De José Luis Cruz

De José Luis Cruz
Señor director:
Mucho le agradeceré la publicación de esta carta en su prestigiada revista de la cual soy asiduo lector desde su fundación
En su pedestre y ramplona nota (Proceso 1215), el señor Rodolfo Obregón distrae la atención de los lectores para “cuestionar” la puesta en escena de la obra de Eurípides Las Bacantes Pero, ¡oh sorpresa!, dedica la mitad de su nota a chismorrear sobre los supuestos errores del Gobierno de la Ciudad y del Instituto de Cultura y de su programa de Teatro Griego Con una actitud tendenciosa, facciosa y como miembro de una capillita de teatro estudiantil, se ensaña contra la tesis de este proyecto
Debo decirle, señor director, que extrañamos con suma tristeza, en su revista, la finísima pluma de Esther Seligson, sus agudas críticas e inteligente sensibilidad
En lugar de realizar una crítica profunda, imaginativa, incisiva, agresiva o como se antoje; deconstruyendo el montaje escénico propuesto por un grupo de artistas mexicanos que se enfrentan a un texto de la vitalidad y la envergadura histórica de la dramaturgia universal, su engreído crítico actúa como aprendiz de director, que debe haber cursado algunas clasecillas con algún santón del teatro oficial ubicado en la colonia Santa María Comenta: ” nadie podría poner en duda la riqueza de semejante ‘manjar de los dioses’, pero, como nos lo enseñaron las geniales escenificaciones de Peter Stein” Yo me pregunto: ¿de dónde salió este petulante pretencioso? ¿Dónde presenció él “las geniales escenificaciones” de este gran director alemán? ¡Qué altanería, qué comentario tan fuera de proporción! Es como si yo le exigiera realizar una crítica a la altura de un Erick Bentley, o un Kitto, o de un Botho Strauss Tranquilo chato, estamos en Tenochtitlán Nosotros hemos hecho una propuesta original inspirada en nuestras mejores tradiciones artísticas y no necesitamos meternos de memoria algunos videos europeos para realizar nuestro trabajo, para seguir con la moda
imperante
Después, nuevamente, nos embarra un chiste involuntario: ” los realizadores de Las Bacantes parecen haber ignorado por completo la necesidad de establecer referentes que permitan, sin necesidad de recurrir a ilustraciones inmediatas o cambios obvios de vestimenta, una lectura del poderoso ritual de muerte y renovación contenido en el texto de Eurípides” ¡Oh gran Gurú, Maestro, divino descubridor del hilo negro de los misterios de la tragedia! Qué falta de honradez intelectual de nuestro crítico, citando literalmente a Kott sin darle crédito Más adelante nos acusa de arcaicos e incapaces de: “insuflar, en quien lo presencia, el menor entusiasmo” ¡Qué mediocre vanidad! ¿Cómo se atreve a decir que no provocamos el menor entusiasmo si el público de la Ciudad de México está llenando el teatro y festina dionisíacamente esta propuesta intrerdisciplinaria
Pero a nuestro genial acrítico le pasó todo de noche, pues como aquel célebre político, ni ve ni oye ni siente Como no ve, o no quiere, no puede observar la reacción del público Su ceguera lo lleva al límite de no percibir la delicada interpretación de dos grandes actores mexicanos: Jorge Galván, quien nos conmueve con su complejísima interpretación trágica dándole peso y fluidez a textos tan lejanos trayéndolos a la actualidad de las profundidades del alma humana, y Jaime Garza, con su versión de Penteo nos lleva de la mano sutilmente por los delicados trazos de su actoralidad tragicómica enunciada por Eurípides Lo mismo puedo afirmar del resto del elenco y de los músicos africanos, que no es una ocurrencia banal, sino consecuencia de una investigación mítico-antropológica
PD Por cierto, los “tirsos” no los compramos en la colonia San Rafael, los fuimos a comprar a Frigia y no había, pasamos por Tracia y tampoco los encontramos, ya de regreso, hicimos una paradita en Lidia y nos informó el mercader que el último en existencia se lo había vendido a Peter Stein, el chómpira de su cronista, entonces los tuvimos que adquirir en Atenas, una calle donde se encuentra una maderería llamada “Sparagmós” en la colonia Portales, en donde los carpinteros impunemente descuartizan la madera, bajo el efecto del cornezuelo del trigo y de la uva para después, en su hora de descanso, enfilarse a “El Eléusis”, una cantina que queda a media cuadra, para ponerse hasta la madre
Atentamente
José Luis Cruz
Director de la obra Las Bacantes
(N de la R : Esta carta fue transcrita literalmente)
Respuesta de Rodolfo Obregón
Señor director:
La carta de José Luis Cruz es fiel espejo de su obra: artera e incoherente Carece de objetivo y da palos de ciego contra santones y capillas que hace años cambiaron de dirección
Por supuesto, no tengo que dar cuenta al señor Cruz de mi actividad profesional ni de los teatros en que vi La Orestiada y El enemigo de clase de Stein, o Las bacantes de Susanne Linke Basta saber que un crítico sin referencias (aunque sean en video) está tan perdido como un director sin referentes
Si dedico la mitad de mi nota al programa de Teatro Griego es porque, como sus Bacantes, carece de puentes que lo acerquen a nuestro lugar y a nuestro tiempo Ya imagino la interpretación de los grupos de aficionados, si los profesionales llegan a tales lugares comunes (empezando por lo interdisciplinario), inspirados “en nuestras mejores tradiciones” y después de “una investigación mítico-antropológica”
Desde luego, es difícil decir en dos cuartillas una palabra nueva sobre un texto como el de Eurípides; José Luis Cruz tuvo dos horas de tiempo escénico y no aportó una sola idea, una sola imagen sensible ¿Qué hace, entonces, el crítico? Bentley y Strauss hacen gran crítica, entre otras cosas, porque se enfrentan a un gran teatro
Por lo que respecta a su éxito de público, no acostumbro juzgar ese tipo de respuesta si no puede sustentarse en encuestas y estadísticas Por cierto, el día que yo asistí a Las Bacantes había menos de 40 personas en la sala
—suelo contarlas cuando me aburro— Y ya que a opiniones ajenas nos atenemos, no he sido el único crítico que no supo apreciar la actuación de Jaime Garza
Además, no dije que la presencia de los músicos fuera “una ocurrencia banal” (los palos de ciego terminan por pegar a quien los tira); por el contrario, expresé que era un acierto que pone en evidencia la falsedad del resto del elenco
José Luis Cruz añora —previo intento de chantaje— las notas de Esther Seligson en Proceso Yo añoro los tiempos en los que alguien con el humor de su PD era capaz de hacer un espectáculo como La muerte accidental de un anarquista A eso hemos llegado
Atentamente
Rodolfo Obregón