Estudiantes y directores dudan que el conflicto se resuelva pronto

Estudiantes y directores dudan que el conflicto se resuelva pronto
Una llamada de Los Pinos y Francisco Barnés presentó su renuncia
Raúl Monge y Francisco Ortiz Pardo
La mañana del viernes 12, cuando el rector Francisco Barnés se disponía a viajar al puerto de Veracruz para asistir a la XXX Asamblea General de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), sólo tenía en mente recibir el abierto respaldo de casi todos los rectores del país
Sin embargo, un inesperado telefonema de Los Pinos —confirmado a Proceso por diversas fuentes— lo volvió a la realidad: No sólo lo obligó a suspender el viaje, sino que lo hizo preparar maletas, pero para dejar la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
El secretario de Educación, Miguel Limón Rojas, se encargó más tarde de hacer públicas las razones que impulsaron al presidente Ernesto Zedillo a modificar su posición original, de no intervenir en el conflicto universitario, y a sacrificar al rector de la UNAM a escaso mes y medio de cumplir tres años en el cargo
En el discurso que leyó en la inauguración de los trabajos de la ANUIES, recriminó Limón:
“El daño que este conflicto está causando a la UNAM y a la nación es grave La comunidad universitaria debe estar consciente de que el no encontrar vías que conduzcan a la solución satisfactoria del conflicto, equivaldría a reconocer su incapacidad para actuar tan racional y creativamente como lo exige la gran responsabilidad que la Universidad tiene ante la nación”
Mencionó el “lamentable desarrollo de los acontecimientos que han sucedido en la UNAM, a partir de las decisiones que, en el ejercicio de su autonomía, tomaron las autoridades universitarias” Y agregó que el Estado “fue entonces respetuoso de esa autonomía y lo ha seguido siendo en espera de que haga explícita la capacidad de gobernarse la UNAM a sí misma”
Y consideró que ese conflicto debe conducir a una reflexión profunda en las instituciones de educación superior en los temas relacionados especialmente “con su estructura y formas de tomar decisiones”
Y aunque el propio Barnés sostuvo en más de una ocasión que su renuncia “lejos de resolver el conflicto contribuiría a enrarecer el ambiente”, terminó por acatar el mandato presidencial
Sin dar la cara a la prensa, adujo en su carta de renuncia:
“Ante la impotencia para encontrar una vía de solución dentro del ámbito universitario, utilizando los únicos medios que los universitarios tenemos a nuestro alcance, que son los del diálogo y el uso de la razón, debido a la intransigencia de los grupos radicales que se han adueñado de la conducción del movimiento, a la injerencia de grupos políticos ajenos a la vida universitaria y al clima de impunidad que a lo largo de estos meses ha prevalecido, he decidido presentar mi renuncia ante esta H Junta de Gobierno
“Espero —añadió— que mi renuncia abra nuevas vías de solución al conflicto que afecta a la institución educativa más importante del país, que la tiene en un grave riesgo, uno de los más graves en los últimos 50 años”
Y es que luego de 209 días de huelga, el problema de la UNAM se politizó hasta salirse del control de las autoridades federales, locales y universitarias
Como secretario de Gobernación, Francisco Labastida enderezó, por ejemplo, una campaña de desprestigio contra el PRD No sólo ordenó espiar sus reuniones con paristas afines al partido, sino que acusó directamente a sus dirigentes y hasta a funcionarios capitalinos de alentar la revuelta estudiantil
Apenas unos días después de haber estallado la huelga en la UNAM, Labastida informó que tenía evidencias de que en el movimiento había “personas ajenas a la UNAM”, algunas perredistas
La Secretaría de Gobernación filtró también al diario Excélsior material gráfico de reuniones de paristas con funcionarios del gobierno de la ciudad y dirigentes partidistas, con la idea de apuntar sus acusaciones
A esa campaña se sumó el propio Barnés Sin dar nombres, acusó a colaboradores y excolaboradores del entonces jefe de Gobierno del DF, Cuauhtémoc Cárdenas, de estar involucrados en el movimiento estudiantil
Esta convicción la mantuvo hasta el final En su carta de renuncia, atribuye a “la injerencia de grupos políticos” ajenos a la vida universitaria, entre otros factores, la complicación del conflicto
El mismo presidente Zedillo contribuyó a alargarlo con sus indefiniciones:
Primero desdeñó el problema, luego llamó a solucionarlo, más tarde reclamó a la “mayoría pasiva” de universitarios por no comprometerse con la solución del conflicto, después criticó a las autoridades universitarias por su pasividad, posteriormente advirtió que usaría “medios legítimos del Estado”, para hacer volver a la normalidad a la Universidad y terminó negándose a aplicar la ley bajo el argumento de que ello implicaba la represión
No hizo nada tampoco para que la Procuraduría General de la República diera trámite lo más rápido posible a las denuncias presentadas por maestros eméritos y las propias autoridades universitarias, que hasta hace un par de semanas sumaban 150 por diferentes delitos
“Los universitarios no son delincuentes”, adujo en más de una ocasión el titular de la PGR, Jorge Madrazo
En medio de ese clima de impunidad, al que hace referencia Barnés en su renuncia, los paristas siguieron en posesión de las instalaciones y trasladaron el problema a las calles de la ciudad
En la última ocasión en que se refirió al conflicto de la UNAM, el 22 de octubre, el presidente Zedillo lanzó veladas críticas a las autoridades universitarias por no haber propiciado a tiempo el diálogo y la negociación
Consideró equivocadas las opiniones que atribuían la prolongación del problema a la no aplicación de la “fuerza del Estado” para controlar a los “ultras”, pues la comunidad universitaria no se divide entre los intransigentes y los demás “En el resto de los universitarios hay distintas propuestas, visiones e incluso intereses, que de tiempo atrás debieron ser conciliadas en beneficio de la Universidad mediante el diálogo y el acuerdo”
E insistió en que, mediante esa negociación, posiblemente la cerrazón de los jóvenes habría cedido “ante la razón de la Universidad, las reglas de la convivencia democrática y la razón de México”
El factor Labastida
A un alto costo para la UNAM, que ha dejado de ejercer más de mil millones de pesos durante casi siete meses de huelga, Zedillo mató dos pájaros de un tiro: Usó a Barnés —al que primero empujó a la guerra sin cuartel, luego lo abandonó y finalmente lo sacrificó— para golpear al PRD y consolidar la candidatura presidencial de Francisco Labastida
Justamente, la decisión de remover al rector se dio apenas cinco días después del proceso de selección interna del candidato del PRI a la Presidencia, que favoreció a quien era secretario de Gobernación cuando estalló el paro estudiantil, el 20 de abril
Labastida exigió al PRD, desde febrero, mantenerse al margen de los asuntos universitarios, después de que el entonces jefe de Gobierno del DF, Cuauhtémoc Cárdenas, se manifestó contra las modificaciones al Reglamento General de Pagos de la UNAM
Días más tarde dijo: “Mal haríamos las autoridades miembros del gobierno en intervenir en la vida autónoma de la UNAM, en éste y cualquier otro momento”
Ya como precandidato, Labastida agitó aún más las cosas en la UNAM con sus declaraciones
El 2 de octubre, en Puerto Vallarta, Jalisco, dijo: “Hoy, los ultras, que tienen relaciones con el EPR, están dispuestos a generar un conflicto de mayor magnitud para que de ahí mismo se extienda el problema hacia las universidades de provincia hacia la Universidad de Guadalajara, hacia la Autónoma de Guadalajara, hacia otras instituciones del país, y yo creo, también, para influir en las elecciones presidenciales del año 2000”
El 19 de ese mismo mes —y como en las anteriores ocasiones sin aportar prueba alguna de sus afirmaciones—, acusó al EPR de armar a los paristas
Ante tales afirmaciones, el jueves 11, la dirigente nacional del PRD, Amalia García, respondió a las reiteradas acusaciones de Barnés y Labastida en el sentido de que su partido tenía metidas las manos en el problema
Acusó al rector de ser “el principal causante” del conflicto, ya que con el consentimiento de Francisco Labastida aprobó el aumento de colegiaturas y servicios sin consultar a la comunidad universitaria
“El responsable de crear el Frankenstein es Labastida”, aseveró
Tampoco se había quedado callada la nueva jefa de Gobierno del DF, Rosario Robles, quien ante los problemas creados por los paristas con sus marchas por las principales avenidas de la Ciudad de México, acusó a Barnés de haber sido incapaz de resolver el conflicto y de pretender trasladarlo a otras instancias
Reacciones a la renuncia
Bolívar Huerta, perredista y activista del ala moderada del movimiento, considera que “es lamentable” que la renuncia de Barnés ocurra después de la elección interna del PRI
“A Barnés le salió el tiro por la culata Pidió la intervención del gobierno y la obtuvo, pero en sentido contrario”, dice con ironía
Y añade: “Eso demuestra la absurda incondicionalidad de las autoridades universitarias al PRI y al gobierno Entonces que no pretendan los funcionarios de la UNAM cargarle el muertito al PRD o al gobierno del DF cuando los irresponsables e incompetentes han sido ellos”
Coincidente, Jorge Mendoza, de la centro-moderada Coordinadora Estudiantil, afirma que “los universitarios estamos sujetos al calendario del priísmo y somos rehenes de Zedillo”
Advierte que si el gobierno federal no saca ahora las manos de la Universidad, “habrá un alargamiento del conflicto y un empantanamiento de la UNAM”
Según Roberto López, de la misma corriente, Zedillo se dio cuenta de que Barnés ya ni siquiera controlaba a la mayoría de los sectores dentro del Consejo Universitario, pues “era un títere de los más duros”
La directora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Cristina Puga, considera que la renuncia de Barnés no resuelve nada para la Universidad:
“Bastante complejo era ya el conflicto como para que ahora la UNAM tenga que enfrentar la crisis de un cambio de rector Ojalá nunca hubiera sucedido esto”
Carlos Imaz, exlíder del CEU y actual dirigente del PRD en el DF, aplaudió la renuncia de Barnés porque, en su opinión, se había convertido en un obstáculo para el diálogo y la negociación
Estima, sin embargo, que con el cambio de rector no se resolverá el problema, pues no se trata de un asunto de personas, sino de voluntad política
La misma noche del viernes 12, la vocera de la Comisión de Prensa del Consejo General de Huelga, Leticia Contreras, en declaraciones al diario Reforma, fue contundente:
“Siento que es una decisión directa del presidente Zedillo”
En Ciudad Universitaria, los pocos huelguistas que estaban de guardia, celebraron con gritos y porras la noticia de la renuncia de Barnés, que se había convertido en una de las principales demandas del movimiento en los últimos días
Finalmente, la Junta de Gobierno, expidió un comunicado en el que “lamenta que las circunstancias por las que ha venido atravesando nuestra institución hayan desembocado en la renuncia del rector”
Reconoce el “esfuerzo excepcional” que hizo para resolver el conflicto “pero los argumentos que expone nos lleva a aceptar, con gran pesar, su renuncia”
Y concluye: “Corresponde ahora a la Junta de Gobierno designar al rector que reclama la Universidad”
Se espera que en los próximos días comiencen las consultas entre la comunidad universitaria para recibir propuestas