El caso de Héctor Luis Palma Salazar –quien la semana pasada salió del penal del Altiplano para ser reaprehendido de inmediato– hace recordar el círculo trágico que envolvió a los primeros capos de la droga –Ernesto Fonseca Carrillo, Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero–, quienes también cayeron en prisión. De estos últimos, sólo uno, Caro Quintero, logró su libertad y huyó para evitar ser capturado por agentes de la DEA y extraditado a Estados Unidos.
Antes de ellos, en México no se utilizaba la palabra cártel para definir a los grupos de narcotraficantes.
Ernesto Fonseca Carrillo, Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero fueron los iniciadores de lo que Estados Unidos llamó el Cártel de Guadalajara. Los integrantes de aquella primera generación han pasado la mayor parte de su vida en prisión. Hoy, al parecer, las autoridades de los dos países se afanan para que todos acaben sus últimos días tras las rejas.
Esta triada, que en un tiempo doblegó a las autoridades mexicanas y causó malestar a las de Estados Unidos, forjó una segunda generación de líderes narcos que formaron poderosos cárteles como los de Tijuana, Juárez y Sinaloa; los integrantes de este último han corrido la misma suerte que sus antecesores: morir en prisión o prófugos.
Ellos son Ismael Zambada, El Mayo, quien vive “a salto de mata” –según él mismo dijo al fundador de Proceso, Julio Scherer García, en una entrevista publicada a principios de abril de 2010–; Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, quien fue sentenciado a prisión perpetua en Estados Unidos, así como su compadre Héctor Luis Palma Salazar, El Güero Palma, actualmente preso. Juntos, ellos formaron el Cártel de Sinaloa o del Pacífico, lo mismo que Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, muerto a causa de una enfermedad, e Ignacio Coronel, abatido en un enfrentamiento con la Marina.
En extraños paralelismos, personajes de esas generaciones acaban de sufrir reveses por parte de la justicia mexicana:
A Caro Quintero le negaron un amparo en contra de la orden de detención con fines de extradición emitida por el gobierno de Estados Unidos en 2013. De la segunda generación, El Güero Palma apenas salió del penal del Altiplano la semana pasada, fue reaprendido por la Fiscalía General de la República (FGR) y hoy está bajo arraigo.
Después de 26 años preso, acusado de diversos delitos, el viernes 3 El Güero fue absuelto por el Juzgado Segundo de Distrito de Procesos Penales Federales en el estado de Jalisco de la acusación de delincuencia organizada presentada por el Ministerio Público de la federación en la causa penal 6/2018-IX.
La absolución firmada por el secretario del juzgado, quien hace las funciones de juez en ausencia de éste, ordenó su inmediata y absoluta libertad, aunque estableció que Palma podría permanecer recluido en caso de encontrarse a disposición de alguna otra autoridad judicial por distinto delito tanto en el país como en el extranjero.
FGR, una medida desesperada
La liberación del Güero Palma sorprendió a la FGR, la cual tuvo que movilizarse para encontrar algún elemento en su contra.
Las autoridades penitenciarias lo liberaron hasta tres días después, lo que llevó a su abogado José Gabriel Hernández Rodríguez a interponer un amparo por incomunicación y privación ilegal de la libertad, que le fue concedido. Sin embargo, ese tiempo fue insuficiente para sustentar el caso.
En entrevista, el abogado explica: “Él fue detenido en una forma ilegal dado que la figura de detención urgente no se daba puesto que él estaba detenido. Indica que el artículo 193 del Código Federal de Procedimientos Penales establece tres criterios para que sea una detención urgente: primero, estar cometiendo un delito; segundo, debe de haber alguien que lo señale, y tercero, que hubiera alguna persecución inmediata por parte de alguna policía.
“En este caso se incumplen los tres. Ustedes se dan cuenta y es un hecho notorio y conocido que el señor Palma estaba saliendo después de 26 años de haber estado procesado por un delito donde un juez le concede la libertad de forma
absoluta.”
Agrega: “Pienso que fue una medida desesperada porque llegaron cerca de 200 elementos con armamento pesado y por más que quisiéramos presentar una oposición en el sentido de que se estaba cometiendo una violación, no íbamos a lograr nada, entonces se lo llevaron a la SEIDO (Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada). Todo esto, se trata de hacer una apariencia de un acto correcto por parte de la autoridad”.
Según el abogado Hernández Rodríguez, a Palma la FGR le cumplimentó una orden de aprehensión por un asunto de un doble homicidio en Tepic, Nayarit, y le sirve para fincarle un delito de delincuencia organizada. A partir de esos dos procesos él se encontraba privado de su libertad desde 2016, cuando fue repatriado de Estados Unidos, donde estuvo nueve años preso.
A los dos años, en 2018, se le dicta sentencia de libertad en el asunto de Nayarit. Logró demostrarse que los testigos declarantes eran falsos, lo mismo que las huellas y firmas de las actas que presentó la defensa.
Expone: “La FGR decía que del delito de delincuencia organizada había muchas pruebas para incriminarlo, pero resulta que estas pruebas son los testigos que ya fueron declarados por diversas autoridades como testigos falsos. Y reproducir que las huellas y la firma eran falsas para que el juez federal valorara que estábamos en lo correcto nosotros, cosa que así sucedió y después de mucho tiempo, casi cinco años, se logró demostrar que no era partícipe de delincuencia organizada ni que pertenecía a ningún grupo delictivo, porque él estuvo detenido desde 1995, tanto en prisiones de México como de Estados Unidos; por eso fue absuelto el 30 de abril de 2021”.
El abogado afirma que el fiscal de la SEIDO que estuvo al frente del caso al dictarle sentencia a su cliente es quien llevó el caso desde “la administración anterior y la anterior”, y sólo estuvo alargando en forma “dolosa” el procedimiento
“Hoy le quieren revivir un asunto de 1995, de 26 años atrás en que se le abrió cuando él fue detenido por estar convaleciente del accidente aéreo que tuvo en Nayarit, cuando lo arrestaron. Es este asunto viejo que ya fue juzgado y sentenciado por todos esos hechos. Ahora la fiscalía quiere meter nuevas pruebas para decir, en base a lo anterior, que ahora es responsable de un delito nuevo.
“Si recordamos, la ley contra la delincuencia organizada entró en vigencia en noviembre de 1996, y él fue detenido en junio de 1995. Entonces, le están queriendo aplicar una ley que no existía en el derecho mexicano, y por delitos ya juzgados.”
El exsocio traidor
Al cierre de esta edición, el abogado de El Güero Palma trabajaba en el amparo en contra del arraigo.
Para El Güero Palma, los problemas con la justicia mexicana y de Estados Unidos se recrudecieron a raíz de la guerra que surgió por el asesinato de su familia.
Los hermanos Arellano Félix contrataron al exsocio del Güero, el venezolano Enrique Rafael Clavel Moreno, para enamorar a Guadalupe Leija Serrano, esposa del Güero.
Supuestamente Clavel convenció a Guadalupe Leija de dejar al Güero; la pareja huyó a San Francisco, donde se hospedaron en un hotel y allí la degolló y le robó 2 millones de dólares.
Quince días después, a Héctor y Nataly –hijos del Güero y de Guadalupe –los aventó del puente El Viaducto Viejo, un enlace vial que une al centro de la ciudad con la Concordia, en San Cristóbal, Venezuela. Clavel le mandó al Güero la cabeza de su esposa en una hielera y el video de sus hijos cayendo al vacío. El Güero, con apoyo de sus socios –El Chapo Guzmán e Ismael Zambada– lograron que Clavel fuera detenido; pero, tan pronto como lo arrestaron fue asesinado.
A su vez, a los capos de la primera generación los marcó y unió el asesinato del agente de la administración antidrogas de Estados Unidos (DEA) Enrique Camarena Salazar, Kiki –muerto junto con el piloto mexicano Alfredo Zavala Avelar en 1985–.
Ernesto Fonseca Carrillo, Don Neto, actualmente vive en prisión domiciliaria en el Estado de México y Miguel Ángel Félix Gallardo está preso en el penal de mediana seguridad de Puente Grande, Jalisco. Ambos, a punto del fallecimiento por enfermedades que padecen. Rafael Caro Quintero, el tercero de la triada, quedó en libertad en agosto de 2013, cuando un tribunal federal decidió que no era competente para juzgarlo por el homicidio de Kiki Camarena.
Su liberación incluso animó a Don Neto, quien intentó seguir la misma estrategia para abandonar el penal. El gusto le duró un par de meses, pues el gobierno de Estados Unidos solicitó la reaprehensión con fines de extradición de Caro Quintero, para hacerlo pagar por el asesinato de Camarena Salazar. Por ello, el narco de narcos vive a salto de mata para evitar que lo atrapen los agentes de la DEA. La determinación de Estados Unidos contra Caro Quintero, de manera colateral, dejó a Don Neto preso.
La liberación que enfureció a Obama
La madrugada del 9 de agosto de 2013 Caro Quintero –acusado en 1985 por el gobierno de México del secuestro, tortura y asesinato de Kiki Camarena– salió libre del Penal de Puente Grande, luego de que el Segundo Tribunal Unitario del Tercer Circuito de Jalisco diera luz verde el amparo interpuesto por el narcotraficante (causa penal 82/25-II) con el argumento de “sobreseimiento” del caso.
Su liberación enfureció al gobierno de Obama, en especial a la DEA, porque el gobierno mexicano no les avisó; nada pudieron hacer para evitar que el capo se escondiera.
Caro Quintero era el tercer hombre en importancia dentro del narcotráfico en el país. El segundo era Miguel Félix Gallardo, y ambos estaban bajo las órdenes del padrino mayor: Ernesto Fonseca, Don Neto.
A Miguel Félix Gallardo, amigo, socio y ahijado del exgobernador de Sinaloa Leopoldo Sánchez Celis, más que narcotraficante, se le consideró como un narcopolítico.
Eslabón –“contacto”– entre la mafia y las autoridades, Félix Gallardo se inició como agente de la Policía Judicial de Sinaloa, de donde pasó a formar parte de la escolta del entonces gobernador Sánchez Celis.
Félix Gallardo, “el hombre más buscado del mundo” según la antigua Procuraduría General de la República, gozó de plena impunidad durante casi dos décadas. Se desenvolvió públicamente como hombre de negocios y ganó prominencia en los círculos sociales y políticos sinaloenses.
Iniciado en el negocio de las drogas en las postrimerías del gobierno estatal de Leopoldo Sánchez Celis, su amigo, padrino y primer protector, Félix Gallardo creció incesantemente durante los regímenes de Alfredo Valdés Montoya y Alfonso G. Calderón y llegó a la plenitud en el sexenio del sinaloense Antonio Toledo Corro.
Hábil, sagaz, discreto, refinado e insólitamente austero, el narcotraficante se convirtió en personaje de la vida social y económica del estado, amigo de políticos de todas las tallas, con relaciones en el comercio, la agricultura, la ganadería, la prensa y hasta la universidad. Viajaba libremente, departía en restaurantes de lujo con políticos, empresarios, policías.
En 1989, ya era “el hombre más buscado del mundo”:
De 1971 data la primera orden de aprehensión librada en su contra. Fue capturado por la PGR el 8 de abril de 1989.
Entonces Félix Gallardo repartió su imperio entre sus principales colaboradores; uno de ellos fue Joaquín El Chapo Guzmán, quien entonces, junto con su compadre Héctor Luis El Güero Palma, encabezaba una pequeña banda de tráfico de mariguana y amapola. Después crearon el Cártel de Sinaloa.
La familia del capo asegura que está enfermo, e incluso perdió la vista de un ojo. El Jefe de Jefes solicitó continuar el juicio pendiente en su casa, a lo que tiene derecho después de cumplir 70 años; no lo logró. Fue sentenciado a pasar sus últimos días en prisión, igual que El Chapo Guzmán, quien fuera su discípulo junto con El Güero Palma.








