Fueron insuficientes los recursos para que la propuesta ciudadana de los habitantes de Caborca pudiera hacer realidad un recinto en memoria de su historia y su identidad. Y cuando se dio el apoyo oficial, se atravesó la pandemia. Por fin, el 6 de abril, aniversario de la Gesta Heroica de 1857, abrirá sus puertas el Museo Histórico y Etnográfico de esta ciudad sonorense de 60 mil habitantes, con dos obras que contribuyen al centenario del muralismo mexicano.
Aun año de la pandemia, en medio de un largo listado de centros culturales que luchan por sobrevivir, el Museo Histórico y Etnográfico de Caborca (MHEC), Sonora, inaugurará dos murales y salas, y un programa que busca atraer a los jóvenes apoyándose en la virtualidad.
La ciudad de Caborca –oficialmente “Heroica Caborca”–, con 60 mil habitantes, posee el mayor número de petro-grabados de América Latina, y el museo inauguró sus instalaciones el 6 de abril de 2019, fecha conmemorativa de la llamada Gesta Heroica de 1857, en la cual unos 200 mexicanos, entre soldados y habitantes, resistieron y finalmente ganaron una batalla de seis días ante filibusteros estadunidenses que buscaban la anexión de Sonora a Estados Unidos.
Durante 2019, el recinto funcionó como mero foro cultural donde se presentó la retrospectiva de la artista caborquense Alina Trevor (1964-2018), así como talleres, conferencias y festivales para fomentar la cultura e historia de esta ciudad, en la cual aún residen miembros Tohono O’odham (“gente del desierto”).
Octavio Avendaño Trujillo (Ciudad de México, 1985), titular de Cultura del municipio, es el director del museo, que debió cerrar sus puertas entre marzo y junio de 2020, producto del confinamiento. El próximo 6 de abril será su inauguración formal como museo con los murales Los cantantes y el sol de Rafael Uriegas (Málaga, España, 1982), y El origen del conflicto de Miguel Fernández de Castro (Altar, Sonora, 1986).
Además de dos salas que llevarán por nombre “Sala Histórica” y “Sala Tohono O’odham”. Aquella abrirá con el añadido de un petro-grabado zoomorfo (una venada que data de entre 3 mil y 8 mil años), y la segunda con una urna funeraria de entre 300 y 700 años (identificada con la cultura Tohono O›odham).
Vía telefónica, Avendaño Trujillo, historiador y crítico de arte, excurador asociado del Museo de Arte Moderno en la década pasada, y curador de la colección fundacional de arte sonorense para el Museo de Arte de Sonora (MUSAS), habla sobre el recinto:
“El museo nació de la misma demanda de su población. El antecedente se remonta a la década de los ochenta, cuando un grupo de ciudadanos aficionados a la historia y a la arqueología fundaron un pequeño sitio histórico y etnográfico dentro de la Iglesia de la Purísima Concepción, declarada en esa década monumento histórico.
“Pero, como muchas veces sucede, esa intención ciudadana se vio frustrada por la falta de apoyo, y finalmente cerró. No fue sino hasta 2015 que la anterior administración comenzó la construcción del recinto, pues en 2018, cuando llegué, logramos gestionar ante el gobierno federal 1 millón de pesos como parte del Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE), más medio millón del gobierno de Sonora y otro tanto de la iniciativa privada. Así se pudo echar a andar el museo.”
–A veces el norte del país puede sonar muy lejano para el centro y sur de México. ¿Cómo llegar a más gente?, ¿se lo han planteado?
–Lo que nos interesa primero es construir micro-historias de la comunidad, más allá de las instituciones, y la prueba es que parte del acervo del museo proviene de algunas donaciones de caborquenses. Hay un centro de documentación que llamamos “José de Jesús El Loco Valenzuela”, donde hay bibliografía especializada del noroeste del país sobre los Tohono O’odham (etnia binacional que habita entre Arizona, EU, y Sonora), y a partir de ahí un sitio virtual donde la gente pueda acceder a la colección del museo.
–¿Qué pasa con los jóvenes?
–Justamente este acervo y las actividades que buscamos realizar están orientadas a ellos, como la Feria del Libro Desierto Caborca, que el año pasado se realizó de manera híbrida y muy probablemente este año, en mayo próximo, sea igual.
“Hablando en términos de gestión cultural, nos dimos cuenta del alcance de lo digital. El año pasado con la feria llegamos a 27 mil personas, la mayoría gente de Caborca, de Hermosillo y en tercer lugar de la Ciudad de México, y nos sorprendió mucho ese alcance de una ciudad periférica, de la frontera del país”.
Las obras…
El titular de Cultura también expresa que los murales que se inaugurarán el 6 de abril se enmarcan en el centenario del muralismo mexicano.
En el caso del fresco Los cantantes y el sol, la colorida obra de Uriegas, el artista y premio en la Bienal de Pintura Rufino Tamayo de 2014 expresa vía telefónica desde Cholula, Puebla, donde radica desde hace años:
“Me inspiré en la gente, fue muy curioso porque tenía varias ideas, pero al final hubo algo que me pareció muy particular de las personas de Caborca, y es que son muy abiertas, y sobre todo les gusta cantar, a todos por igual. Los albañiles, al momento de hacer el fresco, cantaban todo el tiempo, y me pareció maravilloso viniendo de una ciudad tan cercana al desierto y con tanto sol que se relaciona mucho con la melancolía… pues ellos son todo lo contrario y eso quise plasmar ahí.”
En la obra, realizada este enero, se encuentran figuras zoomorfas, como mariposas, colas de pescados, además de hojas, soles que parecieran ojos o viceversa, plasmadas en 124 metros cuadrados de paredes y techo de la escalera del recinto que conduce a los visitantes al primer piso.
El artista, egresado de la Escuela de Arte y Pintura “La Esmeralda”, apunta que el sol es, sin duda, el eje de la obra:
“Hay distintas figuras que se pueden encontrar, pero hay una en especial que es la del sol, en parte porque todo tiene una insinuación con la geometría y el canto, por la armonía que se puede emular en el sonido y el arte, como una ejecución abstracta de las ondas basadas en lo orgánico.”
Uriegas, cuya trayectoria se puede ver en www.rafaeluriegas.com, ya había expuesto en 2017 una muestra individual en el MUSAS.
Una vez que el visitante del Museo Histórico y Etnográfico de Caborca suba las escaleras y llegue al primer piso, se encontrará con El origen del conflicto, de Fernández de Castro, quien suele trabajar proyectos sobre conflictos inherentes a su estado en la región fronteriza.
A simple vista se trata de un mural en un solo tono: amarillo, casi dorado… Y es que hay una idea conceptual detrás: Ese color es resultado directo de la elaboración de un pigmento tomado de la tierra de una mina de donde se solía extraer oro, “específicamente del tajo Dipolos, propiedad de los ejidatarios de El Bajío, Caborca, que estuvo ocupada ilegalmente durante años por la Minera Penmont, del Grupo Peñoles”.
Así lo explica vía WhatsApp, ante la imposibilidad de contactarlo de manera telefónica debido a que su estudio se encuentra en el desierto de Altar:
“Mi intención fue dejar en el muro del museo un pigmento que contuviera el conflicto histórico de las mineras en Caborca.”
Escribe también:
“Los ejidatarios demandaron y un tribunal agrario dictó sentencia a favor de ellos, lo que obligó a la minera a desalojar los tajos a cielo abierto… la sentencia establece que deberá restaurar todas las cosas a su estado original y devolver el oro extraído, lo cual no ha hecho. Desde que la minera desalojó, la mina estuvo tomada por sicarios presuntamente al servicio de Rafael Pavlovich, tío de la gobernadora de Sonora, y extrajeron oro con la infraestructura que dejó la mina.”
El origen del conflicto fue realizado durante febrero de este año y mide 4×6 metros. El 6 de abril los caborquenses podrán verlo por primera vez junto a Los cantantes y el sol.








