Campeche: Entretelones de la presunta inoculación con Sputnik V

Antes de que se descubriera su engaño, la empresa Karim’s –del paquistaní-hondureño Mohamad Yusuf Amdani Bai– aplicó unas 5 mil vacunas rusas Sputnik V (de cuya autenticidad y origen se duda) entre la población campechana. La mayoría de las dosis se les pusieron a empleados de la firma, pero también hubo personajes de las cúpulas social y política que fueron inoculados. Y aparentemente el escándalo estalló cuando uno de esos políticos se sintió desairado…

CAMPECHE, CAM.- Días previos al decomiso de sus vacunas rusas Sputnik V, contra el covid-19 y presuntamente falsas o adquiridas ilícitamente, la trasnacional Grupo Karim’s inoculó una primera dosis de esa sustancia a por lo menos 5 mil campechanos en varios municipios. La inmensa mayoría, más de 4 mil, son sus empleados, pero también “privilegió” a ciertos núcleos de las élites social y política de esta capital, mientras el gobierno estatal se hacía de la vista gorda.

El corporativo, que encabeza el empresario de origen paquistaní y nacionalizado hondureño Mohamad Yusuf Amdani Bai, opera en esta entidad las maquiladoras Karim’s Textil and Apparel, South East Manufacturing, Ammar Apparelli, Fabrique­ Manufacturing, el hotel Ocean View, el Consorcio de Servicios Campeche, el desarrollo inmobiliario Campeche Hills, y Palma Real del Sureste, esta última dedicada al cultivo de la palma africana.

Al menos en las maquiladoras –todas ubicadas en Campeche, Calkiní y Champotón– y en el hotel se vacunó a los trabajadores. Voluntariamente, eso sí, pero bajo su propio riesgo y con la aceptación firmada de que el patrón no se haría responsable por los efectos adversos que pudieran sufrir. 

El Sistema de Administración Tributaria dio a conocer el caso el miércoles 17, al informar que agentes aduanales y militares decomisaron en el aeropuerto local mil 155 frascos –5 mil 755 dosis– de la vacuna rusa que, ocultos en una nevera llena de refrescos, estaban por ser contrabandeados en una avioneta privada a San Pedro Sula, Honduras. 

La nave quedó en garantía de interés fiscal y la tripulación y pasajeros, todos hondureños, quedaron a disposición de la Fiscalía General de la República (FGR), donde se inició la carpeta de investigación, sin detenidos y sólo por mil 62 frascos.

El caso tomó otra dimensión cuando Rusia negó que las decomisadas fueran sus vacunas y deslizó la teoría de un posible complot para descalificar el producto, al tiempo que medios de Honduras revelaron la identidad de los implicados en el aseguramiento, entre quienes se encontraba Gustavo Ramón Raudales Bográn, vicepresidente ejecutivo de Grupo Karim’s, e identificaron al dueño del avión y de las dosis: Yusuf Amdani.

En medio del escándalo, Grupo Karim’s, en un comunicado que emitió en San Pedro Sula, reconoció que efectivamente compró las vacunas para sus trabajadores y que no pretendía ingresarlas ilegalmente a Honduras, pero no dijo nada sobre las que introdujo y aplicó ilegalmente en Campeche. En tanto que la FGR aclaró que abrió la carpeta de investigación sin detenidos porque es necesario determinar el contenido de los frascos asegurados para poder, en su caso, judicializar el asunto… y admitió que los implicados se evadieron del hotel donde supuestamente se les vigilaba. 

Se corrió la voz

Pero desde días antes del aseguramiento, entre la aristocracia local corría un secreto a voces: “¡Yusuf tiene vacunas!”, “busca a La Rana, él es el contacto”, “ya vacunaron a Fulano y Perengano”… cuentan a la corresponsal personas que estuvieron implicadas en la trama pero que pidieron el anonimato. 

Señalan que originalmente las vacunas eran para las familias de los trabajadores de Karim’s, pero se desviaron para cumplir con amigos y políticos, priistas y panistas básicamente. El asunto se salió de control porque el paquistaní no pudo satisfacer la avalancha de solicitudes. 

Pronto llegarían más, prometió Roberto Ortega González, La Rana, alto ejecutivo de Grupo Karim’s, a quienes se quedaron en lista de espera. Pero –coinciden algunas de las fuentes– entre los peticionarios insatisfechos estaba el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, Alito, quien, por el intercambio de favores que mantuvo con Amdani durante sus cuatro años de gobierno, en los que hasta le prestó el avión oficial para ir y venir de Honduras, se sintió con el derecho de exigirle vacunas –se ignora cuántas– para los equipos de campaña de su sobrino, Christian Mishel Castro Bello, candidato a la gubernatura por la coalición PRI-PAN-PRD VaXCampeche. 

Y en ese contexto devino el decomiso que puso al paquistaní bajo el escrutinio mundial. Los entrevistados niegan saber dónde y cómo obtuvo Amdani las vacunas, cuánto y a quién le pagó por ellas o cómo las trajo a Campeche, pero dan por sentado que el aseguramiento no fue azaroso. Lo atribuyen a un “pitazo”, a un acto de revanchismo de Alito, quien desde hace seis años es el usuario más frecuente de la sala de vuelos privados del aeropuerto local por donde los hondureños sacarían su cargamento. 

Algunas de las personas consultadas señalan como parte del entramado al “médico Farfán”, presunto propietario de la Clínica Prado y de la Distribuidora de Vacunas de Campeche. Ambas ocupan el mismo predio en la avenida Adolfo López Mateos. Ahí se citó a muchos para la aplicación de la primera dosis. A otros, en el hotel Ocean View, propiedad de Amdani, en el malecón. Unos aseguran que no tuvo costo. Otros confiesan que pagaron 3 mil pesos por cabeza al “hijo de un conocido cirujano” –cuya identidad no quisieron revelar– que los llevó en grupos de 15 personas a vacunarse al hotel. 

Y como en el caso de los trabajadores de Grupo Karim’s, a todos se les hizo firmar previamente a la inoculación una carta de aceptación voluntaria, en la que cada quien asume la total responsabilidad por las reacciones que la vacuna les pudiera provocar. 

La corresponsal obtuvo una copia del documento que el área de Recursos Humanos dio a firmar a los obreros de las maquiladoras, y del que no se les entregó una a ellos. 

“He recibido asesoría sobre los posibles efectos secundarios después de la vacunación, cuándo pudieran suceder y cuándo y dónde debería buscar tratamiento. Comprendo que si experimento algún efecto secundario soy responsable de darle seguimiento con mi médico por mi propia cuenta”, dice el numeral 4. En esa hoja se registra el número de atención que corresponde a cada trabajador vacunado, su nombre, CURP y las recomendaciones a seguir después de la inoculación de la Sputnik V. Ese papel sirve como una especie de cartilla de vacunación en la que se registran los datos de la vacuna, el lote, fecha de aplicación de la primera y segunda dosis, entre otros datos.

Los obreros de las maquiladoras fueron vacunados durante las dos semanas previas al aseguramiento. Dos de ellos, de Ammar Apparelli, ubicada en Calkiní, revelaron a la corresponsal, con la petición de no ser identificados, que en esa planta, donde laboran entre 800 y mil personas, la gerencia les notificó el miércoles 10 que en breve los vacunarían contra el covid. 

“El 15 de marzo, como a las ocho de la mañana, de repente nos avisaron que llegaron los médicos que nos iban a vacunar. Nos reunieron en el patio junto a la cocina y, mientras la jefa de Recursos Humanos, Damaris, nos repartía la hoja que firmamos, la doctora, creemos que es una doctora, nos explicó el procedimiento, lo que no debemos hacer después de vacunarnos y a los que no se recomendaba vacunarse. Casi todos aceptamos, porque ya hubo cadenas de contagios y aun así se nos hizo venir a trabajar”, narran.

Esas maquiladoras no cerraron durante el periodo de confinamiento pues, entre otros artículos, fabrican cubrebocas y batas quirúrgicas, de los que Amdani donó miles el año pasado al gobierno del estado. 

Afirman que en diciembre pasado los vacunaron contra la influenza, pero lo hizo personal del IMSS, por lo que esta vez se les hizo raro que quienes llevaron la vacuna no llevaran identificación ni logotipo de alguna institución. Las vacunas “las llevaban en un termo de esos azules, de 12 litros, pero nunca vimos los frascos porque nos pasaban en grupos de cuatro a la inyección, pero ya las jeringas estaban cargadas” y aseguran que no se les tomó la presión ni se les dieron los 30 minutos de observación por si presentaban alguna reacción. “Enseguida de que nos vacunaron, nos mandaban de regreso a trabajar”. 

Comentan que algunos sufrieron taquicardia o problemas de presión, pero tuvieron que atenderse por su cuenta porque la empresa dejó claro que no se haría responsable. “Apenas uno llegó con una bola hinchada, y preguntó al gerente, Garay, qué nos inyectaron, pero no tuvo respuesta”. 

La segunda dosis la recibirían 21 días después. 

En esa, como en las otras maquiladoras, el miedo cunde por varias razones: no saben qué se les inoculó y si les generará consecuencias, no saben si cometieron un delito al dejarse vacunar y, más que nada, les aterra la posibilidad de que por ese asunto se cierre su fuente laboral porque, aunque son explotados, es la única que hay. 

Desde que llegó a Campeche, en el sexenio de Antonio González Curi (1997-2003), atraído por el plan económico de aquella administración, que consistió en construir plantas maquiladoras para darlas en usufructo por dos décadas y con exención de impuestos a inversionistas foráneos a cambio de que generaran empleos, a Amdani se le señala como presunto socio y prestanombres de varios políticos campechanos, como Jorge Luis González Curi, hermano de ese exmandatario, y Jorge Luis Lavalle Azar, padre del senador Jorge Luis Lavalle Maury, quien fue directivo de la Asociación de Maquiladoras.

La Rana es sobrino de los González Curi. 

De momento, opinan sus conocidos, probablemente después de este escándalo pasará mucho tiempo para que a Yusuf Amdani se le vuelva a ver en Campeche.