Los duelos de la danza

A un año de la pandemia nuestras cuentas de Facebook, la red social principal de la danza de México, se llenaron de esquelas digitales que nos referían a las muertes de sus profesionales.

Carlos Emilio Sosa, guitarrista de danzas antiguas del México profundo como huahuas, quetzales, negritos de Papantla, verdes guadalupanos de Altotonga, todas de Veracruz. Tocaba, también, para tocotines de Atempa y moros y cristianos, ambas de Puebla; y xochitines de la región huasteca.

Entre su versatilidad, acompañaba con la vihuela y la jarana los sones de cualquier región del país que implicaran la cualidad de cuerdas rasgadas. Tenía un grado de experto en etnomusicología. Coordinaba el cuerpo académico del área de música en la Escuela Nacional de Danza Folclórica del INBAL, en la cual era maestro de la asignatura Música Tradicional Mexicana.

Gloria María Flores, pianista acompañante de danza clásica de la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey, Nuevo León, del mismo instituto.

Socorro Bastida y Muro, maestra decana de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (ENDCyC), de la Ciudad de México, perteneciente al INBAL, quien tuvo otras vertientes más sociales en la educación dancística además de la virtuosa, cuando estuvo al frente de Danza Clásica y Moderna del IMSS, en los setenta y ochenta; y coordinó el extinto Seminario del Taller Coreográfico de la UNAM (ahora Talleres Recreativos). 

En esos mismos pasos incluyentes de la enseñanza de la danza, Jesús Hernández fue maestro de jazz, disco, salsa, entre otros estilos de baile, en los legendarios Talleres Libres de la UNAM, durante siete años.

Igualmente, Moisés Mendel­wicz, facilitador de movimiento en esa misma institución. A él se le ubicaba en el tradicional salón de danza de piedra volcánica “José Limón”, en Ciudad Universitaria (CU). Y a la par, fue terapeuta de movimiento en el independiente Espacio de Transformación y Movimiento Río Abierto, en la colonia Narvarte de la Ciudad de México.

Carlos Carmen Hernández, docente de danza del bachillerato Centro de Educación Artística “Luis Spota Saavedra”, ubicado en la colonia Juárez, de esta misma urbe.

Rufino Melquiades, técnico de audio fundador del foro o “caja negra” Salón de Danza, en CU, durante 15 años.

César Ocampo, economista quien fungiera como jefe de bienes, suministros y servicios generales de Danza UNAM, desde 2014.

Arturo Padilla Téllez fue responsable de producción de las presentaciones de estudiantes de la ENDCyC, del INBAL, quien se ocupaba de varios elementos escénicos, como la realización de la escenografía, el vestuario y el diseño de iluminación, tanto dentro del Centro Nacional de las Artes como en las visitas a escenarios externos.

Jorge Wade, videasta expertise, vinculado a las compañías de danza contemporánea Foco al Aire Producciones, Bruja Danza y de la coreógrafa Cecilia Appleton, a la par de su trabajo como documentalista y productor de TV.

Sergio Anselmo Orozco Cheché, bailarín y destacado joven coreógrafo del Centro de Producción de Danza Contemporánea, durante seis años.

Y Xóchitl Medina, coordinadora de difusión de los centros de investigación del INBAL, Cenidi Danza “José Limón” y CITRU “Rodolfo Usigli”.

Cada una de estas personas no son otro número en la estadística por covid u otra razón de fallecimiento. Sus historias importan y representan roles dentro del campo de la danza.