Frente a la contingencia

A un año de la pandemia, las obras y los festivales estrenados en 2020 hablan de cómo la danza se ha aliado a otras artes y medios para responder a esta crisis de aislamiento social. Especialmente con el cine.

Se reestrenó en agosto, por ejemplo, la coreografía feminista Sorecer, de Abigail Jara, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (antes Fonca), en versión digital a varias cámaras, cuya transmisión se realizó en Neerme, plataforma de experiencias live (en vivo) a través de internet.

También, en esta misma fusión de danza y cine, en noviembre se estrenaron otras dos obras digitales, a propósito del homenaje virtual a la coreógrafa veracruzana Guillermina Bravo, En la memoria de los cuerpos, de Aura Arreola, y NENA: Se le ha visto llorar en backstage, de Guillermo Aguilar, ambas producidas por Danza UNAM y transmitidas en su cuenta de la red social Facebook.

Ambas, incluso, pueden considerarse dentro del nuevo concepto coreo-cinema, el cual la especialista mexicana Ximena Monroy explica y difunde en sus cursos en línea, pues consistieron en la interacción entre el cuerpo y las cámaras. Resulta una interdisci­plina muy coherente con los medios de los que disponen el coreógrafo y el público en la crisis actual, para crear y disfrutar de la danza en la casa con uso de internet.

Asimismo, caracterizado por el riesgo, en diciembre se llevó a cabo la versión virtual del Festival Encender un Fósforo, curado por Alma Quintana y Silverio Orduña, sostenido por el Museo Universitario del Chopo, en su propia cuenta de aquella misma red social. 

Este festival presentó la unión del cuerpo y la imagen digital como un medio expandido. Los artistas, durante tres días de transmisiones en Facebook, exploraron otras amalgamas, que no consistieron en danza y cine, por ejemplo cuerpo y gif (formato corto de intercambio de imagen digital), de Sofía Cabrera; y grabaciones de reuniones en la plataforma Zoom, de Coral Montejano Cantoral y Edgar Pol. 

Sin embargo, se integró también al programa la videodanza, el cual es un medio de mayor tradición, como la propuesta paisajística de Ana Karen Sahagún.

Hay que destacar a la iniciativa Festival EstacionArte 4×4 BJ, de la alcaldía Benito Juárez, inspirada también en el cine para dar respuesta a esta pandemia desde las artes escénicas. Se apropió del dispositivo del autocinema para reinventarlo en autoescena. De tal manera que las familias lograron disfrutar de la danza, el circo y la música al aire libre desde su automóvil y sin riesgo de contagio. Barro Rojo, la reconocida compañía de danza contemporánea por su reacción en el sismo de 1985 al bailar en zonas de desastre, estuvo programada en este festival expresando nuevamente su espíritu solidario.

La danza no se ha quedado quieta frente al cierre de los teatros ni la restricción de distancia social. Los diversos formatos de audiovisual, las plataformas y las redes sociales que ha utilizado en esta coyuntura le han provocado nuevas interacciones con el público a lo largo de 12 meses de contingencia.

Estas interacciones están determinadas por el paradigma de la transmisión, el cual se vuelve relevante por la desi­gualdad social que conlleva. Pero, en materia de arte, pudieran estar naciendo vanguardias marcadas por este trauma, llámense coreo-cinema, medios expandidos de la imagen, teleconferencias u otras, donde el cuerpo y el artista está más cerca de sus espectadores.

Dichas exploraciones e innovaciones han sido más consolidadas por la UNAM.