El bienestar para la familia, en algún momento del siglo XXI
Zedillo ante su segundo informe: ni promete ni se compromete y todo lo deja para un vago futuro
Carlos Acosta Córdova
Asediado por hechos violentos y frente a una sociedad que se debate, según él mismo reconoce, entre el desaliento y la desesperanza —porque las economías familiares no mejoran; por la inseguridad pública, la corrupción y la impunidad; por el narcotráfico; los crímenes políticos no resueltos; los titubeos del gobierno por todo lo que está pendiente—, el presidente Ernesto Zedillo rinde hoy su segundo Informe de Gobierno, justo a 21 meses de que tomó posesión del cargo
El 1¼ de diciembre de 1994, apenas fue puesta en el pecho la banda tricolor, el presidente inauguraba un nuevo estilo, que saltó de inmediato: llano, directo, sin prolegómenos de una pretendida visión internacional, ni el ánimo ufano de hacer el gran análisis de causas y circunstancias En el extremo opuesto, pues, de Carlos Salinas de Gortari
El país no andaba del todo bien y no estaba para discursos Ernesto Zedillo fue al grano: “Millones de mexicanos viven en una pobreza que indigna a la nación”, dijo la mañana de ese día, en la sesión solemne del Congreso, en que formalmente asumió la titularidad del Poder Ejecutivo
México, dijo entonces, vive una criminalidad extendida; es frecuente la violación de las garantías individuales y de los derechos humanos, y hay una grave inseguridad pública
Un salto mortal pareció experimentar el país en la ceremonia de transmisión de poderes: del país de las glorias y los éxitos, del 1¼ de noviembre de 1994 —último informe de gobierno de Carlos Salinas de Gortari—, al país de las cuentas pendientes, del 1¼ de diciembre del mismo año
El diagnóstico del nuevo presidente fue duro:
—”La pobreza persiste en todo el territorio nacional”
—El ánimo de los mexicanos está ensombrecido: “por la violencia en Chiapas”, por las condiciones de “profunda injusticia y por las condiciones de miseria y de abandono que abonaron esa violencia”
—El progreso económico no ha llegado al hogar de cada mexicano
—”En los últimos años, sobre todo en los últimos meses, hemos vivido un creciente clima de zozobra e inseguridad”
—”Hemos sufrido grandes crímenes públicos que no han sido del todo esclarecidos”
—”Hemos padecido violencia cotidiana y un deficiente desempeño de las instituciones encargadas de la seguridad pública y de la procuración de justicia”
—Muchos de los ilícitos cotidianos “son cometidos por quien debería vigilar el cumplimiento de la ley”
—”Es intolerable la impunidad del narcotráfico”
—En las instituciones encargadas de la procuración de justicia es “donde la incompetencia, la corrupción y la ruptura institucional son más frecuentes y de mayor daño para la seguridad de las personas”
—”Los avances democráticos son aún insuficientes”
—No hay equilibrio entre el régimen presidencial y los demás poderes de la Unión
No obstante la dureza del diagnóstico, los compromisos del nuevo presidente para enfrentar los problemas, no parecieron contundentes Por ejemplo, en materia de combate a la pobreza, sólo dijo —sin explicitar nada ni anunciar programas— que se combatiría impulsando la educación y la capacitación para el trabajo; haciendo accesible la justicia a quien más lo necesita; que se rompería el círculo vicioso de enfermedad, ignorancia, desempleo y pobreza “en que están atrapados muchos mexicanos”
De las pocas acciones específicas que anunció en su primer mensaje a la nación, una fue la relacionada con el caso Chiapas Allá, dijo, “no habrá violencia por parte del gobierno y confío en que tampoco la habrá de quienes se han inconformado” Y ratificó que “el Ejército Mexicano mantendrá unilateralmente el cese al fuego Buscaremos, por todos los medios, llegar a un arreglo fincado en la concordia, la democracia y las oportunidades de desarrollo con equidad”
Respecto de los asesinatos políticos —que “han lastimado hondamente a la ciudadanía, han sembrado inquietud y sombra de duda en algunas instituciones y han dividido a los mexicanos”—, Zedillo fue más puntual: “En este momento doy instrucciones precisas al procurador general de la República para que intensifique con todo rigor las investigaciones, e informe a la opinión pública de cada avance, hasta su conclusión No descansaremos hasta que se haya hecho justicia”
Formulado el diagnóstico, anunciadas algunas medidas, el presidente estableció sus compromisos En lo económico: “Lograr condiciones dignas en la vida de cada familia mexicana El progreso económico sólo tiene sentido si llega al hogar de cada mexicano” También, prometió que la economía crecería de manera sostenida, a un ritmo mucho mayor que la población
En lo social: “Mi mayor deber y mi más firme compromiso es la lucha contra la pobreza en que viven millones de mexicanos” En la impartición de justicia: “Emprenderemos una honda y genuina reforma de las instituciones encargadas de la procuración de justicia () para hacer frente a la extendida criminalidad, a la frecuente violación de garantías individuales y derechos humanos, y a la grave inseguridad pública”
En lo político: “Construiremos un régimen presidencial mejor equilibrado por los otros dos poderes” Y: “Estaré en diálogo permanente con todas las fuerzas políticas y sujeto al escrutinio de la libre crítica ciudadana”
DIAGNOSTICO PESIMISTA
Luego de un año y nueve meses de gobierno, en medio todavía de las secuelas de la mayor crisis económica —”de proporciones que no hemos conocido, por lo menos en el pasado reciente de nuestro país”, le dijo Zedillo a Joaquín López-Dóriga—, el presidente ha dibujado públicamente una situación no muy diferente a la que expuso entonces
Un diagnóstico severo, en muchos casos aun más grave y pesimista que los que hacen sus críticos, se desprende de sus declaraciones públicas recientes, sobre todo en entrevistas transmitidas por la televisión, concedidas a López-Dóriga y a Jacobo Zabludovsky:
En lo económico:
—Con la crisis, se ha perdido un poco la esperanza y el ánimo “Sentir que se pierde el empleo del padre de familia, de la madre, que ya no alcanza el salario para lo más elemental, bueno, esa debe ser una razón clara —y lo fue y lo ha sido— de desesperanza y de desaliento”
—Se han perdido miles de empleos “Es algo terriblemente doloroso, que tiene una expresión concreta en el sufrimiento de personas, de familias, en los niveles de vida y particularmente de los que menos tienen”
—Fue un hecho “gravísimo” la caída de casi 7% del producto interno bruto (PIB) en 1995 Esa caída, que fue mucho mayor —hasta de 25%— en los primeros meses del año pasado, “quiere decir que se despidieron obreros que estaban empleados en las fábricas, que se despidieron empleados; que los salarios reales disminuyeron; aun los que tuvieron trabajo recibieron menos en términos de productos básicos, menos en términos de boletos de transporte público, para subsistir Las cifras, las estadísticas no nos dicen nada Finalmente, lo que nos dicen es el sufrimiento y la angustia de la gente”
Sobre la inseguridad pública:
—A pregunta de Joaquín López-Dóriga, el presidente Zedillo aceptó que frente a la inseguridad pública, “siempre queda una sensación de ultraje, de rabia, de impotencia” Dijo Zedillo: “Es uno de los problemas más graves que estamos enfrentando y sufriendo todos los mexicanos Es uno de mis mayores temas de preocupación y de ocupación como presidente de la República, y parto del reconocimiento de la gravedad de la situación”
De plano, dijo: “Estamos viviendo el peor momento en muchas décadas en ese sentido, y además con un país ya muy grandote, lo cual magnifica los propios problemas”
Las causas, según el presidente: “Desgraciadamente nuestro marco jurídico no estaba adecuado a las condiciones de criminalidad e inseguridad que ahora hemos estado viviendo () La ley les estaba dando (a los presuntos criminales) amparos o jugando con conceptos como la flagrancia, y los delincuentes estaban aprendiendo a utilizar la ley para cometer el crimen, y luego ampararse en la ley para ser realmente intocables Estamos cambiando el marco jurídico”
Y pese a lo que se ha avanzado, el presidente admitió: “Tenemos un problema muy grave —y soy el primero en reconocerlo— en las instituciones que supuestamente debieran con toda eficacia velar por la seguridad pública y perseguir los delitos Tenemos instituciones que se nos quedaron chicas, obsoletas, que se nos han corrompido en una parte importante, y que por lo mismo no funcionan satisfactoriamente”
En suma: “Tenemos unas instituciones francamente inadecuadas para garantizar esa seguridad pública y para perseguir los delitos” Además, dijo el presidente a Jacobo Zabludovsky, debe reconocerse que quienes están encargados de las tareas de seguridad pública “con frecuencia no tienen el suficiente profesionalismo, el suficiente estímulo ni la suficiente protección para realizar su trabajo”
Por si eso fuera poco, dijo, “con frecuencia también encontramos prácticas muy graves de corrupción que se traducen —y esto es lo más delicado— en una colusión con las propias fuerzas criminales”
Lo peor de todo, reconoce el presidente, es que no hay, ni en el gobierno federal ni en los gobiernos estatales, los recursos suficientes para resolver pronto, y a fondo, el problema de inseguridad pública
Y justo sobre el tema de la corrupción, el presidente aceptó que aunque “es falso que todo esté corrupto” (sic), “nuestro país vive ciertamente, sufre muchos actos de corrupción; es un fenómeno que desgraciadamente tiene raíces muy profundas en las instituciones y en la propia conducta social, y es algo que debe combatirse sistemática y sistémicamente”
Además, dice, “debemos ser totalmente objetivos y decir y reconocer que no tenemos todavía las instituciones, las personas ni la cultura en la sociedad para poder lograr los resultados que queremos”
Sobre el narcotráfico:
El combate al narcotráfico —”mal terrible”, “la plaga contemporánea más grave”— está acotado por serias limitaciones “¿Y cuáles son esas limitaciones?”, se pregunta el presidente y responde: “Bueno, que tenemos instituciones que se nos quedaron pequeñas e, incluso, se nos dañaron en el camino para hacer frente a un problema tan grave”
Además, “tenemos problemas o teníamos problemas en las leyes, un marco jurídico que tenía una bola de agujeros por donde los narcotraficantes se nos metían, de tal manera que cuando se les arrestaba veíamos que al poco tiempo estaban otra vez en la calle cometiendo sus fechorías ¿Por qué? Porque la ley era pensada para delincuentes comunes y corrientes, no para personas de esa calaña, ni para la gravedad del crimen que cometen”
Sin ambages: “El narcotráfico nos penetró a niveles secundarios en las propias instituciones, porque no pasa mes en que no se arreste a un policía, que de alguna manera u otra ha sido cómplice del narcotráfico, y esto es terrible, porque se supone que tenemos un instrumento, pero si ese instrumento nos lo está limitando, afectando, pudriendo el propio narcotráfico, pues estamos en una situación difícil”
Sobre el caso Colosio:
“Ha sido una situación muy difícil en el proceso de investigación La fiscalía acaba de tener un descalabro, porque una de las personas (Othón Cortés) que presuntamente estaban implicadas en este hecho (el asesinato de Colosio), fue absuelta por un juez, decisión que tiene que respetar el Poder Ejecutivo”
Dijo el presidente a Jacobo Zabludovsky: “El único camino que tenemos por delante es seguir honrando los objetivos originales: la búsqueda de la verdad y la búsqueda de la justicia Todo esto, por supuesto, dentro del marco jurídico que nos rige”
Dentro de este panorama, acaso lo que no ha tenido un tratamiento tan grave y hasta pesimista por parte del presidente Zedillo, es el aspecto político A sus entrevistadores televisivos habló optimista de cómo se va logrando su propósito de establecer un verdadero sistema democrático “Desde el inicio del gobierno convoqué a la reforma política; dialogamos desde el inicio con todos los partidos políticos; fue un proceso accidentado y difícil, pero que finalmente llegó a concluir en una etapa muy importante, con la reforma constitucional recién aprobada”, dijo
LAS GRANDES METAS
A la hora de hacer diagnósticos, Ernesto Zedillo ha sido puntual y severo en todo momento Lo mismo como candidato presidencial que como jefe del Ejecutivo; y con esta investidura, lo fue al principio de su mandato, en la cúspide de la crisis, y lo es incluso ahora: no concede, hace a un lado las contemplaciones y le gusta “hablar con la verdad, por cruda y descarnada que sea”
En cambio, a la hora de definir propósitos y metas para hacer frente a los diagnósticos, sucumbe ante las circunstancias y sus pronósticos son variables; cambian, incluso con el ánimo Si entre el presidente Zedillo de los primeros días y el presidente Zedillo de ahora hay enormes diferencias, entre el candidato y el presidente de hoy existe un verdadero abismo, cuando de metas y compromisos se trata
En efecto, el candidato Zedillo consideraba que al finalizar este siglo, México tendría —con él al mando del gobierno— una economía fortalecida, con pleno bienestar para todas las familias mexicanas Su gobierno se dedicaría a continuar y consolidar la obra modernizadora de Carlos Salinas de Gortari Su lema de campaña fue el “bienestar para la familia”
Tan bien se había conducido la economía del país, decía, que ya había llegado el momento de pasar de la estabilidad y el ajuste a una decidida política de fomento a la inversión y el crecimiento económicos “Hoy ha llegado el momento de pasar del énfasis macroeconómico a la transformación microeconómica”
Estaba convencido de que desde el primer año de su gobierno —si el voto lo favorecía— se recobraría la senda del crecimiento Su estrategia económica, decía, permitiría que en 1995 el PIB creciera “a un ritmo de por lo menos el doble de la tasa de crecimiento de la población” Y, sin empacho, prometía: “Con más inversión y más exportaciones, llegaremos a crear el próximo sexenio el millón de empleos anuales que la población demanda”
En cada una de sus propuestas, de sus metas, el candidato remataba: “Sabemos cómo hacerlo y juntos lo vamos a hacer”
No muy distante de esas percepciones, en su toma de posesión, el presidente Zedillo decía: “Ahora que podemos construir un México más próspero debemos y podemos hacerlo, también, un México más justo”
Grandes metas soñaba el recién investido: “Hay ante nosotros un elevado proyecto de país; un propósito firme de que el bienestar de México sea el bienestar de todos los mexicanos; de que el progreso de México sea el progreso de todos los mexicanos; de que la grandeza de México sea la grandeza de todos los mexicanos”
Y no había que esperar mucho: “Ese México próspero y justo en que soñamos, está a nuestro alcance Que se diga de nosotros que nos atrevimos a soñar muy alto y supimos convertir ese sueño en realidad”
EL BIENESTAR QUE SE ALEJA
Diecinueve días duró el sueño Decisiones económicas que propiciaron la más abrupta de las devaluaciones y la crisis económica más severa, acabaron con él El México de economía sólida y estabilidad política desapareció El presidente empezó a cancelar el presente bonancible y el futuro promisorio que auguraba De hecho, el “bienestar para la familia” empezó a tener una connotación de mayor lejanía
Para finales de mayo de 1995, cuando presentó el Plan Nacional de Desarrollo, Zedillo ya no hablaba de metas para el fin de este siglo Pedía, lejanos ya los días de optimismo: “Debemos elevar las miras y ver más lejos Ver por los frutos que habrán de recoger nuestros hijos y pensar en las tareas que les esperan a ellos”
De entonces a la fecha, ese discurso fue la constante, recrudeciéndose en las semanas recientes Al grado de que, en las entrevistas con Joaquín López-Dóriga y Jacobo Zabludovsky —11 y 25 de agosto, respectivamente— el presidente fue contundente: de las grandes metas originales —el bienestar familiar, por ejemplo—, los mexicanos de hoy nada deben esperar
La mejoría económica, en los bolsillos, no la veremos este siglo: si bien es cierto que la emergencia económica “está superada, está vencida”, también es cierto —le dijo Zedillo a Zabludovsky— que el inicio de la recuperación que ya se está registrando, “de ninguna manera se va a traducir en el bienestar que queremos para todos los mexicanos, ni mucho menos vamos a recuperar lo perdido en la crisis, y mucho menos aún nos vamos a recuperar del rezago que históricamente ha acumulado el país”
Lo mismo le dijo, la noche del viernes 30, al conductor de Televisión Azteca Sergio Sarmiento
Y antes a López-Dóriga: “Es la decisión nacional de incurrir en un sacrificio presente, pensando en el futuro Es decir, vamos a consumir un poquito menos hoy, vamos a invertir ese ahorro para tener una mayor capacidad productiva y entonces el día de mañana tendremos mayores ingresos; junto con eso, está la estructura económica”
Para los problemas de inseguridad pública, las soluciones de fondo también vendrán mucho después Pero se está trabajando ya, dice el presidente: “Por un lado, con una visión de largo plazo, preparando gente que nutra a las instituciones y tener un mejor recurso humano; y, por otro lado, castigando, depurando, eliminando a aquellos elementos de las instituciones que pensamos que no pueden hacer bien su trabajo”
Todo, pues, para el mañana o para el pasado mañana Y el presidente lo dice así, sin tapujos ni rubor En una de las entrevistas por televisión, dijo que el arte de gobernar no es el arte de la retórica y de la promesa, sino que es algo más grave, serio y complejo:
“El arte de gobernar es, sobre todo, asumir plenamente la responsabilidad con una visión de largo plazo y eso creo que entra en conflicto con una visión populista de gobernar para que la gente se sienta hoy contenta, pero sin pensar qué va a pasar con esa misma gente el día de mañana o pasado mañana”
Decidido a cancelar mejores posibilidades para el presente de los mexicanos, Ernesto Zedillo remata: “Como presidente de la República, tengo que pensar, antes que nada, con una visión de largo plazo; no puedo pensar en el hoy o en el nada más mañana; tengo que pensar lo que yo creo que le preocupa a muchos mexicanos, a los padres de familia, y en qué va a ser México en 10, 15 o 20 años Y es lo que tengo que tratar de conciliar, y a veces el resultado es que no estamos tomando decisiones populares de corto plazo”
No hay de otra: todo, pues, para el mañana
EL PRESENTE COMPLICADO
Y mientras el presidente planea para un futuro lejano, vuelven al país las horas de intranquilidad y confusión: el Ejército Popular Revolucionario ataca con violencia espacios militares y policiacos en varios estados de la República; la Iglesia, en pleno activismo, impugna acciones gubernamentales; Manuel Camacho Solís regresa a los reflectores con un amparo contra la ley que, dice, le cancela aspiraciones políticas; la esposa del secretario del procurador Lozano sufre un sospechoso intento de robo, tiroteo de por medio, frente a su domicilio; el caso Colosio entrampa otra vez al gobierno, que no acierta a designar nuevo fiscal especial en fin, regresa el nerviosismo a los mercados financieros
Con todo encima, el presidente rindió su segundo Informe de Gobierno








