Mi madre publicó en 1996 su libro de memorias con el título de No me olvides, y gracias a ella supe algo de Polonia y de los Poniatowski. Según el árbol genealógico que hizo mi abuelo André Poniatowski, la familia se inicia en el año 843 después de Cristo, con la Casa Real de Sajonia. En ese documento hay nombres como Botacino, Torello II, Guido I, Marsilio, Cristóforo I, hasta llegar al de mi padre, que es simplemente Juan.
Es asombroso el número de abadesas, curas, santos y generales en esta lista de nombres en la que figuran otros apellidos polacos, como Czartoryski, Potocki, Tyszkiewicz.
Mi padre, Jean Ciolek Poniatowski, francés, nacido el 19 de octubre de 1907, se casó con Paula Amor el 19 de noviembre de 1930, en París.
Paula Amor, mi madre, mexicana, mi hermana y yo llegamos a México en 1942. El Popocatépetl y el Iztaccíhuatl se veían con claridad desde la ventana de la casa en la calle de Berlín, en la colonia Juárez, en donde vivimos con mi abuela Elena Iturbe de Amor, quien adoptaba perros de la calle y ya tenía 43. También en esa calle, una mujer puso un puesto de jugos de naranja que nos deslumbró porque durante la guerra ni soñar con naranjas. Por la ocupación alemana, toda Francia se cubrió con el azul casi negro con el que se pintaron las ventanas para que pudiéramos prender la luz sin que nos bombardearan los nazis, a quienes llamábamos “les boches”.
Mi abuelo, en Francia, nos hizo conocer a mi hermana y a mí a Debussy, a Mallarmè y al general Weygand, que se dijo era hijo de la emperatriz Carlota. Ya en México, nuestra madre, prima hermana de Carito Amor de Fournier, nos presentó a Dolores del Río, a Alfonso Reyes, a Luis Barragán, a Chucho Reyes y a Salvador Novo.
El mayor regalo de nuestra vida ha sido el sol de México, su agua, sus mares, su gente de la calle, su nevero y su afilador de cuchillos, su cilindrero y su quesadillera a flor de banqueta, y en estos años finales la campana en la iglesia de San Sebastián con su repique que recuerda el diálogo de López Velarde con el campanero.
Mis tres hijos y mis 10 nietos son mexicanos y nacieron dentro del corazón de un maguey, al igual que su padre y abuelo Guillermo Haro, un estrellero fundador de la astronomía moderna en México, como lo confirman Manuel Peimbert, Alejandro Cornejo, Silvia Torres y Julieta Fierro. l
(*) Escrito para esta ocasión.








