UNAM: LA PROPUESTA DEL CONSEJO ESTUDIANTIL
María Esther Ibarra y Guillermo Correa
Dispuestos a defender a la UNAM, porque en estos tiempos de crisis el “Plan Carpizo” lleva el peligro de “constituirse en una contrarreforma”, los dirigentes del Consejo Estudiantil Universitario dan a conocer los problemas que, desde su óptica, afronta la casa de estudios:
“Hay una concepción errónea en lo que respecta a la formación de estudiantes Todo lo que no es academia está vedado La cultura, la recreación y la política adquieren, entonces, un status implícito e insinuado de subversión La UNAM, en lugar de discutir las bases de un proyecto nacional alternativo, en el que su actividad tenga razón de ser, ha mantenido desde hace trece años un silencio cómplice”
En lo administrativo, afirman que funcionarios y trabajadores de confianza, al margen de cualquier criterio académico, “se disputan a la universidad como un inmenso botín”
Sobre las formas de gobierno, dicen, es patente la falta de democracia, porque “no tenemos espacios de participación, ni en los lineamientos generales que deben normar el accionar de la institución, ni en la elección de aquéllos que habrán de conducirla” A partir del movimiento de 1968, dicen las autoridades de la UNAM “han seguido hacia el sector estudiantil una política policiaca de coacción, coerción y coptación”
Los conceptos están contenidos en un documento de 46 cuartillas, que fue elaborado por 16 consejeros universitarios estudiantiles Es el mismo que irritó al rector Jorge Carpizo y que rechazó desde el pasado 21 de agosto (Proceso 525) Pese a su limitada difusión, será discutido esta semana en un foro abierto a la comunidad universitaria, para definir un proyecto alternativo al paquete de medidas —”Plan Carpizo”— aprobado por el consejo Universitario en sus sesiones de septiembre anterior
En él, se rechaza la consulta universitaria que promovió el rector, porque “se ha generalizado una idea en la que los estudiantes se constituyen el “chivo expiatorio” de muchos males de la Universidad”
Dicen que la política educativa se vuelve más autoritaria conforme aumentan los recortes presupuestales, lo que va en detrimento de la educación universitaria, a la que hay que defender de la asfixia económica como un espacio crítico y participativo de formación profesional, la investigación y divulgación de nuestra cultura, que se encuentra en la base de cualquier proyecto de nación independiente
Los Consejeros hablan del “notable” rezago académico debido a que se ha optado por una vía de dependencia económica, científica, tecnológica y hasta cultural Y aclaran que, salvo contadas excepciones, la investigación que se realiza en la Universidad “está orientada a insertarse en los proyectos extranjeros de moda, convirtiéndose de tal forma en un lujo, en un gran “hobbie académico”
Respecto a la docencia, sostienen que debido a la heterogeneidad que existe, es posible cursar estudios “con un nivel excelente o con uno francamente deplorable”; es decir, que no hay garantías de que puedan ser positivos “Los planes de estudios son, en su mayoría, anacrónicos y obsoletos” La docencia y la investigación se encuentran desvinculados y, de hecho, hay “dos universidades dentro de la UNAM: una de bajo nivel académico, con recursos escasos y para amplios sectores de estudiantes, localizada en las facultades, y otra, con un pretendido nivel de excelencia, con una enorme cantidad de recursos y profundamente elitista, ubicada en los institutos”
No hay formación integral, aseguran Y acusan que en la discusión actual sobre la Universidad las acciones por tomar respecto a los problemas académicos de fondo han sido dejadas de lado “De una manera simplista, se ha recurrido a la proposición de una serie de medidas coercitivas, tales como la suspensión del pase automático, los exámenes de admisión o la de separar de la Universidad a los CCH`s y Preparatorias Hasta el momento, la tónica es siempre la misma: reducir, cortar, limitar, separar”
El documento está firmado por María del Carmen López Rodríguez (Artes Plásticas), Imanol Ordorika Sacristán (Ciencias), Roberto García Jurado y Carlos Lozano Angeles (Ciencias Políticas y Sociales), César Peniche Espejel (Derecho), Alberto Monroy Lima y Juan M Ortega Jordá (Economía), Juan Antonio Santos Romero y Juan M Rivera López (Filosofía y Letras), José García López (Trabajo Social), Martín Ascencio y Ernesto Ruiz Alvarado (Psicología) Afirman:
La administración en la Universidad es a todas luces ineficaz “Las autoridades centrales de la UNAM en los últimos períodos han construido un inmenso aparato administrativo que se ha constituido en una gran losa burocrática, que entorpece las tareas de docencia, investigación y extensión Este lastre se ha constituido, además, en el principal elemento de poder dentro de la Universidad”
Sobre las formas de gobierno opinan: “La Junta de Gobierno, el Rector, el Colegio de Directores y el Consejo Universitario conforman en un nivel general un doble circuito cerrado que mantiene el control de la universidad, en la elección de autoridades y en la toma de decisiones generales de conducción de la UNAM El Rector y la Junta de Gobierno nombran a los directores, éstos tienen un peso decisivo en el Consejo Universitario, que a su vez nombra a los miembros de la Junta de Gobierno que, en su momento, nombrará al propio Rector
“Todo esto se realiza bajo una fórmula mágica: la auscultación Este es un término ambiguo que cubre las apariencias de una consulta a los universitarios y que en los hechos constituye un espacio para la actuación de los grupos de presión, internos y externos a la universidad, de una manera tortuosa y cerrada Los estudiantes no son tomados en cuenta de ninguna forma en le elección de las autoridades”
El Consejo Universitario, explican, se ha convertido en una instancia dócil y meramente formal Los estudiantes y profesores no tienen una representación proporcional Los consejos Técnicos o Internos, en la mayoría de los casos, se encuentran limitados a una función burocrática y contemplativa
La situación financiera no escapa al análisis de los Consejeros, entre los que se encuentran también Angel G Dorantes del Valle, de la ENEP de Cuautitlán, y Miguel A Juárez, de los Colegios de Ciencias y Humanidades Consignan:
“Los universitarios tenemos la compleja tarea de exigir al Estado un presupuesto suficiente No es posible crear falsas expectativas de autofinanciamiento, sobre todo cuando éstas se asientan en la idea de elevar las cuotas de inscripción que hoy simbolizan la gratuidad de la educación universitaria”
Tres elementos caracterizan las situación de marginación de los estudiantes en los últimos años A partir del movimiento de 1968, “la preocupación central ha sido el control de los estudiantes En aras de lo anterior, se han desmantelado las organizaciones estudiantiles y se han restringido al máximo los espacios organizativos”
El segundo elemento es la aparición del sindicalismo universitario Dos consecuencias trajo; por un lado, las “poderosas” organizaciones sindicales se convirtieron en el interlocutor principal de las autoridades universitarias, relegando a los estudiantes a segundo plano Por el otro, el movimiento de los estudiantes “se subordina a la dinámica política y reivindicativa de los sindicatos, desapareciendo como un sector con demandas propias y cediendo su espacio, ganado a pulso, a las organizaciones sindicales”
El tercer elemento definitorio de la situación de los estudiantes es la crisis económica Presente y futuro incierto de los profesionales en formación provocan desesperanza y desilusión o cinismo y endurecimiento Su realidad, informa el estudio, es dramática:
El 93% proviene de familias con ingreso total menor a tres salarios mínimos La mayoría proviene de familias grandes (seis miembros o más), con recursos económicos limitados y con deficientes condiciones materiales para el estudio Esto es lo que hace difícil su permanencia en la educación superior
En su análisis, los consejeros se quejan de la falta de becas, del acervo limitado de las bibliotecas, del cierre de las cafeterías universitarias, de la clausura de los dormitorios estudiantiles, de la falta de textos baratos y de lo caro que resultan las fotocopias
Proponen que se mantenga el pase automático, porque “la Universidad no puede desconocer una educación que ella misma imparte”; que su organización se desarrolle de manera independiente y sin injerencia de las autoridades; que se reduzca la burocracia universitaria —”principal obstáculo para la transformación y el cambio de nuestra Universidad”—; que se mantenga la cuota simbólica de 200 pesos de inscripción, que se aumente el subsidio; que se mantenga el monto actual de las cuotas y demás cobros; y sobre todo, que la comunidad estudiantil no permita que el Plan Carpizo pueda traducirse en un retroceso histórico de la institución








