Conocer el origen de la pandemia –el primer caso de enfermedad por SARS-CoV-2 en un humano– dará armas para combatir el mal que signó el año 2020. Especialistas del mundo están dedicados a esa tarea… aunque aún sin resultados. En entrevista con Proceso, el científico belga Jacques Van Helden explica los detalles de esa búsqueda afanosa y de paso descarta las tesis conspiracionistas, tan de moda.
París.- Un año después del anuncio oficial en China de la aparición de una enfermedad respiratoria atípica en un hospital de Wuhan y en víspera de las primeras campañas de vacunación contra el covid-19, sigue sin saberse cómo y dónde ocurrió la transmisión del SARS-CoV-2 al ser humano.
“Existen distintas hipótesis, entre ellas las de una transmisión en un sitio natural o en cría de animales silvestres recién domesticados, pero no se puede descartar la eventualidad de un accidente de laboratorio”, afirma en entrevista con Proceso Jacques van Helden, quien advierte:
“En mi calidad de científico considero que todas las hipótesis deben ser tomadas en cuenta sin perder de vista que no tienen el mismo nivel de verosimilitud. Es esencial apoyarse en un análisis racional riguroso partiendo de hechos concretos para poder evaluar los argumentos en pro y en contra de cada una. Sólo así se puede mantener una distancia radical de las tesis conspiracionistas aberrantes que pululan en la web y en las redes sociales, y tener independencia en relación con las polémicas políticas y las tensiones geoestratégicas que genera el tema.”
Profesor de bioinformática de la Universidad de Aix-Marsella, especialista en análisis de genomas y coautor de Descubrir los orígenes del SARS-CoV-2 en las filogenias de coronavirus –ensayo publicado en la edición de agosto-septiembre de la revista médica gala Médecine/Sciences, que causó revuelo en Francia–, Van Helden confía a la corresponsal que decidió dedicarse a la bioinformática en Cuernavaca en 1997, año en que trabajó en el laboratorio de Julio Collado-Vides, catedrático de la UNAM –institución que lo acaba de nombrar investigador emérito–, pionero e impulsor de la bioinformática y la genómica en México y científico de renombre internacional. Desde entonces el investigador vuelve cada año a la capital de Morelos, sede del Centro de Ciencias Genómicas, para seguir colaborando con sus colegas mexicanos.
Van Helden esboza una ligera sonrisa cuando se le pregunta por qué queda descartada la tesis inicial –algo exótica– de una contaminación del murciélago al hombre por intermedio de un pangolín en el mercado de Wuhan.
–Esa tesis se cuestiona muy pronto en realidad –recalca–. El 26 de marzo la OMS aseguró en un comunicado que los primeros casos de SARS-CoV-2 detectados no tienen relación directa con ese mercado y precisó en otro informe, publicado el 31 de julio, que no se encontró rastro alguno del virus en las 336 muestras tomadas en animales del mercado, pero que en cambio se descubrieron 69 muestras ambientales “positivas” entre las 842 sacadas en ese mismo mercado.
–Cuando habla de muestras ambientales, ¿se refiere a la infraestructura del mercado?
–Así es. El informe subraya además que el genoma del virus se muestra notablemente estable desde el inicio de la pandemia. Eso indica que en el momento en que fue detectado, el virus ya estaba muy bien adaptado a la transmisión de ser humano a ser humano. Estos elementos, entre otros, permiten deducir que el mercado de Wuhan es el primer eslabón de envergadura identificado, pero no es el lugar de emergencia del virus. En ese mismo documento, expertos de la OMS sugieren que tal vez el mercado de Wuhan fue infectado por una persona que ya estaba enferma y que luego el virus se propagó por toda la ciudad.
–En el ensayo que firma con otros cuatro científicos en Médecine/Sciences, usted menciona la región de Yunnan.
–El 27 de enero, investigadores del Instituto de Virología de Wuhan, especializados en el estudio del coronavirus y encabezados por Zheng-Li Shi publicaron un artículo en el que dieron a conocer el genoma de SARS-CoV-2. Fue noticia de resonancia mundial. En ese artículo anunciaron también que entre las numerosas muestras que guardan en los congeladores de su laboratorio, hallaron una sacada en 2013 en un murciélago que alberga un virus –clasificado como RaTG13– cuyo genoma es idéntico al SARS-CoV-2 en 96%. Ese virus proviene de una mina de la región de Yunnan, a mil 800 kilómetros de Wuhan.
–¿Por qué investigadores de Wuhan tienen “archivadas” muestras de virus descubiertas en una región tan lejana de la suya?
–La misión científica de Zheng-Li Shi y de sus colaboradores del Instituto de Virología de Wuhan consiste en detectar cepas de coronavirus con potencial pandémico que surgen en China. Al recibir una alerta van al terreno y sacan muestras que luego analizan, investigan y clasifican.
“Es exactamente lo que pasó en 2013 cuando supieron que una neumonía atípica afectó a seis mineros, causando la muerte de tres de ellos, en Yunnan. Viajaron allá, recogieron muestras en esa mina y publicaron en 2016 un pequeño fragmento de secuencia del genoma del virus, que llamaron RaTG13. A principios de 2020 se percataron de grandes similitudes entre ese fragmento de RaTG13 y el SARS-CoV-2; Zheng-Li Shi decidió finalizar la secuencia completa que dio a conocer en esa publicación de finales de enero.
–¿Entonces qué pasa con el pangolín?
–En febrero, otro equipo de investigadores chinos de la región de Cantón publicó el genoma de un virus de pangolín, idéntico 89% al del SARS-Cov-2. Esa homología es inferior a la que existe entre el RaTG13 y el SARS-Cov-2, pero llama la atención de los científicos el hecho de que algunas proteínas clave para la infección, presentes en ese virus de pangolín, son casi idénticas a las del SARS-Cov-2. Los virólogos deducen por lo tanto que el SARS-Cov-2 podría ser un virus híbrido, resultado de una recombinación entre una gran parte de un genoma de virus de murciélago y pedazos de genoma de virus de pangolín.
–¿Y no es así?
–Se cuestiona esa hipótesis por dos razones. Primero porque los pangolines y los murciélagos que albergan coronavirus muy cercanos al SARS-CoV-2 no comparten ecosistema; y segundo, porque no se ha logrado identificar el virus generado por esa hipotética recombinación.
Murciélagos, “principal reservorio”
–¿El murciélago es realmente el único “albergue” natural del coronavirus?
–Los coronavirus forman una gran familia de virus animales, y el murciélago es su principal reservorio conocido, pero se han detectado también coronavirus en otros mamíferos y aves. Pero es preciso señalar que los tres coronavirus que causaron pandemias humanas en el siglo XXI (SARS-CoV, MERS-CoV y SARS-CoV-2) provienen inicialmente de los murciélagos. Ahora bien, si se quiere ser científicamente riguroso se debe reconocer que quizás exista un sesgo de muestreo, porque desde la primera pandemia de SARS se buscan muestras esencialmente en los sitios silvestres donde viven los murciélagos.
–¿No se puede imaginar una transmisión directa entre el murciélago y el ser humano?
–Por el momento no se tiene comprobado caso alguno de transmisión directa a partir del murciélago. Eso no significa que semejante transmisión directa sea imposible.
“Quizá se da, pero con un impacto muy limitado. Es imposible excluir la hipótesis de que después de una eventual transmisión inicial del murciélago al hombre el virus no logre propagarse en la población humana porque la transmisión de persona a persona no es suficientemente eficaz.”
–Aparte del pangolín, ¿qué animales pueden jugar el papel de “huéspedes intermedios” del SARS-CoV-2? Se habla del perro mapache…
–Para identificar al llamado huésped “proximal”, es decir el último huésped animal del virus antes de la transmisión al humano, es preciso llevar amplias investigaciones en medios naturales y, por supuesto, en los sitios de “estrecho contacto”, como los de cría de animales silvestres recientemente domesticados. Hay muchos en China y las pistas de los perros mapache criados en ese país por su piel o de las civetas criadas por su carne deben tomarse muy en serio. Entre otras.
Después de un momento de reflexión Van Helden precisa: “En el informe de fin de julio que mencioné anteriormente, la OMS dio a conocer los acuerdos a los que había llegado con China para tratar de dilucidar el origen de SARS-CoV-2 y presentó la lista de los sitios silvestres y de crías que una misión internacional se proponía investigar”.
–La decena de científicos que integran dicha misión lleva meses esperando poder viajar a China. Hasta la fecha sólo ha podido comunicarse con sus colegas chinos por videoconferencia. ¿Cómo explica esa situación?
–No me la explico. Ese problema escapa a mi ámbito de competencia. No soy negociador internacional.
–El virólogo Etienne Decroly, quien firma con usted el ensayo publicado en Médecine/Sciences, afirmó recientemente: “Cuando se intenta encontrar el origen de una pandemia es importante disponer de muestras sacadas al inicio mismo de esa pandemia. Eso permite entender el sentido de la transmisión. Cuando se tarda en extraerlas todo se vuelve más complicado. Es como pedir a policías que busquen huellas en una escena de crimen nueve meses después de los hechos”.
–Decroly tiene razón. Se llevaron investigaciones exhaustivas en el mercado de Wuhan antes de cerrarlo, pero es deplorable que no se haya hecho lo mismo muy rápidamente en sitios naturales y de crías de la región.
–El tema de las crías me lleva a abrir un paréntesis para abordar los casos de crías danesas de visones contagiadas por el coronavirus. La alerta fue tan fuerte que el gobierno de Dinamarca, primer productor mundial de esa piel, ordenó la erradicación de los 15 millones de visones criados en el país. ¿Cómo analiza esa situación?
–Queda demostrado que el SARS-CoV-2 puede ser transmitido por los humanos a los animales domésticos y a los de cría. El caso de los visones contagiados de Dinamarca era preocupante.
–¿Cuál era el riesgo?
–Los virus, que suelen propagarse rápidamente en las crías, pueden mutar, adaptarse a los animales y luego contagiar a los humanos. Se corre entonces el riesgo de que las personas afectadas por ese virus modificado no estén protegidas por la inmunidad adquirida o por la vacunación. Es la razón por la que es imprescindible vigilar con sumo rigor todas las crías de animales y proceder a su sacrificio en caso de contaminación. Fue lo que se hizo en Dinamarca, porque se detectó una mutación de SARS-CoV-2.
Huéspedes “proximales”
–Volviendo al tema del origen del SARS-CoV-2: ¿Es normal que sea tan difícil saber cómo y dónde se dio su transmisión al hombre? ¿Cuánto tiempo demoraron los científicos para entender que el eslabón entre murciélagos y seres humanos había sido la civeta, en el caso del SARS-CoV, y el dromedario en el del MERS-CoV?
–En ambos casos las investigaciones duraron varios meses antes de identificar el huésped proximal. Pero lo que me parece muy alentador es constatar la comunicación que se da entre el gran número de científicos que trabajan sobre SARS-CoV-2 y que comparten sus descubrimientos. Los más movilizados son los asiáticos.
“Hace unas semanas investigadores japoneses que hacen el mismo trabajo de vigilancia epidemiológica en virología que sus pares del instituto de Wuhan publicaron un artículo muy interesante en el que revelan que secuencias del genoma de una muestra de virus sacada en Japón en 2013 –que conservaban en un congelador– se parecían al SARS-CoV-2.
“Realizaron la secuencia completa de ese genoma y se dieron cuenta de que ese virus pertenece a la misma familia que el SARS-CoV-2, aun si ambos coronavirus no presentan un altísimo nivel de homología. Ese dato es muy importante porque es la primera vez que se identifica a un coronavirus de la familia de SARS-CoV-2 fuera de China.”
El tono de voz de Van Helden se anima todavía más cuando agrega: “Lo mismo acaba de pasar con un equipo de virólogos de Camboya que también localizaron en el congelador de su laboratorio una pequeña secuencia de genoma de virus bastante parecida a SARS-CoV-2. Están actualmente finalizando la secuencia completa de ese genoma. Esperamos sus conclusiones que quizás evidenciarán un segundo caso de coronavirus de la familia de SARS-CoV-2 registrado fuera de China”.
–De confirmarse esa eventualidad, ¿significaría que el SARS-CoV-2 es el resultado de una serie de mutaciones de un coronavirus que lleva años “paseando” por Asia?
–Puede ser. Es la hipótesis del origen natural del SARS-CoV-2. Los virólogos japoneses y camboyanos decidieron volver a los sitios de donde sacaron sus muestras para extraer otras. Quieren saber si aparecieron nuevas aún más cercanas al SARS-CoV-2 que podrían darnos información sobre las etapas intermedias de transmisión de ese virus al ser humano.
–Al tiempo que se busca el origen natural del SARS-CoV-2 se plantea la eventualidad de un origen artificial de ese nuevo coronavirus. De hecho circulan muchas tesis al respecto.
–Hay que desconfiar de las simplificaciones y guardarse de restringir las opciones entre origen “natural” y origen “sintético”, porque existe toda una gama de hipótesis –advierte Van Helden.
“En realidad se debe avanzar por partes: primero hay que reflexionar sobre la génesis del virus y luego sobre su transmisión al ser humano.
“Respecto a la génesis del virus se pueden concebir dos procesos: natural y experimental. El natural consiste en variaciones del genoma por mutación y selección darwiniana de las mutaciones, que permiten que el virus pase de una especie huésped a otra, o se propague entre individuos de la nueva especie huésped. Los procesos experimentales se realizan en laboratorios de virología, como el de Wuhan, y abarcan dos grandes tipos de experiencias: el diseño y la selección artificial. ‘Diseñar’, en ese caso, significa modificar genes específicos del virus partiendo de conocimientos preestablecidos.
–Está hablando de manipulación genética de virus. Es un tema bastante espinoso.
–¡Por supuesto que lo es! Basta recordar el escándalo histórico que se armó con Ron Fouchier. En 2011 este virólogo holandés provocó artificialmente cinco mutaciones específicas del virus de la gripe aviar H5N1 que lo hicieron sumamente contagioso entre mamíferos y especialmente entre hurones (los animales modelo más cercanos al hombre para el estudio de las gripes), mientras que su cepa silvestre se transmitía entre aves o entre aves y humanos, pero no de humanos a humanos. Ese tipo de manipulación se llama “experiencia de ganancia de funciones”, porque se agrega artificialmente una función al virus. El objetivo de semejantes experimentos es evaluar el impacto de mutaciones susceptibles de generar virus a potencial pandémico, para establecer estrategias de vigilancia o de vacunación. Fouchier provocó una inmensa controversia cuando presentó su trabajo en una conferencia internacional de virología.
“En 2011 la gripe aviar H5N1 causaba estragos en las crías de aves, contaminaba y mataba a criadores y se propagaba a toda velocidad. Fouchier demostró que unas cuantas mutaciones podían desencadenar una pandemia de suma gravedad. Lo hizo a título preventivo para alertar sobre la urgencia de implementar programas de vigilancia de cepas virales que circulaban en las crías de aves.”
–O sea que creó lo que se temía. Con tal de prevenir la emergencia de una cepa pandémica optó por crearla.
–Es exactamente lo que le reprocharon sus oponentes. Mientras que quienes lo apoyaban insistieron en la necesidad de anticipar las pandemias para poder enfrentarlas. La controversia sobre beneficios y riesgos de ciertas “experiencias de ganancia de funciones” sigue muy candente hoy.
Genomas modificados
–¿Como se realiza la selección artificial en laboratorio?
–Este tipo de experimentos es bastante distinto del diseño, porque no necesita conocimiento a priori: aquí las modificaciones del genoma resultan de las mutaciones aleatorias que se producen espontáneamente en cada ciclo de replicación. En el caso de los coronavirus tal selección se produce durante los experimentos “de pasajes seriales” entre especies. Los científicos toman muestras de virus en distintas especies animales (en medio silvestre y en crías) y prueban su habilidad para transmitirse a animales modelo o para multiplicarse en cultivos celulares humanos o de monos. Su objetivo es detectar cepas de virus con potencial patógeno por el humano. Es lo que se hace en el laboratorio de Wuhan. Sin embargo, esto implica una selección artificial de tipo darwiniano, porque en cada etapa se escoge, entre las mutaciones aleatorias, las que presentan carácter adaptativo
–Por lo que explica en ambos casos, diseño y selección artificial, se manejan microorganismos sumamente peligrosos y es imposible descartar la eventualidad de un accidente.
–A partir de los setenta los biólogos elaboraron normas de seguridad muy estrictas para prevenir accidentes y clasificaron los laboratorios en función de su nivel de peligrosidad. Los llamados P4 son los de máxima seguridad, porque albergan experiencias sobre virus altamente patógenos para los humanos. Estos laboratorios son totalmente herméticos y aislados por varias barreras secundarias de protección, doble puerta, flujo controlado de aire y presión negativa para impedir el escape de agentes nocivos. El personal que trabaja en ellos cuenta con trajes especiales que parecen escafandras… El Instituto de Virología de Wuhan cuenta con salas de laboratorio de tipo P3 y P4.
“Pero el riesgo cero no existe y en los 50 últimos años se documentó una decena de accidentes en distintos laboratorios debido a problemas técnicos, a fallas humanas o a manipulación inadecuada de animales contaminados que acabaron mordiendo a empleados. Dos investigadores estadunidenses, Karl y Dan Sirotkin, acaban de publicar un recuento histórico muy detallado de todos esos escapes accidentales y de evaluar la hipótesis de un virus adaptado por pasajes seriales.”
Van Helden medita unos segundos antes de abordar el tema de un accidente de laboratorio o el de un virus creado con intención maligna:
“No se puede eludir un eventual accidente pero hay que enfocar ese problema con rigor científico para no alimentar las tesis conspiracionistas. El hecho de no haber podido dilucidar hasta la fecha el origen preciso del SARS-Cov-2 deja el campo libre a teorías delirantes, como la de un complot orquestado por institutos de investigación científica, firmas farmacéuticas y magnates de las finanzas acusados de haber fabricado el virus para diseminarlo en la población mundial y así enriquecerse con la venta de vacunas y medicamentos.
“Como toda la comunidad científica denunció en forma categórica ese tipo de desvaríos que circulan en la web, nuestra responsabilidad es analizar todas las hipótesis apoyándonos en hechos concretos, lo que permite evaluar los argumentos a favor o en contra de cada una de ellas.
–Favorecieron también esas tesis conspiracionistas varias declaraciones de Donald Trump.
–Por supuesto. Al principio de la crisis del coronavirus Trump aseguró que tenía informaciones secretas que demostraban que el SARS-CoV-2 había salido de un laboratorio chino; incluso no vaciló en afirmar que el virus había sido concebido intencionalmente… Eso no sólo dio peso a las teorías complotistas, sino que politizó y desvirtuó el debate.
“No es difícil imaginar que muchos científicos estadunidenses no pudieron reflexionar en forma serena sobre la hipótesis de un escape del virus del laboratorio de Wuhan ni expresarse abiertamente al respecto, porque tuvieron miedo de hacerle el juego a Trump.”
–La comunidad científica internacional parece descartar la “intencionalidad” denunciada por Trump.
–No existe ni un trabajo científico serio que demuestre que ese virus haya sido creado para ser convertido en arma biológica. En cambio en laboratorios como el de Wuhan se llevan a cabo experimentos sobre virus cuyo objetivo es dilucidar los mecanismos de infección y desarrollar estrategias terapéuticas. No se trata de trabajos secretos, sus resultados se publican regularmente en revistas científicas. Pero a nivel internacional varios colegas evalúan bajo un ángulo racional la posibilidad de que un virus creado en el marco de ese tipo de experiencia haya ocasionado una contaminación humana accidental.
“La revista médica Lancet publicó una declaración firmada el 19 de febrero por 27 investigadores de distintos países e instituciones que exhortaban a la comunidad científica a apoyar a sus colegas chinos involucrados en la lucha contra la pandemia de covid–19; aseguraban que el origen del virus era silvestre y condenaban las ‘teorías conspirativas que sugieren que el covid–19 no es de origen natural’. Para soportar el origen natural se basaban en una serie de argumentos defendidos por Kristian Andersen, inmunólogo estadunidense, publicados luego en la revista Nature Medicine, que a juicio de algunos especialistas no son del todo convincentes. También se referían a un llamado de la OMS, que pedía ‘promover pruebas científicas y actitud unitaria en lugar de conjeturas y desinformación’.”
Van Helden se nota indignado: “Se trata de una toma de posición política que plantea graves problemas. No es científico asegurar que toda hipótesis de un origen no natural del virus es forzosamente conspiracionista. Personalmente pienso que hay una gran diferencia entre un accidente y un complot y que la amalgama entre teorías conspirativas y origen no natural es abusiva. Además, abogar a favor de una ‘actitud unitaria’ es absolutamente contrario al enfoque científico, que por definición requiere examinar todas las hipótesis y soportar debate contradictorio y refutación.
–¿Hoy día se puede privilegiar una hipótesis?
–La más compartida hoy es una zoonosis, es decir una transmisión del animal al ser humano que no se enmarca en una experiencia de laboratorio. Fueron cepas naturales las que provocaron las epidemias SARS-CoV en 2002 y de MERS-CoV en 2012. Pero, insisto, sigue siendo concebible pensar en un accidente de laboratorio. Mientras no existan elementos fácticos y probatorios a favor de una u otra hipótesis, no se puede descartar ninguna.
–¿Por qué es tan importante conocer el origen de SARS-CoV-2?
–En caso de transmisión zoonótica del virus en medio natural la identificación del sitio donde se dio permitirá sacar conclusiones esenciales para tomar medidas preventivas. Si se demuestra, por ejemplo, que la transmisión ocurrió en un sitio de reciente colonización por el hombre, es decir en un lugar en el que especies de animales silvestres no suelen convivir con los humanos, será imprescindible prohibir nuevas colonizaciones de ese tipo y vigilar las que ya existen.
“Si resulta que el SARS-CoV-2 surgió a raíz de una zoonosis en crías de animales, se impondrán políticas de vigilancia virológica estricta y permanente de todas las crías y la multiplicación de mecanismos de alerta, lo que implicará otorgar más fondos y medios de acción a laboratorios como el de Wuhan.
–¿Y si se comprueba que el virus se escapó del laboratorio de Wuhan?
–Enfrentaremos una situación compleja. Y para entenderla hay que remontarse a la epidemia de SARS-CoV que emergió en China en 2002 y se propagó a 26 países con un saldo de 8 mil enfermos y 800 muertos. Se logró evitar rápidamente una pandemia pero se decidió tomar medidas preventivas a escala internacional. Y fue en ese marco que Estados Unidos, Francia y Canadá financiaron la creación del laboratorio de Wuhan y los trabajos de Zheng-Li Shi. En 2018 Francia canceló su participación. ¿Qué pasará con la de Estados Unidos y Canadá si se confirma la hipótesis de un accidente?
“Más allá de ese aspecto financiero surgirán planteamientos esenciales, como la necesidad de reforzar aún más las normas de seguridad no sólo en el laboratorio de Wuhan, sino también en todos los laboratorios similares esparcidos en el mundo, así como la urgencia de crear nuevos mecanismos de control (quizás internacionales) para imponer la aplicación efectiva de estas normas.
–¿No se puede pensar en la prohibición de manipulaciones de virus que so pretexto de protegerla hacen correr graves riesgos a la vida humana?
–Por supuesto. Como se lo mencioné anteriormente, las controversias sobre semejantes manipulaciones nunca se apagaron. Es más, aun si se comprueba que el SARS-CoV-2 es de origen natural, el hecho de que científicos, entre los cuales me incluyo, estén reflexionando sobre la hipótesis de un accidente en el laboratorio de Wuhan da la medida del alto nivel de peligrosidad de ciertas experiencias de ganancias de función o de pasajes seriales, y demuestra la necesidad de abrir un amplio debate sobre el tema. Es lo que nos proponemos hacer en Francia con un grupo de investigadores.








