Todo el poder oficial, lanzado contra una periodista

Todo el poder oficial, lanzado contra una periodista
Manuel Alonso, otra vez en nombre del Presidente, orilla al retiro a Isabel Arvide
Rafael Rodríguez Castañeda
Acosada en su trabajo profesional, obligada a revelar sus fuentes de información, hostigada en su vida personal y aún íntima, agredida y amenazada, la columnista Isabel Arvide se vio orillada a renunciar públicamente al periodismo, después de soportar durante siete meses lo que ella llama el encono inaudito de funcionarios del gobierno, decididos a terminar con su carrera
En la columna “Sin Gafete”, que publicaba en el diario Ovaciones, Arvide escribió el jueves 20 pasado: “Como periodista no tengo puntos débiles, pero como mujer encontraron el nudo de mi vulnerabilidad”
Y concluía así:
“Me retiro Quizás un día las cosas sean distintas La libertad de expresión sea, vuelva a ser algo más que un discurso A Manuel Buendía lo mataron con balas; a una mujer se le asesina de muchas otras maneras”
El caso de Isabel Arvide ilustra una vez más, como ejemplo ominosamente revelador, que las relaciones del gobierno con algunos periodistas están regidas por la arbitrariedad y el hostigamiento Y que a falta de un ordenamiento legal, son los caprichos de funcionarios —en este caso, otra vez, Manuel Alonso, director de Comunicación Social de la Presidencia— los que determinan el trato con el gremio
Arvide anunció su retiro dos días después que su conflicto con el gobierno saliera a la luz pública en un párrafo que dedicó al asunto José Luis Mejías en su columna “Los Intocables” (Excélsior, martes 18) Sin mencionar su nombre, Mejías escribió:
“Una periodista, columnista específicamente, publicó ciertos aspectos estrictamente personales y privados, desvinculados por completo de todo acto de gobierno, de un familiar del Presidente La periodista tiene un amante que es miembro del Estado Mayor Presidencial y por razones de seguridad o de inseguridad, como quiera verse, sus superiores le quitaron esa comisión y lo enviaron a Quintana Roo El militar inquirió las causas de su traslado: se le dijo que se debía a sus indiscreciones, impropias de su profesión, y la periodista se presentó ante los jefes de su amante negando que éste le hubiera dicho una sola palabra del asunto Le respondieron que no podían creerle, a menos que les diera el nombre de quien le hubiera dado la información y probara su dicho de alguna manera, y la periodista dio el nombre del informante”
A través de la columna de Mejías culminaba la campaña que Manuel Alonso emprendió contra la periodista de 33 años desde que ésta aludió, su columna del 4 de marzo de este año, a un incidente en la vida familiar del presidente Miguel de la Madrid (Ver recuadro)
En este lapso Arvide inexplicablemente recibió —de las manos del propio presidente De la Madrid— el Premio Nacional de Periodismo 1984, en su categoría de comentario político
Entrevistada por Proceso en la casa rentada que ocupa en la colonia Roma, Isabel Arvide explica que el mismo domingo 4 de marzo, por la tarde, fue llamada al despacho de Manuel Alonso
Narra:
“Me sometió a un interrogatorio terrible, fascista diría yo Dijo que me había metido en un lío muy serio `Estoy hablando en nombre del Presidente Está furioso contra ti No quiere saber nada de ti Tú sabes que la familia presidencial es intocable y que nada tiene que ver con la función pública’
“Yo estaba verdaderamente asombrada Ni por asomo me esperaba algo así Escribí la columna destacando un gesto que yo consideraba positivo en el Presidente No podía creer que Alonso, al que consideraba mi amigo, me estuviera hablando de esa forma
“Luego empezó el verdadero interrogatorio De pesadilla Tres horas de las más espantosas amenazas para destruir mi carrera, mi prestigio, mi familia Alonso quería, por encima de todo, saber el nombre de mi informante Me negaba a dárselo Era mi derecho como periodista Y entonces recurrió a lo más sucio: a chantajearme con mi compañero, con mi “amante” como dice Mejías
“Nuestra relación no era escondida Todo mundo sabía que dormía en mi casa En las giras es imposible ocultar quién duerme con quién Y nosotros no éramos vergonzantes El —no quiero hacerle más daño mencionando su nombre— tiene un alto sentido del deber militar Y siempre lo ha cumplido cabalmente No tenía forma de saber lo que publiqué, ni la nuestra es una relación para eso
“Pero Alonso sabía que ahí estaba desprotegida Si hubiera sido necesario, para pagar la supuesta falta que cometí, habría renunciado al periódico o me hubiera mudado de ciudad o de país Ante las amenazas a mi compañero, nada podía hacer Me sentí impotente Lloré de rabia De aquella sesión salí bañada en llanto
“Al cabo de tres horas me rendí Identifiqué a quien me había dado la información Sabía que con ello violaba la ética profesional, les fallaba a mis colegas periodistas Y por supuesto, delataba a mi fuente Pero moralmente estaba a muy afectada Y no podía hacer otra cosa Quería salvar a mi compañero
—¿Puedes ahora identificar a tu fuente?
“No sé si deba hacerlo para el público Ya le he originado demasiados problemas Tendría que preguntarle pero se lo dije a Alonso Se trata de un miembro del gabinete, amigo del Presidente para más señas Semanas antes de la publicación de la columna, con más precisión el día de la comida de los gobernadores, estuve platicando con él acerca del poder y sus implicaciones Y en la conversación, de la forma más natural e inocente, me dijo: `Mira lo que le pasó a Miguel, por ejemplo’ Y me narró la historia de cómo la hija del Presidente quería comprar su ajuar de bodas en Houston, y cómo Miguel de la Madrid se lo impidió Por supuesto, en esos momentos no pensé de inmediato en publicarlo Pero al hacer una columna sobre lo que es la soledad del Presidente de la República y los problemas a los que se enfrenta como tal, inclusive en el seno familiar, me pareció lo más normal mencionar el asunto Creo que lo hice positivamente para él”
—¿De qué te acusaba Alonso?
“Ya lo dije Que la vida familiar del Presidente es intocable Yo le hice saber que una decisión familiar, en la que el Presidente es congruente con lo que dice públicamente, es por necesidad un acto político favorable para él Y que no veía nada ofensivo Le pedí que obtuviera una audiencia con el Presidente Yo le podría explicar todo Me negó la posibilidad rotundamente: `El Presidente no quiere saber nada de ti’ Yo creo que nunca llegaré a saber qué tanto hablaba Alonso por él y qué tanto en nombre del Presidente Se me hace insólito que el enojo presidencial pueda llegar a esos límites”
—¿Qué pasó después?
“Con tristeza pensé que me habían obligado a revelar mi fuente informativa y que nada había podido hacer por evitarlo Me confortaba que el trago amargo había pasado y que ahí quedaría todo No fue así Al día siguiente mi compañero llegó cargando todas las cosas del escritorio de su oficina Había recibido una fulminante orden de traslado Salía del Estado Mayor Presidencial Lo mandaban a Tijuana Tal vez los civiles no podamos comprender lo que esto significa para un militar La disciplina impide cualquier réplica Ni siquiera el cuestionamiento Y se rompe una carrera lograda con base en muchos esfuerzos y sacrificios Y no hay de otra Estaba verdaderamente desolado Mi hijo de siete años y las hijas de él estaban desconcertados”
Arvide da por concluida su carrera periodística a ocho años de haberla iniciado en el diario Novedades, de donde salió —afirma— por presiones de Mauro Jiménez Lazcano ante el director Rómulo O’Farril Estuvo después en Excélsior y en El Sol de México Finalmente, Ovaciones, 1a y 2a ediciones, principalmente con su columna “Sin Gafete”
La columnista acompañó al ahora presidente De la Madrid durante toda su campaña como candidato De esa experiencia obtuvo el material para su libro Al final del túnel, el cual comienza con la frase “Obviamente sin Miguel nada hubiese sido posible”
Las vicisitudes de Arvide no iban a parar en la venganza en la persona de su compañero Manuel Alonso nunca la volvió a recibir Intentó buscar una entrevista con Miguel de la Madrid a través de su secretario particular, Emilio Gamboa, con quien llevaba una buena relación Ni siquiera le contestó el teléfono Quedó completamente aislada
En el periódico no hubo problemas El director, Fernando González Parra, había sido llamado también por Manuel Alonso, según supo Isabel Pero no acudió, “porque no era nivel” Públicamente, sin embargo, Ovaciones no informó del asunto
Casi dos meses después de publicada la columna de la ira, Isabel Arvide envió una carta a Eduardo García Puebla, subsecretario de Prensa del CEN del PRI, a través de la cual rechazaba un embute La carta, publicada en Proceso 396, decía así: “El día de ayer, en un acto que prefiero abstenerme de calificar, pusiste sin que me diese cuenta un cheque en mi bolsa Fue una grave equivocación Te estoy enviando el documento 00153 de la cuenta a tu nombre 7119-0 a cargo del banco UNIBANCO Ampara la cantidad de cien mil pesos AL PORTADOR Mi calidad de mujer prefiere ahorrarse lamentables comentarios”
Aparentemente ninguna repercusión negativa tuvo la devolución del cheque, pero la vida familiar de Arvide se había trastornado Tenía que viajar con frecuencia a Tijuana, en donde fechó muchas de sus columnas Posteriormente su compañero recibió una nueva represalia: fue trasladado a Delicias, Chihuahua
En forma inexplicable, sin embargo, Isabel Arvide fue seleccionada por el gobierno de la República Premio Nacional de Periodismo 1984, a pesar de que ninguna institución la había propuesto, tal como lo exige el reglamento de los premios El 7 de junio, entre sonrisas, el presidente Miguel de la Madrid le hizo entrega del premio
Inclusive, el Presidente jugueteó después con el pequeño hijo de la periodista, que la acompañó a la ceremonia
El hostigamiento continuó Arvide encabezaba la representación de un gobernador estatal en la capital de la República Era, dice, un trabajo público y formal, que incluía los servicios de una secretaria El gobernador la mandó llamar para decirle que había recibido instrucciones de prescindir de sus servicios Al golpe a su vida personal seguía la agresión a sus ingresos
El acoso no terminaría ahí De regreso de un viaje a Nueva York, en compañía de una amiga Arvide fue objeto de un trato vejatorio
“Revisaron nuestro equipaje como si fuera el de los peores delincuentes Voltearon al revés nuestras maletas Sacaron todo; no dejaron de urgar ni en el último tubo de labios En el viaje se había perdido, además, una de mis maletas En la revisión estuvo presente el jefe de aduanas y un agente de la Policía Judicial Federal”
“Al día siguiente fui a la Procuraduría Quería saber de qué se trataba En la Policía Judicial Federal me enseñaron un informe recibido horas antes de mi llegada de Nueva York, según el cual iba a traer conmigo un contrabando de armas Ve nomás eso A partir de ese momento se multiplicaron las amenazas telefónicas; las llamadas anónimas para que yo entregara `las armas que te encargamos’; la vigilancia en torno de mi casa”
“Fui a ver a mi amigo, el procurador Sergio García Ramírez Le pedí que se investigara quién me estaba persiguiendo así Prometió averiguarlo Sólo me dijo que tenía yo muchos enemigos Quedó de llamarme cuando tuviera datos Todavía, meses después, estoy esperando su llamada He intentado hablarle Y mi amigo se niega siquiera a contestar el teléfono”
El colmo, según Isabel Arvide, fue la columna de José Luis Mejías, en la que recoge —dice— todo el dolo y la mala fe de quiénes se declararon dispuestos a destruir su carrera periodística Y lo han logrado
“No puedo más Luché hasta donde pude Pero es la impotencia ante la calumnia Está uno indefenso cuando el poder decide acabar con uno Mis amigos me dicen que no me vaya, que siga luchando Hay demasiado de por medio Mi compañero se ha cansado Mi hijo vive en el desconcierto Si el Presidente no me lo impide, pretendo conseguir un trabajo en el extranjero y vivir un tiempo fuera del país”
—¿Crees que el Presidente esté atrás de toda esta campaña?
“Si un Presidente dedica todo sus esfuerzos, su energía y su poder para acabar con un periodista por el solo hecho de mencionar un incidente familiar, a este país se lo llevó la fregada Quiero pensar que todo es obra de sus colaboradores”
“Quiero agregar algo Yo no soy un caso aislado El gremio periodístico vive en el miedo Nos vigilan, nos persiguen, nos hostigan Hace poco varios hombres armados entraron en la casa del columnista Juan Bustillos El no estaba Pero amedrentaron a su familia De eso se trata De meter miedo”
En la columna con que se despidió del oficio periodístico Arvide expresa, entre otros conceptos, los siguientes:
“Frente a mí un papel dice que soy merecedora del Premio Nacional de Periodismo Otra fotografía asienta: `A una periodista honesta y profesional’ La firma es idéntica En esa misma pared hay testimonios de la guerra, de los reportajes en la cárcel, de lo recorridos por países lejanos Años de búsqueda de la noticia, de afanes honestos persiguiendo un nombre, un sitio Lo que como mujer ha sido doblemente difícil
“No pretendo extenderme en un viaje egocéntrico que no lleva a ningún sitio Tan sólo clarificar que no le temo al trabajo, menos a la disciplina diaria
“En mi personal respuesta a la nota de José Luis Mejías afirmé que como periodista no tengo puntos frágiles, pero como mujer encontraron el nudo de mi vulnerabilidad
“Los protagonistas de esta historia sabemos la verdad Un día la justicia será, un día un hombre de todo poder se dará cuenta de los hechos Mientras tanto quiero dejar este oficio que tanto he amado
“No hay cobardía, simplemente un cansancio inmenso, una desesperanza que todo lo cubre”