La pandemia hace repuntar la inflación

En un contexto de fragilidad financiera marcado por un año de pandemia, el aumento en el precio del petróleo y una tendencia del dólar al alza, los productores comenzaron a transferir sus crecientes costos a los consumidores mediante el alza de precios. Diversos analistas financieros del sector privado consideran que éstas son las causas de los fuertes incrementos en la canasta básica, la alimentaria y los principales bienes y servicios para la clase media urbana, por lo cual prevén que se sostendrá la tendencia inflacionaria. 

Aunque lo peor del huracán que significó la crisis económica en 2020, a raíz de la pandemia, parece haber pasado, 2021 empezó con el coletazo que ya impacta los bolsillos de las familias mexicanas, que padecen una caída de sus ingresos al tiempo que se enfrentan con un alza de precios en diversos productos de la canasta alimentaria.

Los focos de alarma se prendieron en febrero pasado cuando la inflación, en su comparación mensual, se elevó 0.63%: la mayor tasa de la que se tiene registro para un mes similar desde el año 2000, mientras que en su comparación anual tocó 3.76%.

Ya en la primera quincena de marzo se capitalizó la alerta: el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó que la inflación se ubicó en 4.12%, su nivel más alto desde mayo de 2019, y que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) ya está fuera del rango límite propuesto por el Banco de México, que es de 4.0%.

El presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció el aumento del costo de la tortilla y diversos granos en su conferencia de prensa matutina del pasado jueves 11, aunque justificó: “Aumentó el precio del maíz a nivel internacional, eso también afectó; y el maíz no sólo se utiliza para la tortilla, para la alimentación directa de personas, de todos, como alimento básico, sino también se utiliza para alimento de aves, de ganado porcino; entonces eso es también lo que está ocasionando este incremento… Lo mismo nos está sucediendo con el frijol, pero ahí es por otra razón, ahí es porque se nos redujo la producción por la sequía, heladas…”.

Las sorpresas en enero y febrero son significativas porque, sin padecer de efectos estacionales marcados, la inflación acumulada es la más alta de los últimos cuatro años. 

En su análisis económico, Grupo Financiero Monex explicó que eso constituye una “desviación importante” del comportamiento de la inflación, pues si bien el INPC superaría en abril el rango de 4.0% propuesto por el banco central, con las cifras registradas en el primer bimestre de 2021 es más probable que el límite se rompa en marzo.

En efecto, un levantamiento de precios elaborado por la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec) demuestra que a partir del alza en los precios de los energéticos (gasolinas y gas LP), otros productos, como la tortilla, se han disparado.

En su sondeo de mercado, la Anpec detectó que los productos que elevaron sus precios entre el 15 de febrero y el 15 de marzo fueron: limón (81.82%), aguacate (80%), chile serrano (42%), frijol (58), tomate (57%), lenteja (50%), azúcar (23%), huevo (16%), tortilla (11%) y harina de trigo (5.56%).

La Anpec realiza este estudio cualitativo a través de un cuestionario de precios con levantamiento directo en 200 puntos de venta ubicados en zonas metropolitanas del Estado de México, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Tlaxcala, Querétaro y Tabasco.

Cuauhtémoc Rivera, presidente de la alianza, advierte en entrevista: “El comportamiento de los precios tiene un alza generalizada en todos los segmentos que conforman los precios de la canasta básica que nosotros monitoreamos, como frutas, legumbres y verduras. Los cárnicos, los abarrotes, se ha comportado de una forma agresiva en los primeros meses del año y eso pone en jaque el consumo.

“Lo que explica el alza de los precios es el incremento en la gasolina, la gran demanda que ha habido en la pandemia y el reacomodo que se ha dado en el tema del abasto, que ha sido una nueva cultura logística de todas las proveedurías, porque tenían un mapeo de suministro, de abasto, diferente al que hoy están ejerciendo.”

Esto, además de las restricciones que se han aplicado para atender la pandemia, como el cambio en los horarios, “y falta agregar el factor estacional, que es el tema climático, y la pérdida de cosechas”.

Factores inflacionarios

De acuerdo con un reporte de Consultores Internacionales –firma especializada en consultoría económica estratégica, prospectiva y escenarios de anticipación, así como del fortalecimiento empresarial y sectorial–, la inflación se ha acelerado por las siguientes causas:

En primer lugar, los costos de producción: el Índice Nacional de Precios al Productor se elevó 5.3% en enero, mientras que en febrero creció 5.9%, cuando en 2020 el aumento fue de 4.5%. 

“Los productores, en un contexto de fragilidad financiera, baja demanda y costos de producción crecientes, han iniciado con la transferencia de éstos a los consumidores vía precios, una tendencia que inevitablemente va a mantenerse”, puntualiza la consultoría. 

El segundo elemento es la evolución de los precios internacionales del petróleo. Para el caso de México, al cierre de esta edición, la mezcla mexicana de exportación se cotiza en alrededor de 60 dólares por barril, lo que incide en el precio de las gasolinas, que oscilan arriba de 20 pesos por litro en el caso de la Magna, mientras que la Premium y el diesel superan los 21 pesos.

La tercera causa es el tipo de cambio. La banda técnica se ha ubicado en las últimas semanas alrededor de 20.70 pesos por dólar y la empresa estima que podría ir subiendo en los meses siguientes, conforme aumenten los rendimientos del bono del Tesoro y disminuya la política expansiva de la Reserva Federal estadunidense, lo que fortalecerá al dólar y lo apreciará en el ámbito internacional.

El ejercicio Inflación CDMX, del Grupo Financiero Ve por Más, deja ver el impacto del aumento de los energéticos en otros productos. Dicho índice calcula las variaciones mensuales de precios de una canasta de bienes y servicios para la clase media de la Ciudad de México, como supermercado, transporte, mantenimiento del hogar, servicios personales, educación, telefonía, trámites y otros servicios del gobierno, artículos del hogar, esparcimiento y cultura.

“El rebote en la cotización del petróleo se acentuó en febrero, en el marco de la temporal crisis energética en el sur de Estados Unidos. Ante ello, los precios de las gasolinas siguieron avanzando, reflejados en el rubro de transporte; similarmente, el precio del gas para uso doméstico creció de nuevo, lo que se registró al interior del componente de vivienda, aunque en este último predominó la debilidad en las rentas, en un ambiente de debilidad económica y bajo empleo formal”, señala el grupo.

Considera que en adelante el aumento en los precios de materias primas, como el petróleo y los granos, implica un riesgo adicional al crecimiento de la inflación en los próximos meses. No obstante, incidirían a la baja en los precios, dentro de un contexto de debilidad económica y fragilidad en el empleo, la amplia capacidad ociosa y un modesto regreso en el consumo.

Consumo y pobreza

Mientras los precios se elevan, los hogares dejan ver la debilidad de su precaria capacidad adquisitiva, reflejada en el crédito al consumo.

Según el reporte de BBVA Research Crédito al sector privado no financiero hila segunda caída en términos nominales, publicado el jueves 18, el saldo del crédito vigente al consumo fue de -9.6% en enero anterior, lo que significó una mayor que la observada en diciembre (-8.7%). Por si fuera poco, se acumulan tres trimestres consecutivos de contracción.

El crédito otorgado por la banca a través de tarjetas (37% del crédito al consumo) registró un desplome anual nominal de 12.7% en el primer mes de 2021, con lo que se profundiza la contracción de 11.5% observada al cierre del año pasado. 

“Con este dato, el saldo de crédito a través de tarjetas acumula tres meses consecutivos con caídas de doble dígito. Las restricciones al consumo asociadas a las medidas de confinamiento que continuaron vigentes en el primer mes del año en varias regiones del país, contribuyeron a un menor uso del financiamiento a través de tarjetas”, se explica en el análisis.

A su vez, los créditos de nómina retrocedieron 3.0%, proporción similar a la registrada el mes previo, en tanto el saldo de los créditos personales también profundizó su caída, al registrar una contracción nominal de -19.5% en enero, descenso mayor que el de diciembre de 2020 (-18.5%). 

Según BBVA Research, la significativa desaceleración en la cartera vigente de estos segmentos está asociada principalmente con la pérdida de empleos formales.

En cuanto al crédito para la adquisición de bienes de consumo duradero, registró una variación anual de -0.1%, la primera caída observada desde septiembre de 2010.

Un dato preocupante para el mercado interno es que el indicador de ventas de automóviles profundizó su descenso al registrar -30.0% en enero, mientras que en diciembre la proporción fue de -26.3%.

¿Y el ánimo de los consumidores? No parece mejorar, en vista del pesimismo que muestran los indicadores complementarios al Índice de Confianza del Consumidor (ICC), el cual es elaborado por el Inegi y mide la percepción de los mexicanos sobre la economía nacional y de sus hogares, así como la posibilidad de adquirir un bien duradero. 

Por ejemplo, el subindicador del ICC que evalúa si el consumidor planea comprar un automóvil nuevo o usado en los próximos dos años, tuvo un descenso de -22.4 % en enero, desde la caída de -10.2%, de diciembre de 2020.

No es para menos: la catástrofe económica que dejó la pandemia el año pasado significó que el ingreso laboral real disminuyó 2.5% entre el cuarto trimestre de 2019 y el cuarto trimestre de 2020.

Lo anterior aumentó la pobreza laboral –porcentaje de la población con un ingreso laboral inferior al valor de la canasta alimentaria– de 37.3% a 40.7% en ese periodo, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

Dicha tasa significa que 51 millones de mexicanos no pueden adquirir una canasta alimentaria, la cual tuvo un costo de mil 728 pesos en febrero pasado; y mucho menos una canasta básica (que incluye alimentos y otros servicios), equivalente a 3 mil 686 pesos en zonas urbanas.

Lo anterior fue provocado por la pérdida de empleos en 2020 y por una seria disminución de ingresos: entre el cuarto trimestre de 2019 y 2020, la población ocupada con ingresos de más de dos y hasta tres salarios mínimos disminuyó de 22.0% a 18.7%; quienes tenían ingresos de más de tres y hasta cinco salarios mínimos se redujeron de 10.9% a 8.2%, mientras que la proporción de personas ocupadas con más de cinco salarios mínimos se contrajo de 4.4% a 3.4%.

“Con lo que ha pasado en la pandemia, como el cierre de negocios, pérdida de empleo, disminución del ingreso, caída de ventas, el circulante del mercado está muy lento, porque el problema es vender, pero aún peor es poder comprar”, advierte Cuauhtémoc Rivera.

“La pregunta es –remata el líder de la Anpec–: ¿a dónde se hacen los consumidores? Es un problema de crisis, lo vemos como un problema de agenda nacional y es un tema de gobernabilidad. El gobierno se ha resistido a entender que el impacto de la pandemia es de tal magnitud que el aumento a las pensiones de los adultos mayores y los 25 mil pesos de créditos a la palabra a la actividad comercial son nada más mejoralitos para el tamaño de la crisis que estamos enfrentando.”