El papel de Echeverría y otros funcionarios, en los archivos prohibidos que deben abrirse

El papel de Echeverría y otros funcionarios, en los archivos prohibidos que deben abrirse
Toda la verdad sobre la matanza del 68, y fin de la impunidad, reclaman Aguilar Camín, Semo y Monsiváis
Antonio Jáquez
El encuentro de Luis Echeverría con los diputados de la Comisión Especial 68, programado para el próximo martes 3, reaviva el debate sobre la responsabilidad del entonces secretario de Gobernación en la represión del movimiento estudiantil, y la exigencia de que se abran los archivos oficiales de la época
La apertura de archivos fundamentales del 68, como los de la Dirección Federal de Seguridad y la Secretaría de la Defensa Nacional, es indispensable para una reconstrucción seria de los hechos, señala el historiador Héctor Aguilar Camín, y propone que se legisle para facilitar el acceso a esos documentos
El historiador Enrique Semo afirma que también la opinión pública puede impulsar el acceso a las fuentes oficiales, “que son muchas”, y entre ellas menciona los partes de las agencias policiacas y las minutas de las reuniones de gabinete; “todos sabemos que no se ha hecho público nada importante de esa época, más que por un acto relativamente arbitrario de algún político”
A estas alturas, dice el cronista Carlos Monsiváis, “y a sabiendas de que no hay nada en los archivos, tal vez lo más adecuado sea no intentar un juicio político, sino una explicación muy precisa de los acontecimientos y los procedimientos de un autoritarismo sin controles Baste el 2 de octubre de 1968 para que sepamos sin lugar a dudas del sentido último del presidencialismo que nos ha oprimido Para que el 68 sea definitivamente historia, el presidencialismo a la mexicana debe sepultarse al lado del retrato en bronce de Gustavo Díaz Ordaz y su gabinete presidencial”
Debe ser labor de historiadores
Aguilar Camín cuenta que trabajaba en la Villa Olímpica en los primeros meses del movimiento estudiantil En septiembre del 68, dejó la Ciudad de México —estuvo en Sinaloa y Baja California—, y volvió después del 2 de octubre
Inquirido sobre cómo ve a la Comisión Especial 68 y si ésta tiene algún sentido, responde:
“Me suscita más preguntas que esperanzas Si lo que se pretende es conocer la verdad del 68, se avanzaría más rápido y más sólidamente constituyendo un equipo de historiadores profesionales La Comisión 68 podría ayudarlos presionando para que se abran archivos oficiales hasta hoy confidenciales, como los de la Dirección Federal de Seguridad, y consiguiéndoles fondos para su tarea Un historiador profesional, con los apoyos adecuados, hará más por el conocimiento de la verdad del 68 que cualquier comisión legislativa”
Añade:
“¿El 68 es parte de nuestro pasado o de nuestro presente? ¿Es historia inmediata o es política actual? La Comisión 68 parece creer lo segundo Yo creo lo primero, aunque no me empeñaría en lo más mínimo en defender mi creencia Creo que es un asunto abierto y que todas las opiniones son válidas La Comisión, para mí, tiene sentido Mejor dicho: le dará sentido la seriedad de sus trabajos”
Para Aguilar Camín, sigue faltando una historia puntual de los acontecimientos del 68 “Hay más interpretación y crónica que propiamente una reconstrucción histórica” En este sentido, sería muy útil para cualquier historiador serio de la época el acceso a los archivos oficiales
Por ello, “los diputados le darían un servicio mucho más tangible a la averiguación de nuestro pasado reciente si legislaran para facilitar el acceso a esos archivos confidenciales, por llamarlos así, de una manera eufemística; en realidad son archivos inaccesibles o prohibidos de información pública”
Agrega: “La decisión de mirar de frente a nuestra historia no es una virtud mexicana, ni oficial ni no oficial Somos especialistas en no mirar de frente a nuestra historia, a pesar de que somos un país de grandes historiadores Nuestra historia está llena de mitos y de mentiras”
—¿Hay poca disposición de los personajes públicos para contar sus cosas?
—Ninguna Hay cero tradición de memorias y autobiografías; una muy exigua tradición de archivos privados que se hagan públicos y, en general, una actitud de absoluta cerrazón a exhibir la propia personalidad en público
—¿Qué significado tiene que Echeverría haya aceptado hablar sobre el 68 ante un órgano legislativo? ¿Hay antecedentes históricos de ello?
—No recuerdo ningún antecedente El significado mayor que le veo es que Echeverría quiere volver a circular en la política, aprovechar él también las oportunidades del país y el fin de las viejas reglas no escritas que obligaban al ostracismo a los expresidentes
—¿Cómo evalúa el papel de Echeverría en el 68?
—Fue el secretario de Gobernación, el responsable directo de la política gubernamental al respecto En ese conflicto convenció a Díaz Ordaz de su absoluta lealtad y probablemente ahí ganó la Presidencia Ahora, ¿qué fue específicamente lo que hizo? No lo sabemos de cierto Ojalá se lo diga a la Comisión
“Lo que sabemos es que, luego de ser el duro en el 68, fue el aperturista dos años después Para un sector, sin embargo, la apertura fue tardía e inconvincente La violencia ya estaba sembrada y el sexenio de Echeverría tuvo guerrillas y guerra sucia, lodos de los que siguen saliendo polvos, 20 años después La matriz del EZLN es una guerrilla diezmada en tiempos de Echeverría”
—Gilberto Guevara Niebla expresa su creencia de que la propia Secretaría de la Defensa “fue víctima de las maniobras de Gobernación” ¿Tiene sustento esta versión?
—Tiene el sustento de que lo diga Guevara Niebla, uno de los dos líderes fundamentales del movimiento del 68, un hombre de gran seriedad analítica y una integridad personal a toda prueba (El otro líder fundamental del movimiento fue Raúl Alvarez Garín)
—La represión del 71 arrojó más dudas sobre el papel de Echeverría en el 68 y dividió a la élite intelectual ¿Se vale vincular el 68 y el 71? ¿Cómo ve el papel de los intelectuales en el régimen de Echeverría?
—El 68 y el 71 son secuencias del mismo proceso La represión del 10 de junio de 1971 acabó de radicalizar a los sectores heridos del 68 Terminó de convencer a muchos de que no había camino legal para la transformación política del país y los lanzó a la guerrilla La apertura democrática echeverrista no dividió, sin embargo, a los intelectuales los atrajo Cosío Villegas reconoció que empezaba a respirarse un ambiente de libertades públicas en el país Octavio Paz dijo en algún momento que Echeverría le había devuelto la transparencia a las palabras
Puntualiza: “Muchos intelectuales aceptaron trabajos en el gobierno de Echeverría, y muchos otros aceptaron otras cosas Luego, con los excesos y las equivocaciones, cayeron los velos, se dividieron no sólo los intelectuales, sino muchos otros sectores del país; los empresarios vivieron con los pelos de punta, y los periodistas independientes fueron golpeados frontalmente con el caso Excélsior Todo terminó como suelen terminar los sexenios presidenciales desde entonces: con la satanización del expresidente y la consagración del nuevo presidente”
—Algunos analistas ven la reaparición de Echeverría en el contexto de los reacomodos de los grupos priístas de cara a la sucesión del 2000 ¿Cómo la interpreta usted?
—Cualquier cosa puede escapársele a Echeverría, menos las implicaciones del momento político que vive el país Las reglas han cambiado y él parece dispuesto a probar las nuevas reglas Esas reglas son todo lo contrario de las que resumió alguna vez Fidel Velázquez: “El que se mueve no sale” En el México de fin de siglo las cosas son al revés: “El que no se mueve, no sale” Echeverría se está moviendo
Recuperar la verdad
En 1967, Enrique Semo era secretario del Partido Comunista en el Distrito Federal y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM Relata que tuvo que dejar el país ese año y que se fue a Berlín, desde donde tuvo noticias del movimiento estudiantil
“Fue uno de los primeros movimientos que no giró alrededor de caudillos, con órganos de decisión que fueron realmente plurales y con la participación de una gran cantidad de personas Por eso creo que hay que llevar ante la Comisión 68 no sólo a los personajes oficiales y a los líderes estudiantiles, sino a muchos otros participantes”
Cree que la Comisión 68 puede ser positiva “si se toma como objetivo reconstruir la verdad y no se transforma en una plataforma para lanzar ataques personales Lo que México necesita es la recuperación de la verdad, y para ello no hay más que un camino: hurgar en todas las fuentes que nos puedan aportar los datos que faltan para reconstruir ese enorme rompecabezas que fue el 68”
Respecto del desempeño de Echeverría entonces, comenta:
“La Secretaría de Gobernación tuvo un papel importante en relación con el trato al movimiento estudiantil Pero estoy convencido de una cosa: en aquel entonces México tenía un sistema presidencialista —del que aún quedan vestigios—, un régimen en el que todas las decisiones fundamentales las tomaba el presidente de la República; y además de esto, hay un gabinete, y los secretarios se reúnen y deciden sobre estos temas; yo no recuerdo que ningún secretario haya renunciado o se haya opuesto públicamente a las decisiones que se estaban tomando”
Por lo tanto, enfatiza, “fijarse en responsabilidades personales puede desviar el trabajo de la Comisión, cuyo papel debe ser restablecer la verdad en toda su complejidad como parte del enjuiciamiento de un sistema político que estamos reformando todos hoy en día, incluso el PRI De manera que sería negativo, y hablo aquí como historiador, centrar las búsquedas alrededor de tal o cual personaje”
—Hay testimonios de que la sucesión presidencial rebotó en el movimiento del 68 y de que Echeverría maniobró para incriminar a sus adversarios políticos
—Había una lucha muy dura alrededor de la sucesión, como es típico del sistema priísta cuando se agota un sexenio, pero no tenemos datos suficientes para saber en qué forma esto impactó al movimiento Lo que tenemos que hacer en primer lugar es abrir los archivos, y luego contraponer testimonios; qué bueno que Echeverría rinda el suyo; ojalá otros funcionarios de entonces sigan el ejemplo
—¿Espera usted que Echeverría diga la verdad ante la Comisión 68?
—Considero que él se comportará políticamente; es decir, como lo han hecho todos los políticos mexicanos, va a reservarse aspectos fundamentales de los sucesos en la medida en que pueda hacerlo, en la medida en que no sea confrontado con informaciones de otras fuentes que lo incriminen
“Y tomando en consideración la vieja tradición del secreto y el poco respeto por la verdad ante la ley que ha habido en el sistema político mexicano, creo que la única manera en que la Comisión puede utilizar bien las declaraciones que va a recibir es poniendo a investigadores profesionales que confronten los testimonios contradictorios sobre hechos fundamentales y llamen de nuevo a declarar cuando sea necesario”
Un monstruo sin fisuras
En los meses del movimiento estudiantil, Monsiváis dirigía “La cultura en México” del semanario Siempre!; ahí se publicaban materiales de Marcuse, sobre el mayo francés, sobre la protesta de los estudiantes norteamericanos El cronista recuerda su experiencia del 68:
“José Emilio Pacheco estaba en Inglaterra, y Fernando Benítez fuera de la ciudad, inmerso en uno de sus libros sobre los indios Me tocó coordinar ‘La cultura en México’, de Intelectuales y Artistas en Apoyo al Movimiento Estudiantil, comité que publicó un buen número de manifiestos, entre ellos el primero de protesta por la matanza de Tlatelolco Además, por indicaciones del rector Barros Sierra, producía el programa del movimiento en Radio Universidad, y escribía los sketches de El cine y la crítica, una serie paródica también en Radio Universidad, donde nos burlábamos o intentábamos burlarnos de las Fuerzas Vivas y el discurso gubernamental
“Como se ve, estuve inmerso en el 68 y mi experiencia mezcló entusiasmo, júbilo, represión y miedo Recuerdo las interminables conversaciones, el entusiasmo participativo de intelectuales jóvenes (Carlos Pereyra y Rolando Cordera, entre otros), las colaboraciones de Pablo González Casanova y Víctor Flores Olea, el clima general de resistencia Lo que no diré es que nunca nos sentimos más libres que entonces, porque el ánimo estaba filtrado o controlado por la paranoia ¡Ay, esos diálogos telefónicos en que no entendíamos nada, ocupados en decepcionar el espionaje!”
—A casi 30 años de distancia, hechos y personajes del 68 siguen presentes de alguna manera en la conciencia nacional ¿A qué atribuye usted esa vigencia? ¿A la fuerza de los enigmas, a nuestra disposición conmemorativa?
—La perdurabilidad del 68 se explica por un cúmulo tal de factores que no es posible la respuesta satisfactoria a pedido Entre otras cosas, el 68 es la experiencia fundamental de una generación, resentida de distintas maneras, pero con orgullo muy similar: es el primer movimiento moderno de radicalización estudiantil, acorde con los sucesos de París, de las universidades norteamericanas, de Londres, de Praga; es una gran experiencia capitalina que durante dos meses informa a la ciudad entera con marchas y brigadistas, y la novedosa protesta de clases medias
Es también “la sensación de hazaña que viven y divulgan los activistas de la UNAM, el Politécnico, las Normales, los estudiantes de Arte Dramático del INBA, los deportistas universitarios, incluso estudiantes de secundaria, que valoran enormemente su resistencia a los poderes, por transitoria que sea Insisto en la sensación de hazaña porque algo tan irrecapturable a la distancia es elemento clave en 1968 Los estudiantes se enfrentan al aparato estatal, a las campañas de difamación, a la represión múltiple (los ejemplos del joven a quien un policía mata a balazos por la espalda mientras hace una pinta a favor del movimiento, los excursionistas linchados en agosto de 68 en San Miguel Canoa como ‘estudiantes sacrílegos’) El movimiento genera un impulso épico que la matanza encumbra y petrifica”
El 68 es todo eso —apunta el autor de Días de guardar, que recoge sus crónicas de ese periodo—, “y es la figura del presidente Gustavo Díaz Ordaz que le da rostro al autoritarismo colérico y bárbaro, y es, sobre todo, el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, con las imágenes de la multitud indefensa y pacífica a la que —provocación policiaca mediante— se ametralla con furia El repertorio de la tragedia está en la memoria de todos: la luz de bengala, el desconcierto, los gritos de heridos y moribundos, los detenidos en el Campo Militar, los muertos en la morgue, los desaparecidos, la gran sensación de inermidad, todo lo dado a conocer desde 1970 en el extraordinario recuento de Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco, uno de los libros históricos de este siglo mexicano”
Al arraigo del 68 “lo explica su sitio privilegiado en el árbol genealógico de la disidencia en México, y la impunidad que rodeó y sigue rodeando a la matanza Una parte fundamental del 68 son los actos grotescos del Poder Judicial, que efectúa y exalta los procesos más amañados y canallescos que se conocen Si 68 es el heroísmo y la tragedia y la alegría juvenil y el descubrimiento de la capacidad de resistencia, también es el espectáculo del horror cortesano del PRI, del Poder Legislativo, de la mayoría de las publicaciones (salvo Excélsior, Siempre! y Por qué?), la radio, la televisión, los empresarios, las agrupaciones de profesionistas, la derecha, etcétera”
Recuerda un dato olvidado del 68, “las movilizaciones siniestras”:
Una concentración de la ultraderecha con el lema “San Baltazar contra los traidores”, los cientos de desplegados infames, la reunión de la CNC en Bellas Artes, donde el dirigente Augusto Gómez Villanueva le promete a Díaz Ordaz: “Los campesinos de México nos armaremos para defenderlo a usted, Señor Presidente”, y así sucesivamente “Si el 68 admite algo parecido a una síntesis, ésta tendría que ver con los vislumbres de la sociedad civil (nunca muy claros, porque la palabra totémica del 68 no es democracia, sino revolución —así andábamos todavía) y con la muerte de cualquier impulso generoso de la Revolución Mexicana, entonces ya casi una fantasmagoría, pero sin el certificado de defunción apropiado”
—En la memoria colectiva, Díaz Ordaz es el gran represor del 68, pero al paso de los años se ha señalado a otros funcionarios de entonces, destacadamente a Echeverría; ¿cómo juzga usted el papel de Echeverría?
—No se requirió el paso de los años Desde hacía tiempo se sabía de la actitud rígida, de la intolerancia del secretario de Gobernación, ya partícipe de otras represiones (al movimiento médico en 1965, a las universidades de Sonora y Michoacán, ocupadas militarmente) De no intervenir decididamente en la represión, Echeverría ni conserva el puesto ni es elegido sucesor Reprimir era actuar conforme a la lógica del sistema y era adquirir voz en la perspectiva de Díaz Ordaz
En el 68, “Echeverría, Alfonso Corona del Rosal (jefe del Departamento del Distrito Federal), el procurador general de la República, el secretario de la Defensa, el secretario de Educación Pública (Agustín Yáñez), todos, de acuerdo con sus responsabilidades, colaboraron en el exterminio del movimiento Y del mismo modo procede cada uno de los funcionarios Es todo el régimen, como un monstruo sin fisuras Dos grandes excepciones: el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra —el garante moral de la legitimidad del movimiento—, y el embajador en la India, Octavio Paz”
—A Echeverría se le catalogó sobre todo como “demagogo populista” ¿Se puede esperar de él otro ánimo declarativo a propósito del 68?
—¿Qué podría declarar el expresidente? Sin recurrir al Tarot, ni ser telépata, métodos humildes del entendimiento de la política, es anticipable el discurso: “En 1968, como en cualquier otro año de nuestra vida republicana, cumplimos con la ley en seguimiento de las ordenanzas constitucionales, que no me dejarán mentir También, dimos cabida a los mejores impulsos del Tercer Mundo, sin otro fin que acatar el espíritu y la letra del artículo Tercero Constitucional” Eso, o cualquiera de sus también previsibles variantes