DE LA VEGA, HOMBRE DEL SISTEMA, SUPO SIEMPRE ADAPTARSE AL ESTILO DEL JEFE EN TURNO

DE LA VEGA, HOMBRE DEL SISTEMA, SUPO SIEMPRE ADAPTARSE AL ESTILO DEL JEFE EN TURNO
Oscar Hinojosa
Conocedor de las exigencias que el sistema político impone a sus hombres, Jorge de la Vega ha servido disciplinada y ordamente a varios presidentes de la República, tengan estos tentaciones autoritarias o inclinaciones populistas Con esa fórmula ha podido subir y, tras de la caída, reanudar el ascenso
Con Gustavo Díaz Ordaz —hace 15 años— cumplió al lado de Andrés Caso el papel de interlocutor gubernamental de los líderes estudiantiles, en negociaciones prácticamente condenada al fracaso de antemano Frente a los miembros del Consejo Nacional de Huelga exhibió un estilo frío, hostil, distante
Uno de los líderes del movimiento de 1968, Luis González de Alba, hizo un boceto del de negociador diazordacista en su libro Los días y los años:
“Jorge de la Vega había escuchado las demandas del CNH sin alterar en nada la expresión de los fríos ojos azules con que nos observa en cambio, Caso manifestó cierta inquietud que expresaba con movimientos sobre el asiento y rápidas miradas a su compañero y a nosotros
“La respuesta tajante de Jorge de la Vega fue que el gobierno no podía aceptar condiciones de ninguna especie En su primera intervención empezó por decir que él siempre había sido gobiernista y que llegaba a las pláticas como representante de un gobierno que, etcétera Ahora su respuesta también era contundente Le hicimos saber que tampoco el Consejo podía aceptar un diálogo con el gobierno en las circunstancias que ya conocíamos, pues sería tanto como permitir el imperio de la fuerza sobre la razón A los 10 minutos de iniciada la entrevista, De la Vega expresó lo que nosotros estábamos pensando desde que escuchamos su respuesta: muy bien, entonces no tenía sentido seguir hablando”
Horas más tarde, el movimiento estudiantil era segado con violencia sin medida en la Plaza de las Tres Culturas
A la hora de la adulación, De la Vega ha demostrado su destreza y sentido de la oportunidad A Luis Echeverría, que se dejaba querer, el entonces director de la Conasupo, le dedicó el 20 de noviembre de 1974 elogios clamorosos:
“La Revolución Mexicana —dijo— no es añoranza ni ritualismo La honramos con integridad moral y política en la conducta Por eso el Jefe de la Nación le rinde homenaje cotidiano con su actividad incansable, con sus virtudes republicanas, con su patriotismo ejemplar En horas difíciles conduce la energía de su pueblo y se dispone a redoblar el paso, a seguir haciendo historia, porque sabe que la Revolución Mexicana comienza todos los días”
A los ojos de De la Vega, LE era un gobernante que en vez de imponer y reprimir proponía y convencía, era un estadista que con franqueza y persuasión salvaba del naufragio las deliberaciones internacionales, el revolucionario que con su pensamiento y acción remozaba el proceso de transformación social y el jefe del Ejecutivo que si encontraba escollos los vencía resueltamente
El jefe del nuevo Programa Nacional de Alimentos también, como secretario de Comercio de JLP, fue corresponsable en el impulso al Sistema Alimentario Mexicano, sobre cuya tumba se levanta hoy el PNA Del efímero SAM, Jorge de la Vega dijo que era un propósito totalizador que “convierte el buen uso de los hidrocarburos en la capacidad de producir los alimentos y los satisfactores que demanda el bienestar del pueblo Al mismo tiempo, es camino para generar empleos y redistribuir el ingreso”
En el año del éxtasis lopezportillista, 1980, De la Vega anunció: “México tiene todos los factores para llegar a ser una potencia industrial y comercial de primer orden Con sus hombres, con la `siembra de divisas’ provenientes de la venta de hidrocarburos que en términos llanos significa el truque de bienes extinguibles por bienes renovables Con todas las ventajas de nuestra ubicación geográfica, de nuestros climas, de nuestros litorales y, sobre todo, con la voluntad del pueblo y la decisión política de transformar a la sociedad en su conjunto, habremos de lograr en este año crítico de 1980 el gran salto al México del futuro Aquí radica la trascendencia de las grandes decisiones adoptadas por el Presidente de la República
Cuando los signos de alarma se vislumbraban en el horizonte del país De la Vega conservaba su visión color de rosa de México en la IV Reunión de la República —5 de febrero de 1981— el funcionario sostenía: “Nuestra voluntad de transformación, acerada por acontecimientos nacionales e internacionales adversos, nos permitió salir de la crisis y desatar un período de rápido crecimiento Hoy empleamos esa voluntad para lograr que la dinámica del avance no desborde nuestras capacidades de conducirlo
“Tenemos con qué y sabemos cómo el gobierno del presidente López Portillo demuestra, día tras día, que posee la voluntad política para transformar crecimiento en desarrollo y progreso en justicia”
No tenía dudas ni inquietudes sobre el futuro Para reafirmar su ilimitado optimismo, concluía su discurso así:
“Aceleramos el paso No detendremos la marcha ni desviaremos el camino Contamos con todos los recursos para satisfacer nuestras necesidades Tenemos la firme voluntad quede muestra hoy, aquí, la República reunida La voluntad que confirma el pacto federal de fortalecer la alianza popular que lo sostiene Voluntad nacional que ya logró el país libre que somos y que nos conduce al país justo que deseamos ser y hacer la mayoría de los mexicanos La voluntad que entrega el presidente López Portillo a la construcción democrática de una nueva sociedad independiente y justa”
Como titular de la Secretaría de Comercio, Jorge de la Vega se manifestó convencido de la necesidad de los subsidios, tan implacable e ininterrumpidamente combatidos por sus nuevos compañeros de gobierno, algunos de los cuales fueron antes subordinados suyos
Cuando en la rueda de la fortuna política ocupara uno de los sitiales más altos, el funcionario era un defensor declarado de los subsidios, porque sin estos “se deteriora la economía popular”
“El gobierno —decía en el sexenio anterior el político chiapaneco— sostiene que en una sociedad con las desigualdades y rezagos de la nuestra, por ningún motivo debemos restringir la demanda, puesto que tal medida afectaría en forma severa a los que menos tienen Es imperativo buscar la solución por el lado de la oferta; producir más y mejor”