Michoacán en la encrucijada

El 6 de junio próximo se eligen en Michoacán gobernador, diputados federales, alcaldes y diputados locales. El estado ha sido la joya de la corona del cardenismo, el primero y único estado gobernado por el PRD antes de existir Morena. Ese dato, aunado al hecho de la fuerza política del presidente Andrés Manuel López Obrador, creador de Morena, permitiría pensar que las elecciones de los próximos días serían un día de campo para el partido del presidente de la República. Las cosas, empero, no transitarán por ese sendero como un destino fatal. 

En el ámbito de la gubernatura, el candidato de Morena, Alfredo Ramírez Bedolla, tiene un prestigio de honestidad que en estos tiempos dice mucho, pero en su campaña tiene representantes de dulce, de chile y de manteca; algunos muy valiosos, como el abogado Ignacio Mendoza, pero otros exactamente al contrario, como el gobernador que estuvo preso por vínculos con el narcotráfico, Jesús Reyna, lo que da vida a un grupo variopinto que apuesta a que la marca Morena sea el amuleto de la suerte que absolverá los pecados de todos y garantizará el triunfo electoral. 

Por el otro lado, se encuentra el candidato del PAN, PRI y PRD, Carlos Herrera Tello, quien proviene del sector empresarial y ciudadano y se le ubica como gente del gobernador Silvano Aureoles, de quien, empero, tiene amplios márgenes de independencia. Es un hombre formado e informado. Es de llamar la atención que es el único candidato que propone una asignatura de una cultura para la paz, asignatura sobre lo que algunos colegas y yo hemos escrito como un requisito para cambiar este país. 

En este contexto, la ventaja inicial que Morena tenía hace unas semanas en las preferencias electorales se ha pulverizado por errores electorales del partido del gobierno y por el cierre de filas en torno al candidato Herrera Tello, quien, contra la expectativa de muchos, ha ido subiendo en preferencias electorales más allá de las esperadas dentro del gobierno federal y del partido. Hoy las más serias encuestas ubican en un virtual empate técnico a las dos principales y reales opciones para gobernar Michoacán. De la ventaja inicial de Morena queda sólo el recuerdo. Los números registran una realidad distinta. 

En el caso de Morelia, la capital del estado, la disputa real se encuentra entre el candidato del PAN-PRD, Alfonso Martínez Alcázar, y el candidato de Morena-PT, Iván Pérez Negrón. Alfonso ya fue alcalde de Morelia como candidato independiente y tirios y troyanos coinciden en que ha sido el mejor presidente municipal de Morelia en muchos años: la reactivación de la economía local, el apoyo al turismo, la seguridad pública rescatando a los morelianos de las manos del crimen y la existencia de dos hospitales municipales son algunas de las cartas credenciales que Alfonso trae bajo el brazo frente a los electores. Pérez Negrón, por su parte, quien –como todos los políticos– ofrece vagas promesas y ningún hecho concreto de su experiencia como gobernante, es el típico producto de llegar a aprender a gobernar con una amplia curva de aprendizaje que, por sus propias características, es nociva para una sociedad como la de Morelia, que necesita resultados y experiencia, no promesas tan inciertas como costosas. 

Se sostiene de la marca Morena-PT como su único asidero, convertido en una singular virtud, lo cual no garantiza el triunfo electoral, porque al ser la primera autoridad de contacto, el electorado juzga más por la persona que por la marca. No es extraño, por lo anterior, que Alfonso vaya creciendo en las preferencias electorales y el candidato morenista empiece a ver que la marca partidista no puede hacer todo por él, de ahí que se encuentre también en un empate técnico con el aspirante independiente, ahora arropado por el PAN-PRD.

En el ámbito legislativo, Julieta López, candidata a legisladora local, a quien conozco de tiempo atrás, es una mujer inteligente, con buenas relaciones y con la humildad de saber que no sabe, pero que quiere saber para sacar adelante proyectos de trascendencia social. Sin duda su presencia en el congreso michoacano hará que puedan prosperar diversos proyectos legislativos anclados en la razón y el interés público. 

A buena parte de los actores políticos los conozco y aclaro que no tengo conflicto de interés con nadie. No tengo ni he tenido –ni querido tener– lazo económico alguno que nuble mi juicio de lo que pase en el estado de donde soy originario, por más legal y legítimo que ello pudiera ser. La frase que ha puesto a circular Morena, “Cuatro de Cuatro”, como fórmula para votar, es el mejor camino para apelar a la fe ciega, pidiendo al electorado que no compare plataformas electorales ni perfiles personales. Esa frase quiere ubicar al bueno, al malo y al mediocre en una sola lista, una propuesta que el sentido común debiera rechazar y, por el contrario, hacer un voto diferenciado caso por caso.

En suma, después del 6 de junio Michoacán ya no será el mismo y sí una lección para Morena, donde debe privilegiar las prendas profesionales y éticas de cada uno de sus candidatos y candidatas como requisitos para acceder a un cargo público, lo que ahora en buena medida no se hizo.

@evillanuevamx

ernesto.villanueva@proceso.com.mx