Hernández Galicia, listo para ser nuevamente secretario general
La renovación moral degeneró en solapadora de La Quina
Francisco Ortiz Pinchetti
Joaquín Hernández Galicia afila la puntilla: la semana próxima asestará el golpe final a la maltrecha renovación moral
Lo hará, por cierto, con el acrecentado apoyo económico y político que le ha otorgado precisamente el gobierno que postula la moralización de la sociedad como aspiración fundamental
La Quina se jacta de haber sometido, uno tras otro, a cuatro Presidentes de la República: Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Alvarez y José López Portillo
“Todos ellos acabaron por ser nuestros amigos”, ha dicho ufano
Tampoco Miguel de la Madrid Hurtado ha querido —o podido— detenerlo
Gran “capo” de la mafia que controla a 150,000 petroleros, dueño de una fortuna incalculable —ha reconocido que el “capital social” del sindicato, que maneja a su antojo, supera los 25,000 millones de pesos—; alentado por el apapacho presidencial, favorecido con canonjías sin cuento, solapado por Petróleos Mexicanos en negocios ilícitos, impune ante el alud de denuncias en su contra, Hernández Galicia está listo: si le da la gana —como parece— será la próximo secretario general del sindicato petrolero; si no, será él quien designe a su arbitrio al sucesor de Salvador Barragán Camacho, su títere actual
En una u otra forma, la decisión está en sus manos y en sus manos quedará otra vez el poder sindical real
A pesar de todo
A pesar de las evidencias abrumadoras sobre la corrupción y la antidemocracia por él prohijadas en el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM)
A pesar de la imposición abierta de dirigentes seccionales A pesar de las “asambleas” espurias A pesar del gansterismo y la represión incluso física, violenta de los disidentes A pesar de las muertes nunca aclaradas A pesar de los negocios supermillonarios con el tráfico de contratos, las empresas “fantasmas”, la exportación ilegal de residuos de petróleo, el uso personal de los recursos sindicales, el manejo de las “obras sociales” como empresas particulares A pesar de la explotación de trabajadores transitorios A pesar del chantaje y la amenaza, la prepotencia y la arbitrariedad
El acopio de sus tropelías es tal que parecería imposible agregar una más Sin embargo, hay más: documentos que tiene Proceso prueban otros negocios de Hernández Galicia: el acaparamiento de contratos de obra de Pemex, la compra-venta de chatarra, el manejo con manos libres de miles de millones de pesos otorgados por la empresa para “obras sociales”
Un ejemplo reciente, actual, es este: tan sólo en unos cuantos meses —entre fines de 1982 y mediados de 1983— recibió de la actual administración de Pemex 2,400 millones de pesos —en plena austeridad— para supuestas obras de beneficio social
Dos mil cuatrocientos millones de pesos
Dinero de la nación, claro, del que a nadie rinde cuentas Y al que hay que agregar el monto de “ayudas especiales” —200 millones de pesos más en 1983— vehículos, subsidios, préstamos, salarios y viáticos del personal comisionado, todo a costa de Pemex y destinado a las mismas “obras sociales”
LA NEGRA HISTORIA
Hábil, audaz, poderoso, Hernández Galicia sorteó con éxito la tormenta de la renovación moral que a fines del año pasado pareció resquebrajar por fin su imperio
La corrupción del sindicato, inmensa, quedó descubierta como nunca antes La denuncia por fraude contra Héctor García Hernández, El Trampas —mero ardid de La Quina, según el inculpado— desencadenó una serie de denuncias, algunas reiteradas, muchas otras nuevas
Se conocieron cifras, datos concretos, pruebas El gobierno de la renovación moral tuvo en sus manos, como nunca antes también, la evidente posibilidad de actuar legal y políticamente No lo hizo El escándalo fue acallado Y “el amigo Joaquín”, como lo llamaría el Presidente de la República unos meses después, salió triunfante y hasta fortalecido
Hoy llega a la cúspide de su carrera
Carrera que se inició hace justamente 30 años, cuando Joaquín Hernández Galicia, modesto soldador de Pemex en Ciudad Madero, empezó a participar en la política sindical
La Quina había llegado de Poza Rica unos años atrás Como él mismo lo recordaría en 1964, fue en esa ciudad veracruzana donde transcurrieron su niñez y su juventud, entre penurias, y donde ingresó en la industria petrolera como aprendiz meritorio del Departamento de Carreteras
Inquieto, ambicioso desde entonces, no se conformó con la plaza de peón que le ofreció Rafael Suárez, primer secretario general del STPRM después de la nacionalización “Quiero irme de aquí”, le dijo al dirigente sindical, que años después sería uno de sus principales impugnadores Suárez accedió a la petición del joven Joaquín y le entregó una recomendación dirigida al líder de la sección 1, en Ciudad Madero
Y La Quina se fue
En Madero consiguió una plaza de soldador Hizo allá sus primeros amigos Entre ellos, Salvador Barragán Camacho, Héctor García Hernández, Alejandrino Posadas Era entonces un obrero modesto, que iba a su trabajo en bicicleta
Sin embargo, le esperaba un futuro luminoso
En 1954 ingresó en forma muy incipiente todavía a la política sindical: fue uno de los fundadores del “Grupo Unificador” de la sección 1 del STPRM, que presidió su amigo Posadas
Cuatro años después se presentó una coyuntura feliz: Ignacio Pacheco León, en ese entonces secretario general de la sección 1, decidió por su cuenta la prórroga de la revisión contractual Fue un grave error, que provocó descontento entre los trabajadores El grupo de Posadas aprovechó y alentó ese descontento y acabó por desplazar a Pacheco León y apoderarse de la dirigencia seccional
Alejandrino Posadas quedó como nuevo secretario general Hernández Galicia, su correligionario y amigo, como secretario de Trabajo de la sección
La Quina se puso a trabajar en serio Ayudó a mucha gente Ganó simpatías, merecida influencia Iba a las casas de los trabajadores para conocer sus problemas Les daba plazas para sus hijos Les conseguía ayudas
Su popularidad fue en aumento, a grado tal, que opacaba ya al secretario general Y eso no le gustó a Posadas “Te está comiendo el mandado”, le decían “Páralo”, le aconsejaban Posadas decidió entonces alejarlo Lo comisionó para visitar las diferentes secciones de la zona Norte, y mientras, fraguó la forma de desplazarlo
Posadas planeó convocar a una asamblea en ausencia de La Quina, para desconocer a su secretario de Trabajo; pero Joaquín tenía amigos: Barragán Camacho y El Trampas se movilizaron hábilmente Localizaron a Hernández Galicia en Salamanca y lo pusieron al tanto de la maniobra posadista
Cuando la asamblea se disponía a cortarle la cabeza, La Quina apareció en escena Habló Contratacó Y acabó por voltear el ánimo de los presentes a su favor: se acordó la destitución de Posadas y la designación de Hernández Galicia como secretario general En plena apoteosis, La Quina fue paseado en hombros
Fue un golpe definitivo
Eso ocurrió en mayo de 1961 En diciembre de ese mismo año terminaba la gestión del siniestro Pedro Vivanco como secretario general del STPRM
Vivanco había compartido con Jaime J Merino, el que fue superintendente de Pemex en Poza Rica, años de corrupción y crimen Merino fue acusado y públicamente condenado por el presidente López Mateos, que en pleno zócalo anunció que en su gobierno no habría “ni Merinos ni ladrones”
Merino huyó del país; Vivanco, en cambio, capoteó la situación a pesar de haber sido acusado como responsable de la masacre de que fueron víctimas los integrantes de la Coalición Nacional Revolucionaria en Poza Rica, en octubre de 1958
Ante la sucesión en la dirigencia nacional, La Quina promovió la candidatura de su amigo Antonio García Rojas, dirigente de la sección de Reynosa, Tamaulipas
De acuerdo con un “pacto” de la dirigencia petrolera, vigente todavía, la secretaría general del comité ejecutivo general del STPRM debe rotarse entre las tres zonas del sistema Después de Vivanco, de la zona Sur, le correspondía a un dirigente de la zona Norte
Y Hernández Galicia fue a ver a Vivanco, con quien lo presentó su amigo El Trampas Le sugirió a García Rojas como sucesor Vivanco no aceptó: “El próximo secretario general —le dijo a La Quina— vas a ser tú”
Lo fue, por supuesto a partir de 1962
Pero era Pedro Vivanco quien seguía mandando realmente Joaquín acataba órdenes, como ahora lo hace Barragán Camacho ante Joaquín Hasta que llegó el momento en que La Quina decidió asumir el poder real
Traicionó al viejo “capo”, cuyo desprestigio favoreció su caída
Con evidente apoyo de López Mateos, Hernández Galicia asumió el mando, que no suelta hasta la fecha Con evidente apoyo de López Mateos también, reprimió toda disidencia y aplastó —con apoyo militar— los brotes de inconformidad que durante su gestión se dieron en las secciones 35 (Azcapotzalco), 24 (Salamanca), 10 (Minatitlán)
El agradecimiento de Hernández Galicia al Presidente represor de la disidencia obrera —petroleros, ferrocarrileros, electricistas— no tuvo límite Al hablar en Poza Rica durante la conmemoración de la expropiación petrolera, el 18 de marzo de 1964, dijo a López Mateos: “Los trabajadores de todo el país no olvidan ni olvidarán jamás las grandes decisiones tomadas por usted en su favor A nombre de los trabajadores petroleros y muy particularmente en el mío, señor Presidente, le expresamos nuestro deseo de que nuestra gloriosa bandera tricolor y nuestra Aguila Azteca lo protejan siempre y la sangre púrpura de nuestra raza mexicana lo aliente para seguir adelante, ofrendando siempre la luz clara como el sol de su conciencia y la energía inagotable de su vida, como prototipo del hombre que lo entrega todo a cambio de nada sólo por servir a su Patria”
Ese mismo año, en diciembre, terminó el gobierno de López Mateos y se inició el de Gustavo Díaz Ordaz Jesús Reyes Heroles fue nombrado director general de Pemex
Y se inició una lucha encarnizada Por primera vez —y única hasta ahora— el director de Pemex intentó detener a La Quina
La gestión de Hernández Galicia como secretario general terminó en diciembre de 1965 Lo sustituyó Rafael Cárdenas Lomelí, dirigente de la sección 10; pero La Quina había ya afianzado su poder y, a la manera de Vivanco, mantenía la hegemonía en el STPRM
Por lo pronto, volvió a la secretaría general de la sección 1, en su coto de Ciudad Madero Desde ahí, mantenía el control económico y político del sindicato Hasta que sus enfrentamientos con Reyes Heroles hicieron crisis, en febrero del fatídico 1968 La Quina recurrió entonces a un habilidoso ardid: anunció su “retiro” Dejó la dirigencia de la sección en manos de Barragán Camacho, incondicional suyo, y formalmente desapareció de la escena sindical
Regresaría, siete meses después: fue el organizador del apoyo de los petroleros al presidente Díaz Ordaz, luego de la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco Y recuperó el apoyo presidencial
Pese a ello, Reyes Heroles no cejó del todo La sucesión que ese mismo año ocurrió en la secretaría general del STPRM se resolvió a favor de Samuel Terrazas Zozaya, hombre ajeno a La Quina y apoyado por el director de Pemex
Terrazas Zozaya, dirigente tibio e incoloro, fue incapaz de limitar el creciente poderío de Hernández Galicia Falló rotundamente A tal grado que, en 1971, La Quina pudo imponer —a pesar de la oposición inicial del presidente Luis Echeverría— al hombre de su máxima confianza: Salvador Barragán Camacho
Durante esa primera gestión de Chava como dirigente formal del STPRM, Hernández Galicia afianzó definitivamente las bases de su poder Consiguió reformar a su gusto los estatutos del sindicato, puso en marcha su “revolución obrera” y se autonombró “líder moral” del sindicato
En 1974 afloró nuevamente el descontento de los petroleros Más de 10,000 de ellos, integrantes del Movimiento Nacional Petrolero, marcharon a Los Pinos para denunciar ante el presidente Echeverría los latrocinios de La Quina y Barragán Camacho Presentaron pruebas contundentes, a las que se sumó la opinión del propio director general de Pemex en ese momento, Antonio Dovalí Jaime: “Barragán Camacho y Hernández Galicia son inmorales, bandoleros; están destrozando a Petróleos Mexicanos”
Echeverría prometió actuar También lo hizo, acatando órdenes presidenciales, el nuevo dirigente del STPRM, Sergio Martínez Mendoza, sucesor de Barragán Camacho
Nadie, sin embargo, tocó a La Quina En cambio, los dirigentes del MNP fueron reprimidos y acabaron por ser corridos de Pemex
El 20 de mayo de 1976, seis meses antes de dejar la presidencia, Echeverría puso como ejemplo “al país y al resto del mundo” lo hecho en Ciudad Madero por Hernández Galicia, autor de “un nuevo sindicalismo visionario”
Había sido totalmente doblegado, también
Con José López Portillo en la Presidencia, Jorge Díaz Serrano llegó a la dirección de Pemex: se acercaba la hora dorada de Hernández Galicia
Había, sin embargo, un escollo En 1976 asumió la secretaría general del STPRM Heriberto Kehoe Vincent, dirigente de la sección 30 (Poza Rica), bien reputado y, sobre todo, abiertamente distanciado de La Quina Su ascensión fue atribuida entonces a un intento del gobierno lopezportillista, recién iniciado, de sanear el gremio petrolero En su campaña, López Portillo se había visto frío y hasta hosco frente a Hernández Galicia y Barragán Camacho
En efecto, las primeras acciones del ‘Güero’ Kehoe parecieron encaminadas a cambiar las cosas Inclusive, se acercó a los disidentes Sus diferencias con Hernández Galicia, que venían de tiempo atrás, se acentuaron Y afloró una pugna abierta
La buena estrella de Hernández Galicia, sin embargo, lo libró de ese estorbo: el 28 de febrero de 1977, el “Güero” Kehoe fue asesinado a balazos por el trabajador petrolero Antonio Madrigal Mendoza, al salir de un restaurante en Poza Rica El asesino fue ultimado ahí mismo por los guardaespaldas del líder
Hernández Galicia fue públicamente acusado como autor intelectual de esos hechos Lo negó siempre Lo cierto es que las muertes de Kehoe y de Madrigal Mendoza nunca fueron aclaradas
La secretaría general del STPRM fue asumida por Oscar Torres Pancardo, dirigente entonces de la sección 30 Y Torres Pancardo —que resultó herido en los hechos del 28 de febrero— era otra cosa Sin ser incondicional de La Quina, con el que llegaría a tener graves diferencias, no era tampoco su enemigo Entró, feliz, al juego de la corrupción, mientras el país arribaba al “boom” petrolero
En pleno derroche, Jorge Díaz Serrano hizo de los dirigentes sindicales, encabezados por La Quina, sus mejores aliados: les concedió todo cuanto quisieron y abrió para ellos el grifo de la abundancia, que formó verdaderos ríos de dinero
Para las aspiraciones presidenciales de Díaz Serrano, el apoyo de los petroleros resultaba fundamental A cambio de él, acrecentó las canonjías y les permitió negociar abiertamente con los contratos de obras, para lo cual firmó con el STPRM en junio de 1977, un convenio que convertía al sindicato en contratista y daba a la empresa manos libres para el regreso de las empresas particulares a la industria petrolera
Nada ni nadie impidió que en 1980 Hernández Galicia —que un año antes se había autonombrado “director de Obras Sociales Revolucionarias” del STPRM, inventando para ello el cargo— impusiera otra vez como secretario general a Salvador Barragán Camacho Ni para que, por su pura decisión, se ampliara “excepcionalmente” la gestión de Chava de tres a cinco años
Díaz Serrano cayó en desgracia; pero sus amigos y cómplices permanecieron —y permanecer— intocados, con un poder económico descomunal: sólo por la participación para “obras sociales” de los contratistas libres, recibieron en seis años más de 20,000 millones de pesos
Pese a ello, sobrevendría una nueva amenaza: la renovación moral preconizada por el nuevo gobierno La persistencia del imperio quinista se antojaba imposible, inimaginable frente a los postulados del presidente Miguel de la Madrid
Hubo escarceos evidentes Un enfrentamiento entre el nuevo director general de Pemex, Mario Ramón Beteta, y La Quina y Barragán Camacho, se hizo claro
Menos de dos meses después de asumir el cargo, Beteta advirtió frente a ellos, rotundo, que “mientras yo sea director de Pemex no se harán negocios inmorales a la sombra de la máxima industria nacional”
La Quina no se quedó quieto, por supuesto Echó mano de todas sus argucias y todo su poder Atacó a la nueva administración de Pemex y a los “funcionarios de sexenio”, multiplicó el reparto de dinero a los dirigentes seccionales y hasta anunció, otra vez, su “retiro”
La cosa parecía seria
Y, más, cuando la denuncia por fraude contra El Trampas pareció resultarle contraproducente: se destapó la cloaca y se desencadenó el escándalo
El derrumbe de La Quina pareció inminente: había todos los elementos, todas las pruebas, todas las denuncias para actuar en su contra
Y nada pasó
Vino el silencio
Las canonjías a los líderes sindicales no cesaron (Proceso 409, 410, 417); los “negocios inmorales a la sombra de Pemex”, tampoco (Proceso 417) Pemex mismo solapó un fraude de Barragán Camacho contra la empresa
Y, finalmente, la sorpresa, lo que pareció inimaginable: el 4 de julio pasado, el presidente Miguel de la Madrid puso al sindicato petrolero como “ejemplo de honestidad” y estrechó a La Quina en histórico abrazo
LAS PINZAS DEL PODER
Visionario sin duda— como lo reconociera Luis Echeverría— Hernández Galicia supo fincar, a lo largo de su carrera, las bases de un poder que hoy se antoja indestructible: el control férreo de un gremio sustancialmente importante para el sistema, el manejo político de las plazas de trabajo en Pemex, la acumulación de recursos económicos y la proyección de una imagen paternalista y redentora
De Pedro Vivanco, su padrino y maestro, heredó no sólo el poder, sino los principales medios de enriquecimiento
En efecto, fue Vivanco, quien consiguió en 1960 la modificación de la cláusula 36 del Contrato Colectivo de Trabajo para obligar a los contratistas a emplear trabajadores sindicalizados y a pagar al STPRM el 2% del monto de sus contratos con Pemex para “obras sociales”
A la postre, esa modificación ha significado, por la vía legal, el principal renglón de ingresos para el sindicato Actualmente, pese a la crisis y la consecuente escasez de obras, el STPRM recibe por ese concepto unos 2,000 millones de pesos al año
Y ese es dinero que La Quina recibe y maneja personalmente
Otro ingreso importante —que durante el díazserranismo llegó a ser inmenso— proviene de los contratos otorgados por Pemex al sindicato, hasta el año pasado sin mediar concurso alguno El convenio de 1977, además, permitió a los líderes sindicales subcontratar obras de Pemex con empresas privadas, “a cambio de una ‘comisión’ del 35%”, según denunció El Trampas
Los demás negocios son aparte: la exportación de residuos de petróleo, ilegal, anticonstitucional, significó para La Quina y socios ganancias de 7,400 millones de pesos en sólo 18 meses (Proceso 411)
Y es sólo un ejemplo
En el terreno del control político, Hernández Galicia ha recurrido a modificaciones de los estatutos, de las cuales dos son fundamentales:
Una, la del artículo 332, realizada en 1976, que sustituye el “escrutinio secreto” en las elecciones sindicales por el sistema de “mano alzada”, que suprime el secreto del voto
Otra, la del artículo 60, hecha en 1971 durante la primera gestión de Barragán Camacho al frente del STPRM, que establece las normas para la asignación de plazas sindicales en la empresa
El artículo modificado establece que del total de plazas disponibles, el 50% debe otorgarse a trabajadores transitorios y el 50% a familiares de los trabajadores sindicalizados Especifica, además, los criterios básicos para otorgar las plazas a los aspirantes: primero, su “militancia sindical”; en segundo lugar, su antigüedad en la empresa
También se explica, claro, en qué consiste esa “militancia sindical”, requisito fundamental para aspirar a una plaza: “participar en todas las actividades sindicales, cívicas, políticas y sociales organizadas por la sección o delegación respectiva en apoyo a la Constitución, a las instituciones, al beneficio social de México y del STPRM”
Esto ha permitido a La Quina el control de los transitorios y su empleo “voluntario”, sin retribución alguna, lo mismo en los acarreos políticos que en los trabajos de las “obras revolucionarias”
Para aspirar a una plaza, o siquiera a un contrato eventual, es menester haber trabajado un número determinado de días, sin paga, en las granjas, las tiendas, los centros deportivos y otras de las obras sociales de La Quina
Obras sociales que para el propio Hernández Galicia —más que para los trabajadores— resultan fundamentales: son las que le permiten justificar —aunque nunca rinda cuentas— los ingresos multimillonarios que recibe y, a la vez, proyectar su imagen de benefactor de la sociedad
En sus granjas, presume, hay 27,000 hectáreas destinadas a la producción de alimentos “para aliviar el hambre del pueblo mexicano”; tiene 69 tiendas de consumo, fábricas de ropa, jabón, escobas, detergentes; cines, teatros, restaurantes, centros deportivos, funerarias
Las obras sociales son también magnífico pretexto para repartir dinero a manos llenas y ganar voluntades: sin mediar acuerdo alguno, sin aprobación de asamblea, sin justificación y sin recibos, reparte millones de pesos entre los dirigentes seccionales; pero también hace ese tipo de regalos a presidentes municipales, a gobernadores, a escuelas
En Ciudad Madero, su feudo, todo ha sido obra suya: la introducción de drenaje y energía eléctrica, la pavimentación de las calles, la construcción de escuelas y hasta el palacio municipal, que por supuesto ocupa quien él designa
Hace tres meses, en una entrevista publicada por el propio STPRM, reconoció que el “capital social” del sindicato asciende a 25,000 millones de pesos: 15,000 invertidos en obras y 10,000 millones en efectivo, invertidos en valores bancarios
Las cuentas precisas sobre esas inversiones y depósitos, y particularmente sobre el destino de los intereses que producen, son un misterio
Oculta también que cuando menos gran parte de los gastos de mantenimiento y operación de sus obras sociales los sufraga Pemex, a través de “ayudas especiales” y subsidios Además, el personal que labora en las tiendas sindicales, las granjas y otras obras —aparte de la participación “voluntaria” de los transitorios— es pagado también por Pemex, a través de “comisiones”, según consta en documentos oficiales de la empresa y el STPRM
Presume de que, gracias a él, los trabajadores petroleros reciben una “canasta básica” equivalente a 2,000 pesos mensuales; pero no dice que Pemex le entregó el año pasado, para ese fin, 200 millones de pesos adicionales
En un oficio dirigido al director general de Pemex, Mario Ramón Beteta, el 27 de agosto de 1983, el propio Hernández Galicia y Salvador Barragán Camacho indican haber recibido de la empresa, en ocho meses, 2,400 millones de pesos, mismos que “están siendo invertidos en cajas de ahorros, financiamiento para producir alimentos, obras de infraestructura industrial y básicamente para subsidiar artículos de primera necesidad”
Hábilmente, a sabiendas de que en aras de la “autonomía sindical” no sería aceptada —como ocurrió—, los líderes extienden a Beteta una invitación para que la empresa revise sus inversiones e inspeccione las instalaciones respectivas
Finalmente, dicen:
“Estamos conscientes de que una de las metas de la nueva administración es la de hacer un nuevo Pemex Nosotros desde hace mucho tiempo estamos luchando por lo mismo y también por un sindicato más revolucionario, más eficiente, más nacionalista; porque patriota ya los hemos demostrado innumerables veces”
En vísperas de las “elecciones” de nuevo Comité Ejecutivo General, que ocurrirán el lunes 3 de diciembre, La Quina demuestra también que tampoco el Presidente de la renovación moral fue capaz de detenerlo El será, si le da la gana, el nuevo secretario general








