PAC, salvar el pellejo

PAC, salvar el pellejo
Eduardo González R
En un principio fue el Programa Inmediato de Reordenación Económica (PIRE); después fue el Programa Extendido de Reordenación Económica (PERE); y ahora se proclama el Programa de Aliento y Crecimiento (PAC) Los tres nombres se asocian a los sucesivos intentos gubernamentales de tomar la “ofensiva táctica” en la guerra contra una crisis que ha demolido una y otra vez los planes que este gobierno ha puesto en juego para someterla
No es necesario documentar aquí las razones del fracaso del PIRE y del PERE, pues hoy resulta de mayor interés preguntarse; ¿qué cambios representa el PAC respecto a los programas anteriores y cuáles son sus posibilidades de éxito?
Hay que señalar que el PAC expresa un cambio de énfasis que es en sí mismo positivo Los afanes estabilizadores del PIRE y del PERE supusieron la subordinación del crecimiento económico y la inútil lucha por ser puntuales y escrupulosos pagadores del servicio de la deuda, por equilibrar las finanzas públicas sin recurrir a una auténtica reforma fiscal y por vencer a la inflación sin tocar los mecanismos oligopólicos de determinación de precios
Los resultados no pueden ser peores: cuando este año concluya tendremos una tasa promedio de crecimiento para los primeros dos tercios de este gobierno de aproximadamente menos uno por ciento, lo cual se traduce en que el producto por habitante en México será 14% más bajo que cuando Miguel de la Madrid fue ungido Presidente Y todo esto mientras caminábamos en círculos, porque hoy ni se puede seguir pagando la deuda en los términos vigentes, ni están saneadas las finanzas públicas ni la inflación se encuentra bajo control No es posible localizar peores cuentas económicas entre los gobernantes del último siglo de la historia mexicana De seguir así las cosas en los dos años que restan, en el futuro este lapso de nuestra historia será probablemente denominado “el sexenio perdido”
El PAC parece entonces representar una reacción ante la evidencia de que no tiene sentido económico, social, ni político, seguir deprimiendo la actividad productiva nacional; por ello se propone, como primera prioridad, combatir la recesión y ese sin duda es un planteamiento que todo mexicano en su juicio comparte, aunque sólo sea por aquello de que “más vale tarde que nunca”
Queda por ver, sin embargo, en qué consiste la nueva política antirrecesiva y si supone una revisión de fondo del esquema instrumental que se viene aplicando
Es preciso establecer que en las actuales condiciones el principal impedimento para crecer es la insuficiencia de divisas Las que hoy tenemos a nuestra disposición no alcanzan para pagar y crecer La remoción de este obstáculo hace ineludible modificar la política de deuda externa, de manera que no sólo se liberen recursos para el corto plazo sino para garantizar la firmeza y durabilidad de una eventual reactivación ¿Podrá el gobierno hacerlo con la propuesta que llevó Petricioli el pasado fin de semana a Washington? Al parecer pronto lo sabremos
Ahora bien, tener un mínimo de holgura en el frente externo es una condición necesaria pero no suficiente para hacer posible la recuperación; por ello, y para fines estrictamente analíticos, podemos dejar de lado el problema de las divisas para concentrarnos en el de los eventuales mecanismos de la reactivación
En la teoría, pero también en la práctica, las palabras que pueden impulsar hacia arriba a una economía deprimida como la nuestra se encuentran asociadas a lo que los economistas llaman demanda efectiva; es decir, el aparato productivo deprimido sólo podrá reaccionar ante el estímulo de una demanda incrementada Para el sistema económico nacional visto de conjunto, los renglones que integran la demanda efectiva son cuatro: las exportaciones, el consumo de los asalariados, el gasto público o estatal y el consumo y/o inversión del sector empresarial ¿A cuál o cuáles de estos está apostando el gobierno?
Las exportaciones, que en este caso no sólo son importantes como proveedoras de divisas sino además como mercado para productos que internamente no encuentran salida, no pueden ser consideradas en las actuales condiciones como una palanca puesto que, vistas en conjunto, se han desplomado, disminuyendo más que elevando la demanda global en nuestra economía
El consumo de los asalariados depende, por una parte, del nivel de los salarios y, por la otra, del volumen del empleo Ambos componentes se han estado achicando y no existe en el PAC, tal y como hasta hoy se conoce, la menor señal de que el gobierno esté pensando en medidas de este tipo para “alentar y hacer crecer” la economía
El renglón de gasto público ha sido históricamente el instrumento reactivador por excelencia, en virtud de que es un mecanismo directo y que puede manejar a discreción quien decide reactivar, que es el gobierno (Conviene aclarar que cuando una economía está en recesión, el gasto público no tiene por qué ser inflacionario, puesto que toda inyección unilateral de demanda puede ser respaldada por incrementos en la producción derivados del simple uso de la capacidad ociosa En consecuencia, la tesis de que el aumento en el gasto público es siempre y por definición inflacionario es una falacia propia del nivel teórico de Raúl Velasco y Luis Pazos) Sin embargo, la precaria situación fiscal del Estado, debida al peso de la deuda interna y externa y la petrolización de los ingresos públicos, combinada con las convicciones y los compromisos internacionales del actual gobierno, hacen impensable que la política de gasto público juegue algún papel significativo en el PAC
Finalmente está el recurso del gasto empresarial en consumo e inversión Dicen los teóricos que el consumo de los ricos está sujeto a patrones que son muy estables y que, por tanto, no cambian con la celeridad con que se modifica el consumo de los trabajadores cuando su ingreso se altera; sugieren, por ello, que en el corto plazo el consumo de los empresarios debe considerarse constante No ocurre lo mismo con la inversión, ésta es volátil en extremo y está influida, en primer lugar, por las condiciones de rentabilidad, pero también por las expectativas respeto al futuro, es decir, por “la confianza” De suerte que si las utilidades previsibles son altas, hay recursos financieros (propios o prestados) y el futuro cierto, se puede esperar que en una economía deprimida la inversión privada cumpla una tarea reactivadora de significación Los anuncios de que “no se recurrirá a esquemas expansionistas que se revertirían de inmediato”, de que “el crédito se liberalizará gradualmente” y de que “bajarán las tasas de interés”, son señales claras dirigidas al sector privado, para sugerirle que se disponga a ponerse en movimiento
Con base en este sencillo marco analítico y ateniéndose a lo que se ha divulgado respecto al PAC, podemos proponer que el eje de la recuperación que este nuevo programa pretende propiciar está en la conducta inversionista del sector privado
Ahora bien, si juntamos las piezas hasta aquí recogidas, tenemos un cuadro que no deja de ser original: hay un cambio en los objetivos prioritarios de la política gubernamental, pasando las metas antirrecesivas a ocupar el lugar que antes tenía la inflación; ese cambio, sin embargo, no se funda en una modificación significativa de la política general del gobierno, sino en el esfuerzo por sumar a la consecución de los nuevos objetivos a los agentes externos (acreedores, FMI, gobierno norteamericano) e internos (empresarios) que han venido siendo los beneficiarios principales de las políticas estabilizadoras aplicadas hasta el presente
Tal es el contenido político y económico de este largamente gestado (cuatro meses) planteamiento gubernamental Añadamos, para concluir, que se trata de una propuesta que porta en su interior un espacio de indefinición que hace de él, todavía, una moneda en el aire en lo que toca a su operatividad:
Nunca como ahora, la suerte de un programa ha dependido de la buena voluntad con que lo reciban los agentes externos, como los acreedores, el FMI y el gobierno norteamericano, y los agentes internos del sector privado
De los primeros depende si aceptan un acuerdo en materia financiera que entregue al gobierno el margen de maniobra que éste solicita para manejar las cuentas con el exterior; de los segundos depende si una vez concedido lo anterior aceptan sumar su concurso para “jalar” a la economía mexicana hacia la reactivación
Colocándose en el mirador de los intereses nacionales y populares, no es fácil definir qué es más malo para el país, si seguir en el hoyo o intentar (sin garantía) salir de él de esta manera, porque surge natural la pregunta: ¿cuánto van a cobrar en materia económica y política los ricos de fuera y de dentro por salvar transitoriamente el pellejo a un proyecto moribundo?