Con la emisión de la convocatoria para renovar su dirigencia nacional, el PAN se enfila a un proceso interno marcado por las maniobras de su presidente, Marko Cortés, para reelegirse, así como por la inconformidad de los otros aspirantes con su conducción. Le reprochan los malos resultados electorales desde 2018, la designación de perfiles cuestionables en cargos relevantes y la incapacidad para hacer frente a las políticas públicas de López Obrador.
El dirigente nacional del PAN, Marko Cortés, pretende reelegirse. Con un padrón capturado por él y su grupo, órganos partidistas bajo su control y el choque de facciones que acusan antidemocracia, la segunda fuerza electoral del país se enfila hacia un convulso proceso de renovación de su Comité Ejecutivo Nacional (CEN).
Los otros aspirantes a la dirigencia nacional han expresado sus inconformidades: hay una descomposición interna que viene de “más de una década de antidemocracia”, según el tabasqueño Gerardo Priego; el grupo afianzado en la dirigencia “no entiende el mensaje de las urnas”, de acuerdo con la tlaxcalteca Adriana Dávila; los “amarres, extorsión y reparto de candidaturas plurinominales” vuelven “triste que el PAN haya llegado a este momento”, dice Francisco Domínguez.
En el horizonte de los tres entrevistados se aprecian diferentes perspectivas críticas al desempeño de Marko Cortés, dirigente desde finales de 2018 de un partido minado, convertido en oposición irrelevante frente al gobierno y, así como va, con pocas expectativas hacia la elección presidencial de 2024.
Con la emisión de la convocatoria para elegir presidente nacional del PAN el pasado viernes 20, la disputa se centra en la intentona de reelección de Cortés, a pesar de los cuestionamientos y denuncias del gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez Servién; de la diputada Adrina Dávila y del tabasqueño Gerardo Priego, quienes también aspiran al cargo.
Cortés es cauto. En sus expresiones públicas desde finales de julio evitó referirse a su reelección y a las críticas que le hacen sus compañeros de partido. Este semanario solicitó una entrevista con él para abordar la elección interna panista, pero hasta el cierre de edición no hubo respuesta.
Identificado con el grupo que ha mantenido el control de ese partido desde que en 2015 arribó a la dirigencia Ricardo Anaya, Cortés se consolidó en el periodo más extenso desde la renuncia de este último en 2017, tras un año en el que se sucedieron en el puesto Damián Zepeda y Marcelo Torres Cofiño. Éste organizaría el proceso en el cual resultó electo Cortés.
Anaya, Zepeda, Torres y Cortés tienen en común la proximidad de Santiago Creel Miranda –el secretario de Gobernación foxista, aspirante a la candidatura presidencial en 2006 y actual diputado federal electo–, identificado como el auténtico poder detrás del CEN, articulador de la estrategia de captura del padrón a partir de alianzas con cacicazgos partidistas locales, asi como de la toma de los órganos internos, como la Comisión Organizadora Nacional de la Elección del CEN (Conecen).
Dicha comisión es presidida por el veterano panista Gonzalo Altamirano Dimas, tan cercano a Marko Cortés que fue uno de los impulsores de su candidatura a la dirigencia panista en 2018, cuando contendió contra Manuel Gómez Morín Martínez del Río, nieto del fundador del PAN, quien ahora forma parte de la Conecen junto con la diputada Lizbeth Mata, la dirigente zacatecana Noemí Berenice Luna, la jalisciense Paulina Rubio Fernández, el capitalino José Espina –quien preside la Comisión Nacional de Elecciones– y Julio Castillo, presidente de la Fundación Castillo Peraza.
Altamirano Dimas ha llamado a la responsabilidad en el debate; ofrece garantías de equidad y hace oídos sordos a los pronunciamientos que cuestionan su proximidad a Cortés.
La Conecen se integró el pasado domingo 8 a partir de que el Consejo Nacional panista la aprobó, viciando de origen el proceso interno, dicen los aspirantes consultados.
“Soy crítico porque el presidente (Cortés) propuso la Conecen… Respetables los cinco integrantes, pero debió discutirse en el consejo, no ser una propuesta del presidente que busca reelegirse”, sostiene el queretano Domínguez Servién, quien concluye su período como gobernador el próximo 30 de septiembre.
–¿Gonzalo Altamirano no es confiable para conducir el proceso? –se le pregunta.
–Yo creo que es gente incondicional de Marko Cortés, no así los demás, y por eso la crítica es que no debió proponerlo si buscará la reelección.
Los tres aspirantes y unos 3 mil 500 panistas emitieron un manifiesto para exigir “piso parejo” en la elección de dirigencia nacional antes de que, el lunes 9, quedara integrada la Conecen, durante una sesión del Consejo Nacional en la cual 12 oradores cuestionaron las formas.
Ni esas ni otras expresiones propiciaron la renuncia del presidente nacional del PAN.
Padrón “secuestrado”
El PAN fue el último partido en designar a su coordinador parlamentario para la próxima Legislatura en la Cámara de Diputados: Jorge Romero Herrera, el panista que se arroga el avance electoral en la Ciudad de México del pasado 6 de junio.
La presentación de Romero Herrera daba la impresión de estar planchada desde la segunda semana de junio, pues el veterano panista y exgobernador de Guanajuato identificado con el Yunque, Juan Carlos Romero Hicks, actual líder de la bancada, parecía hacerse a un lado a pesar de haber sido reelecto.
De repente los grupos más conservadores del PAN se activaron. A través de una carta dirigida a Marko Cortés el 8 de julio, varios exgobernadores le exigieron vetar a Romero Herrera.
Cuestionaron el perfil y los presuntos actos de corrupción que el líder capitalino ha enfrentado, un tema por demás presente en las discusiones que, con la designación del futuro líder de bancada, marcaron el banderazo para la renovación de la dirigencia nacional.
Romero Herrera quedó firme en el cargo el 28 de julio, con el apoyo de unos 80 de los aproximadamente 130 diputados federales que tendrá el PAN, quienes votaron conforme a los propósitos de Cortés.
En entrevista, Gerardo Priego cuestiona: “El PAN tiene 10 años con designaciones, sin asambleas ni convenciones para elegir candidatos. La militancia está dañada, ellos (los militantes) son los principales activos del partido y los hacemos a un lado para que una persona decida quién ocupa las candidaturas.”
Para Priego el problema es que el PAN dejó de poner en el centro de las decisiones a sus militantes y eso se proyecta también en la relación del partido con el electorado.
La integración de la Conecen es sólo uno de los señalamientos públicos, el primero que aparece en la hoja de ruta para la elección de la dirigencia nacional, cuyo factor de mayor importancia es el manejo del padrón de militantes.
Ese es el tema central en las declaraciones de los tres aspirantes que se oponen a la conducción de Marko Cortés: los favores y candidaturas resultan en el control del padrón “dominado”, según Dávila, o “secuestrado”, como dice Domínguez Servién, quien añade:
“Lo he dicho abiertamente: no veo un partido democrático; y no lo veo para las elecciones del CEN. Lo que veo es un secuestro real del padrón que no permite tener transparencia para la equidad de la contienda; veo amarres, extorsión a cambio de puestos o pluris, y es triste que hayamos llegado a eso.”
–¿Hay un “cártel padronero”? –se le pregunta.
–Yo no lo llamaría cártel, pero es real, existen los padroneros en diferentes estados del país y ya lo tienen comprometido con Marko Cortés. Jorge Romero es un ejemplo: es un padronero.
A decir de Dávila, se trata de un principio inequitativo en la contienda. Cortés tiene el control del padrón, lo ha usado para enviar artículos promocionales (gorras, camisetas), por lo tanto promueve su reelección desde la dirigencia y posiblemente con recursos del partido. Los demás aspirantes no tienen acceso más que a los nombres. Ante eso, advierte Dávila:
“Cuando no nos damos cuenta de que eso va minando nuestra presencia pública y el tipo de partido de oposición debilitada que somos, lo que reflejamos es la mala calidad de nuestra vida interna. Tenemos que romper este proceso, enfrentar con más congruencia a este gobierno.”
Cada entrevistado plantea el tipo de oposición que considera debe ser el PAN, entre otras cosas a partir del cuestionamiento a su alianza con el PRI, de la mala imagen del partido y la permanencia de liderazgos cuestionables en su ética política.
La corrupción
La oposición a la designación de Jorge Romero como líder de la bancada, que detonó en julio, toca por un lado la presencia activa de grupos como El Yunque, y por otro la subsistencia de perfiles cuestionados.
“Esos grupos, como el Yunque, están desdibujados, han perdido identidad, el propio partido ha perdido identidad. Lo que tenemos que cuestionar es qué tipo de bancada somos, frente a un gobierno que hace uso de las instituciones”, dice Dávila.
En los tres aspirantes, las críticas al gobierno de Andrés Manuel López Obrador son frecuentes, tanto por las políticas públicas como por la forma de hacer política y enfrentar a sus oposiciones.
Dávila expone: “La Fiscalía General de la República y la Unidad de Inteligencia Financiera están siendo usadas para sembrar miedo. El partido debe tener cuidado cuando pueden ser acusaciones ciertas. La cuestión es que no es lo mismo enfrentar una acusación falsa que una verdadera… porque las vidas útiles de las oposiciones están disminuyendo y la apuesta de López Obrador es que en el PAN seamos un partido de menos de un dígito.
“Por eso me parece que no me estoy enfrentando sólo a un tema interno, sino a lo que el presidente López Obrador quiere de este país, que son oposiciones chiquitas y sin identidad, de ahí que lo que está en juego es la siguiente elección presidencial.”
Esta última consideración es compartida, en entrevista por separado, por Gerardo Priego: “El PAN es el caballo más grande de la oposición, (pero) hoy el caballo más grande no tiene dientes, tiene parásitos internos y externos, le duelen las patas. Yo reitero que los perfiles que entierran la cabeza no le sirven a la sociedad ni al panismo.
“La sociedad en este país que coincide con nosotros y el panismo que quiere demostrar que sanciona a quienes han cometido delitos, es parte de lo que tenemos que hacer: demostrar que entendimos el mensaje de 2018.”
La entrevista con Domínguez se realiza el miércoles 18, al cumplirse un año de la filtración de un video en el que dos panistas, colaboradores en el Senado durante la aprobación de la Reforma Energética, reciben maletas con dinero en efectivo. Eran Rafael Caraveo, colaborador de Jorge Luis Lavalle (hoy en prisión preventiva oficiosa) y Guillermo Gutiérrez, secretario particular de Domínguez en el Senado y en el gobierno de Querétaro.
Además, se cumple un año de que fue difundida la denuncia interpuesta por Emilio Lozoya, en la que también señaló a Domínguez como receptor de sobornos entre 2013 y 2014.
–Hay cuestionamientos a su perfil, entre otros por la denuncia de Lozoya –se le comenta.
–Yo fui muy claro: (no recibí sobornos) lo dije de cara a la nación junto con el presidente. El titular de la UIF ya dio su versión, aquí estoy con la tranquilidad de lo que ya he aclarado –responde escueto.
Santiago Nieto aseguró que después de buscar la presunta relación de Francisco Domínguez con Caja Libertad no encontró nada, como tampoco en el caso de Guillermo Gutiérrez. López Obrador simplemente dijo: “No me corresponde juzgar al gobernador de Querétaro”.
Dávila y Priego evitan mencionar a Domínguez, pero el segundo, en su planteamiento sobre lo que necesita el PAN, expone: “La sociedad necesita un PAN que responda, propuestas, reconstrucción, limpieza de cuestiones negativas y blindajes para que un panista no vuelva a incurrir en delito”.
Aliancismo y resultado electoral
El rechazo a la reelección de Cortés se basa en los malos resultados electorales, una alianza repudiada en amplios sectores de la militancia y una señalada incapacidad para hacer frente al gobierno de López Obrador.
Dávila sostiene que la evaluación de Cortés debe ser por resultados, y en este caso no se entiende el mensaje de las urnas; Priego habla de una “dirigencia avestruz”, que esconde la cabeza frente a numerosas causas, errores y falsedades del gobierno lopezobradorista.
Domínguez va sobre lo mismo: “Él (Cortés) canta un triunfo porque desde mi punto de vista evalúa las elecciones de 2018 en las que apabulla, democráticamente, a López Obrador y Morena. Ahora jugamos 15 gubernaturas y sólo ganaron dos: Querétaro y Chihuahua, que él canta como un triunfo, como los distritos federales que fueron en coalición con el PRI.
“Yo no creo que el PAN deba ir así en coalición, debe ir solo, excepto en casos por entidad muy específicos… ¿Cuántos años la pasamos peleando contra el PRI, y ahora lo sumas? Vamos a ver si en realidad esa alianza se sostiene a partir del 1 de septiembre.”
Dice Priego: “El panismo que es positivamente rebelde y siente varias afectaciones está molesto, hay inquietud porque perdimos en 2012, por mucho en 2018 y en 2021 nada diferente… La alianza molestó y deprimió a militantes, hubo brazos caídos. A los dirigentes les gritan en las calles: ‘prianistas’”.
Con esa cuestionada situación interna, unos 270 mil miembros del PAN deben elegir dirigente nacional el 24 de octubre, y el proceso, con la emisión de la convocatoria, apenas empieza.








