Colombia se encuentra sumergida en una profunda crisis social y económica, a decir de Angélica Dueñas Checa, socióloga en desarrollo urbano por la Universidad de Nariño, en Pasto.
La también doctorante en desarrollo rural en la Universidad Autónoma Metropolitana de Xochimilco, nacida en el municipio colombiano de Pasto en septiembre de 1980, enfatiza vía telefónica que la actual situación de su país se relaciona en buena medida con la firma del tratado de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), efectuada el 24 de noviembre del 2016.
Cabe destacar que el documental Colombia fue nuestra, de los finlandeses Jenni Kivistö y Jussi Rastas, sobre dicho pacto, y de cómo el partido de derecha Centro Democrático (inclinado en destruirlo) llega al poder, fue rodado principalmente en Pasto, departamento de Nariño enclavado en la región andina del Pacífico aledaña a Ecuador.
El filme (disponible en las plataformas docs-enlinea.com, Amazon Prime Video, Apple TV, Vimeo, Google Play y Mowies) muestra claramente la desigualdad y las pocas esperanzas de un cambio positivo a futuro, y esta zona rural donde fue grabado el documental es “el lugar fundamental para la economía de la coca que se mueve a nivel mundial”.
Ya son más de tres semanas de convulsión en todo el país, y para la socióloga el carácter pacifista de las protestas multitudinarias convocadas por el Comité Nacional de Paro (sindicatos y centrales obreras en contra de las reformas tributaria y de salud planteadas por el presidente Iván Duque Márquez) es el indicador clave del movimiento:
“Al no existir ya una guerrilla a la cual echarle la culpa, cambia el imaginario de la gente, que se encuentra cansada de haber perdido casi todos los derechos por la implementación de una política neoliberal que viene desde los años noventa, pero que se profundiza en 2002 con Álvaro Uribe Vélez, quien fue presidente ocho años. Antes las personas no salían a protestar masivamente porque inmediatamente los medios de comunicación tradicionales empezaban a deslegitimar y a asociar a los movimientos con la guerrilla.
“Hoy es diferente. Los colombianos salimos a reclamar lo poco que queda de derechos en el país, en este caso no sólo fue por la reforma tributaria (retirada el pasado 2 de mayo), igual por la reforma a la salud (retirada el pasado 19 de mayo) y la reforma laboral. Es una protesta en general movida por los jóvenes, quienes poseen otro elemento fundamental: la facilidad de conectarse a través de las redes sociales.”
Rememora que 2016 fue un año crucial porque las FARC dejan las armas, con lo cual finaliza una guerra de más de medio siglo, “pero la extrema derecha influyó con mentiras en las emociones de la sociedad”. Ofrece ejemplos:
“En el acuerdo de paz se hablaba de la diversidad, la inclusión y la política de género, pero la derecha difundió que se proponía la política LGTBT y se acabaría la familia tradicional, lo que generó un caos en un país profundamente católico y conservador. A eso le siguió el término creado por Álvaro Uribe en su época, castrochavista, es decir, que nos convertiríamos en una Venezuela.
“También mencionaba que cómo era posible que criminales (los guerrilleros) llegaran al Congreso. Es alrededor de estas emociones como empiezan a manejar al pueblo y lo sacan a votar con odio, y por eso la derecha termina gobernando a Colombia en 2018 y decae el proceso de paz en ese momento. Gana las elecciones por mínimo. Fue la primera vez en la historia que un partido de izquierda realmente se disputa el poder con uno de derecha, pues siempre la izquierda terminaba en la primera vuelta.”
El despertar
El 1 de enero de 2019, señala la analista, entró en vigor la nueva reforma tributaria que creó Duque Márquez:
“Igual fue muy cuestionada, pero en ese momento las personas aún no tenían las posibilidades ni los elementos para tumbarla, aunque desde ese año empezaron protestas fuertes en defensa del acuerdo de paz. Y el 21 de noviembre surgió el 21-N que marcó el precedente de las movilizaciones contra las políticas del gobierno. Esa reforma perdonó los impuestos a las petroleras, las mineras y los bancos, y la nación dejó de recolectar 9 billones de pesos colombianos en manos de estas multinacionales, y se financió menos a la educación y a la salud. Lo único que crece es el presupuesto para el aparato militar.”
Sigue con el año 2020:
“En un contexto ya de caos por la complicada situación económica y los derechos humanos, llega la pandemia. Entre 2017 y 2020 habían asesinado a más de 220 líderes sociales, muchos de ellos firmantes del pacto de paz. Para los activistas dedicados a la situación ambiental era muy peligroso porque la lógica paramilitar sigue existiendo. Nunca hubo la famosa desmovilización de los paramilitares, operan en los territorios donde están las grandes multinacionales y los intereses de mineras, petroleras, en fin. Nos hallábamos en una situación social muy complicada.
“Y nunca dejó de haber desplazamientos masivos, especialmente en esta zona rural donde fue grabado el documental, en Tumaco, Nariño. Aquí las disputas territoriales siguen y son afectadas las comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas que radican en el lugar fundamental para la economía de la coca que se mueve a nivel mundial.”
Con el covid-19, explica, la gente se ve imposibilitada de salir a buscar su sustento:
“En el país predomina el autoempleo. El empleo formal no es muy alto. Hace mucho tiempo casi acabaron con los contratos laborales, y los que los tienen son muy pocos y en su mayoría están vinculados al Estado, los demás son contratos por prestación de servicios. Y con el coronavirus toda esta gente queda desempleada. Se incrementa el porcentaje de las personas que vivían en la pobreza, pasa de 40% a 47.8%; 15% vive en la miseria y más de 60% de la población atraviesa por condiciones de hambre, sin trabajo y con deudas acumuladas con los bancos, los cuales cuentan con toda la posibilidad para enriquecerse a partir del trabajo de los colombianos.”
Dueñas Checa lamenta que por la violencia policiaca y militar hayan muerto 51 personas, “asesinadas por el Estado”, 37 perdieran un ojo por los disparos de las fuerzas del orden, 570 personas estén desaparecidas y alrededor de 23 han denunciado abuso sexual de la policía y el ejército.
Denuncia, además, que en las protestas pacíficas el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) ha utilizado un arma nueva llamada Venom:
“Es un artefacto, empotrado en una tanqueta, que lanza 30 proyectiles electrónicos para dispersar manifestaciones. Es una agresión exagerada.”








