Radicado en la capital del país, José Riaza, “cronista social” y “poeta disruptivo” –como se autodenomina este artista madrileño–, descubrió en México que podría quitarse la visión cuadrada del mundo y abandonar el eurocentrismo. Y encuentra sentido a la petición de López Obrador al rey de España sobre el perdón, a 500 años de la invasión. Son varios sus temas: la defensa ecológica, la revolución femenina… ello y más expresa en su disco Cleptomanías I, grabado con diversos colegas e intérpretes.
“La cumbia del coronavirus” se lanza como parte del álbum Cleptomanías I de José Riaza, filmado por este cantautor y filántropo madrileño en el Parque de los Venados de la capital mexicana, con Bandaloz y la vocalista tapatía Paloma del Río.
“No tengo otra cosa en la vida –dice Riaza, quien radicó varios años en Guadalajara–, soy un enamorado del oficio musical y aprendí desde muy niño a comunicarme a través de las canciones. Mi género es la emoción.”
Si quieres bailar conmigo, no traigas coronavirus… (ver https://youtu.be/SVMr594ffq0).
Nacido el 1 de mayo de 1978 en el municipio de Vallecas, Riaza comenzó a tocar en la estación del metro del barrio de Lavapiés –que inmortalizó Agustín Lara en el chotis “Madrid”–; es colaborador activo del hospital infantil CRIT, y sus piezas abordan siempre un asunto social: En 2005 compuso “Niño siempre niño (Don Quijote en su delirio)”, invitación a los chavitos para leer la novela de Cervantes Saavedra por iniciativa del museo Trompo Mágico, interpretando el tema a dúo con Jaramar Soto. En 2008, con su conjunto Tragicomi-K y apoyado por Greenpeace, grabó “El puente de Juanacatlán”, contra la contaminación del Río Grande de Santiago, entre Jalisco y Nayarit. Tras los sismos de 2017 participó en brigadas prodamnificados. Sobre Cleptomanías I, dice a Proceso:
“En 2019 yo estaba preparando un libro y disco que se llamaba Llanto de sirenas. Hablaban de la posición de un hombre feminista frente a los problemas que ocurren en la sociedad, y se me hacía importante pues en la transformación pendiente que nos falta, aparte de la revolución ecológica, está la de las mujeres. Es un tema que me toca mucho por todos los atropellos a la mujer en tantos sentidos. Había preparado aquel trabajo pero me faltaron recursos para concluirlo y me embarqué en estas primeras Cleptomanías.”
De cualquier modo, en Cleptomanías I la mujer está presente, añade:
“Cuando uno está consciente del privilegio de ser hombre, blanco además, y venir de una familia de clase media como yo, me doy cuenta de que existe un sector desfavorecido y violentado como el femenino, por lo cual eso te toca el corazón irremediablemente. No puedo voltear la cabeza a otro lado y disfrutar nada más de este privilegio llevando una vida afortunada sin más, porque estoy obligado a apuntar con el dedo los problemas de las mujeres, ser un cronista social y un poeta a veces disruptivo, porque es el lado más amable del arte, tocar corazones para cambiar el mundo. Al final se trata de eso…
“La música divierte, es un ocio muy importante; pero la sensibilidad y el corazón sirven para mucho más, deben generar un cambio en el individuo, tanto en el autor como en el oyente, para crear una sociedad cada día mejor. Tal vez nuestras hijas no vean esta reivindicación absoluta de la mujer, pero al menos nos toca trabajar para que el cambio alcance a nuestras nietas. Personalmente me resultaría absurdo hacer reggaetón cantando cosas como ‘mueve el bote’ o ‘menea el culo’. Yo pienso que hay cosas muy importantes que transformar en la sociedad, y las canciones son un espacio maravilloso para hacerlo. Si te ven millones de personas por una pantalla hay que decir ondas trascendentales. El contenido de las letras me ha llamado la atención de un tiempo a esta parte, y también procuro no sembrar discordia con ellas.”
Cinco siglos de conquista
José Riaza optó por conquistar México a través de sus canciones, cuando hace 500 años los europeos lo hicieron por medio de la espada y de la cruz. ¿Qué opina el artista del perdón que ha solicitado el presidente mexicano López Obrador a la corona española y a la Iglesia católica?
“¿Qué te digo? –comienza sin abandonar su acento castizo–… Cuando este español que soy yo, o un europeo o algún gringo llega a México, viene con su visión eurocentrista o estadunidense de la vida. Pero México tiene muchos tonos. Cuando llegué aquí en 2003, por mi juventud y mi visión europea, lo veía en blanco y en negro; pero ahora México me ha enseñado sus arcoíris y me llevó a una existencia más tranquila para caminar en vez de correr, y a no etiquetar tanto las cosas. He encontrado bellas personas…”
La charla por Whats App se congela. El también guitarrista, narrador y actor rehace el contacto, desde su celular con número que comienza con el 33 jalisciense, completando así:
“Decía que he encontrado buenas personas, pero que engañan a su mujer, y puertas de corrupción que sirven para hacer el bien en vez del mal. Todo esto a una persona como yo, que venía con un pensamiento cuadrado que es el que tenemos muchos europeos, o el estadunidense, pues me creó una ruptua donde vi que podían convivir aquí varios mundos brindando una aceptación, sin que parezca resignación. Admirar tantos colores de tu país me ha abierto la mente y eso le agradezco a México, porque esto no me habría ocurrido en España y sería un cuadriculado más.”
Más adelante, Riaza torna a la reflexión:
“El tema de los 500 años es complejo… Yo sí creo que, tal como los hombres de ahora tenemos una deuda histórica con las mujeres, la tenemos los europeos con los pueblos de Latinoamérica. Lo que dijo Obrador de que el gobierno español o tal vez la corona española deberían de pedir perdón por los abusos de la conquista, a mí no se me hace ninguna tontería.
“Porque si te das cuenta, el gobierno catalán sí pidió disculpas a México (en junio de 2020), poniéndose del lado de los pueblos originarios de América; entonces pedir perdón es un gesto noble y precioso que no humilla a nadie, al contrario, te engrandece. España no lo hizo y me dio mucha pena, pero sí me dio mucho gusto que los catalanes tuvieran humildad y se disculparan.
“Es como cuando hablan de la migración en Europa y me aseguran que ‘no, no, hay que cerrarles las puertas porque vienen de países más pobres’, y yo les digo: ‘esos países son pobres porque el llamado Primer Mundo y Europa los han saqueado realmente’. Es una falta de respeto no abrir las puertas al vecino.”
En 2019 dio a conocer Retales de anarquía en Lebrí Editorial, escrito en un exilio de seis meses que comenzó en la península sudcaliforniana de San José del Cabo y concluyó en la madre patria. Aquel retiro de las candilejas lo motivó a explorar otras formas de expresión dando a luz un volumen de 40 capítulos. El prólogo pertenece a Santi Rex, cantante de Niños del Brasil y amigo personal del autor. La introducción del libro es del lama Marco Antonio Karam, maestro del autor y director de Casa Tíbet, el centro de estudios de budismo tibetano más notable del país y primera representación cultural del XIV Dalai Lama (Tenzin Gyatso) para México y Latinoamérica.
En Cleptomanías I, su cuarto álbum solista de estudio, destaca la frase del actor norteamericano Marlon Brando: “Un abogado con su portafolio puede robar más que 100 hombres con pistolas”.
Incluye “Hasta las lágrimas” (con Los Skouters argentinos), “Bella Ciao” (con el tapatío Danny Padilla), “Algarabía” (con Manuel Jart, de Guadalajara), “Lunática” (con el jalisciense Rodolfo González), “El viaje interminable” (con Jonathan Ruvalcaba, El viejito, de Aguascalientes), “Pau” (homenaje al desaparecido Pau Donés, de Jarabe de Palo), “Me cuesta tanto olvidarte” (con la ecuatoriana Lu Miranda), “Ellos dicen mierda” (con Albertencia, de Alicante), “Cadillac solitario” (del catalán Loquillo y sus Trogloditas), “De abril 2020” (con Yahir Durán), “Sabor a mí” (con el sevillano Javier Báez), “Temblando” (de David Summers y Hombres G), “Me da lo mismo (Rumba triste)” (de Félix Miguel Cantón Díaz, interpretado por los madrileños Los Del Brujo y el propio Riaza), y “María” (del musical Amor sin barreras, de Leonard Bernstein, en castellano).
Como actor, José Riaza salió en Luis Miguel personificando al compositor Martín Costa, quien formara parte de Rey Music, “la disquera del hombre más odiado de México”: Luisito Rey (Óscar Jaenada), en la serie televisiva de Netflix (2018).








