Luis Fernando Carranza, presidente de la Junta Ejecutiva del PMA: “Ahora los centroamericanos migran por hambre”

Según datos del Programa Mundial de Alimentos, en Centroamérica hay casi 8 millones de personas (tres veces más que hace dos años) en situación de inseguridad alimentaria. En entrevista con Proceso, Luis Fernando Carranza Cifuentes, embajador de Guatemala en Italia y presidente en turno de la Junta Ejecutiva del PMA, desmenuza ésta y otras cifras en torno al hambre acuciante que aqueja a la región, un fenómeno que está a punto de convertirse en una crisis humanitaria y que obliga cada vez a más personas a migrar al norte, cuando antes el motor era la violencia que sufrían.

Roma.- Una hora de conversación con el guatemalteco Luis Fernando Carranza Cifuentes es un baño de realidad salpicado de cifras y estadísticas dramáticas. Embajador de su país en Italia desde 2019, el pasado febrero Carranza Cifuentes fue nombrado presidente en turno de la Junta Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA), organismo de la ONU con sede en la capital italiana, que lucha contra el hambre y la desnutrición en el mundo desde un enfoque práctico.

–¿Qué impacto está teniendo la pandemia en la crisis de seguridad alimentaria en México y en Latinoamérica? –comienza la entrevista.

–La pandemia ha causado una crisis alimentaria en toda América Latina, más que en otras regiones del mundo. Las cifras son alarmantes. Los datos que maneja el sistema de Naciones Unidas nos dicen que el número de personas que están actualmente en inseguridad alimentaria en toda la región es de más de 38 millones.

“Este dato va aumentando porque el problema que se ha tenido en América Latina, y México no es la excepción, es el problema del subempleo y del empleo informal. (…) El número de personas afectadas por covid-19 en África es mucho menor que el de México, Brasil, Argentina o Colombia.”

–¿México en concreto debería o no pedir ayuda al PMA?

–Pongámoslo en términos de beisbol, México es como el bateador emergente. Si el Estado no tiene capacidad de respuesta, el PMA puede dar ese apoyo a pedido de las autoridades. No lo puede hacer si el Estado no lo pide.

“El problema número uno en América Latina, y en todo el mundo, es que se quiera dejar sólo en manos del Estado una respuesta a la inseguridad alimentaria.

“El PMA lo que busca es crear una alianza más estrecha con otros actores, como la sociedad civil, el sector privado, las universidades; es decir que todos junten sus esfuerzos para abordar el problema.”

–Se insiste en que la masiva emigración de centroamericanos tiene que ver con la violencia, sobre todo en Honduras. ¿Qué papel tiene el hambre?

–En efecto, la ecuación ha cambiado. Antes se podía pensar que la inseguridad era una de las principales causas de la migración, al menos en el caso de Honduras y El Salvador, pero ha ido cambiando –responde Carranza.

Y agrega: “Hay una reciente encuesta del PMA sobre las intenciones de los centroamericanos de migrar y el problema número uno es la inseguridad alimentaria. Ahora el hambre está cada vez más presente en el momento de tomar la decisión de migrar”.

–¿Ahora mismo cuántas personas están pasando hambre en Centroamérica?

–El PMA ubica en torno a 8 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria. Y hace un par de años eran 2.5 millones, eso es unas tres veces más. Los países más afectados son Guatemala y El Salvador. La principal causa son las sequías, cada vez más prolongadas, y las inundaciones provocadas por los huracanes.

–¿Esto tiene que ver con la crisis
climática?

–Así es. El cambio climático es uno de los factores principales. Guatemala es parte de un corredor seco y en la franja de este corredor el número de personas que se sienten afectadas por las sequías y migran es bastante grande. Este es uno de los principales problemas en el que los gobiernos deben fijarse.

–¿Esto significa que hay 8 millones de centroamericanos que están pensando en emprender la ruta migratoria hacia el norte?

–No hay una cifra exacta. Pero según la encuesta, de estos 8 millones hay entre 15% y 20% que ya piensan en la migración como única salida a sus problemas de inseguridad alimentaria.

–¿Quiénes son?

–En general son campesinos que viven de la tierra y no tienen otros medios de subsistencia. Hay muchos de plantaciones de maíz y frijol, que son poco resilientes a los cambios climáticos. Por eso el PMA tiene programas de resiliencia en cultivos. Aunque también están los de las plantaciones de café, que ni tienen sus propias tierras.

–¿Hablamos de hombres, mujeres, niños…?

–Familias enteras.

Siguen las restricciones

Carranza Cifuentes asumió el cargo en medio de la peor epidemia mundial en más de 100 años y con una crisis alimentaria en la región de la que es nativo que inquieta a más de un observador, por la posibilidad de que escale a crisis humanitaria y genere más migraciones masivas de centroamericanos hacia México y Estados Unidos.

Esto lo cuenta Carranza en esta entrevista después de una visita a Centroamérica –el pasado abril– en la que acompañó a David Beasley, director ejecutivo del PMA, en sus visitas por las zonas más afectadas por el hambre y la malnutrición de esta región.

Este junio, Guatemala, en un evidente esfuerzo diplomático destinado a sensibilizar sobre el tema, también logró el apoyo de los países latinoamericanos para integrar el Consejo de la FAO, la otra agencia de la ONU dedicada al tema alimentario.

–Estados Unidos no ha dado señales de querer implementar una política migratoria menos restrictiva a la que ha llevado adelante en los últimos años. ¿A pesar de esto, la mayoría de los migrantes aún quiere dirigirse hacia este país? –se le plantea al también jurista.

–Sí. Pero a México también. Pienso, por ejemplo, en los campesinos de Honduras, donde los huracanes Eta y Iota (de noviembre de 2020) causaron muchos más daños que en cualquier otro país.

–Entonces habrá que prepararse para atender a más caravanas de migrantes, que intenten migrar en masa.

–Es factible que las caravanas continúen. Este no es un asunto que ataña sólo a Honduras, a Guatemala, a México o a Estados Unidos; creo que debe haber un esfuerzo más coordinado, porque es más fácil invertir en las poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria que pagar por la manutención de estas personas en estos países.

–¿Es lo que no se está haciendo para resolver la crisis?

–Sí se hace pero quizá no con la fuerza necesaria, hay que invertir en contrarrestar la inseguridad alimentaria. Esto necesita de una inversión fuerte de parte de los Estados en cultivos resilientes, en alimentación de emergencia para estas poblaciones, y para la generación de empleo –precisa.

–¿Hay voluntad política para resolver estas cuestiones?

–Creo que sí existe una voluntad de querer solucionar el problema, pero nos rebasa la dimensión, la dificultad de atender a 8 millones de personas –precisa el presidente de la Junta Ejecutiva del PMA.

–En una entrevista reciente usted subrayó que África recibe más fondos a la cooperación que Latinoamérica.

–Sí. Muchos países de Latinoamérica son de renta media, por lo que los donantes dicen: “Bueno, usted no está tan mal en términos de PIB y de manera macroeconómica, por eso usted debería tener la capacidad de salir adelante con sus programas de ayuda al desarrollo”.

–¿Y esto está mal o tiene lógica?

–Es un poco simplificar, porque si lo vemos desde el punto de vista macroeconómico podríamos estar de acuerdo. Pero si lo vemos más en profundidad, y nos empezamos a dar cuenta de los temas estructurales e institucionales, no es fácil poder alcanzar los objetivos de desarrollo.

–¿Le preocupa que a causa de la pandemia puedan disminuir las inversiones y donaciones para la ayuda humanitaria y la cooperación?

–De hecho ya hay reducción. Es algo que está sucediendo, algunos países donantes han empezado a reducir los programas que financian en algunos países y también a renegociar la forma de asistencia que ponen en los Estados. En el caso de Guatemala, algunos países han pedido que se aplacen algunos proyectos.

–¿Qué consecuencias puede tener esto?

–El ejemplo que le puedo dar es, de nuevo, de Centroamérica. Allí hay una crisis de seguridad alimentaria que todavía no ha escalado a una crisis humanitaria. Pero si no se atiende con prevención e inversión, sí se podría generar una crisis humanitaria.

–¿A cuánto estamos de que esa emergencia se convierta en una crisis humanitaria?

–Todo depende del clima y del covid-19, pero si la situación continúa así es posible que aumente al doble el número de personas en inseguridad alimentaria en los próximos años. Según la FAO, para 2030 se espera que 9.5% de la población de toda la región esté en inseguridad alimentaria.

–¿Qué impacto tiene sobre la seguridad alimentaria el hecho de que Latinoamérica, y algunos países más que otros, esté teniendo un insuficiente acceso a las vacunas contra el covid-19?

–Cuando estuvimos en Honduras no había nadie vacunado en las zonas más remotas del país. El número de personas afectadas por el covid-19, además, sigue creciendo. Todo esto limita la respuesta que se pueda dar.

–¿Qué papel podría tener México?

–México es un país muy próspero, con un sector privado muy poderoso y dinámico; tal vez habría que buscar cómo involucrarlos a ellos, a nivel nacional e incluso trasnacional, para que sean socios activos en los esfuerzos para eliminar el hambre y la inseguridad alimentaria, que esos son los grandes problemas de los países con pobreza y desnutrición.

–Involucrar al sector privado parece una tarea ardua.

–¡Pero no es imposible, no es imposible! Se puede hacer.

“Al fin y al cabo creo que al sector privado le interesa tener más clientes”, remata.