Las palabras de Alí
Francisco Ponce
Es tan imperiosa la necesidad de contar con un ídolo, que Muhammad Alí fue llamado a su último compromiso: entretener a la sociedad que le permitió convertirse en un multimillonario negro
A sus 38 años de edad, el autonombrado como el “más bonito”, el “más grande”, pagó el tributo a la sociedad norteamericana que lo parió y que lo ungió como un símbolo ilusorio de la igualdad de razas
Fue, Muhammad Alí, un pobre títere del cuadrilátero, porque esa misma sociedad que le dio trascendencia requiere de sus servicios; como no hay ídolos, era preciso desempolvar al único que ha dado sentido al problema de la desigualdad racial en Estados Unidos
Y así como se negó ir a la guerra de Vietnam, ahora su imagen fue transmitida a todo el mundo, por obra y gracia de la televisión, para lucir en todo su esplendor la decadencia de su vida deportiva Fue el pago por los servicios que el capitalismo le proporcionó
Por ocho millones de dólares, Alí se atrevió a desmitificar su pasado El orgulloso negro que se negó a participar en una guerra fue el jueves pasado un negro convencionalmente mercantilista
Durante su época como primerísima figura boxística mundial, Alí elaboró toda una filosofía contra la realidad estadunidense
“Ningún vietcong me ha insultado ni me ha llamado negro Por eso no voy a la guerra”, dijo Alí ante el conflicto “Si participara en la guerra —aunque muriese— y eso contribuyera a darle libertad e igualdad a 22 millones de negros en este país, sería el primero en estar en el frente de batalla”
La plataforma pugilistica también le permitió hablar sobre sus preocupaciones racistas Dijo en una ocasión:
“Cuando vamos a la iglesia y miramos a Cristo, lo que vemos es a un hombre blanco Cuando miramos a los ángeles celestiales todos son blancos: no hay ángeles negros ni mexicanos”
Y sobre la verdad: “La vida de la verdad es eterna Inmortal es su pasado La verdad tiene el poder de sobrevivir La verdad siempre durará”
Ciertamente, su personalidad fue lo más asombroso que le ha ocurrido al mundo del espectáculo norteamericano después de Babe Ruth, Joe Dimaggio y Marilyn Monroe Expresó Alí al respecto: “No es necesario ser un músico, un campeón mundial, ni siquiera un abogado Pero sí es necesario que todos adquiramos el arte de la personalidad”
Y habló de la “personalidad uva”, porque, según él, esta es la fruta más atractiva: “hasta sus semillas son digestivas”
Para Alí “es sabiduría todo lo que digo ¿Nunca lo habían escuchado? Bien: pues nunca lo escucharán otra vez”
Según él, “ser pugilista me permite llegar a ciertas metas No hago lo que hago por la gloria del pugilismo, sino para cambiar muchas cosas”
Y a manera de epitafio a su carrera boxística, en el libro de citas de Alí, puede leerse:
“soy un becario del boxeo, un científico del boxeo Y esto es una evidencia científica Serías un ignorante si olvidaras que soy un maestro de la danza, un gran artista”
En sus palabras, este es Muhammad Alí, quien corrió en la Plaza Roja moscovita, quien se siente un mensajero de Alá, quien cree que black is beautiful y quien cobra los millones para la causa musulmana y se convierte, al final, en un aliado de James Carter para boicotear los Juegos Olímpicos








