Todavía el viernes 3, tras un acuerdo en Los Pinos, parecía seguro en la SEP

Todavía el viernes 3, tras un acuerdo en Los Pinos, parecía seguro en la SEP
Bartlett rompió las reglas: se adelantó a la Presidencia y difundió su renuncia
Homero Campa
En vísperas de la Navidad, Manuel Bartlett comentó con sus colaboradores cercanos que su cargo como secretario de Educación Pública parecía seguro Tenía la convicción de que, como tal, terminaría el sexenio para completar el proceso de modernización educativa por él emprendido “Más vale una secretaría de Estado que una gubernatura”, dijo
El jueves 2 de enero, Bartlett asistió a la reunión que sostuvo el gabinete, en la residencia oficial de Los Pinos, con el Presidente con motivo del año nuevo El mandatario lo saludó de igual manera que a sus colegas
El viernes 3, Bartlett volvió a ir a Los Pinos Tuvo acuerdo de trabajo Nada le comentó el Presidente
A temprana hora del lunes 6, recibió una llamada urgente del Presidente y, de nueva cuenta, fue a Los Pinos Casi de sopetón, escuchó la decisión del Presidente: Ernesto Zedillo, titular de la Secretaría de Programación y Presupuesto, lo relevaría en la SEP
Minutos después, Salinas salió a Veracruz en gira de trabajo y Bartlett se fue a sus oficinas del edificio en la calle de Argentina Ordenó que sacaran sus objetos y comenzó a preparar la entrega de la oficina
A las 10:30 horas trabajadores de la SEP empezaron a sacar cajas con libros y papeles Una hora más tarde, Antonio García Cantú, secretario particular de Bartlett, habló por teléfono con reporteros de El Universal, Excélsior, de la agencia Reuter y de Televisa
—Nos vamos —dijo— Renunció el licenciado Bartlett y viene Ernesto Zedillo
Como a las 13 horas, la información ya estaba en las redacciones de periódicos y noticieros de radio Bartlett rompió una regla no escrita del sistema: de su renuncia y no esperó que lo hiciera la Presidencia de la República
Su salida, sin embargo, se esperaba desde que fue nombrado titular de la SEP al iniciarse el sexenio “No es hombre del Presidente”, se decía en el ambiente político Columnistas y articulistas veían próxima su renuncia cada vez que los problemas de la SEP parecían desbordarlo
Y problemas no le faltaron: primero, con el líder vitalicio del sindicato de maestros, Carlos Jonguitud Barrios, en cuya caída colaboró; después, con el movimiento magisterial disidente que, en meses, se complicó; luego, con la nueva secretaria general del SNTE, Elba Esther Gordillo, con quien nunca pudo ponerse de acuerdo; más tarde, con la modernización educativa, cuyo proyecto encontró, de entrada, más resistencias que apoyo; y, por si fuera poco, con la detención de José Antonio Zorrilla —su cercano colaborador en la Secretaría de Gobernación cuando era su titular— acusado de ser el autor intelectual del asesinato de Manuel Buendía
El 30 de noviembre de 1988, el director de Comunicación Social de la Presidencia, Otto Granados, dio a conocer la lista de los colaboradores del presidente Carlos Salinas de Gortari La sorpresa mayor fue la designación de Manuel Bartlett en la Secretaría de Educación
Bartlett carecía de experiencia en el ramo educativo Desde 1962 se había movido por los vericuetos de la política en las Secretarías de Hacienda, Relaciones Exteriores y Gobernación, así como en la Confederación Nacional Campesina y el Partido Revolucionario Institucional
Además, parecía tener desdén por la educación En su comparecencia como precandidato del PRI a la Presidencia, en agosto de 1987, hizo un esbozo del que sería su programa de gobierno, con sus retos y prioridades En él, ni siquiera mencionó la educación
Pero fundamentalmente, la sorpresa por su designación se debió a que Bartlett no era del equipo del nuevo Presidente Por el contrario, fue su rival político, pues contendió con él por la candidatura del PRI
Como secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral, no pudo informar en los plazos previstos, sobre los resultados de la elección presidencial de 1988, la más disputada e impugnada en la historia moderna del país Se “había caído el sistema, justificó Este hecho hizo dudar de la limpieza electoral y dejó bajo sospecha el triunfo de Salinas de Gortari
—Su nombramiento es un premio a su actuación en el fraude electoral de 1988— dijo el dirigente del entonces Frente Democrático Nacional, Porfirio Muñoz Ledo
—¿Qué puede enseñarle Bartlett a nuestros hijos?— se preguntaba Manuel J Clouthier, candidato del PAN a la Presidencia— Pues a hacer fraude
“En realidad, la caída del sistema fue una vacilada”, dijo Bartlett en un desayuno informal con reporteros celebrada en su despacho tres meses después de haber tomado posesión como titular de la SEP “Lo que pasó es que Newman Valenzuela (José, director del Registro Nacional de Electores) cometió la pendejada de decir que en esa misma tarde se tendrían resultados oficiales de buena parte de las casillas del país Y eso no era posible Lo que teníamos era un teléfono en cada casilla para que de manera directa nos comunicara los resultados, mismos que se agregarían a sistema de cómputo, pero como casi de todas las casillas llamaron al mismo tiempo las líneas se saturaron y no fue posible alimentar el sistema En realidad así ocurrió”, insistió
LA ESPERA DE JONGUITUD
Tras de la detención del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, el 10 de enero de 1989, las conjeturas sobre las causas de la designación de Bartlett se centraron en una supuesta misión política: enfrentar el cacicazgo del líder vitalicio del SNTE, Carlos Jonguitud Barrios
—¿No hay temor en el SNTE de que les suceda lo mismo que al sindicato petrolero?
—No veo por qué —respondía Jonguitud al reportero en su asiento del Senado—, nosotros somos respetuosos de las acciones del gobierno
—Se dice que Bartlett viene a eso
—No me diga Yo creo que ha pasado muy poco tiempo para saber de su actuación Habría que esperar
Jonguitud no esperó demasiado En febrero, la disidencia magisterial empezó a crecer en el Distrito Federal y en varios estados del país Mediante oficios, Bartlett amenazó con reprimir administrativamente a los maestros que participaran Sus amenazas sólo radicalizaron el movimiento que, para mediados de marzo, abarcaba la totalidad de las 5,000 escuelas del Distrito Federal, más 3,000 en varios estados El 17 de abril el magisterio inició un paro indefinido, que dejó sin clases a 10 millones de alumnos
Las demandas de la disidencia —que se aglutinó en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE)—consistían en un aumento salarial del 100% y en la democratización de las secciones sindicales en lucha
Bartlett entró en acción: anunció un aumento salarial del 10% y desvió el problema a la solución del conflicto sindical
Un día después de que se inició el paro indefinido de clases, sentó a las partes en conflicto en el salón Simón Bolívar del edificio de la SEP En un estilo que lo recordaba como secretario de Gobernación, regañó y amenazó a las comisiones negociadoras:
“Toda negociación tiene un límite y ese limite ya llegó EL tema es el congreso sindical de la Sección nueve (maestros de preescolar y primaria del DF) No hay que distraernos en otras cosas Hoy se resuelve este asunto Mañana los niños deben regresar a clases Nadie sale hasta que se solucione esto”
Y se encerró en un despacho contiguo, para seguir puntualmente las negociaciones que, contra su deseo, se alargaron por tres semanas Salía sólo para preparar, con el secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, y el del Trabajo, Arsenio Farell Cubillas, la propuesta que habría de iniciar la caída de Jonguitud: que el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje resolviera como jurídicamente procedente que el CEN del SNTE convocara a un congreso extraordinario para la Sección nueve del Distrito Federal
Jonguitud alegó que con ello se violaba la autonomía sindical Alertó a sus huestes para que se prepararan para “la defensa de la soberanía del sindicato”, con una estrategia que, además de apelaciones jurídicas, incluía paros de clases, toma de edificios públicos y bloqueo de carreteras Nada pudo hacer, sin embargo El poder presidencial lo hizo renunciar el 23 de abril al liderazgo vitalicio que durante 17 años ejerció en el SNTE
Fue entonces cuando llegó a la secretaría general del SNTE Elba Esther Gordillo, quien de inmediato se integró a las negociaciones con la CNTE, organización que para entonces ya había parado clases totalmente en el Distrito Federal y en tres estados (Oaxaca, Chiapas y Zacatecas) y parcialmente en ocho más Las negociaciones avanzaron rápidamente, cediendo Elba Esther secciones sindicales a la disidencia, para hacer contrapeso a la corriente de Jonguitud, Vanguardia Revolucionaria, que, formalmente, dejó de existir en ese momento
CAMACHO AL QUITE
Con todo, los problemas no se resolvieron En octubre de ese año —con el comienzo de un nuevo ciclo escolar— el movimiento de los maestros disidentes reapareció Había dos estados con efervescencia magisterial: Michoacán y Guerrero Y aunque no había una demanda única que los aglutinara a todos, como lo fue en un principio el aumento salarial, las secciones del Distrito Federal volvieron a la lucha Sus demandas eran: autorización de comisionados para la gestoría sindical para la Sección nueve, respeto al triunfo en la delegación de educación física de la Sección diez, aumento salarial para los trabajadores no docentes de la Sección once
Bartlett, aduciendo que eran problemas intergremiales, se desentendió, a pesar de que varios de los problemas le competían Las movilizaciones empezaron a crecer y el conflicto se alargó No había semana sin marchas, toma de edificios, bloqueo de calles y mítines en la SEP Cuando Bartlett intentó mediar fue tarde Por decisión del Presidente, el jefe del DDF, Manuel Camacho Solís, y el secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, entraron al quite No tuvieron tampoco mucho éxito Elba Esther Gordillo no quería intervención en su nuevo feudo y convenció al Presidente de que la dejara resolverlo ella sola Se jugaba su futuro político
Días después de su primer informe de gobierno, Salinas de Gortari fue interceptado en su auto a la salida de Palacio Nacional por un grupo de maestros disidentes Le gritaron consignas e improperios y un naranjazo pegó en el toldo del vehículo Días después —cuando la CNTE iniciaba de nuevo un paro indefinido— Bartlett llamó a la comisión negociadora y advirtió: “Voy a aplicar el reglamento Los que no trabajen no recibirán el salario que no han ganado”
Se los repitió en dos reuniones más En la última, estalló: “Ya les he dicho lo que tenía que decirles Nada hay que agregar Con su permiso señores”
Filemón Solache, dirigente disidente de Michoacán, le replicó: “No puede irse Tenemos que resolver esto Si usted se va en este momento me declaro en huelga de hambre y la instalo en este mismo lugar (el salón Simón Bolívar)”
Y Bartlett, ya de salida: “Haga lo que quiera Estamos en un Estado de derecho Ahí quédese si quiere”
El secretario de Educación cumplió: miles de maestros dejaron de recibir esa quincena su cheque y a otros tantos les levantaron actas administrativas Antes de que empezaran los ceses masivos, los disidentes negociaron para encontrar una salida rápida y levantaron, sin haber obtenido nada, el paro de clases
Después de enfrentar a Jonguitud, parecía que Bartlett iba a navegar en aguas tranquilas En principio intentó imponerle a la nueva líder las soluciones de la SEP Pero Elba Esther se rebeló: “¿De qué se trata?, perdóneme pero no soy empleada de la SEP, soy dirigente sindical”, le replicó la maestra
A partir de entonces, se la vivieron peleando Si Bartlett no cumplía acuerdos de aumento salarial o prestaciones, Elba Esther lo hacía público y sacaba desplegados para denunciarlo; si el titular de la SEP aseguraba que para el plan de la modernización educativa se consultó a todo el mundo, Elba decía que no, que a los maestros no se les preguntó nada y se quejaba de acciones de simulación; si la SEP presentaba un proyecto para la modernización, el SNTE respondía con otro y exigía que fuera tomado en cuenta Y así hasta el final
A fines de octubre pasado poca era la comunicación entre ellos, a pesar de que sus oficinas distaban una cuadra La relación estaba prácticamente rota: acababan de tener otro pleito Bartlett aseguró ante la prensa que una docena de comisiones mixtas SEP-SNTE, que revisaban asuntos salariales y profesionales (entre ellos la demanda de la profesionalización del magisterio) había concluido sus funciones Elba Esther estalló: “Eso es mentira, ninguna de las comisiones a llegado a conclusiones Hasta el momento la SEP no ha querido avanzar ¿Cómo es eso de que ya acabaron sus funciones?”
ENTRE SOSPECHAS
Bartlett se enfrentó, a mediados de 1989, con otro problema que escapó de su control: la sospecha pública de que era cómplice en las actividades de su excolaborador en la Secretaría de Gobernación, José Antonio Zorrilla, detenido por su presunta participación en la muerte del periodista Manuel Buendía y por sus vínculos con el narcotráfico
Y es que pese a que las credenciales de la Dirección Federal de Seguridad firmadas por Zorrilla se encontraron en poder del narcotraficante Rafael Caro Quintero, Bartlett no investigó Por el contrario, buscó protegerlo al renovarlo del cargo y apoyarlo como candidato a diputado federal por el estado de Hidalgo Siendo candidato —cuando las pruebas de su relación con el narco apuntaron en su contra— el PRI le canceló el registro y pudo irse tranquilamente a España
En julio de 1989, durante una sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, los partidos de oposición pidieron la comparecencia de Bartlett para que explicara esos hechos La mayoría priísta se opuso Y la sospechas crecieron
Bartlett dejó de aparecer en actos públicos y de dar conferencias de prensa Esquivaba a los reporteros o, incluso, los apartaba sin decir palabra alguna cuando éstos le lanzaban alguna pregunta relacionada con el caso
Luego vinieron los problemas con sus proyectos educativos
La descentralización fue pospuesta por el Presidente pese al proyecto de Bartlett, presentado desde fines de 1989 Implicaba, entre otras cosas, transferir los recursos y las relaciones laborales a los gobiernos de los estados O sea, fraccionar la estructura nacional del SNTE
Después, en septiembre de 1990, comenzaron los planes y programas de la “prueba operativa” que, de manera experimental, se aplicaron en 350 escuelas del país El SNTE, la CNTE, jefes de enseñanza, expertos en educación y algunos grupos técnicos de la SEP, los rechazaron por “retrógrados y antipedagógicos”
Bartlett explicó que no eran definitivos y encargó al Consejo Nacional Técnico de la Educación (Conalte) —dirigido por su amigo Luis G Benavides— que reformulara el modelo pedagógico Un año después, en agosto de 1991, el Conalte presentó “Los perfiles de desempeño para educación básica” Con base en éstos, ahora sí, se tendrían los nuevos planes y programas de estudio y el nuevo libro de texto gratuito, que empezaría a generalizarse a partir del próximo ciclo escolar Pero la discusión sobre su pertinencia continúa y abundan las quejas sobre sus deficiencias
Sobre la marcha, sin tomar a Bartlett en cuenta, el Presidente echó a andar proyectos educativos por medio de Solidaridad: primero fue “Una escuela digna”, para reparar los inmuebles escolares con aportaciones del Estado y el trabajo de los padres de familia; luego, “Becas Solidaridad”, que otorga dinero en efectivo a niños con buenas calificaciones y de escasos recursos, como una medida emergente para detener la deserción escolar, que es del 50%
Para Bartlett siempre fue evidente que no era del agrado del Presidente En actos públicos no lo tomaba en cuenta, le daba la espalda, era —a diferencia de sus colaboradores cercanos— frío y distante con él El 25 de octubre pasado, el Presidente reunió a Bartlett con toda la plana mayor del SNTE, la cual cuestionó la falta de consulta y de participación del magisterio
CONFUSION Y DESPEDIDA
Pese a todo, Bartlett estaba seguro de seguir en el gabinete “Más vale una Secretaría de Estado que cualquier gubernatura”, comentó a sus colaboradores en vísperas de Navidad y les dijo que tenía la impresión de que completaría el sexenio
El lunes 6, el Presidente le informó de su relevo, pero Bartlett no esperó a que lo hiciera oficial la oficina de Prensa de la Presidencia A través de su secretario particular, Antonio Cantú García, lo filtró a la prensa y los rumores y la confusión se propagaron por las oficinas de la SEP, la SPP y el PRI Llamadas telefónicas, entrada y salida de funcionarios de sus despachos y grupos de reporteros, fotógrafos y camarógrafos que, en tropel, estuvieron en esas instituciones para confirmar la noticia
Y las versiones corrían de lado a lado: que Luis Donaldo Colosio renunció al PRI para irse a SPP; que Bartlett, entonces, se va al PRI; que no, que se va a Pemex, en lugar de Francisco Rojas, quien se pasa a SPP
La cúpula priísta estaba citada para esa tarde, lo que acrecentó aun más los rumores Rafael Reséndiz, secretario de Información y Propaganda, atajó la versión Dijo que la reunión era de trabajo y que Colosio no renunciaba En SPP, Ernesto Zedillo no se presentó por la tarde, y en la SEP Bartlett se encerró con algunos de sus colaboradores
Al día siguiente, el Presidente ratificó la noticia Antes de salir de Veracruz hacia la ciudad de México, dijo que se confirmaba el cambio anunciado en los periódicos
A las 13 horas, en la residencia de Los Pinos, se emitió un comunicado donde se hizo oficial el cambio, y se agregó que a Bartlett se “ha previsto encomendarle otras tareas”
Al día siguiente, se realizó el cambio de titular de la SEP en un acto desusado En el patio central de esta Secretaría armaron un templete, protegido por una lona; a los lados, bocinas de un equipo de sonido; 500 sillas metálicas, que fueron insuficientes para más de 1,000 invitados Ahí estaban los subsecretarios de la SEP y la SPP, directores de área, directores de institutos tecnológicos, rectores de universidades, representantes de padres de familia y el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, cuya lideresa, Elba Esther Gordillo, fue invitada al estrado
—Ningún interés personal, de grupo o de sector está por encima de la educación y me refiero también al mío propio—, dijo en su discurso Bartlett
Recibió una ovación de un minuto y los abrazos del secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios —quien asistió con la representación presidencial— y de Ernesto Zedillo, quien lo jalaba para aparecer juntos y sonrientes ante las cámaras del centenar de fotógrafos ahí apostados
Bartlett estaba a punto de sentarse, cuando la maestra de ceremonia pidió que lo despidieran con otro aplauso De un salto, Bartlett se paró Dio media vuelta y avanzó hacia la salida, a grandes trancos, con la mirada dura y las quijadas apretadas Faltaba aún el discurso de Ernesto Zedillo
Un grupo de reporteros siguió a Bartlett
—¿Cómo se siente?, preguntó una reportera
—No voy a hablar