Durante la Guerra de Bosnia (1992-1995) Ratko Mladic, comandante de las tropas serbias, se ganó el mote de “carnicero” por su responsabilidad en la ejecución de unos 8 mil musulmanes, como parte de una estrategia de limpieza étnica, además de muchos crímenes más. En 2011 fue capturado y enviado a La Haya para ser juzgado. Seis años después se le halló culpable, pero su condena a cadena perpetua no fue ratificada sino hasta ahora.
Casi tres décadas después del comienzo de la guerra en los Balcanes, que vio algunas de las peores atrocidades cometidas en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) ratificó la condena al comandante militar serbio Ratko Mladic.
En 2017 el exgeneral serbio Ratko Mladic fue condenado a cadena perpetua por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.
El martes 8 el veredicto fue confirmado por el TPIY, con sede en La Haya, con lo que se cerró uno de los capítulos más oscuros de la historia europea moderna y se puso fin a un proceso legal que se remonta a 1995, cuando Mladic fue acusado por primera vez.
Mladic, ahora de 79 años, siempre sostuvo que sólo cumplía sus deberes militares; desafiante, no se disculpó durante todo el proceso.
Pese a obtener una condena con el juez que presidió el juicio original, Alphons Orie, quien dijo que los crímenes de Mladic se ubicaron “entre los más atroces conocidos por la humanidad”, la fiscalía apeló el veredicto.
Mladic fue condenado por una serie de cargos que incluían atacar y asesinar civiles durante el asedio de 43 meses a Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina. También fue declarado culpable de genocidio por dirigir las ejecuciones de 8 mil hombres y niños musulmanes, después de que en 1995 sus tropas invadieron el enclave de Srebrenica, entonces protegido por la ONU.
Pero los fiscales querían que el tribunal agregara otro veredicto de genocidio para incluir el derramamiento de sangre de 1992, el año más mortífero de la guerra, cuando unas 45 mil personas murieron.
El panel de apelaciones votó 4-1 para mantener la condena y la cadena perpetua para Mladic. Uno de los cinco integrantes del panel, la juez presidenta Prisca Matimba Nyambe, de Zambia, se puso del lado de Mladic en casi todos los aspectos. Pero en el resumen oral que leyó, no explicó las razones de su postura.
El TPIY rechazó la apelación de la fiscalía.
En el transcurso de la guerra en Bosnia, que se desarrolló entre 1992 y 1995, murieron aproximadamente 100 mil personas y 2.2 millones fueron desplazadas. Según algunas estimaciones, más de 50 mil mujeres fueron violadas.
El origen de Mladic
Ratko, nombre de Mladic, es un diminutivo de Ratimir –la traducción equivale a Guerra o Paz–, apelativo que generalmente se daba en Yugoslavia a los nacidos durante una guerra.
Entrevistado por The New York Times en 1994, Mladic dijo haber nacido “en lo que se llamaba Vieja Herzegovina” –ahora parte de Bosnia y Herzegovina– en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. El conflicto fue el tema definitorio que recorrió su vida; sus acciones durante la guerra en los Balcanes lo llevaron a ser llamado El Carnicero de Bosnia.
Durante la Segunda Guerra Mundial los Balcanes se vieron sumidos en la violencia, con el mosaico multirreligioso y multinacional de serbios, que en su mayoría tenían sus raíces en la fe cristiana ortodoxa oriental; bosnios, que en general eran musulmanes; y croatas, que por lo general eran católicos romanos; estos grupos a menudo se enfrentaban entre sí.
Aproximadamente 1.7 millones de personas de la antigua Yugoslavia murieron entre 1941 y 1945.
De las cenizas de la guerra, Josip Broz Tito, quien se convirtió en el líder de Yugoslavia, promovió un eslogan para unir a la región fracturada: “bratstvo i jedinstvo” (hermandad y unidad).
Pero Tito murió en 1980 y para 1991 los lazos que mantenían unida a Yugoslavia se habían desgastado hasta el punto de romperse, con el eventual colapso del país, alimentando años de sangrientas guerras regionales.
Mladic, quien sirvió en el ejército yugoslavo, fue nombrado comandante del ejército serbio en Bosnia en mayo de 1992.
Después de la masacre de Srebrenica, en 1995, y las acusaciones en su contra por crímenes de guerra, Mladic al principio vivió abiertamente en el cuartel general militar serbio, pero luego se escondió y permaneció prófugo hasta 2011, cuando fue capturado por las autoridades serbias y enviado a La Haya para ser juzgado.
Héroe para los serbios
El último fallo en el caso Mladic llega en un momento de creciente fervor entre los grupos nacionalistas serbios que quieren reescribir la historia del conflicto en los Balcanes, negando las acusaciones de crímenes de guerra en su contra y prohibiendo las referencias a ese episodio en los libros de texto.
Los criminales de guerra condenados son aclamados como héroes y se les conceden puestos destacados. Al menos uno ha sido designado para enseñar en una academia militar serbia.
En la mitad de Bosnia dominada por los serbios aparecen en las zonas públicas pinturas gigantes y carteles de Mladic con su equipo militar, y ha sido nombrado director de una asociación de veteranos de guerra.
Una residencia de estudiantes lleva el nombre de Radovan Karadzic, el líder político serbio de Bosnia en tiempos de guerra, que ahora cumple cadena perpetua por su papel durante la guerra.
Serge Brammertz, el fiscal en jefe del TPIY, dijo recientemente en una teleconferencia de prensa: “Hoy, la glorificación y la negación del genocidio son mucho más fuertes que hace cinco o 10 años, y he estado en este trabajo durante 13 años”.
Señaló que los políticos de toda la región en Bosnia, Croacia y Serbia todavía estaban tratando de utilizar el odio étnico en su beneficio.
“Las actitudes subyacentes todavía están presentes en muchos políticos”, dijo. “La diferencia es que hoy ya no se avergüenzan de contar públicamente sus mentiras.”
Sin aceptar el pasado
En 1993, cuando el TPIY se reunió por primera vez –la guerra de los Balcanes aún se desarrollaba–, sus objetivos eran pedir cuentas a los autores de las peores atrocidades y establecer un registro histórico sólido de los hechos, con la esperanza de que pudiera sentar las bases para la reconciliación.
A lo largo de los años el TPIY ha acusado a más de 160 personas y ha llevado a cabo unos 80 juicios, con más de 5 mil testigos que ofrecen relatos a menudo desgarradores de la barbarie que vivieron.
Los partidarios del TPIY dicen que es demasiado pronto para decir qué papel desempeñarán los registros judiciales para ayudar a sanar una región aún dividida.
Wolfgang Petritsch, un diplomático austriaco que se desempeñó como Alto Representante de la ONU en Bosnia y que todavía viaja mucho por la región, dijo: “Soy bastante pesimista. Los tres países sostienen que fueron víctimas de la guerra y están promoviendo puntos de vista revisionistas, cuestionando los hechos y sus roles”.
Y señaló directamente a Serbia por su incapacidad de confrontar su pasado.
“Los serbios nunca aceptaron que ellos fueran los perpetradores”, dijo. “Aceptan que los asesinatos ocurrieron durante la guerra. Pero no quieren que se les llame ‘nación genocida’”.
Para muchos de los que eran objetivo de la campaña asesina para expulsar a musulmanes y croatas de sus hogares y tierras, sólo la verdad puede poner fin a las tensiones entre los grupos étnicos de la región.
Entre ellos está Emir Suljagic. Fue testigo de los horrores en Srebrenica mientras trabajaba como intérprete para las fuerzas de paz de la ONU. Su padre y su hermano murieron en esa carnicería. Actualmente Suljagic es profesor en la Universidad de Sarajevo.
“Ratko Mladic pasó la parte más importante de su vida arrebatándome a otras personas, arrebatando a las personas que amaba”, escribió en un análisis reciente. “Cuando se haya ido para siempre, el trabajo de su vida seguirá estando con nosotros. Continuará envenenando el futuro…”.
El fallo para Mladic es definitivo. Dado que se confirmó el veredicto de culpabilidad, será enviado desde el centro de detención de la ONU en La Haya a uno de los países europeos que acordaron aceptar prisioneros del TPIY.
Ese destino no ha sido revelado, pero no se espera que sea la cárcel de la Isla de Wight, isla del sur de Inglaterra, donde Karadzic cumple cadena perpetua.
Pero probablemente lo más importante para las víctimas que han seguido el caso de Mladic es cómo las acciones de este militar serbio serán juzgadas por la historia. Se preguntan si pasará a los anales como un villano, autor de un genocidio, o perdurarán los intentos de pintarlo como un patriota y un héroe.








