Córdoba envió a Colosio 14 cuartillas para su discurso del 6 de marzo; el candidato tachoneó y trituró 12 y se quedó con

En los últimos días de febrero de 1994, cuando Manuel Camacho eclipsaba con su desempeño en Chiapas la campaña presidencial priísta, descrita a menudo como “desangelada”, Luis Donaldo Colosio recibió en su despacho del PRI un envío del poderoso jefe de la Oficina de la Presidencia, José Córdoba Montoya
Se trataba de un proyecto del discurso que Colosio pronunciaría el 6 de marzo, como motivo del 65 aniversario del PRI, y que —”como era obvio”— proponía reiterar la tesis del liberalismo social del salinismo
El candidato, que como líder del PRI y como secretario de la Sedesol a menudo recibía “sugerencias” de Córdoba, “al ir leyendo el texto, con su Mont Blanc en la mano izquierda y con tinta color sepia, su color favorito, fue tachoneando párrafos con cruces”
El perredista Andrés Manuel López Obrador, que cita este episodio en su libro Entre la historia y la esperanza, atribuido al coordinador de Proyectos Especiales de la oficina del candidato, Ignacio Rodríguez Castro, considera que la actitud de Colosio y el discurso que pronunció en el Monumento a la Revolución el 6 de marzo “precipitaron la ruptura con los hombres de Los Pinos”
“Fue un claro mensaje para Córdoba y Salinas, en el sentido de que Colosio había decidido independizarse de ellos y, por lo tanto, deben rendir sus testimonios a propósito del crimen de Lomas Taurinas”
Rodríguez Castro, asesor de Colosio desde 1988, confirma en entrevista con Proceso la autenticidad de la versión, y detalla que fueron catorce cuartillas las que envió Córdoba el 22 de febrero, para que con ellas el candidato presidencial redactara el discurso del 6 de marzo
“La correspondencia de la Oficina de la Presidencia al PRI, primero, y a la Sedesol, después, era fluida”, revela Sin embargo, niega que el discurso haya sido el origen de una ruptura de Colosio con Carlos Salinas y José Córdoba, y que debido a eso se hubiera urdido el crimen
“Ese discurso nada tiene que ver con la muerte de Colosio Eso es absurdo Además, el discurso lo vio el presidente, y lo aprobó totalmente”, asegura
El extenso documento que leyó Colosio, produjo, desde ese día, diversas reacciones
“Se advertían actitudes de molestia por la actitud del candidato del PRI y especialmente por el discurso del 6 de marzo”, recuerdan Cesáreo Morales y Samuel Palma, miembros del equipo que redactaba los discursos de Colosio, en su libro Colosio, la construcción de un destino, editado este año
El candidato, escriben, supo de estas inquietudes entres los integrantes de su equipo de campaña, a quienes siempre frenaba: “No hay problema Mientras tengamos al presidente de nuestro lado, no hay de qué preocuparnos”
RECELO DE OPOSITORES
Algunas opiniones interpretaron en el discurso un deslinde con la política neoliberal instrumentada por el gobierno salinista Otras, sin embargo, fueron en sentido inverso:
Cuauhtémoc Cárdenas, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) a la Presidencia, evaluó el discurso ese mismo día: “Es una declaración convenida para efectos de propaganda política” Y juzgó que no significaba la ruptura con Salinas y Córdoba:
“El no ha roto con Carlos Salinas, no ha dicho cuál es su dependencia de José Córdoba Montoya y tampoco ha especificado en qué quieren que sean distintas las cosas”
El secretario general Partido Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón Hinojosa, se mostró escéptico sobre el mensaje, y declaró que “habría que preguntar al candidato presidencial priísta hasta dónde estaría dispuesto a reducir capacidades al presidente de la República y a disputar de manera democrática la candidatura”
Engallado, lo retó a disputar la candidatura con Manuel Camacho, en ese entonces en febril actividad que opacaba la campaña colosista
Otros partidos, como el PDM y el PVEM, calificaron el mensaje de Colosio como carente de credibilidad y no percibían, tampoco, indicios de que el candidato priísta hubiera roto con Salinas
Rodríguez Castro, el “asesor privado” de Colosio, que afirma haber atestiguado las sugerencias y recomendaciones que hacía Córdoba al candidato desde que era líder del PRI, asegura que efectivamente nunca hubo enfrentamiento con Salinas y Córdoba:
“El problema ideológico de Salinas con Colosio nunca existió, ni durante el sexenio ni durante la campaña Tampoco existió la manipulación de Salinas hacia con Colosio, ni la manipulación de Córdoba”
LAS “SUGERENCIAS”, A LA BASURA
En su libro, el perredista López Obrador cita lo siguiente sobre el envío de las sugerencias del poderoso asesor de Salinas:
El propósito de Córdoba era claro: que el futuro presidente de la República ratificara en el aniversario de su partido nada menos que el proyecto neoliberal de Salinas y, en consencuencia, toda la instrumentación de la política económica hecha por el mismo Córdoba
Lo que se pretendió con ese proyecto de discurso enviado a Colosio fue que ratificara en un día tan memorable para el priísmo, no sólo el proyecto económico, sino a sus autores: el presidente y su asesor Con ello, el futuro y la protección de ambos estaba asegurada
Sin embargo, Córdoba Montoya olvidó algo de gran trascendencia: Colosio ya no era empleado de Salinas ni de él, sino candidato a la Presidencia de la República
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Economista de 50 años de edad, priísta que se autodefine como “disciplinado, pero no domesticado”, autor de diversos libros sobre política y economía, Rodríguez Castro aporta más detalles de ese episodio
Aclara, sin embargo, que “esa síntesis, fruto de muchas pláticas con López Obrador, se acomoda de tal manera que se presenta una versión de intentos de manipuleo de parte de Córdoba a Colosio, lo cual no es cierto”
Asesor “directo y personal, digamos un estratega privado” de Colosio durante siete años, Rodríguez Castro cuenta que Colosio recibió, en su despacho del PRI, las 14 cuartillas enviadas por Córdoba para que elaborara el mensaje
El documento estaba escrito, como desde el inicio del sexenio, en la misma computadora, con el mismo tipo de letra, “con guioncitos y párrafos” Asombra aún al exasesor de Colosio que Córdoba haya enviado las recomendaciones con 13 días de anticipación “Estaba en casi todo, o en todo”, dice
Sentado delante del escritorio de su oficina, acompañado solamente por Rodríguez Castro, Colosio le comentó que el discurso del 6 de marzo debería, sobre todo, delinear su idea de la reforma del poder
“Necesariamente las notas de Córdoba no satisfacieron a Colosio, no era lo que él quería, porque hablaba de los temas clásicos en el vocabulario del sexenio: modernización, globalización, aterrizaje del proyecto macroeconómico
“Colosio fue viendo una por una las hojas, con mucho respeto y con mucho detenimiento, y sí, fue tachándolas Dijo no, no, no Tachoneó con grandes cruces Se quedó con dos de las 14 hojas y trituró el resto”, cuenta, gesticulando, Rodríguez Castro
—¿Trituró las hojas?
—Trituró las notas Habitualmente hacía lo mismo con todos los documentos confidenciales
—De lo que envió Córdoba, ¿qué conservó Colosio?
—No recuerdo, pero parece que había algunos conceptos políticos muy del tono de Salinas y él quiso conservar esos conceptos políticos básicos, como la parte social; en la parte política creo que sí hablaban del liberalismo social y la conservó también Esto no le disgustaba a Colosio
—Sobre las sugerencias de Córdoba, ¿qué comentarios le hizo Colosio?
—Que no era eso lo que él quería El quería un discurso de mucho aliento, con nuestro proyecto, quería ver reflejadas nuestras ideas y sobre todo que fuéramos hacia la reforma del poder
FUERON SALINAS Y CORDOVA
Pero el asesinato de Colosio, el 23 de marzo, en Lomas Taurinas, Tijuana, volvió a recordar el discurso del 6 de marzo, y aun se interpretó como el móvil del crimen A un año, las sospechas crecieron
El senador perredista Guillermo del Río Ortegón, miembro de la comisión senatorial que da seguimiento a las investigaciones del caso, atribuyó el crimen al discurso del 6 de marzo:
“A Colosio lo mataron por haber definido la política que conviene a México en aquel discurso del 6 de marzo en el Monumento a la Revolución Esa definición puso a temblar a quienes, en este país, conservan el poder”
Del homicidio culpó a Salinas: “Todo apunta a él como el principal sospechoso de la autoría intelectual”
Cauto, el presidente de esa misma comisión del Senado, Angel Guerrero Mier, frenó: “No se vale especular con nombres”
ZEDILLO, SITIADO
En el equipo de campaña de Colosio, distingue Rodríguez Castro, había tres categorías Una, “los clásicos, los herederos”, los que estudiaron con él en el Tecnológico de Monterrey o en Estados Unidos Otra que integraban periodistas, intelectuales, artistas que él mismo se procuraba como parte de su trabajo político ya en campaña, y a la tercera categoría pertenecían los que lo conocieron desde que fue diputado y senador, o que trabajaron con él, muy de cerca, desde la campaña de Salinas y hasta la suya propia
Los del “tercer círculo” se caracterizaban, como hasta ahora, por su protagonismo, “se sentían, se sienten, dueños de los secretos del candidato y a cada rato comentan o escriben esas percepciones de sociología barata y que a mí, que lo conocí, me dan risa”
Por su lado, “los clásicos se sentían dueños de Colosio desde el PRI, en Sedesol y desde luego como candidato presidencial y como futuro presidente Estos colosistas clásicos hicieron una costra en torno a Colosio, y son los que ahora andan arrastrando su cadáver para reclamar justicia”
—¿Soberanes, Hopkins, Palma?
—No, no digo nombres Pero eran realmente quienes le tapaban el trabajo al coordinador general de la campaña, Ernesto Zedillo; ellos fueron los que se apoderaron de la campaña, quienes prácticamente tenían bloqueado a Zedillo por todos lados Con gran generosidad y calidad política, su secretario particular, Alfonso Durazo, se encargaba de conectar rápidamente a Zedillo con el candidato
—¿La carta que le envía Zedillo a Colosio, el 19 de marzo, tiene que ver con esto?
—Yo no conocí la carta, pero refleja exactamente los problemas que tenía Zedillo para tener una comunicación más constante y fluida con el candidato, porque los colosistas clásicos le tapaban las puertas Se sentían dueños de Colosio, creían que era su patrimonio, su bebé
—¿Quiénes son?
—No, sólo hay que ver quiénes estudiaron con él
“Los afectados y los no afectados han querido construir la historia a la medida de sus propias percepciones Eso ha dañado a un hombre íntegro, capaz y patriota como Zedillo, y creo que han lastimado bastante injustamente a Salinas y Córdoba”
—¿Pareciera que usted es salinista?
—No, ni lo conocí Soy colosista de principio a fin Mi destino político estaba ligado a Colosio, y al morir él, ahí se quedó ¿Se imagina usted lo que eso significa para la vida política de un hombre?
Colosio, cuenta, prometió hacerlo diputado federal en las elecciones próximas Se había ligado a él por recomendación de su amigo Esteban Moctezuma, exsecretario de Gobernación, durante la campaña de Salinas
COMO CALLES, UN NUEVO PARTIDO
Rodríguez Castro explica los planes que Colosio tenía para el futuro, y que López Obrador releva en su libro Entre la historia y la esperanza:
Colosio tenía muy clara la visión del verdadero cambio que necesitaba México, particularmente en lo económico, lo político y lo social Sus asesores más cercanos, no los que aparecían públicamente como tales, tenían un nuevo diseño para recomponer a fondo el sistema político mexicano
El eje central de esta propuesta era la llamada reforma del poder, que tenía como propósito la redistribución del mismo entre los nuevos actores políticos, económicos y sociales del México moderno El sonorense se proponía repetir la hazaña de su paisano Plutarco Elías Calles, sustituyendo al PRI con un nuevo partido, que al igual que entonces, incluyera a todas las fuerzas sociales y políticas que operaban en el México contemporáneo y que ya no participan en el PRI, sino al contrario, lo combaten
Colosio en su discurso iba tomando sutilmente ideas básicas de los partidos opositores, en especial del PRD Incluso en alguna declaración pública el ingeniero Cárdenas insinuó que Colosio se apropiaba de alguna de las líneas de su propuesta política Esto no era falso La realidad es que se buscaba ir coincidiendo con los posibles protagonistas de un nuevo y gran partido, capaz de proyectar al sistema político mexicano hacia el año 2000
El propósito era que una vez tomado el poder, Colosio convocara a todas las fuerzas políticas de la nación a construir un nuevo gran partido, porque estaba seguro que México no sólo funcionaba históricamente como país de un solo hombre, sino también como país de un solo gran partido
Una de las fuerzas que Colosio pensaba que podrían integrarse al nuevo gran partido era precisamente el PRD Desde luego invitaría a otros partidos, incluso al PAN Sin embargo, no creía que el PAN aceptara, porque representaba una corriente conservadora
—¿Otro partido de Estado? —se le pregunta a Rodríguez Castro, quien asegura ideó ese plan que sedujo a Colosio
—No, esta vez más que partido de Estado iba a ser un partido de la sociedad
La idea era que, llegado el momento, convocara a líderes naturales, dirigentes de organizaciones independientes, obreras, estudiantiles, campesinas, las ONG, identificados todos durante la campaña
“Esa fue la parte no publicada de la campaña”, revela Rodríguez Castro, quien dice que Colosio no tuvo problemas con Manuel Camacho, estima que éste tenía también cabida en el proyecto del nuevo partido
“Yo tengo la impresión que el propio Camacho iba a ser el invitado a ese gran partido como presidente, porque Colosio sí le reconocía capacidad negociadora”
ELLOS NO FUERON
Para el excoordinador de Proyectos Especiales de la oficina del candidato, ni Salinas ni Córdoba tienen que ver con el asesinato de Colosio
Colosio —asegura— tenía entonces planes para Córdoba “Una vez le dije a Colosio que con el tono de sus mensajes parecía que buscaba un lugar ‘Y lo va a tener, pero no donde está Creo que esa oficina debe desaparecer, porque se ha manoseado mucho lo de vicepresidente’, me contestó”
Y Salinas —razona— era temerario, audaz, pero no estaba loco y tenía proyectos muy precisos “El derrumbe que significaba asesinar al candidato, por un supuesto proyecto de seis años, era como el arquitecto que dinamita su propia obra”
Por eso, reitera, “yo no creo en las hipótesis, en las declaraciones, en toda esa parafernalia en torno que fueron ellos No los exonero, pero como analista político yo no veo eso Menos que haya sido por el discurso del 6 de marzo”
Un día después de que Colosio pronunció el mensaje que produjo interpretaciones encontradas, apareció la edición de Proceso, que publicó una entrevista del candidato presidencial con el reportero Elías Chávez, quien le preguntó:
—Es conocida su admiración por el licenciado Salinas de Gortari Sin embargo, más allá de los elogios que usted le prodiga, es falible ¿Cuáles son, a juicio de usted, los errores del presidente en la conducción del país?
—Yo no creo en los juicios lapidarios El presidente y los mexicanos hemos hecho un gran esfuerzo por salir adelante En lo personal, nos une una gran amistad y un gran afecto Como gobernante, desde el área de mi responsabilidad, compartí con él esfuerzos, compromisos y propósitos Sé que siempre lo ha animado un gran amor a México Y también sé que siempre hay cosas que pueden superarse
LA FAMOSA CARTA
Las especulaciones sobre la ruptura entre Colosio y Salinas, adquirieron una nueva dimensión el martes 3 de octubre último, cuando el diario Reforma publicó la carta que el entonces coordinador de la campaña presidencial priísta, Ernesto Zedillo, entregó a Luis Donaldo, el 20 de marzo de 1994, en la que le recomendaba, entre otras cosas, que llegara a “una alianza política con el señor presidente”
Dentro de esa alianza, según Zedillo, el candidato debía llegar a un acuerdo con Salinas para darle a conocer sus discursos cuando éstos contuvieran críticas contra la política gubernamental Lo anterior fue interpretado en el sentido de que el discurso del 6 de marzo no se le dio a conocer a Salinas antes de ser pronunciado
Alfonso Durazo, por seis años secretario particular de Colosio, entrevistado por Proceso sobre la trascendencia de la carta de Zedillo, manifestó que una de las hipótesis fundamentales sobre el asesinato de Colosio, “sumamente arraigada en el ánimo de la opinión pública, es que la autoría intelectual radicó en los personajes que ocuparon Los Pinos, específicamente José Córdoba Montoya y Carlos Salinas El sustento de esa hipótesis se da sobre la base de una ruptura entre Luis Donaldo y Carlos Salina En este sentido, la carta se suma a otros muchos testimonios sobre dicha ruptura”