Alerta por la tercera ola Regreso a clases, riesgosa medida de AMLO

Con apenas 30% de la población vacunada, la variante Delta del covid puso en jaque de nuevo al sistema de salud mexicano. Especialistas de la UNAM consideran que, pese a las medidas de retorno a la normalidad anunciadas por López Obrador y las autoridades sanitarias –entre ellas el retorno a clases presenciales–, para resistir la tercera ola de la pandemia –mucho más peligrosa– la gente debe apegarse a los protocolos del semáforo epidemiológico y contribuir a cortar la cadena de contagios.

Para afrontar el tercer repunte de la pandemia de covid-19, cuya variante Delta está incrementando aceleradamente los contagios, las autoridades sanitarias se ven forzadas a volver a reconvertir hospitales que ya habían regresado a sus actividades normales y además a contratar otra vez a personal médico que apoyó durante el primer y segundo repuntes pero que luego fue despedido.

En medio de esta virulenta crisis sanitaria que obligó a mantener las mismas restricciones de actividades en el semáforo epidemiológico, el presidente Andrés Manuel López Obrador promete que este agosto se reanudarán las clases presenciales en las escuelas de todo el país.

El pasado 24 de julio, durante una gira por Veracruz, López Obrador anunció que pese a la tercera ola habrá regreso a clases. Dijo: “Vamos a reiniciar las clases, va a iniciar el nuevo ciclo escolar a finales de agosto. Llueva, truene o relampaguee no vamos a mantener cerradas las escuelas. Ya fue bastante”.

Y agregó que México, junto con Bangladesh, “es el país que más tiempo lleva con las escuelas cerradas”. Indicó que “nada sustituye a las clases presenciales”.

Por su lado, el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell anunció el 20 de julio que se realizan gestiones a fin de que, en semáforo rojo, ya no haya restricciones a la movilidad ni “cierres absolutos” a las distintas actividades, entre ellas la educativa.

Para el doctor Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero de la Comisión de la UNAM para Covid-19, los dichos del presidente y del subsecretario no se ajustan a los lineamientos que marca el semáforo epidemiológico, elaborado meticulosamente para combatir la pandemia.

“Ellos pueden decir lo que quieran en sus conferencias. Pero una cosa son los discursos y otra muy distinta son los lineamientos oficiales, aprobados por el Consejo de Salubridad General, integrado por diversas instituciones y por los secretarios de Salud de los estados. No son una ocurrencia”, aclara de entrada Rodríguez Álvarez.

Y agrega, enfático: “El semáforo epidemiológico nos indica lo que hay que hacer. No hay más. Por ejemplo, actualmente el semáforo rojo nos sigue diciendo: ‘Quédate en casa’. Y sólo permite aforos de menos de 30%. Si no acatamos estas medidas nunca podremos frenar la epidemia, ni siquiera con las vacunas. Lo demás son discursos que un día dicen una cosa y otro día otra”.

–¿Es entonces aventurado decir que se iniciarán las clases presenciales a finales de agosto?

–Una declaración del presidente no genera las condiciones para regresar a las aulas. Las condiciones las genera cada comunidad escolar, ya sea modificando las instalaciones, implementando protocolos sanitarios, diseñando actividades al aire libre para no permanecer mucho tiempo en el salón de clase, entre otras medidas.

“Aquí en la UNAM, por ejemplo, se decidió que sólo se puede regresar a clases presenciales después de tres semanas consecutivas de estar en semáforo verde, ya que cuando la epidemia es fuerte en el entorno, se mete en las escuelas.

“Aparte, cada autoridad debe valorar las condiciones epidémicas de su localidad para decidir la reapertura de clases, pues la epidemia es distinta en cada lugar; de pronto avanza en unos y se estabiliza en otros. Por ejemplo, es distinta la condición de Sinaloa, que en este momento está en semáforo rojo, a la de Aguascalientes, que está en verde.”

Andrés Castañeda Prado, coordinador de Salud y Bienestar de Nosotrxs, señala: “No basta con que las autoridades simplemente digan que se reanudarán actividades, pero sin proponer algo más. ¡No! Les hace falta aclarar qué medidas vamos a tomar para evitar más contagios y, a la vez, para no dañar la economía o la educación. Es fundamental saber cómo vamos a lograr este equilibrio.

“Por lo pronto ya nos llegó la tercera ola con su variante Delta, que es más contagiosa y está provocando un fuerte repunte de contagios y sacudiendo a los hospitales. No falta mucho para que sea la variante predominante en México. Así ha ocurrido en todo el mundo; las variantes más contagiosas son las que terminan por predominar”.

Esta tercera ola, agrega preocupado, nos agarró “sin la cobertura vacunal necesaria para estar relativamente tranquilos, pues las personas con el esquema completo de vacunas todavía no alcanzan 30% de la población en México”.

Además “no se ha vacunado de manera equitativa” a toda la población, puesto que –dice– la aplicación de las dos dosis de los biológicos se concentra sobre todo en las zonas urbanas. Incluso entre un estado y otro “varía mucho” la cobertura.

Aparte, agrega Castañeda, seguimos siendo poco efectivos en la detección oportuna de casos y en la aplicación de pruebas, lo cual dificulta la contención de la transmisión del virus.

Señala: “Nos faltó visión a futuro con esta tercera ola. Ya sabíamos que se iba a venir y no actuamos a tiempo, igual que nos ocurrió cuando se vino la primera, en febrero de 2020, y luego la segunda, durante el invierno pasado”.

Rodríguez Álvarez cuenta que esta tercera ola comenzó a detectarse durante abril y mayo de este año en Quintana Roo y Baja California Sur, cuando aún eran “epidemias locales”. Ya para junio había llegado a otros tres estados: Yucatán, Tabasco y Tamaulipas.

Actualmente, refiere, ya se extendió a 29 estados. Sólo se salvan las tres entidades federativas que, hasta el cierre de esta edición, aún están en semáforo verde: Coahuila, Aguascalientes y Chiapas.

“A estas entidades quizá no les reste mucho tiempo para que les pegue la tercera ola, que en estos momentos ya es de dimensión nacional”, dice el especialista de la UNAM.

Y recalca un hecho alarmante: a principios de julio aumentó la velocidad de crecimiento de los contagios. “Se entró a una fase acelerada”, dice.

Preocupa la tercera ola

El pasado 6 de julio López-Gatell, en conferencia de prensa, reconoció este aceleramiento al señalar que ya había un repunte de 22%, si se comparaban los datos de la semana 25 con respecto a la semana 24. Aunque la gran mayoría de los contagiados –agregó en plan tranquilizador– se estaban recuperando en sus casas sin necesidad de ir a los hospitales, cuyos registros eran 10 veces menores que los de contagiados.

El secretario de Salud, Jorge Alcocer, aportó otro dato revelador: la variante Delta está contagiando principalmente a jóvenes de entre 20 y 39 años, debido a que ese sector poblacional no ha recibido todavía la vacuna contra el covid.

Sin embargo, en los últimos días también han ido aumentando alarmantemente las hospitalizaciones, al grado de que ya se empiezan nuevamente a reconvertir los nosocomios y a contratar personal médico que había sido despedido al pasar la segunda ola.

De acuerdo con el sistema de información de la Red IRAG, de la Secretaría de Salud, con corte hasta el pasado martes 27, siete estados ya reportan 70% o más de hospitalización general o en camas con ventilador en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).

Por ejemplo, Nayarit y la Ciudad de México registran una ocupación de camas generales por arriba de 70%. Colima, Durango, Guerrero, Sinaloa, Hidalgo, Nuevo León, Veracruz y Quintana Roo reportan una ocupación de 50% a 70%.

Respecto a la ocupación de camas con ventilador en las UCI, los estados de Colima, Yucatán, Ciudad de México, Sinaloa, Nuevo León y Oaxaca registran una ocupación que va de 70% a 100%. Les siguen Durango, Querétaro, San Luis Potosí y Veracruz, que reportan una ocupación de 50% a 70%.

La Secretaría de Salud también documenta que entre el 1 y el 27 de julio la saturación de camas generales y con ventilador aumentó 93% y 200%, respectivamente.

Según el seguimiento que realiza la dependencia federal, el 1 de julio en el país había 87 hospitales con una ocupación entre 70% y 100%. Para el 27 de julio la cifra ya se había incrementado a 168 hospitales, con una ocupación en ese rango, considerado como peligroso por las autoridades.

Actualmente hay 62 hospitales, repartidos en 28 estados, que ya llegaron a su tope al alcanzar 100% de ocupación. En la Ciudad de México hay 13 de ellos.

Desesperados, algunos secretarios estatales de Salud ya comienzan a pedir auxilio, como el de Nuevo León, Manuel de la O Cavazos, quien el pasado 27 de julio informó que los hospitales nuevoleoneses públicos y privados “se están saturando” y carecen de camas para afrontar a la devastadora tercera ola.

“No hay hospitales en Nuevo León que resistan esto. Si seguimos así vamos a tener serios problemas de salud. Se están saturando otra vez los hospitales”, dijo.

De la O Cavazos le pidió mayores recursos al gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, para comprar más medicamentos y contratar más personal de salud, pues la tercera ola –dijo– es “mucho más intensa”.

Mientras que la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, adelantó el pasado jueves que pondrá a operar 10 mil nuevas camas, para lo cual emprende la reconversión de hospitales y la recontratación de personal médico.

“Hasta ahora son alrededor de 10 mil camas que pueden reconvertirse; se está trabajando con cada institución para que pueda decir cuál es su proceso de reconversión”, informó.

La Secretaría de la Defensa Nacional –detalló Sheinbaum– aportará “una serie de camas que habían estado ya sin médicos por la baja importante que tuvimos. Pero ya están los médicos recontratados”.

Al tanto de todas estas acciones, Rodríguez Álvarez advierte que finalmente ni los gobiernos estatales ni el federal podrán por sí solos combatir la tercera ola.

Explica: “Ningún gobierno tiene la capacidad para comprobar que se estén cumpliendo los aforos permitidos y las normas sanitarias en restaurantes, bares, centros comerciales, cines, gimnasios, boliches, billares y un sinfín de centros públicos de reunión… ¡No se puede! ¡Es imposible! Aparte están las reuniones que se tienen con los familiares o las tertulias con los amigos… De manera que cortar la cadena de contagio es responsabilidad de todos”.

Por su lado, Castañeda Prado indica que debemos “aprovechar lo aprendido” en las dos olas anteriores: “Ya sabemos que para reducir los riesgos debemos usar cubrebocas, evitar las concentraciones, ventilar los lugares donde estemos, guardar la sana distancia… Debemos seguirlo haciendo. Ni modo. Estas medidas son nuestra principal arma contra el nuevo repunte, que es todavía más contagioso”.