Debido al contexto de polarización, el voto latino –13% de los sufragios, el más amplio entre las minorías– fue decisivo en algunos estados clave: en favor de Donald Trump en Florida y por Joe Biden en Arizona. Su geografía y comportamiento distan de ser homogéneos; es tan diverso como el país y lo atraviesan las mismas líneas que dividen al voto nacional: género, pertenencia comunitaria, edad, educación, religión…
Los latinos no podían estar “Todos con Biden”. Aunque lo intentaran. Con esa frase unificadora se lanzó la plataforma del candidato demócrata en pos del voto latino, pero quienes quisieron acceder a su página web no encontraron promesas ni proyectos: solo una fotografía del exvicepresidente cabizbajo, rematada por el mensaje “Oops, Joe se olvidó de los latinos”. Y un enlace a “Latinos por Trump”. El equipo del presidente se había adelantado a comprar la URL del sitio todosporbiden.com, y abundó en la burla apropiándose del @todoconbiden en Twitter para denostar a su rival.
La artimaña quedó olvidada cuando Biden se llevó la vasta mayoría del voto latino en la elección presidencial: poco menos de siete de cada 10. Aunque con porcentajes menores a los de Hillary Clinton en estados clave, cuatro años atrás.
En 2020 el voto latino fue un botín histórico: el grupo minoritario más amplio del país –13% del voto, más que los afroamericanos– durante la elección con mayor participación en más de un siglo. Fue un voto determinante en varios estados de la contienda. Para ambos lados.
Márgenes decisivos
En Florida, la victoria republicana, por 3.4%, tuvo ritmo de salsa: “Ay, ay, ay, ¡por Dios! Yo voy a votar ¡por Donald Trump! La buena vida, ¡por Trump! La economía, ¡por Trump! Hazlo por tu familia, ¡latinos por Donald Trump!”, reza la canción que se viralizó en redes sociales y se convirtió en el himno del voto latino que decidió el estado.
“¡Esa la escucha todo Miami!”, dice el cubano-estadunidense Chico Martínez, y explica que “los cubanos votamos acá pensando en allá, no somos trumpistas, somos republicanos, porque los demócratas siempre aflojan. Tienen un sentimiento socialista y lo rechazamos porque hemos visto sus secuelas por muchos años”.
En Florida, donde el voto latino alcanza 17%, el apoyo al presidente entre la comunidad pasó de 35% a 47% respecto a 2016, según el diario The New York Times. Fue decisivo en el condado de Miami-Dade, el más poblado, donde los demócratas necesitaban contrarrestar el voto rural de sus contrincantes. Los latinos representan 58% de electorado del condado. Predominan los de origen cubano, a los que Trump cortejó a lo largo de la elección. Ahí donde Clinton ganó por un margen de 30% del voto, Biden lo hizo por un insuficiente 7.3%.
El caso opuesto fue Arizona, feudo republicano que se ha decantado por los demócratas sólo una vez desde 1952 y que este año votó en números históricos por el partido de Biden. Aquí 19% del electorado es latino, mayoritariamente de origen mexicano, y eligió al exvicepresidente con 63%. Todo estado tiene su historia y hay votos que son un resarcimiento: Arizona ha simbolizado por largo tiempo el racismo más extremo contra los latinos.
“En Arizona es una cuestión de vida o muerte. Vemos de forma más clara aquí el significado de esta elección: la gravedad de lo que sucede cuando el trumpismo se lleva a su máxima expresión ha estado con nosotros durante mucho tiempo, debido a Joe Arpaio y la ley SB1070”, dice Francisco Cantú, autor de La línea se convierte en río: una crónica de la frontera, y residente en Tucson, Arizona.
Cantú se refiere al antiguo alguacil del condado de Maricopa, el más poblado del estado, de 1993 a 2017. Presumía de mantener a los presos, sobre todo latinos, en “campos de concentración”. La ley SB1070 que promovió –y la cual fue echada abajo por la Suprema Corte por discriminatoria– permitía arrestar a cualquier persona bajo sospecha de ser inmigrante indocumentada.
“Arizona fue el laboratorio donde se probaron por primera vez estas políticas de la derecha, fabricadas por personas que luego serían cercanas a la Casa Blanca –expone Cantú–. SB1070 significó para nosotros lo que vivió el resto del mundo cuando ganó Trump: conmoción e indignación; la misma rabia que ante la separación de las familias en la frontera. ¿Cómo puede suceder esto aquí?
“Así comenzó el cambio en Arizona, cuando la gente vio hasta dónde está dispuesta a llegar la derecha del Partido Republicano. Arpaio perdió su puesto debido a una campaña masiva desde abajo, que fue la base para 2020, la que permitió incluso rechazar el miedo que genera ese deseo punitivo contra las personas de color. El racismo está siendo rechazado en las urnas en todo Arizona.”
Aún sin alcanzar la urgencia histórica que fundó la coalición de Arizona, el voto latino puede ser determinante hasta en sitios donde pareciera secundario, auspiciado por un contexto de polarización, donde el voto blanco está escindido entre el rural y el urbano.
“Los hispanos estamos a través de todo el país, en todos los estados, hasta en estados rurales, desde Alaska a Hawai, porque vamos ahí donde hay oportunidades de trabajar”, dice Louis Caldera, quien fungió como secretario del Ejército en la administración de Bill Clinton y director de la Oficina Militar de la Casa Blanca en la de Barack Obama.
De acuerdo con el Centro de Investigación Pew, en Wisconsin hay apenas 4% de latinos, puertorriqueños o de origen mexicano. Según encuestas de salida de The New York Times, 60% de ellos votaron por Biden. Son un total de 183 mil ciudadanos latinos en un estado que los demócratas ganaron por poco más de 20 mil votos.
En esta elección tan al filo de la navaja en Pensilvania, donde predominan los puertorriqueños, los latinos son sólo 5%, pero 69% de ellos se pronunciaron por Biden. En Nevada no hay victoria para los demócratas sin el voto mexicano-estadunidense. En California más de un tercio del voto es latino y 77% favoreció a los demócratas. Otros estados decepcionaron: en Georgia 57% del voto latino obtenido por Biden se quedó por debajo de lo esperado.
Texas, que podía ser un “estado bisagra”, fue una decepción para el Partido Demócrata. Sólo se redujeron los márgenes de la derrota: Biden perdió por seis puntos porcentuales allí donde Clinton lo hizo por nueve.
“Biden es malo para la industria de la energía, quiere quitar el fracking, y hasta el ganado, dice que por el medio ambiente, y eso es de lo que más hay en Texas”, expresa Antonio Aguirre, votante de Trump en el estado, con doble nacionalidad mexicana y estadunidense. “Lo que veo en Texas es que los demócratas se basan en el asistencialismo para tener el voto latino de su lado, mientras que Trump representa la iniciativa privada que te impulsa a que te superes”.
En un estado en el que los latinos representan un tercio del electorado, el hito de “pintar a Texas azul” dependía en gran parte de ellos, sobre todo los de origen mexicano. Biden obtuvo 59% de sus votos, pero hubo síntomas preocupantes: en los condados fronterizos del sur Biden ganó por márgenes inferiores a los de Clinton. Sólo en el condado de Hidalgo, 92% latino, Biden ganó por 18%, comparado con el 40% de Clinton.
Según las encuestas de salida de CNN, Biden perdió 2% de las mujeres y 6% de los hombres latinos que apoyaron a Clinton. Más incongruente resulta, para los analistas, la cantidad de hombres latinos que votaron por Trump: hasta 36%, según encuestas de salida del diario The Washington Post. Los calificativos peyorativos del presidente, “bad hombres” y “violadores”, no hicieron mella en su decisión.
Entre ellos se encuentra Aguirre.
“Lo que dijo Trump de los mexicanos lo piensan otros, pero por políticos no lo dicen. Se acusa a Trump de haber infundido el odio, pero es mayor del otro lado. Yo no podría decir por quién voté porque de inmediato me empiezan a insultar, a etiquetar como a un mexicano que no recuerda sus raíces. ¿Se acuerda usted cuando decían que Andrés Manuel era un peligro para México? Bueno, esto fue igual, pero en peor.”
Parte de la atracción por Trump se le ha atribuido, en la prensa norteamericana, al machismo, a esa retórica de Trump interpretada como la expresión del éxito, la irreverencia y la riqueza. El poder y la fuerza.
No es casualidad que entre las figuras estelares de eventos con latinos estuvieran simpatizantes como Henry Cejudo, de padres indocumentados mexicanos, quien ganó la medalla de oro en lucha en los Juegos Olímpicos de 2008; o el peleador de artes marciales mixtas Jorge Masdival, de origen cubano y peruano, quien dice en un anuncio de campaña: “Los demócratas simplemente piensan que tienen derecho al voto latino. Creen que tenemos que entregárselo. No les debemos un demonio”.
Contrarrestar estas narrativas ha sido parte de la labor de Louis Caldera: “Participó en una organización de exmilitares, haciendo esfuerzos por pedirle a jóvenes latinos, ya veteranos del ejército, que escuchen a sus oficiales en las fuerzas armadas cuando dicen que Biden será mejor para su comunidad. Están oyendo a Trump, la desinformación de las redes sociales, y es importante que hablen con personas con autoridad para que conozcan el otro lado”.
También existen otros factores más tangibles para explicar ese voto latino, resultados que Trump no ha dejado de recordarle a la comunidad: gastó 5 millones de dólares para transmitir un anuncio durante el Superbowl, donde una voz proclamaba: “El desempleo entre latinos baja a niveles históricos”. La cifra fue confirmada por el Buró de Estadísticas Laborales: ese indicador fue de apenas 3.9% en octubre 2019. La primavera siguiente, debido a la pandemia, el desempleo se disparó a más de 18.5% entre los hombres latinos y 20.5% entre las mujeres.
“La economía estaba mejor, y a pesar de que se le acuse de racista yo en las estadísticas he visto que trabajaba por nosotros. Trump es empresario, él ya es rico, no está cobrando salario y lo hace por servir a la nación”, dice Aguirre.
Declara no tener filiación partidista: en su caso la elección no es meramente a favor de Trump, sino un repudio a su rival:
“Biden estuvo en la administración de Obama, fue cuando más deportaciones hubo. Ahí estuvo por ocho años. ¿Ahora dice el señor que va a hacer esto y aquello por nosotros? Siento que les dieron atole con el dedo.”
Senador desde 1973, Biden simboliza para Aguirre a una clase política ineficiente. Hace eco de la campaña de Trump.:“Biden no sabe lo que es trabajar, pararte en la mañana y que no sirva tu coche; él hace décadas vive a expensas del gobierno. En cambio, Trump genera empleos”.
El mito del voto latino único
“Que el voto latino haya sido descrito de forma monolítica por los medios, es una forma de violencia”, declaró en sus redes sociales J. López Sánchez, de origen dominicano y quien participó en la elección con la organización Voto Latino.
“Que un latino conservador blanco pueda votar por una administración que pone a otros latinos en jaulas, no debería sorprendernos –agrega–. Que los latinos puedan votar en contra de su propio interés en la lucha por el sueño americano, no debería sorprendernos. Que algunas mujeres latinas nieguen a otras el derecho a tomar decisiones sobre su cuerpo, no debería sorprendernos. Como dice el dicho, vinieron con la espada en una mano y la biblia en la otra.”
La geografía del voto de los latinos es tan diversa como la del país y la dividen las mismas líneas que al voto nacional: género, pertenencia comunitaria, edad, educación o religión.
Otras tendencias son propias de la experiencia migrante: la primera generación de hispanohablantes tiende a votar por los demócratas, la tercera bastante menos.
Sea cual sea la segmentación, existe otro dato importante: cada año 800 mil latinos cumplen 18 años y tienen acceso al voto, según Pew.
La necesidad de entender la complejidad del voto latino queda como una lección pendiente después de esta contienda. Biden apostó en mayor medida por el voto afroamericano, Trump por su base blanca y acaso los votos hispanos de Miami.
Pese a una participación creciente, durante la campaña de 2020 la minoría más amplia del país no se vio reflejada en las principales narrativas, o en una inversión partidista a la altura de su capital electoral.
“Lo importante es que nos hagamos sentir como hispanos, pero ahora sí que se note nuestra representación. Al final todos estaremos en Estados Unidos y tendremos que apoyar al presidente que salga electo”, dice Aguirre.








