La silla crece y el que la ocupa sigue siendo humano
Sólo el Presidente puede limitar el poder presidencial: Krauze
Rafael Rodríguez Castañeda
Enrique Krauze, biógrafo de historiadores, historiador él mismo, analista severo del acontecer político nacional, examina el fenómeno del creciente, voraz inclusive, poder de la institución presidencial mexicana:
“Es obvio, dice, que el enorme poder del Presidente en México es ajeno, ya no digamos a la noción, sino a la sensación de límites ”
Autor de Daniel Cosío Villegas, una biografía intelectual, Krauze piensa que los presidentes mexicanos llegan al aislamiento a través de la adulación —”en México hasta los bufones callan y obedecen”— y apunta que no tienen más valladar que ellos mismos Completa: “La silla presidencial ha ido creciendo, pero los presidentes siguen siendo humanos”
Krauze ha sido investigador en El Colegio de México y actualmente es secretario de redacción de Vuelta, la revista que dirige Octavio Paz
Del Poder Legislativo se sabe, y lo reconoce Krauze, que la renuncia a ser contrapeso tiene explicación fácil: sus integrantes, en mayoría aplastante, obedecen a una férrea disciplina partidaria El historiador se duele, en cambio, “del incomprensible, contraproducente e innecesario” plegamiento del Poder Judicial Y se lamenta: “Pocos espectáculos tan grotescos y tristes como el besamanos anual en el que los magistrados rinden sus respetos al Presidente Es como decirle: “la justicia no es ciega, la justicia es usted”
Al endiosamiento presidencial ha contribuido, sin duda, la sumisión de los medios de comunicación, que ponen al presidente a salvo de la crítica Dice Krauze: la prensa estimula el amarillismo autoritario, no el debate racional y democrático, incluyendo el debate racional y democrático sobre el Poder Ejecutivo
Krauze es también autor de Caudillos culturales de la Revolución Mexicana, en el que indaga sobre los “siete sabios” y sus relaciones con el nuevo Estado revolucionario, y coautor —con Jean Meyer y Cayetano Reyes— del tomo 10 de la Historia de la Revolución Mexicana, publicada por El Colegio de México, en el que colaboró con un estudio sobre “La reconstrucción económica” en el período de Calles
En la entrevista con Proceso, Krauze apunta juicios sobre los últimos tres presidentes a la luz de su ejercicio de poder: Díaz Ordaz, el único abiertamente antidemocrático; Luis Echeverría: la mancha del despliegue autoritario en su último año; López Portillo: la mancha del despliegue autoritario de estos días
En Miguel de la Madrid, para Krauze, puede haber esperanzas Después de todo, dice, como profesor de derecho constitucional, su tema cotidiano ha sido la ley, y no el poder
A continuación, el texto completo de la entrevista:
En su ensayo “El timón y la tormenta”, publicado en el número de octubre de la revista Vuelta, usted dice que de haber predominado la humildad, el presidente López Portillo habría decretado mucho antes medidas pertinentes de auténtico realismo, sensibilidad e incluso de fuerza Podría decirse que el poder presidencial es tanto que hasta puede darse el lujo de la humildad ¿Pero en realidad, qué tipo de humildad puede esperarse de un hombre —como lo son los presidentes mexicanos— que se sabe dotado de todo el poder y se siente aspirante a toda la gloria?
Admito que parece extraño recordar una vieja virtud cristiana como la humildad en un ensayo sobre política mexicana Pero quizá no lo es tanto El propio presidente López Portillo utiliza de modo recurrente estas palabras: contrición, pecado, etcétera Su religión, ha dicho recientemente, es México En mi ensayo digo que a López Portillo le faltó humildad en el manejo de la crisis antes del 1o de septiembre Hay quien cree lo contrario: que le sobró humildad Pero hay que distinguir entre una actitud humilde y otra autolesiva Humildad es reconocer con entereza una derrota o una fuerza superior Humildad habría sido aceptar a tiempo que el desplome de los precios petroleros determinaba una modificación global al plan del sexenio Humildad hubiera sido concebir la súbita riqueza petrolera, no como una panacea para volvernos una potencia intermedia, sino como un fuelle, un respiro para ser un país modesto, equilibrado y sano
Ahora bien, ¿es mucho pedir, el pedir humildad a un Presidente mexicano? Basta entonces de cambiar la palabra humildad por otra fórmula menos piadosa: noción de límites Gracias a la exigencia de Madero de poner límites temporales a la Presidencia, este país ha resuelto el problema de la sucesión Los límites políticos son fundamentales: por no apreciarlos y sentirse presidenciables, Morones y Lombardo perdieron su poder En cambio, Fidel Velázquez aprendió en cabeza ajena y por eso conserva el suyo Pero en fin, es obvio que el enorme poder del Presidente en México es ajeno, ya no digamos a la noción, sino a la sensación de límites
Allí mismo, usted compara el poder inmanente del Presidente de México con el de la Virgen de Guadalupe ¿Cree usted, sin embargo, que al paso que la fe parece decrecer en ciertos sectores sociales, el poder presidencial va en aumento?
Durante todo el Siglo XIX hasta el Porfiriato, el ejecutivo mexicano fue débil Santa Anna instauró prácticas y estilos caudillescos y autoritarios, pero sus varios reinados fueron efímeros Durante la República Restaurada México vivió el hermoso espectáculo de un Poder Legislativo pleno de inteligencia y combatividad, Un Poder Judicial absolutamente independiente y una Prensa libre con todas sus tonalidades El Ejecutivo —Juárez y Lerdo— tenía que luchar con la razón y el derecho para defender sus iniciativas Todo esto se tradujo en un gran desarrollo político y cierta merma de la efectividad ejecutiva Pero esta era, al fin y al cabo, la esencia de la división de poderes prevista en El Espíritu de las Leyes de Montesquieu
A partir del Porfiriato y a excepción del breve episodio maderista hemos vivido un predominio del Poder Ejecutivo sobe los otros poderes y, en general, sobre la sociedad En este sentido se puede decir que —hasta cierto punto— la Revolución continuó al Porfiriato Basta asomarse por encima a la vida política porfiriana para descubrir que el lugar del Presidente, su influencia desde lo alto de la pirámide, la sumisión de los otros poderes y el estilo cortesano, no han cambiado La existencia del PRI, que junto a la no reelección es la gran diferencia con respecto al Porfiriato, no modifica, a mi juicio, estas líneas de continuidad
Por otro lado, no hay duda de un cambio cuantitativo El Poder Presidencial ha crecido con el Estado Un golpe de timón en 1907 a 1927 podía no afectar a algunos sectores de la población El espacio de la sociedad civil —autártica, aislada y premoderna— era mayor Ahora es obvio que las decisiones de un solo hombre, y hasta sus humores, pueden cambiar la vida de todos los habitantes Se ha reducido el espacio por fuera de la pirámide Económicamente, por ejemplo, el poder concesionador del Ejecutivo es inmenso La silla presidencial ha ido creciendo, pero los presidentes siguen siendo humanos
El dato de la nacionalización de la banca lo ofrece usted, en su ensayo, como una muestra particular del ejercicio del poder en aras de la perpetuación histórica ¿No es contradictorio el creciente absolutismo presidencial, de cara a la reforma política, cuando se demuestra que el grado de politización va en aumento?
Se puede no estar en contra de la nacionalización de la banca y reprobar, al mismo tiempo, la forma en que se hizo y el modo en que se presenta al público En mi ensayo no dije que la nacionalización tuvo como resorte único la vindicación histórica de López Portillo Pero no cabe duda que ese fue uno de los motivos Por otro lado, sí, en efecto, el ucase del 1o de septiembre contradice al espíritu que dictó la Reforma Política El pueblo mexicano votó copiosamente el 4 de julio por un programa económico distinto y esto, me parece, debió tomarse en cuenta Hubiese sido preferible un debate previo en la Cámara y la Prensa Que el país se expresase políticamente en torno a estos problemas antes de tomar la medida El control de cambios es otro asunto: era ya imprescindible, si bien debió haberse hecho antes y con modalidades apropiadas al país En fin, lo que sin duda contradice el fondo de la Reforma Política es el culto a la personalidad, la movilización de masas y el adoctrinamiento: son métodos perfectamente opuestos al liberalismo constitucional que propugna la Reforma
El absolutismo presidencial es realidad cotidiana, no teorización Se podría explicar que en nuestro sistema presidencialista el Poder Legislativo —dominado por representantes del partido del que el presidente es jefe nato— renuncia a su calidad de contrapeso Este vínculo no existe, en cambio, en el caso del Poder Judicial ¿Qué significa que también el Poder Judicial renuncie a ser factor de equilibrio?
Sobre esto recuerdo una anécdota de uno de los “Siete Sabios”: Alberto Vázquez del Mercado Creo que fue en el año de 1930 o 1931 El presidente Ortiz Rubio había expulsado del país a Luis Cabrera debido a sus opiniones críticas sobre “la Revolución de ahora” (comparada con la que, según Cabrera, era verdadera Revolución, la de 1917) Vázquez del Mercado intentó movilizar al Poder Judicial contra esta arbitrariedad del Ejecutivo El agravio a Cabrera no era tan serio, pero Vázquez quería sentar un precedente de total independencia: ganarle una batalla al Ejecutivo Nadie lo secundó en público Ha sido probablemente el único magistrado mexicano que ha renunciado a esa ventajosa y casi inmune posición En privado, fuera del recinto oficial, en la cantina de enfrente, los Magistrados abrazaban a Vázquez del Mercado y lo ponían como ejemplo, un ejemplo sin secuela
Que el Poder Judicial con todas las garantías materiales y físicas que le otorga la ley haya renunciado a la independencia no es sólo incomprensible sino contraproducente e innecesario Un poder Judicial independiente podía ser un gran apoyo para el Ejecutivo, un valladar eficiente y funcional, por ejemplo, contra la corrupción Pocos espectáculos tan tristes y grotescos como el besamanos anual en el que los magistrados rinden sus respetos al Presidente Es como decirle: la justicia no es ciega: la justicia es usted Esto deprime el espíritu público y la fe en las leyes
Se dice con frecuencia que quienes olvidan su pasado se condenan a repetirlo Tal vez conociendo los orígenes del Presidencialismo mexicano podríamos comprenderlo mejor y así diera formas de limitarlo ¿Cuáles son sus antecedentes históricos?
Esta no es una pregunta para una entrevista sino para una tesis A mi juicio, el presidencialismo mexicano tiene raíces complejas y antiguas Como en tantas otras cosas, en política se dio un sincretismo de lo azteca y lo español Pocas cosas más “castellanas y moriscas, rayadas de azteca” que la silla presidencial Detrás del Presidente está el Tlatoani, el centralismo tolteca, el caudillo árabe, el patrimonialismo español A diferencia del liberalismo anglosajón, constitucional e individualista, el liberalismo español —y, en alguna medida, el mexicano— tuvo siempre una orientación estatista Había que fortalecer al Estado frente a la Iglesia y el Ejército y, sólo después, proteger al individuo Esto favoreció, desde luego, al poder presidencial
Con todo, a cada avance del liberalismo a la española anticlerical y estatista siguió siempre otro avance del liberalismo constitucional de cortes anglosajón Todo nuestro Siglo XIX está lleno de figuras liberales de extraordinario relieve: Mariano Otero, José María Luis Mora, Francisco Zarco, Ignacio Ramírez Los hombres de la Reforma eran en su mayoría, liberales a la inglesa y ese fue, a mi juicio, el sentido profundo de la Constitución del 57 Concebían la libertad de modo negativo: como ausencia de coerción El autor favorito de Juárez era uno de los liberales individualistas más puros del siglo: Benjamín Constant
Estos hombres que tenían como filosofía vital el limitar el poder, accedieron al poder en 1867 y lo retuvieron sólo once años El resultado de su gestión fue la República Restaurada, la única época de nuestra historia en que rigió con plenitud y eficacia el liberalismo constitucional
Porfirio Díaz embalsamó la Constitución, no por resucitar al liberalismo español —el partido conservador clerical estaba vencido— sino en nombre de un nuevo ideal: el progreso Como otros muchos dictadores latinoamericanos Díaz fortaleció enormemente su poder personal, entre otras cosas catalizando el desarrollo material del país -Durante su largo reinado no murió del todo el impulso liberal, pero desapareció la división de poderes Un pequeñísimo sector de la prensa machacó el recuerdo del 57 hasta que, en 1906, el anarquismo encendió la mecha En 1910, Madero destrona a Díaz en nombre de la Constitución
Como los hombres de la Reforma, Madero, receloso del poder absoluto, llega al poder y lo pierde Su liberalismo, su espíritu tolerante, es visto —aún ahora— como signo de debilidad A partir de su caída México vive el fortalecimiento definitivo del Poder Presidencial La propia Constitución de 1917 recoge las ideas de un intelectual porfiriano: Emilio Rabasa en su libro La Constitución y la Dictadura
A partir de los años veinte, el gran personaje de nuestra historia —y de la historia— es el Estado Lo anticiparon los anarquistas, lo dictaminaron Max Weber y José Ortega y Gasset En México, la primera concepción moderna del Estado la tiene Calles: un Estado que, a diferencia de otros países, y a falta de una sociedad los suficientemente activa, progresista y homogénea, toma la iniciativa de desarrollar en lo material, institucional y social del país Es el Estado en el que aún vivimos y el que ha logrado mucho de lo bueno que gozamos: el Ogro Filantrópico pero esta tendencia universal al estatismo tuvo también el efecto de deprimir a los otros poderes y fortalecer al Ejecutivo
Si echamos cuentas, el liberalismo constitucional ha sido un cometa en nuestra historia: breves apariciones durante el Siglo XIX, once años en la República Restaurada, dos años de Maderismo y se acabó Esta escasísima exposición histórica y nuestra larga experiencia porfiriana nos ha distanciado del espíritu de las leyes Desde hace décadas las generaciones mexicanas van y vienen ignorando cómo debe funcionar el Poder Judicial, para que sirve el Legislativo, qué es el Juicio de Amparo, cuál es el papel de la Prensa Todo esto se ve como un legado de bronce, tan respetable e inútil como la Constitución —código que ha sido nuevamente embalsamado Las nuevas generaciones mexicanas no sólo no creen mucho en la democracia, sino que incluso desconocen su historia y su funcionamiento en otros países En el escándalo de Watergate, por ejemplo, no apreciamos el papel central de la prensa sino que reaccionamos, con cinismo diciendo que a Nixon le había faltado tecnología política mexicana
Esta distancia, este desconocimiento, este cinismo frente a los métodos y teorías constitucionales y democráticas tienen consecuencias desastrosas El predominio histórico del Poder Ejecutivo nos ha borrado el sentido original de los otros dos poderes y del cuarto; la prensa La Cámara estaba para deliberar y vigilar; la Judicatura para proteger y sancionar, la prensa para descubrir la verdad y ejercer la crítica por la crítica misma Hoy en México, y desde hace años, todos los poderes tienen mentalidad ejecutiva, prefieren la afirmación a la duda, la denuncia a la crítica, el hecho al derecho
Pero historia no es siempre fatalidad Nuestra larga tradición centralista, La escasa politización de la sociedad civil y mil factores más, no nos inhabilitan para el desarrollo político Lo que nos inhabilita es la falta de práctica cotidiana, la falta de conocimiento y fe en el liberalismo constitucional, la profunda tentación autoritaria en el cuerpo intelectual y político, la cerrazón doctrinaria que ve siempre los problemas con el lente de la ideología No se trata de volvernos liberales de museo Hay que corregir el liberalismo mediante la crítica marxista y freudiana, pero evitando que esa crítica se convierta a su vez en dogma Un ejemplo perfecto de bloqueo entre algunos intelectuales es la devoción estatista Su dogma primordial es: el crecimiento del Estado es bueno en sí mismo Quien sostiene este hegelianismo de pupitre —o este neolombardismo de pizarrón— no puede ser digamos, buen diputado, porque su dogma contradice su propia función: es un representante de la sociedad frente al Estado, que se la pasa exigiéndole al Estado que crezca hasta engullir a la sociedad Lo mismo puede decirse de la prensa: estimula el amarillismo autoritario, no el debate racional y democrático —incluyendo el debate racional y democrático sobre el Poder Ejecutivo
Hablar del “solitario de palacio” es lugar común, pero refleja una realidad ¿Está López Portillo, hoy, más solitario que Cárdenas, por ejemplo? ¿Cómo han asumido esa “solitud” cada uno de los presidentes posrevolucionarios?
No podemos saber qué tan solos con su alma hayan estado los presidentes que la tuvieron, porque ninguno ha escrito memorias Su vida pública permanece privada Es un viejo tema desde los romanos Supongo que todo gobernante está, en última instancia, solo Es la historia del patriarca, de García Márquez Arthur Schlesinger tiene páginas interesantes sobre la soledad de Kennedy al tomar la decisión de los misiles Pero pensándolo bien hay un tipo muy mexicano de soledad: el aislamiento por adulación Leyendo a Maquiavelo Napoleón escribió que los aduladores son hasta cierto punto necesarios: “Un príncipe necesita de su incienso; pero no debe dejarse envanecer y esto es lo más difícil” En México no ha sido difícil: ha sido imposible En ese mismo capítulo de El Príncipe, Maquiavelo recomienda huir de los aduladores no por salud moral sino intelectual y política, porque bloquean la verdad o, como se diría ahora, la información En las cortes inglesas nadie tenía derecho a decir la verdad salvo un personaje: el bufón (Recuérdese el bufón del Rey Lear) El bufón era el principio de realidad, de humor, de ambigüedad Pero en México hasta los bufones callan y obedecen
Como fiel de la balanza en la sucesión presidencial, el presidente en turno, ¿asume o no la decisión final? Si no es así, ¿quiénes intervienen en el nombramiento? Si es así, ¿qué consecuencias tiene que el poder, absoluto en este caso, se transfiera en una suerte de herencia, como producto de un acto solitario, es decir, que sea la transmisión absoluta de un poder absoluto?
Nadie sabe a bien cómo se elige al presidente Pero una cosa está clara Si el PRI se democratizara realmente, si los sectores que lo componen pesaran en igual medida y representaran en verdad la opinión de sus bases, la sucesión podría ser menos “tapada” Habría modo de elegir —dentro del propio partido— dos o tres distintas opciones pero esto es quizá soñar demasiado Lo primero es democratizar al PRI para lo cual haría falta un Ministerio de Educación Política en el propio PRI
De cara a la democracia, ¿qué es el presidente en México?, ¿qué fue Díaz Ordaz, qué Echeverría, qué López Portillo? ¿Qué podría ser Miguel de la Madrid?
El único abiertamente antidemocrático de los primeros tres fue, sin duda, Díaz Ordaz Si Echeverría no hubiese manchado su régimen con el despliegue autoritario de su último año, su gestión habría pasado a la historia como un apreciable intento democrático En algún sentido lo fue, pero gracias, fundamentalmente, al movimiento del 68 Si López Portillo no hubiese manchado su régimen con el despliegue autoritario de estos días (la supresión del programa “Opinión Pública”, por ejemplo, es vergonzosa) habría sido —pero sin contradicción— el Presidente de la Reforma Política Por su parte, Miguel de la Madrid propone, al parecer, un cambio Su plataforma anuncia repetidamente la palabra democracia El procedimiento de consulta popular que empleó es una innovación de naturaleza democrática Habla de un “mandato popular” —de nuevo, una fórmula democrática Su reciente comparecencia en la televisión para informar al pueblo de la entrevista con Reagan fue —incluso en su tono y su ausencia de retórica— un acto democrático Todo esto debe hacernos abrigar esperanzas Además hay un hecho biográfico curioso —y ya sabemos que en México la biografía presidencial es destino nacional López Portillo fue Profesor de Teoría del Estado; De la Madrid, de Derecho Constitucional El tema cotidiano del primero fue el poder El tema cotidiano del segundo fue la ley
¿A qué reflexiones lo lleva un poder ejercido de tal manera por el Presidente que ni siquiera necesita cesar a sus colaboradores, pues éstos, en la discrepancia frontal con el Ejecutivo, se apresuran a presentarle su respetuosa renuncia? ¿No es un signo de innoble sumisión?
Me parece menos innoble que la sumisión de los otros poderes Después de todo los colaboradores no son más que subordinados del Ejecutivo En otros sistemas los Ministros representan fuerzas electorales En México no
Para gran parte de la prensa nacional el Presidente es tema tabú a la hora de la crítica a fondo ¿Que significa la crítica si el Presidente, centro del sistema que en un momento puede someterse al juicio de los medios de comunicación, queda a salvo de ella?
Significa muy poco, sin duda, pero el problema de fondo es la falta de participación y discusión políticas








