“INVENTARIO” Y NUESTRAS LEYENDAS

“INVENTARIO” Y NUESTRAS LEYENDAS
Señor Director:
Motivado, una vez más, por la ya frecuente aparición de Inventario, a cargo de José Emilio Pacheco, en el prestigiado Proceso, me dirijo a usted para poner a su consideración los siguientes comentarios, mismos que se relacionan a una de las últimas temáticas por él abordadas
Cierto, “cuando la economía se ha vuelto una vez más de las ciencias ocultas”, cuando todo lo que sucede resulta inexplicable, porque el alza del costo de vida se torna con el transcurrir del tiempo una verdadera pesadilla, preferimos escuchar con cierto dejo nostálgico, las narraciones de padres o abuelos, que cotidianamente ofrecían al comienzo de la oscuridad y al calor de una taza de thé, café o atole; cuentos de “espantos” provistos de reminiscencias de haciendas, campiñas, perros negros bufando, nahuales o fantasmas de sirvientas provincianas decapitadas en proceso de urbanización, lloronas vagando irreverentemente lo mismo en las presas o en las calles populares de la Morelos, la Bondojo (jamás en las Lomas de Chapultepec o zona parecida)
Cierto, pues, que las historias o leyendas de “miedo”, siempre nos fueron contadas en momentos de convivencia fraternal, entre los cuates o en uno de esos momentos en que la familia se sentía cachonda, unida o presta a escuchar al narrador, y a vivenciar desde ese momento las angustias de los personajes
Así, de generación en generación, las historias y los cuentos se repiten Pueden variar las secuencias, quizás un poco los personajes y los escenarios, pero no así el motivo, la moraleja o el mensaje
Como bien lo dice JEP, hay distintos cuentos de miedo Unos misteriosos, inexplicables y caprichosos con el tiempo, como el que relata Gabriel García Márquez (Proceso, No 217, 29-XII-80) cuando tuvo la oportunidad de visitar al escritor Miguel Otero Silva en su propiedad, un castillo medieval edificado por Leudovico, el infeliz que en un “instante de locura del corazón había apuñalado a su dama en el lecho donde acababan de amarse, y luego azuzó contra sí mismo a sus feroces perros de guerra que lo despedazaron a dentelladas” A García Márquez no le tocó ver la aparición de Leudovico deambulando a media noche por el castillo, como seriamente lo afirmaba Otero Silva, pero inexplicablemente despertó al día siguiente junto con su esposa Mercedes, en el dormitorio de Leudovico, “acostados en su cama de sangre” Alguien los cambió de cuarto durante el sueño
Las versiones de humor negro son también frecuentemente escuchadas Una de ellas se desprende de una serie de escenas de la película de Alcoriza Mecánica Nacional, donde la madre (Sara García) del maestro mecánico (Manolo Fábregas) muere repentinamente y es abandonada cuando es velada, por la euforia que produce el cierre de una contienda automovilística
Atentamente
Bernardo A Muñoz Riverohl
Tultitlán, Edo de México