La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República representa un quiebre histórico con sus predecesores por cuanto a sus motivaciones y estilo personal de gobernar, que podría sintetizarse en los siguientes rubros:
Primero. AMLO llega al poder con un discurso moderado y tranquilizador para el statu quo y su correspondiente stablishment. Mezcló distintas narrativas según sus audiencias y sólo así se explica que haya alcanzado la Presidencia de la República. De presidente electo a presidente constitucional fue revelando su verdadera naturaleza, distinta, por supuesto, a la retórica de campaña. A diferencia de otros presidentes, AMLO llegó al poder sin compromisos y, dentro de sus errores y fallas, no tuvo uno muy importante para la gente: su lucha no es para enriquecerse, sino para cambiar de régimen, con los costos y ventajas que ello implica.
“La guerra es el arte de destruir a los hombres, como la política lo es de engañarlos”, dice Jean le Rond d’Alembert (Mélanges de Literature). Baltazar Gracián sostiene que “no hay cosa más fácil que engañar a un hombre de bien: cree mucho el que nunca miente y confía mucho el que nunca engaña” (Oráculo manual y arte de prudencia). Y Pío Baroja remata: “A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre” (Memorias de un hombre de acción)
Segundo. Los presidentes mexicanos, en mayor o menor medida, han tenido desde el principio de su gobierno la claridad de que sólo podrán llevar a cabo los cambios mínimos que las circunstancias les han permitido. No es el caso de AMLO, quien busca cambiar las reglas del juego y ello genera naturales resistencias como se ve todos los días en la crispación a la que asiste el país.
Nicolás Maquiavelo apunta: “No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden”. (El Príncipe.)
Tercero. La tradicional división de poderes y la existencia de organismos autónomos plausibles para mantener el statu quo plasmado en las reglas de los antiguos vencedores en la Constitución y en la mayor parte de las leyes se convierten en obstáculos cuando se busca un cambio de régimen, de ahí la crítica presidencial con quienes ejercen una parte del poder y sus agudas diferencias de percepción y de criterio con la 4T. El presidente considera que esta concentración de poder es transitoria y necesaria para acelerar la implantación de lo que ha denominado la Cuarta Transformación.
Cuarto. El presidente a pesar de las críticas recurrentes de los medios, con razón o sin ella, ha mantenido un amplio nivel de aceptación popular que fluctúa entre 60 y 70%, lo que en circunstancias habituales, con el uso de las técnicas del pánico moral que le son aplicadas, ya hubiera bajado sus niveles de apoyo y hubiera optado por negociar con los poderes fácticos. Ello no ha pasado, las cúpulas empresariales, que evidentemente no simpatizan con su programa de gobierno, se han visto en la necesidad, por el contrario, de ir aceptando condiciones que hubiera sido imposible que lo hicieran en otras circunstancias, como el outsourcing o el aumento al salario mínimo, por citar dos ejemplos concretos.
Quinto. Ganar la mayoría –y la absoluta– en la Cámara de Diputados es de vital importancia para que el presidente pueda sentar las bases del nuevo régimen, que es el sentido que anima su presencia como jefe del Estado mexicano. En esta iniciativa no se detendrá en nada para lograrlo. Hará lo que tenga que hacer para lograr esa victoria electoral, así como la mayoría de las gubernaturas y congresos locales en juego. Perder la mayoría en la Cámara de Diputados sería el principio del fin de un proyecto de nación que se ve a sí mismo como un proyecto transexenal.
Sexto. Las Fuerzas Armadas (Ejército, Marina y Fuerza Aérea) han ganado certidumbre jurídica para su incursión en la vida pública y han ampliado el número de rubros donde participan. Para el presidente es imprescindible el apoyo de este importante grupo en el que se explica el inédito caso de repatriación del general Salvador Cienfuegos por cuestiones de seguridad nacional, tanto de México como de Estados Unidos. No se había visto en el pasado a unas Fuerzas Armadas con tanto protagonismo como ahora, lo que significa una vacuna contra intentos de desestabilización del país y es un mensaje de unidad a los detractores de la 4T, amén de que los enemigos presidenciales, como Claudio X. González, no tendrían los arrestos para iniciar una escaramuza armada con alguna posibilidad de triunfo si optaran por esa vía.
Séptimo. Un grave error de los detractores del presidente es el uso de una narrativa racional y sin duda con elementos objetivables, pero que no llega a conectar con la inmensa mayoría del electorado, que tiene fe en el presidente; y como se sabe, la fe no está sujeta a los tests de verdad o mentira.
“Disuasivos de las empresas extranjeras para invertir en México” “Falta de apoyo a las empresas para evitar altas tasas de desempleo en el marco del covid-19”, son frases que podrán tener un significado para un reducido sector de la población, pero se trata de un discurso circular que busca convencer a los que ya están convencidos, pero poco o nada dicen a la mayor parte de la población con la que las oposiciones no han podido conectar, como sí lo ha hecho el presidente, lo que genera elementos adicionales para que el triunfo de la 4T sea una probabilidad significativa el 6 de junio próximo.
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