Se queja de Mario Delgado, “propietario” de Morena

Señor director:

El pueblo no olvida a quienes han sido fundamentales en la creación de las instituciones de nuestro país, y a quienes han defendido causas muy justas e importantes, como la libertad de expresión. Actualmente la revista Proceso es una herramienta básica para entender los aconteceres cotidianos en nuestro país y es muestra de libertad de expresión, por la pluralidad descrita en cada una de sus secciones de reportaje y análisis; por ello, mi pleno reconocimiento y mi deseo de que siga por esa ruta.

Por otro lado quiero recordar lo que muchos medios difundieron al empezar el proceso de selección en la dirigencia de Morena: “Se pelean por algo que ya está dado”, es decir, el voluntarismo, la intransigencia, el revanchismo, el sectarismo, el protagonismo y la gandallez. Qué lástima, porque quienes verdaderamente creímos en el surgimiento de un movimiento auténticamente popular nos equivocamos y con esa equivocación perdimos la oportunidad para crear una forma nueva de hacer política. 

No nos equivocamos cuando imaginamos que Morena tiene no un dirigente sino un propietario y se llama Mario Delgado Carrillo, él es el que impone ideas, principios, rutas, etc. Él es el dueño de las casas encuestadoras que están eligiendo candidatos a puestos de elección popular; quizás ese poder que tiene ahora como dirigente no le permita ver con claridad el daño que le está haciendo al partido, a AMLO y a México, porque con las decisiones que está tomando mediante sus encuestas está desplazando a los verdaderos militantes, abre la oportunidad a muchos mercenarios políticos y está dividiendo aún más a la sociedad.

Como morenista pido a la dirigencia nacional que, a su interés personal anteponga el del pueblo y que a los de a pie, que no estamos expuestos al púlpito mediático, nos permita tomar nuestras decisiones para elegir candidatos y dirigentes, que nos permita tener nuestras propias equivocaciones, porque aunque no lo crean, también tenemos capacidad de pensamiento y raciocinio.

Atentamente,

Hugo Ocaña Hernández