Usadas para llamar la atención del Estado mexicano y de organizaciones internacionales, la difusión de imágenes de niños milicianos en zonas marginadas de Guerrero y Michoacán son una herida más que deja la violencia que golpea a México.
Si bien se trata de una estrategia “desesperada” de grupos comunitarios –empleada desde 2014–, ante la impunidad que gozan las redes criminales, como lo señaló el 12 de abril último la Red por los Derechos de la Infancia en México, su exhibición ha servido poco a la causa, pues persisten sus condiciones de inseguridad.








