Dos estrenos este mes, En la memoria de los cuerpos y N E N A: se le ha visto llorar en backstage –por el centenario del natalicio de Guillermina Bravo (1920-2013)–, consistentes en la amalgama entre coreografía y cine, atinan en hablar de la coreógrafa en su idioma (similar) y llegar al espectador confinado por pandemia.
Los audiovisuales son producciones de la UNAM y se transmitieron vía remota, por primera vez, el viernes 13 de noviembre –fecha precisa de la efeméride– a través de la cuenta @UNAMDanza de Facebook.
La joven coreógrafa Aura Arreola dirige En la memoria de los cuerpos, a partir del relato vivo de Ernesto Pérez de Alba, quien en 1945 (siendo niño) participó en un musical montado por Guillermina Bravo, cuando ella tenía 25 años y aún no fundaba el Ballet Nacional de México (1948).
La presencia de Pérez de Alba en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris (locación para filmar la coreografía) es el detonante narrativo de Arreola para invocar a aquella “bruja” (como se le decía a la coreógrafa) en ese foro histórico.
Alrededor del cuerpo de Pérez de Alba, los performers Elisa Rodríguez, Sebastián Solórzano Rodríguez, Mariana Villegas, Teresa Carlos, Lucio Rebolledo Carlos (un bebé), Azalea Aguiñiga agitan sus cuerpos y sostienen formas corporales abiertas como si fuesen médiums. Estas acciones se coordinan con el propio baile de la cámara de cine, que está encuadrándolas; y se perciben sus singularidades físicas (arrugas, ojeras como sombras, carnes, miradas líquidas, tonos de piel, tensiones y voces), debido a la potente lente de la misma cámara. El resultado es la imagen franca de acabado sepia, de Pablo Martínez-Zárate, ambientada con la sensibilidad del artista sonoro Rogelio Sosa.
Esta coreografía (combinándose con el cine) logra comunicar la materialidad de aquellos cuerpos participantes en la catarsis de la invocación de Guillermina Bravo. Para su composición, Arreola se basó en Estudio no.3 Danza para una bailarina que se transforma en águila (1973) y Estudio no. 4. Lamento por un suceso trágico (1975), ambas de Bravo.
El joven coreógrafo Guillermo Aguilar estrena N E N A: se le ha visto llorar en backstage, el otro audiovisual dentro del homenaje virtual, protagonizado por Carla Segovia. Ella encarna una nueva, actual, Guillermina Bravo como mujer empoderada que viste a la moda “trap” (combinación de ropa deportiva con accesorios de lujo excéntricos). Sostiene (suavemente) entre las manos un collar y una cruz grande con incrustación de piedra como si fuese una pastora bíblica.
Este personaje conduce el sacrificio de un hombre, Alberto Hernández, también “trapero”, cuya sangre puede apreciarse en forma realista gracias a la toma de la cámara fija.
En la propuesta el coreógrafo rescata la figura del danzante (propia de la identidad mexicana), la cual formaba parte del imaginario de Bravo, y la presenta como una reminiscencia, un sueño. El resultado total es un videoclip del rito que glorifica a la coreógrafa, hipnótico por las luces rojizas de Jésica Elizondo, el efecto retardado de la imagen digital de Noli Zaldívar y las pulsaciones sonoras de Aristóteles Benítez.
Ambas producciones nuevas de Danza UNAM, bajo la dirección de Evoé Sotelo, consolidan esfuerzos en la interdisciplina entre danza, cine e internet, a propósito de la conmemoración (en pandemia) de esta mujer icónica para la historia de la danza de México, a quien se le difunde, conoce y apropia por medio de estas coreo-cinematografías. Pueden reproducirse en https://www.facebook.com/UNAMDanza/videos/3700905856608378.








