Arturo Herrera deja Hacienda Lo que se hizo, lo que faltó…

Días antes de que el Senado eventualmente apruebe su nombramiento como gobernador del Banco de México, el aún secretario de Hacienda, Arturo Herrera, en entrevista hace un balance de su gestión en temas polémicos, como el índice de crecimiento económico, los excesos en la austeridad, el gasto público durante la pandemia, el déficit de inversión, la necesidad de una reforma fiscal… Además identifica los retos que le deja a su sucesor.

El próximo jueves 15 será el último día que el secretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez, despache en su oficina de Palacio Nacional. Le dejará el lugar a Rogelio Ramírez de la O, añejo asesor del presidente Andrés Manuel López Obrador en materia económica.

Herrera, quien tomó el timón de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público tras la renuncia de Carlos Manuel Urzúa Macías, ahora se prepara para la conducción de la política monetaria del país, si el Senado de la República lo ratifica como gobernador del Banco de México (Banxico), a propuesta del jefe del Ejecutivo.

En sus últimas horas en el cargo la agenda del secretario es apretada. Antes de recibir a Proceso en el Salón Blanco, tuvo reuniones con sus pares de Panamá y Colombia, además fue anfitrión de la reunión para la elección del presidente ejecutivo de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina.

Horas antes de cumplir su última misión en el extranjero, en la reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-20, celebrada en Venecia, Herrera reconoce en entrevista que el crecimiento en la primea mitad de la autoproclamada Cuarta Transformación es insuficiente, pero se apura a aclarar que en gran medida la pandemia fue la responsable.

Dice que el coronavirus dejó ver la necesidad de una reforma fiscal que fortalezca los ingresos y las necesidades del gasto actuales, habla sobre la austeridad, reconoce el déficit en la inversión y menciona la “equivocada” comunicación sobre los apoyos fiscales durante la pandemia, que fueron criticados por “débiles” e “insuficientes” por diversos analistas.

De cara a su eventual nombramiento al frente del banco central, descarta cualquier discusión sobre el uso de los remanentes, al tiempo que prepara baterías para profundizar la inclusión financiera y tratar de retomar la trayectoria descendente de la inflación, que en junio acumuló su cuarto mes fuera de la meta de 3%, al situarse en 5.8% anual.

Uno de los principales “focos rojos”, afirma, es la escasa competencia en el mercado del gas LP, en el que López Obrador planteó el miércoles 7 crear una empresa estatal.

–¿Este es ya un sexenio perdido en lo económico? –se le plantea.

–La primera parte de la administración claramente está marcada por la pandemia. Yo entré justo en julio de 2019, hace casi dos años. Para diciembre ya se había dado el primer caso. El 70% de todo mi periodo fue durante la pandemia.

“Hay una característica distinta entre esta crisis y las anteriores, en las que había un problema económico importante que resolver. En 1982 teníamos el problema de la crisis de la deuda y tardamos años en ir desapalancado al país, en que las tasas de inflación fueran bajando. En 1995 tuvimos una crisis en el sector financiero, en los bancos, en las carreteras. Tuvimos que tomar deuda y rescatar a los bancos. La inflación se debe haber ido alrededor de 60% y tomó tiempo bajarla.

“Ahora no hay un solo problema en el sector económico. El problema viene del sector salud y ahí la vacuna va a resolver la parte de salud y la económica. Si se revisan los meses que se tardó en empezar a repuntar cada crisis, la de esta ocasión fue más profunda que las otras, pero la recuperación va mucho más rápido.

“Creo que en adelante ya no me va a tocar eso desde esta trinchera; hay elementos muy importantes en donde el país se tiene que apalancar para crecer: uno es el Tratado de Libre Comercio; otro, la fortaleza de las finanzas públicas, que sirve también para atraer inversión.

“Tenemos dos retos importantes que en el mediano y largo plazos debemos resolver si queremos que el país crezca, con pandemia o sin pandemia, a niveles más altos. Uno es la profundización del sistema financiero. Eso me tocará si me ratifica el Senado. Nuestro país tiene poca profundidad financiera. Es decir, hay poca gente con acceso al crédito, con cuenta bancaria, y eso hace más ineficiente la operación y más difícil que los negocios crezcan, porque no tienen acceso al financiamiento.

“El segundo reto es la baja participación de las mujeres en el mercado laboral. Menos de 50% de las mujeres que están en edad de trabajar están trabajando. Es un tema económico, pero también cultural. Es el equivalente a perder una parte muy importante del potencial del país, porque hay gente que está igual o mejor calificada que los hombres para trabajar, pero que no encontró las condiciones para incorporarse.”

Crecimiento y recaudación fiscal

Al preguntarle si para la segunda mitad del gobierno podremos tener un promedio de crecimiento de 2%, el aún secretario de Hacienda contesta:

–Ese promedio es lo que hemos tenido desde el 82. Es muy bajo. Está justo alrededor del obtenido por Argentina, pero Argentina ha tenido crisis más graves y además en el 82 estaba en una dictadura. Claramente hemos estado creciendo muy por abajo de lo que han crecido países como Colombia, Perú, Chile y Uruguay.

“Parte del déficit que tenemos es un déficit de infraestructura. La infraestructura crece cuando se construye una carretera o una presa, un aeropuerto. Además, hace crecer cuando se termina de construir porque esa presa ayuda a aumentar el riego, el aeropuerto hace más expedito el traslado de bienes…

“Una de las razones por las que no hemos invertido es porque tenemos una baja recaudación y yo creo que eso será parte de lo que la Secretaría de Hacienda, después de que yo la deje, tendrá que conversar con los legisladores, con los gobernadores.”

–¿Es imprescindible la reforma fiscal?

–El país claramente recauda poco frente a sus pares y lo hemos venido compensando con ingresos petroleros, pero el petróleo en algún momento se acaba. Y además el petróleo es muy caprichoso. Ahorita está en 70 dólares por barril y lo manteníamos presupuestado a 42, pero en enero estaba en 50 y hace un año en un menor valor.

“El presupuesto no tiene esa flexibilidad y creo que una de las pocas cosas positivas que trajo la pandemia fue la de iniciar un proceso de reflexión colectiva de hacia dónde queremos que vaya el país.

“Es decir, necesitamos invertir más en salud, tener más médicos y enfermeras, pero todo eso cuesta y creo que quienes sigan en mi responsabilidad tendrán que aprovechar ese proceso para iniciar un diálogo sobre hacia dónde se quiere llevar el país y, a partir de eso, cuánto nos cuesta.”

–¿Habrá que modificar el esquema de la austeridad?

–No. Creo que hay una interpretación equivocada, por la experiencia histórica que tuvimos, de lo que hemos entendido por austeridad. El término se empezó a utilizar probablemente desde Miguel de la Madrid, asociado sobre todo a crisis, y se pensaba que era reducir el gasto para pagar la deuda.

“Hoy no tenemos un problema de pago de deuda. Las reducciones en el gasto corriente han sido para financiar otros proyectos, como los propios programas sociales y los programas de infraestructura. En realidad es nada más un rebalanceo del gasto, donde se quitó de algunos rubros para llevarse a otros.”

–Pero en esa reducción se ha caído en excesos.

–No lo sé, porque lo que está del otro lado son los gastos adicionales. Tenemos programas sociales más amplios. El programa, por ejemplo, de becas para los estudiantes, a mí me parece que es muy importante porque ya paró el nivel de abandono que estábamos viendo en esos estudiantes; estarán mejor preparados cuando se incorporen al ámbito laboral. En el gasto nunca hay receta perfecta. Se tiene que seguir estimando si vamos bien o si se tienen que hacer correcciones.

El gasto por la pandemia

Cuando se le comenta que la percepción durante la pandemia es que faltó apoyo gubernamental, el funcionario admite:

–Creo que algo que nosotros hicimos muy mal fue explicar todos los apoyos que dimos y presentarlos como un paquete. Fuimos tomando decisiones a cuentagotas y eso abona al apoyo a la economía, pero no a la percepción de que se está haciendo algo.

“Tomamos dos decisiones: una, aumentar las coberturas liquidables en pesos y eso contribuyó a que el tipo de cambio bajara de 25.3 pesos por dólar a donde está ahora. Pero la segunda, que fue la más importante, muy atrevida, fue hacer un cambio en una regla contable de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Eso permitió que las personas físicas y morales dejaran de pagar el capital de los créditos que tenían y los intereses, y todo ello se capitalizaba hacia el final.

“Ya veíamos venir que el distanciamiento social iba a impedir que los restaurantes y otros establecimientos estuvieran abiertos. Y justo cuando no iban a tener flujos, lo que no queríamos es que además tuvieran a los bancos encima. Eso hizo que se financiaran uno de cada tres créditos. O sea, las personas los utilizaron y fueron alrededor de 1.9 billones de pesos, casi el equivalente a 30% de todo el presupuesto del país. Pero también gente que tenía créditos hipotecarios, que tenía créditos de automóvil y gente que tenía tarjeta de crédito. Es decir, gente que estaba pagando a lo mejor había perdido su empleo, estaba sobreviviendo con la tarjeta de crédito y después pospusieron los pagos. Esta regla la renovamos dos veces. Eso, que fue extraordinariamente importante, nunca lo anunciamos con toda la fuerza que se necesitaba, aunque la gente lo utilizó.

“Lo que no hicimos, y ese sí es un error, lo reconozco, es no haberlo empaquetado. Cuando uno ve el programa de 1.9 trillones de Estados Unidos, el gasto de la vacuna está ahí. Nosotros, por ejemplo, siempre lo contabilizamos por afuera. Y eso es un gasto económico.”

–¿Cuánto ha gastado México en vacunas?

–Hasta el día de hoy tenemos pagados 22 mil 920.5 millones de pesos. Tenemos como siete u ocho contratos distintos y cada contrato tiene condiciones diferentes. Tenemos contratadas más o menos 254 millones de vacunas que mapean como a 143 millones de personas para dar un tratamiento completo. Lo que la Secretaría de Salud tenía hace unas semanas era autorizado solamente a los mayores de edad. Hay 82 millones de personas mayores de edad, de forma que teníamos casi 70% u 80% más vacunas de las que necesitábamos.

“Entonces, lo que tenemos de vacunas es más que suficiente. Hicimos un gasto adicional, que no está considerado aquí, que debe ser ahora de alrededor de 2 mil 500 o 2 mil 600 millones de pesos en jeringas, algodón y diluyentes. Hoy no tenemos un problema de vacunas. El reto está en tener suficientes vacunadores y velocidad para ponerlas.”

Inflación y remanentes

Ante el aumento de la inflación, Banxico aumentó de manera sorpresiva la tasa de interés. Por eso se le pregunta a Herrera si está de acuerdo con el alza.

–Algunas de las inflaciones recientes –responde– fueron hace un mes en laptops, televisores, escritorios, material de limpieza para la casa, escobas, trapeadores. Todos estos parecen estar ligados a la pandemia, al hecho de que la gente pasa más tiempo en la casa. En la medida en que la vacunación vaya progresando, esos gastos se van a empezar a ir hacia abajo. Son temporales.

“Tenemos un tema que es estacional. El fenómeno de La Niña hizo que el maíz y otro tipo de granos incrementaran sus precios y por lo tanto el costo del ganado, que lo consumimos nosotros. Pero en la siguiente cosecha esos precios van a caer.

“Hay otros dos tipos de precios con los que sí tenemos que ser más cuidadosos: El de los microprocesadores se fue para arriba porque hay una escasez global. Se utilizan en cámaras, grabadoras, automóviles. Los automóviles están aumentando de precio y ahí si hay un esfuerzo mundial para aumentar la producción. Vamos a tener dos años con presiones en ese tipo de sector.

“Y finalmente hay otro tipo de presión que, me parece, tenemos que estudiar con profundidad. México es un país con sectores en los que hay una alta concentración, es decir poca competitividad, y esos precios tienden a bajar poco. En el tema del gas LP hay pocos jugadores. Una de las reglas de la economía es que cuando tienes poca competencia puedes mantener los precios relativamente altos. Y no van a bajar, necesariamente, con un aumento de la tasa de interés.”

–El presidente quería más recurso del Banco de México. ¿Cambiará las reglas sobre los remanentes durante su gestión?

–Lo de los remanentes fue una discusión equivocada, porque dependen del nivel de tipo de cambio que se da en un país. Y aquí se empezó una discusión muy importante de marzo del año pasado, cuando estábamos a 25 pesos por dólar, pero estamos a 19 pesos… Entonces no hay tal. Se estaba discutiendo algo que no existe.