Señor director:
Durante años he vivido el abuso de poder, discriminación, homofobia e influyentismo por parte de David José del Carmen Jiménez González, quien ahora tiene el cargo de embajador de México en Honduras.
Fui su empleada y secretaria particular y tuvimos una relación laboral y de amistad durante 22 años. Luego me acusó de haberlo engañado y defraudado, justamente cuando se enteró de que me había casado con una mujer. Ahí empezaron los insultos, la homofobia, las acusaciones y llegó hasta hacerme perder la libertad: no conforme con acusarme por un delito que no cometí, me utilizó para su beneficio y enriquecimiento ilícito e insiste en perjudicarme para no dañar su imagen.
Utiliza sus influencias con magistrados del Poder Judicial, como Ricardo Ojeda Bohórquez, su amigo, a quien yo entregaba regalos, precisamente por ser su amigo, en su casa en Aniceto Ortega, Colonia del Valle, además de los otros magistrados del Tercer Tribunal Colegiado en Materia Penal en la Ciudad de México, que son Miguel Ángel Medecigo Rodríguez y Humberto Manuel Román Franco, quienes le otorgan la razón en el amparo directo 2013/2019, aun cuando no había fundamentos para hacerlo, pues notablemente todo lo que yo interponga para mi defensa es negado; me acusa por los mismos hechos en diversas instancias y en distintos estados de la República con lo que logra que me den sentencia dos y hasta tres veces por el mismo delito, cuando en este país la Constitución no lo permite… pero sí lo permiten las influencias y poder que tiene el señor embajador.
Al interponer una queja ante el Consejo de la Judicatura Federal, solicitando se investiguen las actuaciones de estos importantes personajes, se nota el encubrimiento entre ellos mismos, pues la queja 1840-2020-V fue desechada sin algún fundamento real por el magistrado que resolvió –que fue Santana Turral, amigo de ellos–.
Me pregunto si el influyentismo y el abuso de poder se terminaron y son sancionados o sólo se encubren para conveniencia de quien hace uso de su cargo para beneficiarse personalmente, enriquecerse ilícitamente sin ser investigado y condenar a su antojo, como lo hace el embajador de México en Honduras, David José del Carmen Jiménez González.
Atentamente,
Mayra Mayorga Osnaya








