo que hay son muchas prostitutas, aunque tuve dos buenos amigos, soldados, que se casaron allá Uno de ellos desertó porque lo iban a mandar a Sinaloa a combatir el narcotráfico Me decía que le tenía más miedo a los narcos que a los zapatistas y como estaba recién casado y a punto de ser papá, un día me dijo: ‘Antonio, yo me pelo, porque la mera verdad tengo miedo de ir a Sinaloa’
“Fue un caso raro, porque la mayoría de los militares que están en Chiapas lo más que desean es salir de allá, sin importar el lugar adonde los manden Yo estaba que brincaba de gusto cuando me dijeron que me iba para México, donde estuve asignado unos meses a la Policía Federal Preventiva Y es que de veras que Chiapas es aburrido”