Aremi Fuentes, la fuerza de la insistencia

Aremi Fuentes es la representante mexicana en la categoría de 76 kilos en halterofilia. Desde niña practica deporte por la necesidad de saber qué se siente ganar. Ahora, en la antesala de los Juegos Olímpicos, esta joven –acosada por las lesiones– enfrentará a rivales que ya conoce y ha vencido. “El dolor nos hace más fuertes”, dice cuando habla sobre sus dolencias y su capacidad para controlarlas.

Aremi Fuentes se convirtió en halterista a fuerza de la insistencia del entrenador cubano Roberto Moreno. Ella ni sabía de ese deporte; practicaba atletismo en su natal Tonalá, Chiapas, con la finalidad de correr más fuerte que las demás niñas y algún día subirse a un podio. Alucinaba con la idea de representar a su estado, ganar una carrera y saber lo que siente ser premiada.

Fue una bebé prematura que creció sin tener la misma capacidad física que otras niñas de su edad. Por recomendación médica tenía que hacer ejercicio. Su papá la llevó a la ciudad deportiva de su pueblo. Le dijo que si quería ganar, tenía que ser más rápida que aquellas chiquillas que estaban en la pista a punto de correr los 200 metros.

Aremi nunca había corrido, se coló a la pista, aceleró y venció a todas. Los entrenadores no podían creerlo. ‘¿Tú quién eres?’, ‘¿Quién te entrena?’. Así empezó su efímera carrera de velocista. La realidad le asestó varios golpes cada vez que en los campeonatos nacionales se enfrentaba a las norteñas, altas y de piernas largas; de dos zancadas la superaban. Así no subiría nunca a un podio, pensó.

El entrenador Moreno ya rondaba a Aremi Fuentes. La invitó a un control técnico de levantamiento de pesas y le recomendó cambiar de deporte. El cubano fue bien claro: “No tienes cualidades para atletismo, y aquí vas a poder explotar”. La niña de entonces 11 años le creyó y corrió a pedirle permiso a sus padres. Ya había encontrado la disciplina en la que, por fin, subiría a un podio.

“Me tiraron de a loca, me dijeron que yo tenía que hacer atletismo, que me iba a poner como niño y me iba a lastimar con las pesas. Ese entrenador me estuvo insistiendo como dos años. Le rogué a mis papás: ‘Por favor, déjenme entrar a halterofilia, el entrenador dice que voy a ser multimedallista’. Me tiraron de a loca otra vez hasta que mi papá me dio luz verde.

“Yo tampoco quería estar en halterofilia, la practiqué sólo porque me dijeron que sería medallista. Yo quería experimentar qué se siente subir al podio porque no lo logré en atletismo”, recuerda Fuentes.

Aremi tenía ya 13 años cuando sus pies tocaron una tarima por primera vez. Como todo halterista principiante, lo primero es “hacer sombra” con un palo de escoba. Así se aprende la técnica del levantamiento de pesas. Era chaparrita y flaca, pero tan fuerte que a la semana dejó el palo y ya levantaba la barra de 15 kilos y dominaba la técnica del arranque en la que cargaba 30 más.

“Era una niña fuerte por naturaleza, me salía muy natural la técnica. No sentía nada por este deporte, mucho menos amor. A los seis meses fui a la Olimpiada Nacional y gané la medalla que quería y subí al podio. Me regresé a mi pueblo a seguir en el atletismo.”

El entrenador cubano no se rindió. Un año después se fue otra vez a Tonalá por Aremi. La encontró lanzando jabalina. “¿Por qué te fuiste? No sabes el talento que estás desperdiciando. Regresa”, le insistió. Era tal el interés, que el propio director del Instituto del Deporte de Chiapas le ofreció darle todo lo necesario: un lugar en la villa deportiva de Tuxtla Gutiérrez, comida y beca. “Por eso regresé y senté cabeza. Desde ahí no he parado”.

Por aquellos años, Aremi Fuentes medía 1.53 metros y pesaba escasos 50 kilos. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 competirá en la categoría de los 76 kilogramos, con 1.60 de estatura. Atrás quedaron los años en los cuales por juventud y falta de experiencia se apanicaba en las competencias, como ocurrió en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Singapur 2010, donde ganó bronce. No tenía ni 17 años y apenas llevaba uno entrenando formalmente.

“Sentí mucha presión y era tanta la emoción que prácticamente toda la competencia me la pasé llorando porque no podía controlarme. No tenía competencias internacionales. Significó bastante ganar ese bronce porque llevaba poco tiempo y pensé que podría hacer más cosas si controlaba mis emociones.

“La medalla alimentó mis ganas de decir ‘aquí me quedo’, fui medallista de mi estado, nacional y ya era internacional. Empecé a pensar en los Juegos Olímpicos, en llegar a ese podio, que es lo que todo atleta quiere.”

Pausa obligada

El precio más alto que ha pagado por ser halterista es el castigo a su cuerpo. Las lesiones que origina el esfuerzo y la repetición de cargar pesos por arriba de los 100 kilos una y otra vez. No le gusta tener que dejar de entrenar mientras su cuerpo se reconstruye y es capaz de estar listo otra vez para el castigo. Por eso se ha lesionado más, la ansiedad por siempre trabajar le ha pasado factura.

Justo cuando buscaba clasificar a Tokio 2020, Aremi Fuentes sufrió la peor lesión de su carrera. Era marzo de 2020, durante el Torneo Internacional Manuel Suárez, en La Habana, justa clave para conseguir el pase olímpico, la chiapaneca compitió con desgarres musculares en las dos piernas. Fue tal la gravedad de las lesiones que pasó meses en sesiones de fisioterapia y sin poder entrenar. La suspensión de los Juegos Olímpicos por la pandemia le dio la oportunidad de recuperarse.

“Tenía que hacer un biatlón (levantar 106 kilos en arranque y 135 en envión) y me desgarré el (músculo) vasto externo de las dos piernas. Cuando estaba compitiendo me tuve que vendar las dos piernas y no aguantaba el dolor. Competí lesionada. Así hice el envión porque necesitaba un puntaje para la plaza olímpica. Al terminar la competencia no podía ni subir las escaleras ni flexionar las piernas. Faltaban menos de cuatro meses para los Juegos Olímpicos, como se aplazaron hice todo el trabajo de recuperación y para agosto empecé a entrenar otra vez.”

Hace un par de meses Fuentes volvió a lesionarse la rodilla. Paró otra vez el entrenamiento, pero volvió a competir en esa condición en dos justas internacionales más. “Ahí sí dije: ‘si estoy así, no me voy a tirar a full”. Tiraba para marcar sin arriesgarme”.

José Manuel Zayas, cubano de nacimiento y mexicano por naturalización, ha entrenado a Aremi Fuentes desde 2013. Sus mejores marcas las ha hecho con él, y desde 2017 se cuenta en el top cinco de su categoría.

“Sometes al cuerpo a cosas anormales, levantar 125 o 130 kilos de envión y otros 100 de arranque cada dos o tres días es fuerte para el cuerpo. Aremi ha levantado 114 kilos de arranque y hasta 140 de envión, pero cuando hizo ese envión no subió hasta 114 en arranque. Su mejor marca es 250 kilos en total. Pienso que, si puede levantar unos 252 o 253 kilos en Tokio, la medalla sale sola”, explica Zayas.

Al entrenador le preocupan los tantos días de entrenamiento que la halterista ha perdido a consecuencia de las lesiones. El músculo de la pierna derecha le da mucha lata, es el vasto externo que se contrae demasiado, por eso su fisioterapeuta vive pegado a ella. Hace unas semanas le sacaron una muela del juicio y perdió casi un mes de trabajo. En febrero durante un entrenamiento se fue a sentar y no midió la altura del banco y se le doblaron los dedos de una mano.

–¿Cuál es su perspectiva en Tokio?

–Hemos tenido que llevar el entrenamiento más lento. En las últimas competencias no se ha tirado a fondo. Ahorita ya le dije: ‘Aunque te duela la vida el entrenamiento no para’. Ya no tenemos tiempo. Vamos a buscar la medalla. Hay que darlo todo ahí, ella tiene que entregarse. A la ecuatoriana (Nelsi Dajones), la ucraniana (Iryna Dekha), una bielorrusa (Darya Naumava), una de Corea del sur (Suhyeon Kim) y a la gringa (Katherine Nye) que va a enfrentar, Aremi les ha ganado.

“Si se recupera como pensamos, habrá buena competencia. Con los resultados que ella ha tenido, si logra levantar poquito más de su 100 por ciento, va a dar bastante guerra.”

Fortaleza

Para Aremi Fuentes tiene una carga simbólica importante haber nacido en una familia donde tiene cuatro hermanas y que sólo una destaca en una disciplina hasta hace unos años considerada “para hombres”.

También le conmueve saber que un pueblo tan chiquito como Tonalá no sólo da mangos y plátanos, sino que fue la cuna de una niña que, cuando era pequeña, le vendía a los vecinos la fruta de temporada que se caía de los árboles y ahora tiene los brazos y las piernas tan fuertes que irá al otro lado del mundo a competir por un premio.

Aremi Fuentes ya es capaz de sobreponerse a cualquier emoción. Una debilidad que tiene es que a veces el arranque lo hace con tanta enjundia que puede perder los pesos que con facilidad levanta en el entrenamiento. Ha aprendido a no desesperarse y a confiar en sí misma. Es una persona reservada que no dice lo que piensa y esconde sus emociones. Entrena sin cuestionar nada. Si le molesta la carga de trabajo, no dice nada, sólo la ejecuta.

La labor hecha con el psicólogo Rolando Crespo ha sido clave para que Aremi Fuentes fortalezca su mente. “La fuerza física en este deporte no es suficiente, tienes que ser fuerte de la mente”, asegura la deportista. Sólo así se aguanta el deporte de alto rendimiento en el que se le exige de más al cuerpo, donde el dolor que es intenso para cualquier persona un atleta ni lo siente. “El dolor nos hace más fuertes”, recalca.

“Mi psicólogo me ha enseñado a sobreponerme ante las lesiones. Hay días que las lesiones afectan mentalmente porque no puedes cumplir el entrenamiento como tal y es la fuerza mental lo que te saca adelante. Empecé a trabajar la autoconfianza en cada sesión de entrenamiento, las visualizaciones de cada movimiento, cómo ir en busca de mis objetivos personales. Al principio fue muy complicado, respeto a los psicólogos, mi admiración total. Es una de las partes que me sigue costando, la concentración, para que en cada competencia sólo existas tú y lo que vas a hacer.”

–¿Esa concentración te permite incluso estar desgarrada y salir a levantar el peso que se requiera para intentar ganar?

–Sí, fue lo que me pasó en Cuba. No sabía que estaba desgarrada, tenía dolor muy fuerte en las dos piernas. Zayas me dijo: “tienes que hacer un biatlón de 241 kilos para poder tener la plaza olímpica”. Yo estaba calentando y desde que agarré la barra me dolió horrible. Hice el arranque (106 kilos), terminé, y te dan 20 minutos entre una modalidad y otra. No aguantaba el dolor. Me concentré en lo que me dijo que tenía que hacer (levantar 135 kilos en envión). Se dieron las cosas, pude hacer los levantamientos.

“Con la concentración puedes hacer maravillas. Yo no sabía que tenía los desgarres; si entrenando ahora algo me molesta, sé que debo parar. Tengo muy alto el umbral del dolor y los atletas que somos así debemos tener mucho cuidado para no perjudicarnos.

“Mis papás están orgullosos de mí porque desde muy chiquita estuve buscando este sueño. Me encaminé sola. Las personas me admiran por eso, por viajar sola desde pequeña y estar fuera de mi casa. Es la educación que ellos me dieron, ser disciplinada y responsable.

“Yo sabía lo que tenía que hacer. Iba a la escuela, la tarea la hacía en el receso, y les decía: ‘Ya llévenme a la ciudad deportiva al entrenamiento’. Y si no había dinero para el camión, les decía: ‘Llévenme caminando, no me importa’. Y nos íbamos caminando 30 minutos. Era muy aferrada para todo, sólo yo soy así de mis hermanas. ‘No me importa cómo, pero llévenme’.”