Diez años del Movimiento por la Paz Sicilia: “El Estado mexicano está capturado por el crimen”

Este domingo cumple 10 años el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, fundado por el poeta Javier Sicilia a partir de una tragedia personal que comparte con miles de familias mexicanas, mutiladas por el asesinato o la desaparición de los suyos. En entrevista, Sicilia hace un recuento de los logros colectivos, acusa al presidente de traicionar los compromisos que asumió con las víctimas de la violencia y asegura que ahora es el movimiento feminista el que puede articular otras demandas para conseguir la verdadera transformación del país. Eso o México no tiene futuro, señala el activista.

CUERNAVACA, Mor.- Las miles de víctimas del crimen y la nación entera tenían en Andrés Manuel López Obrador “su última esperanza”, sin embargo, “el desprecio que ha mostrado desde que llegó al poder nos ha dejado claro que el Estado mexicano está capturado por el crimen. Ellos, los políticos, están al servicio del crimen organizado”, dice el poeta Javier Sicilia, fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que este domingo 28 cumple 10 años.

Por eso ya no hay nada que pedirles. “Lo que tenemos que hacer es organizarnos abajo. La sociedad debe voltear a verse, mirarse y encontrarse, organizarse, como dicen los zapatistas: desde abajo y transformar al país. No hay otra manera. Porque quien quiera creer que después de Andrés Manuel hay futuro, se engaña. Después de Andrés Manuel y después de todo lo que hemos vivido ya no hay futuro. El Estado está corrompido y capturado por el crimen”.

En entrevista, Sicilia hace un balance de los 10 años del movimiento que nació de forma espontánea en Cuernavaca, el 28 de marzo de 2011, luego de que alrededor de las siete de la mañana de aquel lunes el cuerpo de su hijo, Juan Francisco, apareció sin vida en un vehículo junto a los de otros cuatro jóvenes y una pareja de adultos, en las inmediaciones del fraccionamiento Las Brisas de Temixco, Morelos.

“Hemos sido un movimiento no sólo de protesta, hemos sido un movimiento que siempre ha tenido propuestas. Personalmente, el movimiento surgió de una experiencia personal muy dolorosa, la más dolorosa que he vivido: el asesinato de Juanelo, mi hijo. Pero luego, cuando salimos en las caravanas, primero la Marcha a la Ciudad de México, luego las dos caravanas al norte y al sur, fuimos encontrando que ese dolor se multiplicaba en miles de personas que habían perdido, asesinados o desaparecidos, a familiares”, dice.

“Cuando dijimos que estábamos hasta la madre, y seguimos hasta la madre, ese grito reflejaba apenas un poco del hartazgo que nos dejaba el dolor, que nos deja el dolor tantas veces multiplicado. Pero el Movimiento por la Paz transformó ese dolor, esa rabia, en acción y en propuestas. Fuimos al corazón de la Patria, al Zócalo de la Ciudad de México en mayo de 2011, con seis puntos: verdad y justicia; finalizar la guerra y cambiar el enfoque de seguridad; combatir corrupción e impunidad; combatir la raíz económica y las ganancias del crimen; atención a la juventud y reparación del tejido social y democracia participativa con democratización de los medios”, recuerda.

“Y hasta el momento todos los puntos están pendientes… Nosotros impulsamos la Ley de Víctimas que creó la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, que funcionó, pero luego llegó Andrés Manuel y la destruyó. Desapareció el fideicomiso que le daba recursos para la reparación y, al día de hoy, lleva varios meses acéfala. No le interesa, desprecia a las víctimas”, sostiene.

Lo mismo pasa, dice, con el proceso que se inició cuando López Obrador era candidato en 2018, en el que se comprometió a hacer caso de la propuesta de justicia transicional para transformar la realidad que vive el país.

“Hicimos varios eventos con las personas que comisionó Andrés Manuel, el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, con expertos de varias partes del mundo, con mexicanos, y al final entregamos los documentos y ellos los archivaron. Cuando Andrés Manuel tomó posesión, la única mención a las víctimas fue reducida al caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, que es importante; pero la problemática nacional, la emergencia nacional, no tuvo ni una sola mención. Sólo Ayotzinapa, y por cierto, ni ahí han dado resultados”, lamenta.

El movimiento

El 28 de marzo de 2011, luego de conocerse la noticia del multiasesinato, artistas y activistas de Morelos iniciaron una protesta espontánea en el Centro de Cuernavaca. Instalaron una ofrenda en los arcos del Palacio de Gobierno y, además de hacer jornadas de poesía, canto y música, todas las tardes se juntaban cientos de personas para marchar por las calles de la capital morelense y exigir justicia. Sicilia no estaba en el país. Regresó unos días después y enseguida convocó a una caminata a la Ciudad de México.

La marcha salió el 5 de mayo de 2011 del monumento a la Paloma de la Paz en Cuernavaca y fue creciendo en los días siguientes. El sábado 7 pernoctó en la UNAM, el domingo 8 partió rumbo al Zócalo de la Ciudad de México, donde reunió a 100 mil personas de todas las corrientes políticas y de todas las clases sociales. Sicilia leyó un discurso en el que presentó los seis puntos, que fueron aclamados por los asistentes en la Plaza de la Constitución.

El Movimiento se fue engrosando con miles de mujeres, jóvenes e incluso niños. Ahí surgió una nueva figura: la familia de la víctima de desaparición. Si para entonces había unas 40 mil víctimas de homicidio en hechos del crimen organizado, unas 10 mil familias en todo el país habían sido mutiladas con la desaparición de sus miembros.

El movimiento realizó dos caravanas, una rumbo al norte y otra hacia el sur del país. Las víctimas lograron lo que no pudieron conseguir los estudiantes del movimiento del 68: sentaron en un diálogo público, transmitido en vivo y en directo, al entonces presidente Felipe Calderón y a su gabinete de seguridad, quienes fueron increpados por las familias que exigieron justicia.

Los activistas sabían que una de las causas de la violencia en México son las armas provenientes de Estados Unidos, por lo que realizaron una caravana por varios estados de aquel país. Llegaron al Capitolio para exigir que se detuviera el tráfico de armas. En México, el Congreso creó, no sin resistencia, la Ley de Víctimas que no sólo las visibilizaba, sino que repercutía en el sistema de justicia penal; se creó la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y se destinaron fondos a la reparación del daño.

En diciembre de 2011 la revista Time consideró a Javier Sicilia entre las personas del año, junto con otros movimientos sociales en El Cairo, Atenas y Wall Street. 

Del Movimiento por la Paz surgieron varias organizaciones y colectivos de víctimas que comenzaron a exigir justicia en los estados y municipios. Tras las elecciones de 2012, con la victoria de Enrique Peña Nieto hubo una nueva esperanza. En cuanto llegó, promulgó la Ley de Víctimas que Felipe Calderón había suspendido. Pero los seis puntos del Movimiento seguían sin recibir respuesta. El priista “mantuvo la misma política de guerra contra el crimen. Nosotros advertimos que la situación podría empeorar. Desafortunadamente, el tiempo nos dio la razón. Vino Tlatlaya, luego Ayotzinapa. El país siguió hundiéndose en un abismo y las víctimas multiplicándose”.

Para la elección de 2018 las víctimas revivieron la esperanza con la posibilidad de que llegara López Obrador a la Presidencia. En su campaña, el tabasqueño insistió en que atacaría las causas profundas de la violencia: combatiría la pobreza, regresaría a los cuarteles al Ejército y se abriría una vía para la paz en México. Sicilia admite que estaba escéptico. 

Comenzaron un proceso de acercamiento con el candidato y luego presidente electo. Parecía que las cosas marchaban. Sin embargo, de los 100 compromisos que López Obrador hizo el 1 de diciembre de 2018, sólo uno tenía que ver con las víctimas y fue reducido al caso de los 43 normalistas desaparecidos. Los colectivos buscaron a Encinas, pero no tuvieron respuesta. Reuniones y más reuniones y ya. En el sexenio anterior se logró crear una comisión de búsqueda, pero en el actual no se le dieron las herramientas.

De la justicia transicional, nada. “Más bien Andrés Manuel ha encarnado el sueño de Felipe Calderón: le dio protección constitucional al Ejército y le ha entregado todo”, dice el poeta. 

En diciembre de 2019 integrantes de la familia LeBarón fueron masacrados por un grupo criminal cerca de los límites entre Chihuahua y Sonora. Para el presidente el caso fue un hecho aislado que “ya se está atendiendo”. 

Sicilia se reunió con Julián LeBarón, quien también integró el Movimiento por la Paz en 2011, y acordaron realizar otra caminata a la Ciudad de México desde Cuernavaca para reunirse con el presidente y entregarle las propuestas concretas de justicia transicional. La marcha salió el 23 de enero de 2020. Desde el inicio López Obrador dijo que no se reuniría con las víctimas, sino que lo haría el gabinete, pues no se iba a prestar “al show” porque debía cuidar la investidura presidencial.

Insinuar que el movimiento quería “espectáculo” caló hondo en el ánimo de las víctimas. Los colectivos criticaron “la insensibilidad” del presidente. En Palacio ni se inmutaron. La molestia escaló unos días después, cuando en los medios y redes se difundió un video en el que López Obrador se acerca a saludar a la madre de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, en una gira por Sinaloa. “A ella le promete ayuda, a nosotros nos rehúye”, lamentó la buscadora Araceli Rodríguez.

La “traición” de AMLO

En una entrevista a principios de 2020, Sicilia dijo que siempre esperó de Calderón y Peña Nieto que fueran insensibles “y hasta cínicos”. Pero en el caso de Andrés Manuel “teníamos esperanza. Un hombre de izquierda, supuestamente de izquierda, que decía querer transformar al país. Un hombre que se comprometió con las víctimas en campaña, que todavía como presidente electo nos dijo que cumpliría, al final no hizo nada. Nos traicionó. Duele más, porque no lo esperábamos.

“Cuando fuimos hace un año a verlo y nos dijo que éramos un show, llegamos a un punto intolerable. Ni siquiera tuvimos esos insultos con Peña Nieto, no nos dio la cara, mientras tanto el crimen sigue avanzando. Te doy los números: en 2011, cuando iniciamos esta lucha, había 40 mil asesinados y 10 mil desaparecidos, sólo te voy a dar las cifras de los primeros meses de este 2021: 158 actos de tortura, 156 fosas clandestinas –que se suman a las 4 mil que han sido descubiertas–, 115 eventos de calcinamiento, 114 descuartizamientos o destrucción de cuerpos, 86 masacres, 76 asesinatos de niños, niñas y adolescentes; en total, 865 actos atroces, sólo en los tres primeros meses de este año”, señala.

Por eso, dice, “el Movimiento por la Paz ha puesto sobre la mesa propuestas, ha dado voz y dignidad a las víctimas, produjo la Comisión de Atención a Víctimas –aunque hoy está destruida, la destruyó este gobierno–, mientras que desde el poder no hacen nada frente a las atrocidades que vive la población. Esto nos demuestra que el Estado está capturado por el crimen organizado y que la clase política está al servicio del crimen organizado”.

Pero además el movimiento ayudó a visibilizar a miles de mujeres que se transformaron en buscadoras, defensoras de derechos humanos, voceras y fundadoras de colectivos, porque un día les desaparecieron un hijo, una hija, un hermano, un padre, un esposo. 

Araceli Rodríguez pasó de ser una empleada que apenas tenía la primaria a una defensora de derechos de las víctimas y está por terminar la carrera en derecho. Estudió “para hacerme cargo del caso de mi hijo Luis Ángel, desaparecido en noviembre de 2009, y ayudar a otras víctimas”. Lo mismo Angélica Rodríguez, mamá de Viridiana, estudiante morelense de psicología que desapareció en 2013 en el Estado de México. Dejó su trabajo y se convirtió en buscadora, defensora de derechos humanos y fundadora del colectivo Regresando a Casa Morelos.

Tranquilina Hernández se dedicaba al trabajo doméstico hasta que, en septiembre de 2014, su hija Mireya desapareció en Cuernavaca. Se transformó en una buscadora que realiza su labor en las brigadas de todo el país. Hace meses, después de participar en la fundación de otro colectivo, fundó con otras víctimas la Unión de Familias Resilientes Buscando a sus Corazones Desaparecidos. 

“La esperanza de cambio, de una verdadera transformación, vendrá de abajo, tendrá que venir de abajo, de la organización que pueda descapturar a ese Estado. Y creo que quien podría convocar a una nueva rebelión de las víctimas y a una propuesta ciudadana profunda y fuerte que transforme a esta nación, que transforme al Estado, tendría que venir de las mujeres, de los movimientos feministas. Creo que ellas traen la estafeta ahora, como alguna vez la tuvo el movimiento del 68, como alguna vez la tuvo el zapatismo, como la tuvo el Movimiento por la Paz”, dice Sicilia. 

“Si son capaces de articular a los demás movimientos, son ellas las que pueden vertebrar y encabezar un movimiento de transformación. De otro modo ya no hay futuro, el país ya no tiene futuro. Porque este gobierno no va a llevar al país a una transformación, sino a un infierno mayor, y los infiernos son tan anchos y tan profundos como lo permitamos.”